¿Cuántos papas visitaron España?
por Juan G. Biedma
CLAVE:
- En este artículo de opinión Juan G. Biedma, profesor de Teología de la Unidad y Diálogo Ecuménico en el CEIBI, expone su posición particular tanto ecuménica como protestante sobre la reciente visita del Papa León XIV e España, en ningún caso es una visión ni posición común ni del movimiento ecuménico ni de la iglesias llamadas protestantes
León XIV, la recepción mediática y los silencios de una Iglesia en crisis
1. Una visita, varios papas
La visita apostólica de León XIV a España fue presentada por numerosos medios como un acontecimiento histórico, institucionalmente impecable y mediáticamente eficaz, al igual que provechosa para la propia Iglesia católica romana. La intervención ante las Cortes Generales, los encuentros con autoridades civiles, los actos masivos y la atención prestada a algunos de los grandes problemas sociales del momento permitieron construir la imagen de un pontífice capaz de suscitar interés en una sociedad crecientemente secularizada a la vez que, con su talante abierto y social, en disposición para el diálogo. Sin embargo, una lectura teológica y crítica del acontecimiento obliga a formular una pregunta más incómoda: ¿visitó España un solo papa o varios papas distintos?
La cuestión no es meramente retórica o decorativa. Según se atienda a unas u otras crónicas, el León XIV recibido por la opinión pública española aparece fragmentado en varios retratos parcialmente incompatibles. Para unos fue el papa provida, defensor de la dignidad humana desde la concepción hasta la muerte natural. Para otros, el papa social, atento al drama migratorio, a la paz y a las víctimas de la exclusión. Para un tercer sector, el papa institucional, capaz de hablar ante los tres poderes del Estado con lenguaje de concordia, prudencia y altura moral sin por ello ocultar su finura política. Para algunos analistas críticos, el papa obligado a pronunciarse sobre la «llaga» de los abusos sexuales en la Iglesia española. Para no pocos sectores laicistas, finalmente, compareció ante todo el jefe de una confesión religiosa cuya presencia solemne en las Cortes resultaba discutible en un Estado aconfesional, más cuando es el representante de un estado teocrático que gobierna desde una política monárquica.
De este modo, la visita mostró una operación de recepción selectiva. Cada medio y cada sensibilidad política escucharon al papa que necesitaban escuchar. La derecha encontró al papa de la vida; la izquierda, al papa de los migrantes y de la crítica al rearme; los sectores institucionales, al papa de la concordia; las víctimas, al papa todavía insuficiente ante la crisis de los abusos sexuales y de poder clerical; los laicistas, al representante de una Iglesia que conserva una influencia pública desproporcionada. El resultado fue una pluralidad de «papas mediáticos», construidos por la prensa, por los partidos y por los propios intereses de recepción, incluidos los eclesiales.
Esta fragmentación no carece de valor hermenéutico. Permite comprender que la cuestión más decisiva no reside solo en lo que León XIV dijo, sino también en aquello que la sociedad española quiso o pudo escuchar. Más aún: el verdadero interés teológico de la visita quizá se encuentre menos en los papas visibles que en los papas ausentes. La cobertura periodística habló abundantemente del papa político, moral, social y diplomático. Mucho menos del papa ecuménico, del papa reformador, del papa de las mujeres, del papa de los sacerdotes casados, del papa de las familias heridas, del papa capaz de dialogar con el ateísmo contemporáneo y, sobre todo, del papa cristológico y evangelizador.
2. El papa político, social y moral
El papa más visible fue el papa político. Su discurso ante los representantes públicos fue leído como una intervención de fuerte contenido ético sobre el ejercicio del poder, la responsabilidad de las instituciones y la necesidad de superar la polarización y sus enfrentamientos. León XIV acudió a la tradición intelectual española, evocó la Escuela de Salamanca y recordó que la razón política no puede legitimar sin más aquello que la fuerza, el interés o la conveniencia presentan como necesario. En ese marco habló de los límites morales del poder, del bien común y de la obligación de atender a quienes tienen menos capacidad para hacerse oír 1.
No era un discurso insignificante. En una España atravesada por la crispación partidista, la palabra papal podía ser interpretada como una invitación a recuperar una gramática pública menos agresiva. Con todo, el énfasis mediático en esta dimensión terminó situando al pontífice en el registro del moderador ético de la vida política. Durante varios días pareció que León XIV había acudido principalmente a impartir una lección de filosofía pública a las instituciones del Estado.
Junto a este papa político emergió el papa social. La inmigración, la paz, la dignidad de los descartados y la crítica de la indiferencia ocuparon un lugar relevante en la recepción pública de la visita. El pontífice fue presentado como heredero de la preocupación social que marcó el pontificado de Francisco, aunque con un tono doctrinal más cercano a la tradición moral clásica 2 centrada en la neoescolástica.² Esta dimensión social forma parte inseparable del cristianismo. La fe bíblica no permite desentenderse del extranjero, del pobre, del herido, del desplazado ni del indefenso. El problema no reside, por tanto, en que el papa hablara de cuestiones sociales, sino en que tales cuestiones pudieran aparecer desgajadas de su fundamento cristológico. Que esta dimensión social del relato papal público fue una de las más significativas lo prueba, desde un ángulo evangélico, el artículo de Juan Simarro, veterano trabajador social, teólogo evangélico y fundador de Misión Evangélica Urbana de Madrid. Su lectura no es catolizante ni acrítica respecto a la estructura romana. Simarro declara expresamente que no defiende al papa como líder religioso situado en la cúspide de una pirámide eclesial poco democrática. Pero reconoce en varios de sus mensajes una resonancia profundamente bíblica 3.
La frase papal «de nada vale arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano» le parece, con razón, en consonancia con el Evangelio de Jesús de Nazaret. En ella ve condensada una intuición central de la Escritura: el culto queda vacío cuando se separa de la justicia, de la misericordia y del cuidado del prójimo. Los profetas de Israel, Jesús y la tradición apostólica coinciden en denunciar una religiosidad que honra a Dios con palabras mientras desatiende al pobre, al extranjero, al enfermo o al herido 4.
La importancia del testimonio de Simarro reside en que procede de una experiencia evangélica de diaconía concreta. Después de décadas de trabajo entre pobres, migrantes, personas sin hogar y colectivos vulnerables, percibe en las palabras de León XIV sobre la dignidad humana, la inmigración, la cultura del cuidado y la defensa del trabajador una formulación pública de preocupaciones que pertenecen al corazón del Evangelio. No se trata, por tanto, de aceptar el papado ni de suavizar las diferencias confesionales, sino de reconocer que ciertas afirmaciones, aunque procedan de la Roma papal, expresan una verdad cristiana compartida.
Esta recepción positiva obliga a matizar la crítica. El problema no está en que el papa hablara de pobres, migrantes o descartados. Esa dimensión social es inseparable de la fe bíblica, evangélica. El riesgo aparece cuando tales preocupaciones quedan presentadas como simple humanismo moral, sin conexión explícita con Cristo crucificado y resucitado por la salvación de todos. La diaconía cristiana no nace de una filantropía genérica, sino del seguimiento de Jesús. Por eso, la lectura de Simarro resulta valiosa: permite reconocer la fuerza evangélica del mensaje social papal, a la vez que mantiene abierta la pregunta decisiva sobre su fundamento cristológico.
También fue visible el papa moral. La defensa de la vida humana desde la concepción hasta el ocaso natural encontró amplio eco en los sectores más conservadores tanto de la Iglesia como de la sociedad. Los debates sobre aborto, eutanasia, familia y dignidad personal fueron inmediatamente incorporados al conflicto político español. Tampoco aquí sorprende el contenido. La defensa de la vida pertenece al núcleo del magisterio católico contemporáneo.
Ahora bien, también pertenece al núcleo de lo social un tema tan espinoso como la corrupción política. Por ello resulta legítimo preguntarse cómo es posible que, en una nación atravesada por sucesivos escándalos de corrupción y por una creciente desconfianza hacia las instituciones, esta cuestión no ocupara un lugar más explícito en la palabra pública del pontífice. La corrupción no constituye un asunto secundario ni una mera desviación administrativa. Es una forma de injusticia estructural: deteriora la vida democrática, degrada la función pública, saquea recursos que deberían servir al bien común y destruye la confianza moral de los ciudadanos.
El discurso de León XIV ante el Parlamento español habló de los límites morales del poder, de la dignidad humana, del bien común, de la justicia, de la responsabilidad pública y de la necesidad de una renovación moral 5. Por otra, no parece que la corrupción política fuera nombrada con la contundencia que requería el momento. La palabra «corrupción» no aparece como denuncia directa, pese a que España, como tantas otras naciones, conoce bien el daño producido por redes clientelares, financiación irregular, uso patrimonial de las instituciones, tráfico de influencias y enriquecimiento ilegítimo a costa de lo público.
Desde un panorama bíblico, la omisión resulta todavía más llamativa. La Escritura no separa la vida social de la integridad moral de quienes ejercen autoridad. Los profetas denunciaron repetidamente a quienes «venden al justo por dinero y al pobre por un par de sandalias»; Jesús expulsó a los mercaderes del templo; y Juan el Bautista, interpelado por unos soldados, les dio una consigna de extraordinaria actualidad: «No hagáis extorsión a nadie, ni calumniéis; y contentaos con vuestro salario» (Lc 3,14) 6. Aunque no se trate de una palabra directa de Jesús, pertenece al clima profético que prepara el Evangelio y alcanza de lleno a todo poder que convierte el cargo, la fuerza o la influencia en instrumento de beneficio propio. Esta palabra bíblica resulta especialmente incómoda para políticos, altos cargos, sindicalistas, responsables institucionales y cuantos administran poder, presupuesto o representación pública. La corrupción comienza precisamente cuando alguien deja de «contentarse con su salario» y convierte la función encomendada en ocasión de privilegio, comisión, clientela o dominio. Por eso, una visita papal con fuerte dimensión social habría podido formular una denuncia más explícita contra la corrupción, no como ataque partidista, sino como exigencia evangélica de justicia.
La prudencia diplomática no debería neutralizar la libertad profética. Cuando la Iglesia habla ante el poder, corre siempre el riesgo de medir sus palabras para no incomodar a quienes hacen posible el acto, financian la logística, conceden honores o aseguran la recepción institucional. Pero el Evangelio no puede quedar subordinado a la cortesía y débito del protocolo. Si la palabra cristiana denuncia la pobreza, la exclusión y el drama migratorio, también debe denunciar las estructuras corruptas que empobrecen, excluyen y degradan la convivencia. De lo contrario, el «papa social» queda incompleto: habla de las víctimas del sistema, pero no siempre con suficiente claridad de los mecanismos que las producen.
Lo significativo es que, una vez más, el debate público redujo el cristianismo a posiciones morales identificables dentro de la batalla cultural, mientras permanecían en la penumbra otras cuestiones más propiamente eclesiales: la reforma de la autoridad, el lugar de las mujeres, la crisis del ministerio ordenado, el diálogo ecuménico, la libertad de conciencia y la centralidad explícita del anuncio de Cristo como Señor y Salvador.
3. El papa ecuménico ausente: la herida protestante que sigue esperando una palabra
Entre los silencios más significativos de la visita destaca la escasa visibilidad de la dimensión ecuménica. Resulta difícil comprender una visita papal a la España del siglo XXI sin preguntarse por las relaciones con las demás iglesias cristianas presentes en el país: evangélicas, protestantes, ortodoxas, anglicanas y pentecostales. La cuestión no es marginal. España no es solo un país de antigua mayoría católica; es también un territorio cuya historia religiosa moderna estuvo marcada por la persecución, marginación y exclusión de las minorías religiosas.
Desde el siglo XVI, la Monarquía Hispánica y la Iglesia católica desarrollaron una política sistemática de represión contra la disidencia reformada. Los núcleos protestantes de Valladolid y Sevilla fueron perseguidos con verdadera saña y ardides malignos por la Inquisición. La Reforma fue presentada como amenaza religiosa, política y cultural. La unidad católica del Reino hispano se convirtió durante siglos en un principio de identidad nacional, con graves consecuencias para la libertad de conciencia y de religión.
Aquel modelo de uniformidad confesional sobrevivió, con modulaciones diversas, mucho más allá del Antiguo Régimen. Durante el franquismo, el nacionalcatolicismo volvió a situar a la Iglesia católica en posición de privilegio y relegó a las minorías evangélicas a un estatuto de subordinación jurídica y social. La propia FEREDE recuerda que su antecedente, la Comisión de Defensa Evangélica (CDE), nació en 1956 precisamente para defender al colectivo evangélico durante el régimen franquista y su política de intolerancia religiosa hacia las confesiones no católicas 7.
Por ello, la ausencia de un gesto relevante hacia la memoria protestante española no puede considerarse un detalle secundario. No se trata de exigir actos simbólicos vacíos ni de alimentar agravios retrospectivos. El verdadero ecumenismo no se construye sobre el resentimiento. Tampoco puede edificarse sobre el olvido. Allí donde la memoria permanece sin reconciliar, la comunión se vuelve frágil o desaparecida.
Las iglesias evangélicas españolas han escuchado durante décadas llamadas católicas a la unidad cristiana. Lo que todavía falta, con frecuencia, es una palabra inequívoca sobre las responsabilidades históricas de la propia Iglesia católica en la represión de la libertad religiosa. Juan Pablo II abrió un camino significativo durante el Jubileo del año 2000 al pedir perdón por diversos pecados históricos cometidos por hijos de la Iglesia 8. No obstante, el caso español conserva una especificidad que no debería diluirse en fórmulas generales. Ningún ecumenismo sólido puede ignorar que durante siglos la identidad católica se vinculó en España a mecanismos jurídicos, sociales y culturales de exclusión del otro cristiano.
Una declaración específica dirigida a los protestantes españoles no resolvería por sí sola las diferencias doctrinales pendientes. No eliminaría las divergencias sobre el primado romano, la autoridad doctrinal, la infalibilidad pontificia, el problema mariano o la propia comprensión de la Iglesia. Tampoco disiparía automáticamente el obstáculo que sigue representando la fórmula conciliar del subsistit in, según la cual la Iglesia de Cristo «subsiste en» (y solo en) la Iglesia católica. Aunque dicha expresión ha sido presentada a menudo como una apertura respecto a formulaciones exclusivistas anteriores, desde muchas sensibilidades protestantes y evangélicas continúa percibiéndose como una afirmación de superioridad eclesiológica inadmisible hoy: Roma reconoce elementos de verdad, santificación y gracia en otras comunidades cristianas, pero mantiene para sí la plenitud eclesial 9. Ahí reside una de las heridas más difíciles del diálogo ecuménico. Mientras la Iglesia católica conserve una comprensión de sí misma como sujeto donde subsiste plenamente la Iglesia de Cristo, las demás iglesias difícilmente podrán sentirse reconocidas en verdadera reciprocidad. El problema no es solo terminológico. Afecta a la lógica misma del encuentro: si una de las partes se presenta como plenitud normativa y las otras como realidades eclesiales deficitarias, el diálogo queda condicionado desde su raíz. Por ello, una palabra de memoria, perdón y reconocimiento hacia el protestantismo español tendría un valor moral indudable, pero seguiría siendo insuficiente si no fuera acompañada de una revisión más profunda de la eclesiología romana y de su modo de comprender la unidad cristiana.
4. El papa eclesiológico ausente: sinodalidad sin redistribución efectiva del poder
Otra ausencia decisiva fue el papa de la reforma eclesial. La visita habló mucho a la sociedad, pero bastante menos sobre la propia Iglesia. Este silencio resulta especialmente llamativo porque León XIV ha asumido el vocabulario de la sinodalidad, la escucha y la corresponsabilidad. Ahora bien, precisamente por eso la pregunta es inevitable: ¿hasta dónde puede llegar realmente la sinodalidad católica mientras permanezcan intactas determinadas estructuras heredadas de concentración del poder?
Durante siglos, la organización de la Iglesia católica se ha configurado según un modelo vertical. El papa nombra a los obispos; los obispos destinan a los presbíteros; las comunidades reciben responsables pastorales sin participación decisoria efectiva 10; los consejos pastorales y económicos colaboran, pero rara vez deliberan de manera vinculante. La autoridad desciende desde arriba y la participación de los fieles queda con frecuencia reducida a consulta, atención o ejecución. De ahí que, pese al nuevo vocabulario de escucha y corresponsabilidad, no pocas prácticas eclesiales sigan transmitiendo una consigna antigua y profundamente clerical: ante la jerarquía, inclinación.
La Comisión Teológica Internacional ha descrito la sinodalidad como dimensión constitutiva de la Iglesia y ha subrayado la corresponsabilidad de todos los bautizados en la vida y misión eclesial 11. El problema aparece cuando esa afirmación teológica no se traduce en mecanismos concretos de decisión, rendición de cuentas y control del poder. Escuchar al Pueblo de Dios constituye un avance respecto al clericalismo cerrado. Permitir que el Pueblo de Dios participe realmente en los procesos de discernimiento y decisión supone un paso mucho más exigente.
La cuestión no puede despacharse como mera importación de categorías democráticas modernas. La tradición cristiana antigua conoció formas de participación comunitaria en la elección y recepción de los ministros. La carta 67 de Cipriano de Cartago, dirigida a las comunidades hispanas, conserva el testimonio de una praxis en la que el obispo debía ser elegido «en presencia del pueblo», de modo que pudieran conocerse públicamente los méritos o deméritos de los candidatos 12. No se trata de idealizar los primeros siglos ni de trasladar mecánicamente sus formas a la actualidad. Se trata de recordar que la concentración clerical del poder no constituye la única posibilidad histórica de gobierno en la Iglesia.
La comparación ecuménica resulta aquí especialmente significativa. Muchas iglesias luteranas, reformadas, metodistas, bautistas y congregacionalistas han desarrollado procedimientos de elección, control, limitación temporal de responsabilidades, transparencia económica y evaluación de ministerios sin que ello implique desaparición de la autoridad pastoral. Incluso dentro de la Comunión Anglicana, donde subsisten estructuras episcopales históricas, los mecanismos sinodales y representativos poseen una densidad mucho mayor que en el catolicismo romano.
La sinodalidad católica se encuentra, por tanto, ante una encrucijada. Puede convertirse en un verdadero proceso de conversión institucional o quedar reducida a una categoría inspiradora, rica en lenguaje y pobre en consecuencias. Mientras el papa conserve la última palabra sobre toda decisión doctrinal, disciplinar y jurídica; mientras los sínodos no tengan capacidad deliberativa real y los concilios no estén por encima del primado petrino; mientras los obispos sigan siendo designados sin elección de las comunidades; mientras los laicos, las mujeres y los ministerios no ordenados permanezcan en la periferia de la decisión, la sinodalidad seguirá siendo más promesa que estructura.
5. Las otras víctimas: abusos sexuales, abusos de poder y clericalismo
Uno de los momentos más difundidos de la visita fue el encuentro de León XIV con víctimas de abusos sexuales cometidos en contextos eclesiales. El gesto era necesario, justo y pastoralmente ineludible. Durante demasiado tiempo las víctimas fueron ignoradas, desacreditadas o silenciadas. Escucharlas constituye una obligación moral elemental.
La gravedad de la crisis exige una pregunta ulterior: ¿basta el gesto simbólico? Las víctimas necesitan escucha, reconocimiento y cercanía. Pero también necesitan verdad, justicia, reparación y garantías efectivas de no repetición. Una reunión privada, por importante que sea, no puede sustituir una política institucional de transparencia, apertura de archivos, colaboración con la justicia civil, compensación adecuada y rendición de cuentas de quienes encubrieron, minimizaron o protegieron a agresores.
El problema no se limita a la existencia de individuos culpables. La crisis de los abusos ha mostrado la existencia de estructuras que facilitaron el silencio, la impunidad y la subordinación de las personas a autoridades difícilmente cuestionables. El informe del Defensor del Pueblo sobre los abusos sexuales en el ámbito de la Iglesia católica y el papel de los poderes públicos insistió precisamente en la necesidad de reconocimiento, reparación y reformas institucionales 13.
La propia Iglesia católica ha comenzado a reconocer que el abuso sexual suele estar vinculado a otras formas de abuso: abuso de poder, abuso de conciencia, abuso espiritual y abuso institucional. Francisco lo expresó con claridad en su Carta al Pueblo de Dios, al afirmar que decir «no» al abuso implica decir enérgicamente «no» a cualquier forma de clericalismo 14. La exhortación Christus vivit fue todavía más explícita al enumerar abusos de poder, económicos, de conciencia y sexuales, vinculándolos a formas de autoridad donde faltan responsabilidad, diálogo y transparencia 15.
Desde esta orientación, las víctimas del clericalismo no son únicamente quienes han sufrido abusos sexuales. También lo son quienes han padecido manipulación espiritual, imposiciones de conciencia, silenciamiento teológico, exclusiones pastorales, marginación por divorcio, discriminación de mujeres, penalización de voces críticas o sometimiento a decisiones arbitrarias de autoridades eclesiásticas. La categoría de víctima no debe diluirse, pero tampoco reducirse a un único tipo de daño cuando la propia estructura de poder ha producido heridas múltiples.
Particularmente delicado es el poder espiritual ejercido en la confesión, la dirección espiritual, el acompañamiento vocacional o el discernimiento personal. Estos ministerios pueden ser espacios de gracia, libertad y maduración. Pero también pueden convertirse en lugares de dependencia psicológica, sumisión emocional y manipulación religiosa cuando quien acompaña utiliza su autoridad para controlar decisiones, imponer criterios o presentar su propia voluntad como voluntad de Dios. El abuso espiritual opera precisamente en el territorio de la confianza, por eso resulta tan difícil de identificar y tan devastador cuando se produce 16.
La visita de León XIV ofrecía una oportunidad para ampliar el marco: de los abusos sexuales a los abusos de poder; del reconocimiento de víctimas concretas a la reforma de las estructuras que las hicieron posibles; de la compasión pastoral a la justicia institucional. Esa oportunidad quedó solo parcialmente aprovechada. Hubo gesto. Faltó, al menos en la recepción pública de la visita, una palabra más robusta sobre reparación, encubrimiento, clericalismo y reforma de la autoridad.
6. El papa de las mujeres, los sacerdotes casados y las familias heridas
Entre los papas ausentes ocupan un lugar destacado las mujeres católicas que reclaman igualdad ministerial. La visita habría ofrecido una ocasión excepcional para escuchar a asociaciones, teólogas y movimientos que llevan décadas planteando la cuestión del diaconado femenino y, en algunos casos, del acceso de las mujeres al presbiterado y episcopado. El problema no es meramente funcional. Afecta a la credibilidad de una Iglesia que proclama la dignidad universal de la persona y la igualdad bautismal, pero continúa excluyendo a más de la mitad de sus miembros de los ministerios ordenados y de los espacios centrales de decisión.
La cuestión del diaconado femenino, abierta de nuevo durante el pontificado de Francisco mediante comisiones de estudio, sigue siendo uno de los puntos más llamativos del debate eclesial contemporáneo. No puede resolverse mediante silencios, dilaciones indefinidas o apelaciones genéricas a la dignidad femenina. Si la Iglesia afirma que todos los bautizados participan de la misión, debe explicar por qué esa participación se encuentra estructuralmente limitada cuando se trata de mujeres.
Otro silencio afectó a los sacerdotes casados. España conoce la experiencia de numerosos antiguos presbíteros que abandonaron el ministerio para contraer matrimonio. Muchos continúan vinculados a la fe cristiana; otros viven una relación dolorosa con la institución. Su historia constituye una herida abierta del catolicismo contemporáneo. Hablar de reconciliación social mientras se omite esta fractura eclesial revela una notable insuficiencia pastoral.
También quedaron en la periferia las familias separadas, divorciadas y vueltas a casar. Los discursos públicos suelen hablar de «la familia» en singular, como si existiera una forma ideal y homogénea. Sin embargo, millones de creyentes viven hoy situaciones familiares complejas, reconstruidas tras rupturas, pérdidas, fracasos o nuevas uniones. No reclaman privilegios. Reclaman una Iglesia que no convierta la biografía herida en identidad eclesial disminuida. Amoris laetitia abrió un camino de discernimiento pastoral, pero su recepción continúa siendo desigual, temerosa y a menudo condicionada por resistencias doctrinales 17.
En mi opinión, el cristianismo actual no puede seguir respondiendo a la palabra de Jesús sobre el divorcio desde una posición exclusivamente jurídica. Mateo conserva una enseñanza exigente sobre la fidelidad matrimonial: «lo que Dios juntó, no lo separe el hombre»; pero también transmite una cláusula de excepción —«salvo por causa de fornicación»— cuya interpretación ha sido objeto de amplio debate exegético y eclesial 18. La cuestión no consiste solo en determinar qué prohíbe el texto, sino qué pretende proteger: la seriedad del vínculo, la dignidad de la mujer repudiada y la alianza conyugal frente a la arbitrariedad del abandono. De ahí que una lectura meramente legalista pueda terminar utilizando la palabra de Jesús contra quienes han padecido fracaso, abandono, violencia o ruptura irreversible. La diversidad de respuestas entre católicos, ortodoxos, protestantes y evangélicos muestra que la recepción cristiana del texto de Mateo no ha sido uniforme. Por ello se impone un debate ecuménico y pastoral que, sin banalizar el matrimonio, admita la posibilidad de segundas nupcias eclesiales para separados y divorciados, como signo de que la gracia de Dios no queda clausurada por una historia rota, sino que puede abrir caminos nuevos de amor mutuo, fidelidad, responsabilidad y comunión.
A ello se añade la ausencia casi completa de las personas LGBT creyentes. Tras los debates abiertos por Fiducia supplicans y por las distintas respuestas episcopales en el mundo católico acerca de las bendiciones a parejas divorciadas vueltas a casar y a parejas no heterosexuales, la visita no ofreció una palabra significativa de escucha ni un gesto pastoral visible. La cuestión, además, no afecta solo a la Iglesia católica romana, sino al conjunto de las iglesias cristianas, incluidas las protestantes, evangélicas, anglicanas, luteranas, reformadas, metodistas y pentecostales. Todas, desde sus propios presupuestos bíblicos y doctrinales, deberán pronunciarse con seriedad sobre la dignidad, la pertenencia eclesial y el acompañamiento pastoral de estos creyentes. La cuestión no desaparece por omisión: sigue ahí, afectando a miles de cristianos que desean vivir su fe sin ser reducidos a problema moral, categoría pastoral incómoda o concesión tolerada, y mucho menos a enfermedad o perversión moral.
7. El desafío pendiente: ateísmo, laicismo y cultura de la incredulidad
La visita tampoco ofreció un gesto suficientemente explícito hacia los sectores del ateísmo organizado, el agnosticismo, el laicismo militante y las corrientes culturales que mantienen una crítica sistemática a la religión. La cuestión no reside en el número de asistentes a una concentración contraria al papa. Las cifras de una protesta puntual dicen poco sobre la magnitud real del proceso secularizador europeo. El verdadero desafío no son doscientas personas manifestándose, con o sin violencia, en una plaza, sino millones de ciudadanos que viven al margen de cualquier referencia religiosa, desconocen los evangelios o identifican el cristianismo exclusivamente con una institución cuestionada, retrógrada y obsoleta.
La secularización europea ha generado amplios sectores de población que consideran la fe religiosa una realidad superada, irrelevante o incluso perjudicial para la convivencia democrática. A ello se añade un laicismo combativo que interpreta la presencia pública de las iglesias como amenaza para la neutralidad del Estado. La respuesta cristiana no puede consistir únicamente en denunciar la hostilidad recibida. Debe incluir una autocrítica rigurosa.
El Concilio Vaticano II tuvo la honestidad de reconocer que los creyentes pueden tener responsabilidad en el nacimiento y difusión del ateísmo. Gaudium et spes afirmó que, por descuido en la educación de la fe, por exposición inadecuada de la doctrina o por los defectos de la vida religiosa, moral y social, los creyentes pueden haber velado más que revelado el genuino rostro de Dios y de la religión 19. Estas palabras conservan hoy una actualidad indiscutible.
Numerosos escándalos eclesiásticos —abusos sexuales, abusos de poder, privilegios institucionales, connivencias políticas, incoherencias entre doctrina y praxis— han contribuido al descrédito social de las iglesias, en especial a la romana. El ateísmo contemporáneo no puede ser abordado solo como posición filosófica adversa. En muchos casos es también una reacción ante contradicciones observadas en la vida eclesial. Cuando la Iglesia pierde credibilidad, la incredulidad encuentra argumentos. Cuando recupera coherencia evangélica, la crítica no desaparece, pero se ve obligada a dialogar con una realidad más difícil de descalificar.
La Iglesia primitiva afrontó un contexto plural, escéptico y religiosamente competitivo. No respondió reclamando privilegios estatales, sino mediante testimonio ético, servicio a los vulnerables, argumentación racional y anuncio explícito del Evangelio. Los apologistas cristianos de los siglos II y III comprendieron que la fe debía dialogar con sus críticos sin miedo ni complejos. Justino, Atenágoras, Taciano o Tertuliano no representaron una fe refugiada en el gueto, sino una fe que se sabía interpelada por la cultura de su tiempo a la que se sentían impelidos a responder.
Desde este anclaje, una visita centrada en la misión evangelizadora habría podido incluir algún encuentro o mensaje dirigido a quienes se sitúan fuera de toda confesión religiosa. No para diluir la identidad cristiana ni para relativizar la fe, sino para abrir un espacio de escucha intelectual y espiritual. La evangelización del siglo XXI no puede limitarse a fortalecer a los ya convencidos. Debe dirigirse también a quienes consideran que Dios es inexistente, irrelevante o nocivo para la vida pública.
8. El papa cristológico ausente
La ausencia más profunda, con todo, fue la del papa cristológico. Los medios discutieron sobre inmigración, aborto, rearme, polarización, democracia, dignidad humana, derechos sociales, convivencia y memoria histórica. Son temas legítimos, muchos de ellos inseparables de la doctrina social cristiana. Pero al leer la recepción mediática de la visita surge una pregunta inevitable: ¿dónde quedó Jesucristo?
El León XIV construido por la prensa aparece como pensador moral, mediador político, humanista, defensor de la dignidad humana o referente ético internacional. Mucho más raramente aparece como anunciador de Jesucristo. Desde una perspectiva estrictamente cristiana, la cuestión es fundamental. El papa no existe para anunciar al papa. Tampoco para anunciar a la Iglesia. Ni siquiera existe primariamente para anunciar valores humanitarios, por importantes que sean. Tampoco ningún obispo, presbítero, pastor o diácono. Su razón de ser, si se acepta la lógica interna de la fe cristiana, consiste en dar testimonio de Jesucristo.
La tradición apostólica es clara: Pedro no predica a Pedro; Pablo no predica a Pablo; la Iglesia primitiva no anuncia una institución. El centro del kerigma es Cristo crucificado y resucitado. La pregunta, por tanto, no es si León XIV habló demasiado de política o de cuestiones sociales. Jesús mismo habló de realidades sociales, de pobres, ricos, poderosos, enfermos, mujeres, excluidos y extranjeros. La pregunta es otra: ¿quedó claro que esas preocupaciones proceden de Cristo y conducen a Cristo?
Si desaparece la referencia cristológica, el cristianismo corre el riesgo de transformarse en una ética humanista noble, pero no necesariamente distinta de otros proyectos humanitarios. La fe bíblica no permite reducir el Evangelio a moral social. Tampoco permite convertirlo en espiritualidad desencarnada. La preocupación por los pobres, los migrantes, las víctimas y la paz nace de la fe en Jesucristo; no constituye su sustitución.
Desde una sensibilidad evangélica y reformada, esta cuestión adquiere una fuerza particular. La misión fundamental de la Iglesia consiste en anunciar el Evangelio, llamar a la fe, invitar a la conversión y conducir a las personas al encuentro íntimo con Dios por medio de Jesucristo. Una Iglesia que habla mucho de valores, pero poco de Cristo, puede resultar socialmente aceptable, incluso admirada. Pero corre el riesgo de perder su razón de ser, su sentido más vital.
En una España donde crece el número de personas que ya no creen, que nunca han leído los evangelios o que consideran irrelevante la fe cristiana, la cuestión resulta especialmente grave. Si el sucesor de Pedro visita el país y el debate posterior gira casi exclusivamente en torno al aborto, la inmigración, la polarización o el rearme, cabe preguntarse si el centro del mensaje cristiano logró ocupar realmente el centro del acontecimiento.
9. Conclusión: el éxito que no basta
La visita de León XIV fue un éxito institucional y mediático. Pero precisamente por eso necesita una lectura crítica. El éxito de una visita papal no puede medirse solo por la solemnidad de los actos, el número de asistentes, la cobertura de prensa o el aplauso parlamentario. Si el papa se presenta como testigo de Cristo, la pregunta decisiva no es únicamente si ha sido recibido con respeto y honores, sino qué Evangelio ha sido anunciado, qué conversión ha sido convocada y qué imagen de Dios ha quedado visible ante una sociedad secularizada.
Los periódicos construyeron diversos papas: el político, el social, el moral, el diplomático y el humanista. Mientras tanto, permanecieron casi invisibles el papa ecuménico, el reformador, el de las mujeres, el de los sacerdotes casados, el de las familias heridas, el de las personas LGBT, el interlocutor del ateísmo contemporáneo y, sobre todo, el papa cristológico.
Quizá ahí resida la cuestión principal que deja abierta esta visita. No tanto qué dijo León XIV a España, sino qué dejó de decir la Iglesia sobre sí misma y sobre Jesucristo a los españoles. En un continente que se aleja silenciosamente de la fe, no basta con comparecer como autoridad moral global. Es necesario volver a mostrar el rostro del Crucificado y Resucitado. Sin esa centralidad, la Iglesia podrá seguir siendo escuchada como institución cultural, actor diplomático o conciencia ética.
Pero difícilmente será reconocida como comunidad que vive de una buena noticia (Evangelio) capaz de transformar la existencia humana desde su raíz si ella misma ha quedado transmutada en poder, prestigio y aparato religioso. La Iglesia apostólica no comenzó ofreciendo oro, plata ni influencia institucional, sino una palabra que levantaba al ser humano desde su postración y le situaba en una carrera hacia la vida infinita: «No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda» (Hch 3,6). Cuando la Iglesia pierde esa capacidad de levantar en nombre de Cristo, puede conservar templos, cargos, privilegios y discursos, pero deja de transparentar el corazón mismo del Evangelio.
Juan G. Biedma
Profesor de Teología de la Unidad
y Diálogo Ecuménico en el CEIBI
NOTAS:
- León XIV, «Encuentro con los miembros del Parlamento español. Discurso del Santo Padre», Congreso de los Diputados, Madrid, 8 de junio de 2026.
- Cadena SER, «“En lo social, heredero de Francisco; en lo doctrinal, puro Ratzinger”: el papa León XIV cierra en Tenerife su visita oficial a España», 12 de junio de 2026.
- Juan Simarro, «El Papa en Madrid desde mi trabajo en Misión Urbana», Protestante Digital, sección «De par en par», 16 de junio de 2026.
- 2. Cf. Is 1,11-17; Is 58,6-10; Am 5,21-24; Mt 25,31-46; Lc 10,25-37; Stg 2,14-17; 1 Jn 4,20.
- León XIV, «Encuentro con los miembros del Parlamento español. Discurso del Santo Padre», Congreso de los Diputados, Madrid, 8 de junio de 2026. Para mayor precisión, se puede añadir una nota contextual no partidista: Transparencia Internacional sitúa a España en 2025 con 55 puntos sobre 100 y en el puesto 49 de 182 países en su Índice de Percepción de la Corrupción; además, advierte de un estancamiento o deterioro en Europa occidental por la brecha entre estándares anticorrupción, aplicación efectiva e integridad de quienes ejercen poder.
- Lc 3,14. Cf. Am 2,6-7; Is 1,23; Miq 3,9-11; Mt 21,12-13.
- Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España, «Presentación. Historia», FEREDE, consultado el 17 de junio de 2026.
- Juan Pablo II, «Homilía en la Jornada del Perdón», 12 de marzo de 2000.
- Concilio Vaticano II, Lumen gentium, constitución dogmática sobre la Iglesia, 21 de noviembre de 1964, n. 8; Congregación para la Doctrina de la Fe, Respuestas a algunas preguntas acerca de ciertos aspectos de la doctrina sobre la Iglesia, 29 de junio de 2007.
- Resulta especialmente llamativo, y difícilmente comprensible desde una eclesiología mínimamente coherente, el caso de diáconos permanentes que, tras ser destinados por oficio eclesiástico a una parroquia, se han encontrado con que el consejo pastoral parroquial se reunía para decidir, mediante votación, su admisión o rechazo.
- Comisión Teológica Internacional, La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia, 2 de marzo de 2018, nn. 6, 67–69, 104–109.
- Cipriano de Cartago, Epístola 67, 4; cf. José María Blázquez, «La carta 67 de Cipriano y el origen africano del cristianismo hispano», Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
- Defensor del Pueblo, Informe sobre los abusos sexuales en el ámbito de la Iglesia católica y el papel de los poderes públicos. Una respuesta necesaria, Madrid, octubre de 2023.
- Francisco, Carta al Pueblo de Dios, 20 de agosto de 2018.
- Francisco, Christus vivit, exhortación apostólica postsinodal, 25 de marzo de 2019, n. 98.
- Lisa Oakley y Kathryn Kinmond, Breaking the Silence on Spiritual Abuse, Basingstoke: Palgrave Macmillan, 2013; Ronald Enroth, Churches That Abuse, Grand Rapids: Zondervan, 1992.
- Francisco, Amoris laetitia, exhortación apostólica postsinodal, 19 de marzo de 2016, nn. 296–312.
- Mt 5,31-32; Mt 19,3-9; cf. Francisco, Amoris laetitia, nn. 291-312; Confesión de fe de Westminster, XXIV, 5-6.
- Concilio Vaticano II, Gaudium et spes, constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual, 7 de diciembre de 1965, n. 19.
AUTOR:
Juan G. Biedma. Teólogo protestante y ecumenista, como gusta firmarse. Conocido por su labor ecuménica, actualmente dentro de la Iglesia Evangélica Luterana a la que pertenece. Como divulgador destaca por la creación del boletín digital InfoEkumene, dedicado a las noticias y documentación ecuménica. Su trayectoria académica y profesional comenzó estudiando Ciencias Bíblicas en la Escuela Bíblica de Madrid (Diplomado en Ciencias Bíblicas, 1978); Diplomatura en Historia y Teología del Ecumenismo, tras lo cual complementó su formación con estudios en Religiones y Diálogo Interreligioso, y en Sectas/Nuevos Movimientos Religiosos, todo en el Centro Ecuménico de Madrid; Licenciatura en Ciencias Religiosas en la Facultad de San Dámaso (Madrid); y Estudios Eclesiásticos requeridos para la formación del Diaconado Permanente en el Seminario Conciliar de Madrid (1985-86), ordenado diácono en diciembre de 1986, por el cardenal de de Madrid Suquía Goicoechea. En la actualidad estudia un Máster en Teología Reformada. Ha sido secretario-ayudante del Arzobispo Castrense de España, Estepa Llaurens y secretario de la revista Pastoral Ecuménica y de Julián García Hernando (1988-2006). Además, ha publicado diversos artículos y reseñas en la obra colectiva Plurtalismo Religioso en España, en Pastoral Ecuménica, Biblia y Fe, Vida Religiosa, Catequeta y otras revistas y medios digitales, sobre ecumenismo y sectarismos. También ha colaborado con diversos organismos de la Iglesia católica en encuentros internacionales y trabajos confidenciales.
AGENDA
22 junio 2026 – Lunes
21’00 horas
Oración común de Taizé
Centro Padre Claret, c/ Joan Maragall, 23
GIRONA
21’00 horas
Oración Común (Taizé)
Iglesia Catedral de San Lorenzo, plaza de la Villa, s/n
SAN FELIÚ DE LLOBREGAT (Barcelona)
23 junio 2026 – Martes
19’00 horas
Ensayo cantos de Taizé
Iglesia de las Esclavas, c/ Azafranal, 2
SALAMANCA
20’00 horas
Oración común de Taizé
Iglesia de las Esclavas, c/ Azafranal, 2
SALAMANCA
20’30 horas
Oración común de Taizé
Parroquia de Sant Bartomeu, Pla. de L’església, 6
FERRERIES (Menorca)
20’45 horas
Oración de Taizé
Parroquia Mare de Déu dels Dolors, c/ Begur, 10
BARCELONA
21’00 horas
Oración Taizé
Parroquia de Santa María, c/ Rectoría, 1
VILANOVA I LA GELTRÚ (Barcelona)
21'30 horas
Oración común de Taizé
Capilla de la parroquia de María Auxiliadora, pso. San Juan Bosco, 70
BARCELONA
24 junio 2026 – Miércoles
21’00 horas
Oración común de Taizé
Centro Padre Claret, c/ Joan Maragall, 23
GIRONA
21’00 horas
Oración Común (Taizé)
Iglesia Catedral de San Lorenzo, plaza de la Villa, s/n
SAN FELIÚ DE LLOBREGAT (Barcelona)
23 junio 2026 – Martes
19’00 horas
Ensayo cantos de Taizé
Iglesia de las Esclavas, c/ Azafranal, 2
SALAMANCA
20’00 horas
Oración común de Taizé
Iglesia de las Esclavas, c/ Azafranal, 2
SALAMANCA
20’30 horas
Oración común de Taizé
Parroquia de Sant Bartomeu, Pla. de L’església, 6
FERRERIES (Menorca)
20’45 horas
Oración de Taizé
Parroquia Mare de Déu dels Dolors, c/ Begur, 10
BARCELONA
21’00 horas
Oración Taizé
Parroquia de Santa María, c/ Rectoría, 1
VILANOVA I LA GELTRÚ (Barcelona)
21'30 horas
Oración común de Taizé
Capilla de la parroquia de María Auxiliadora, pso. San Juan Bosco, 70
BARCELONA
24 junio 2026 – Miércoles
- Nacimiento de San Juan Bautista
Oración común de Taizé
Capilla de las Santas Masas, Basílica de Santa Engracia, c/ Castellano, 1
ZARAGOZA
20’30 horas
Oración común de Taizé
Parroquia de San José, c/ Nueva. 1
ALBACETE
20’30 horas
Oración al estilo Taizé
Parroquia El Cristo del Mercado, c/ José Zorrilla, 125
SEGOVIA
20’30 horas
Oración Común de Taizé
Parroquia de la Purísima Concepción, Vía Massagué, 21
SABADELL (Barcelona)
21’30 horas
Oración común de Taizé
Colegio Mayor Santa María, c/ San Jerónimo, 33
GRANADA
25 junio 2026 – Jueves
19’30 horas
Oración de Taizé
Catedral de la Almudena, c/ Bailén, 10
MADRID
19’45 horas
Oración común de Taizé
Iglesia de las Esclavas del Sagrado Corazón, plza. Del Salvador
VALLADOLID
20’30 horas
Oración común de Taizé
Iglesia de San Francisco, Camino de Ronda, 65
GRANADA
22’00 horas
Oración común de Taizé
Parroquia de San Francisco, c/Franciscanos, 3
ALBACETE
26 junio 2026 – Viernes
- Fiesta del Ashura
18'00 horas
Proyección de la película "Solo Javier"
Coloquio con Mauricio Sartorius, hermano de Javier
Centro Ecuménico Julián García Hernando, c/ José Arcones Gil, 37 - 2º
MADRID
Oración común de Taizé
Parroquia de los PP: Franciscanos, c/ Mies del Valle
SANTANDER
20’30 horas
Oración con cantos de Taizé
Parroquia de Nuestra Señora de Moratalaz, c/ Enrique Arroyos, 19
MADRID
20’30 horas
Oración común de Taizé
Parroquia Santa María Madre de la Iglesia, c/ Gómez de Arteche, 30
MADRID
21’00 horas
Oración común de Taizé
Santuario del Inmaculado Corazón de María. Cripta. C/ Ferraz. 74
MADRID
21’00 horas
Oración común de Taizé
Parroquia de San José, Urbanización de la Noria, 33
FUENGIROLA (Málaga)
21’00 horas
Oración común al estilo de Taizé
Iglesia de Nuestra Señora de Gracia y San José (Els Josepets), plaza Lesseps, 25
BARCELONA
21’00 horas
Oración de la Cruz (Taizé)
Parroquia de Sant Marcel, c/ Petrarca 52
HORTA-BARCELONA
21’15 horas
Oración común de Taizé
Parroquia de San Benito, Avda León de Carranza, junto a la Facultad de Derecho
JEREZ DE LA FRONTERA (Cádiz)
27 junio 2026 – Sábado
17’00 horas (hora Argentina)
Encuentro de Oración por la Unidad
Parroquia de la Asunción, Gavilán 1137
BUENOS AIRES (Argentina)
20’30 horas
Oración de la noche desde Taizé
Retransmitida en directo en redes desde Taizé
TAIZÉ (Francia)
ON LINE
21’30 horas
Oración Taizé
Convento de las Vedrunes de Caldes de Malavella, c/ Doctor Furest
CALDES DE MALAVELLA (Girona)
28 junio 2026 – Domingo
17’30 horas (Hora de Argentina)
Encuentro de Oración por la Unidad
Iglesias Metodista de Flores. Yerbal, 2451
BUENOS AIRES (Argentina)
18’30 horas
Oración común al estilo de Taizé
Parroquia de Santa María. c/ de Joan Puig, 3.
RUBÍ (Barcelona)
20’30 horas
Oración común de Taizé
Parroquia Nuestra Señora de Lourdes, c/ Puntales, 3
CÁDIZ
29 junio 2026 – Lunes
- San Pedro y San Pablo, apóstoles
Mesa de Encuentro Interreligioso de la República de Argentina
"Pentecostalismo y el gran avivamiento" por Dra. Natalia Gómez
ARGENTINA
ON LINE
ON LINE
21’00 horas
Oración común de Taizé
Centro Padre Claret, c/ Joan Maragall, 23
GIRONA
21’00 horas
Oración Común (Taizé)
Iglesia Catedral de San Lorenzo, plaza de la Villa, s/n
SAN FELIÚ DE LLOBREGAT (Barcelona)
30 junio 2026 - Martes
19'30 horas (Hora de Argentina)
Taller de Formación 2026
"El cisma de occidente una mirada ecuménica"
ARGENTINA
ON LINE
20’30 horas
Oración común de Taizé
Parroquia de Sant Bartomeu, Pla. de L’església, 6
FERRERIES (Menorca)
21’00 horas
Oración Taizé
Parroquia de Santa María, c/ Rectoría, 1
VILANOVA I LA GELTRÚ (Barcelona)
JULIO
1 julio 2026 – Miércoles
20’30 horas
Oración común de Taizé
Capilla de las Santas Masas, Basílica de Santa Engracia, c/ Castellano, 1
ZARAGOZA
20’30 horas
Oración de Taizé
Parroquia Santísimo Redentor, c/ Félix Boix, 13
MADRID
20’30 horas
Oración común de Taizé
Parroquia de San José, c/ Nueva. 1
ALBACETE
20’30 horas
Oración al estilo Taizé
Parroquia El Cristo del Mercado, c/ José Zorrilla, 125
SEGOVIA
20’30 horas
Oración Común de Taizé
Parroquia de la Purísima Concepción, Vía Massagué, 21
SABADELL (Barcelona)
21’30 horas
Oración común de Taizé
Colegio Mayor Santa María, c/ San Jerónimo, 33
GRANADA
2 julio 2026 – Jueves
19’45 horas
Oración común de Taizé
Iglesia de las Esclavas del Sagrado Corazón, plza. Del Salvador
VALLADOLID
20’30 horas
Oración común de Taizé
Iglesia de San Francisco, Camino de Ronda, 65
GRANADA
20’30 horas
Oración común de Taizé
Convento de San José (Carmelitas), c/ Don Rodrigo, 8
MÁLAGA
3 julio 2026 - Viernes
Foro Espiritual de Estella – 2026
“Sanar la herida”
ESTELLA – LIZARRA (Navarra)
20’00 horas
Oración de Taizé
Parroquia de Nuestra Señora de las Fuentes, c/ de la Villa de Marín, 39 Fuencarral-El Pardo
MADRID
20’00 horas
Oración Interconfesional
Centro Ecuménico “Julián García Hernando”, c/ José Arcones Gil, 37 – 2º
MADRID
20’30 horas
Oración común de Taizé
Parroquia de los PP: Franciscanos, c/ Mies del Valle
SANTANDER
20’30 horas
Oración común de Taizé
Parroquia Santa María Madre de la Iglesia, c/ Gómez de Arteche, 30
MADRID
21’00 horas
Oración común de Taizé
Santuario del Inmaculado Corazón de María. Cripta. C/ Ferraz. 74
MADRID
21’00 horas
Oración común al estilo de Taizé
Iglesia de Nuestra Señora de Gracia y San José (Els Josepets), plaza Lesseps, 25
BARCELONA
21’00 horas
Oración de la Cruz (Taizé)
Parroquia de Sant Marcel, c/ Petrarca 52
HORTA-BARCELONA
21’15 horas
Oración común de Taizé
Parroquia de San Benito, Avda León de Carranza, junto a la Facultad de Derecho
JEREZ DE LA FRONTERA (Cádiz)
4 julio 2026 – Sábado
17'00 horas (hora Argentina)
Espacio Ecuménico
Oración por la Unidad de los Cristianos
Parroquia de Santa Julia (entrada por secretaría), Juan B. Alberdi - 1195
BUENOS AIRES (Argentina)
20’30 horas
Oración de la noche desde Taizé
Retransmitida en directo en redes desde Taizé
TAIZÉ (Francia)
ON LINE
21’00 horas
Oración de la Luz (Taizé)
Parroquia de Sant Marcel, c/ Petrarca 52
HORTA-BARCELONA
21’00 horas
Oración al estilo Taizé
Cripta Iglesia San Francisco de Asís, c/ San Francisco
TARRAGONA
5 julio 2026 – Domingo
19’00 horas
Oración común de Taizé
Parroquia de María Auxiliadora (Salesianos), Avda. Monrreal, 14
HUESCA
20’00 horas
Oración Común de Taizé
Parroquia Sant Josep, Avda. Lluís Pericot, 2
GIRONA
21’00 horas
Oración común de Taizé
Parroquia Nuestra Señora de Lourdes, c/ Puntales, 3
CÁDIZ
6 – 10 julio 2026
Encuentro Ecuménico El Espinar 2026
“El arte del Espíritu: unidad en la diversidad”
Casa Marista Fuentenueva, Carretera Guadarrama, km 5,5
1 julio 2026 – Miércoles
20’30 horas
Oración común de Taizé
Capilla de las Santas Masas, Basílica de Santa Engracia, c/ Castellano, 1
ZARAGOZA
20’30 horas
Oración de Taizé
Parroquia Santísimo Redentor, c/ Félix Boix, 13
MADRID
20’30 horas
Oración común de Taizé
Parroquia de San José, c/ Nueva. 1
ALBACETE
20’30 horas
Oración al estilo Taizé
Parroquia El Cristo del Mercado, c/ José Zorrilla, 125
SEGOVIA
20’30 horas
Oración Común de Taizé
Parroquia de la Purísima Concepción, Vía Massagué, 21
SABADELL (Barcelona)
21’30 horas
Oración común de Taizé
Colegio Mayor Santa María, c/ San Jerónimo, 33
GRANADA
2 julio 2026 – Jueves
19’45 horas
Oración común de Taizé
Iglesia de las Esclavas del Sagrado Corazón, plza. Del Salvador
VALLADOLID
20’30 horas
Oración común de Taizé
Iglesia de San Francisco, Camino de Ronda, 65
GRANADA
20’30 horas
Oración común de Taizé
Convento de San José (Carmelitas), c/ Don Rodrigo, 8
MÁLAGA
3 julio 2026 - Viernes
Foro Espiritual de Estella – 2026
“Sanar la herida”
ESTELLA – LIZARRA (Navarra)
20’00 horas
Oración de Taizé
Parroquia de Nuestra Señora de las Fuentes, c/ de la Villa de Marín, 39 Fuencarral-El Pardo
MADRID
20’00 horas
Oración Interconfesional
Centro Ecuménico “Julián García Hernando”, c/ José Arcones Gil, 37 – 2º
MADRID
20'00 horas
Servicio religioso de Taizé
Iglesia de Breitenfelde
BREITENFELDE (Alemania)
Oración común de Taizé
Parroquia de los PP: Franciscanos, c/ Mies del Valle
SANTANDER
20’30 horas
Oración común de Taizé
Parroquia Santa María Madre de la Iglesia, c/ Gómez de Arteche, 30
MADRID
21’00 horas
Oración común de Taizé
Santuario del Inmaculado Corazón de María. Cripta. C/ Ferraz. 74
MADRID
21’00 horas
Oración común al estilo de Taizé
Iglesia de Nuestra Señora de Gracia y San José (Els Josepets), plaza Lesseps, 25
BARCELONA
21’00 horas
Oración de la Cruz (Taizé)
Parroquia de Sant Marcel, c/ Petrarca 52
HORTA-BARCELONA
21’15 horas
Oración común de Taizé
Parroquia de San Benito, Avda León de Carranza, junto a la Facultad de Derecho
JEREZ DE LA FRONTERA (Cádiz)
4 julio 2026 – Sábado
17'00 horas (hora Argentina)
Espacio Ecuménico
Oración por la Unidad de los Cristianos
Parroquia de Santa Julia (entrada por secretaría), Juan B. Alberdi - 1195
BUENOS AIRES (Argentina)
20’30 horas
Oración de la noche desde Taizé
Retransmitida en directo en redes desde Taizé
TAIZÉ (Francia)
ON LINE
21’00 horas
Oración de la Luz (Taizé)
Parroquia de Sant Marcel, c/ Petrarca 52
HORTA-BARCELONA
21’00 horas
Oración al estilo Taizé
Cripta Iglesia San Francisco de Asís, c/ San Francisco
TARRAGONA
5 julio 2026 – Domingo
19’00 horas
Oración común de Taizé
Parroquia de María Auxiliadora (Salesianos), Avda. Monrreal, 14
HUESCA
20’00 horas
Oración Común de Taizé
Parroquia Sant Josep, Avda. Lluís Pericot, 2
GIRONA
21’00 horas
Oración común de Taizé
Parroquia Nuestra Señora de Lourdes, c/ Puntales, 3
CÁDIZ
6 – 10 julio 2026
Encuentro Ecuménico El Espinar 2026
“El arte del Espíritu: unidad en la diversidad”
Casa Marista Fuentenueva, Carretera Guadarrama, km 5,5
SAN LORENZO DEL ESCORIAL (Madrid)

.jpg)
Van con este, creo, dos artículos de Biedma sobre el romano pontífice, León XIV donde el autor pierde la objetividad que debe mantener todo comunicante para ofrecer su personal opinión "ex cathedra" sin atisbo de reflexión. Bien está que en el blog del Equipo Ecuménico Sabiñánigo, quepan todo tipo de opiniones, como así lo hacen, por que la diversidad siempre es enriquecedora, pero, bajo mi punto de vista, por supuesto, determinados planteamientos dogmáticos no contribuyen a fomentar el camino de la unidad.
ResponderEliminarAntonio del Real - Córdoba.