Todos juntos
Un espacio propuesto por EQUIPO ECUMÉNICO SABIÑÁNIGO

miércoles, 27 de mayo de 2026

SOBRE LA LIBERTAD RELIGIOSA Y SUS FORMAS DE EXPRESIÓN

Misión, libertad religiosa y sospecha sectaria: cuando evangelizar en público incomoda más que el monopolio romano


por Juan G. Biedma

CLAVE:
  • La reciente polémica sobre predicadores evangélicos en el Metro de Madrid ha vuelto a mostrar una vieja dificultad española: aceptar que la libertad religiosa no consiste solo en tolerar creencias privadas, sino también en permitir su expresión pública cuando esta se realiza sin coacción, sin abuso y dentro de la legalidad. El problema no es insignificante, porque algunos tratamientos periodísticos y políticos han pasado con excesiva rapidez de una cuestión legítima —la convivencia en espacios de transporte— a una imputación ideológica y religiosa de alcance mucho mayor. Así, el blog del Equipo Ecuménico Sabiñánigo reprodujo el artículo de Jesús Bastante, publicado en Religión Digital y elDiario.es, bajo un título ya significativo: «Ante las nuevas iglesias “evangélicas”». En él se habla del «show de Dios», de movimientos neopentecostales que «amenazan la diversidad de la fe evangélica en España» y se recoge la acusación política de Más Madrid según la cual estos predicadores constituirían una fuerza religiosa «muy vinculada al movimiento MAGA y a Donald Trump» 1.

Bien. No será esta Nota la que defienda posiciones tan enfrentadas al Evangelio como determinadas pseudopolíticas revestidas de cristianismo procedan de la orientación ideológica que procedan. En no pocas ocasiones he denunciado ya las lecturas reduccionistas y las propuestas pseudoteológicas de la llamada teología de la prosperidad, así como otras deformaciones incompatibles con una fe y una praxis centradas en la Palabra de Dios. La gravedad aumenta cuando tales discursos se mezclan con proyectos políticos dominados por la idolatría del dinero, el culto al éxito, la explotación de la credulidad religiosa o la legitimación de formas paganas de poder, todas ellas contrarias al mensaje de Cristo, arraigado en el amor incondicional al prójimo y, de manera preferente, al sufriente, al empobrecido y al descartado. Por ello, resultan teológicamente rechazables aquellos movimientos que, presentándose como supuestas prolongaciones de las fuentes originales del cristianismo, terminan aprovechándose de personas bien intencionadas, vulnerables o ingenuas, atrapadas en redes de liderazgo sectario, manipulador y espiritual y psicológicamente destructivo, incluso en el plano económico.

Estoy más que convencido de que cuando la misión deja de ser anuncio humilde del Evangelio y se convierte en estrategia de captación, dominio, lucro o propaganda ideológica, ya no sirve al Reino de Dios, sino a intereses humanos que parasitan el nombre de Cristo.

Con todo, conviene separaren el caso que nos ocupa los planos. Puede discutirse, con plena legitimidad, si un vagón de Metro es el lugar más adecuado para una predicación audible, insistente o difícil de evitar. También puede señalarse que determinadas formas de predicación emocional, curacionista o espectacularizada requieren discernimiento teológico y vigilancia pastoral no solamente por sus formulaciones teológicas, sino también por sus consideraciones supersticiosas y otras que son abiertamente perjudiciales. Pero otra cosa muy distinta es construir una sospecha global sobre el mundo evangélico, especialmente pentecostal o neopentecostal, mediante categorías como «secta», «timadores», «estafadores», «pro-Trump» o «MAGA». Protestante Digital denunció precisamente esa generalización al recoger las palabras del diputado Emilio Delgado, quien vinculó a los «evangélicos pentecostales» con una supuesta fuerza religiosa agresiva, ultraconservadora y ultraliberal, y pidió impedir que «secuestren» a la gente en el transporte público.

La crítica más grave no está en exigir normas de convivencia. Está en el desplazamiento conceptual: de la molestia concreta se pasa al estigma confesional; de la predicación discutible se pasa a la sospecha sectaria; de un hecho localizado se pasa a una interpretación política del protestantismo evangélico. Esta operación es intelectualmente débil y eclesialmente injusta. Que existan grupos evangélicos vinculados a la derecha religiosa norteamericana, al trumpismo, a la teología de la prosperidad o a doctrinas heterodoxas no autoriza a leer toda presencia evangélica pública bajo esa clave de sospecha. También existen catolicismos integristas, nacionalcatólicos, ultramontanos o reaccionarios, además de movimientos dotados de prestigio, influencia y poder que han sido señalados por diversos especialistas por sus derivas sectarias o por sus dinámicas de control espiritual e incluso económico. Nadie, con un mínimo de rigor, debería convertir esas expresiones en medida de todo el catolicismo romano. Del mismo modo, resulta inadmisible presentar al conjunto del protestantismo evangélico como sospechoso por la existencia de sectores extremos, desviados o ideológicamente capturados. La crítica debe dirigirse contra las deformaciones concretas, no contra una identidad confesional entera.

Además, la cuestión de fondo es otra, a la que, por cierto, no parece alcanzar el periodista, por muy especializado que se estime: ¿qué entendemos por misión? Si la misión cristiana queda reducida al culto interno, al templo, a la liturgia autorizada o al lenguaje socialmente domesticado, entonces ya no hablamos de misión, sino de religión confinada. La misión cristiana, desde sus orígenes, fue pública, itinerante, testimonial y personal. Pablo se acerca en el Ágora a los atenienses, inmersos en sus conversaciones filosóficas, religiosas y cotidianas, y allí introduce una palabra nueva, inesperada y quizá molesta como el tábano al caballo: el anuncio del Dios desconocido al que ellos mismos, de algún modo, ya daban culto sin conocerlo 2. Podía parecer un impertinente, un extranjero que interrumpía la calma intelectual de la ciudad; y, sin embargo, su gesto no fue coacción, sino testimonio público, razonado y respetuoso. Del mismo modo, Jesús anuncia el Reino en caminos, casas, aldeas y plazas; Pablo razona en sinagogas, mercados y espacios urbanos; las primeras comunidades cristianas no vivieron su fe como una reserva íntima, sino como anuncio de una vida nueva a todos y en todo lugar. El problema no es anunciar a Cristo en público (en la calle, en el mercado, en el transporte público…). El problema aparece cuando el anuncio se convierte en presión, manipulación, acoso, dominio emocional o explotación de la vulnerabilidad.

Por eso es necesario distinguir misión y proselitismo abusivo, como bien han subrayado de manera convergente documentos del Consejo Mundial de Iglesias, la Alianza Evangélica Mundial y el Movimiento de Lausana 3. La misión cristiana, cuando es fiel al Evangelio, no puede confundirse con coacción, presión psicológica, compra de adhesiones, manipulación emocional ni explotación de la vulnerabilidad. El testimonio público de la fe pertenece al núcleo de la libertad religiosa; el proselitismo abusivo, en cambio, la degrada. La misión propone; el abuso captura. La misión respeta la conciencia; el abuso la invade. La misión deja abierta la libertad del oyente; el abuso necesita dependencia. La misión se sostiene en el testimonio; el abuso se alimenta del miedo, la promesa de éxito o la autoridad incuestionable del líder. Esta distinción es decisiva. Sin ella, toda evangelización directa podría ser etiquetada como sectaria, y esa conclusión sería incompatible con la libertad religiosa reconocida por la Constitución Española y por la Ley Orgánica de Libertad Religiosa 4.

El derecho español no protege únicamente la creencia interior. Protege también la manifestación pública, comunitaria y comunicativa de la fe. La Ley Orgánica 7/1980 incluye expresamente el derecho de las iglesias a establecer lugares de culto, formar ministros, divulgar y propagar su credo, y reunirse o manifestarse públicamente con fines religiosos. Por tanto, el debate no puede resolverse con la frase simplista de que «la religión debe quedar en el ámbito privado». Esa afirmación, aplicada con coherencia, vaciaría de contenido buena parte de la libertad religiosa democrática.

Igualmente, la historia española obliga a una especial prudencia. El protestantismo evangélico no ha disfrutado históricamente de una presencia pública pacífica y reconocida. Durante décadas padeció restricciones, cierres de templos, vigilancia, sospecha social, exclusión administrativa y marginación cultural. La propia FEREDE recuerda que la Comisión de Defensa Evangélica nació en 1956, en pleno nacionalcatolicismo, para defender jurídicamente al colectivo protestante frente a un régimen confesional que restringía severamente la libertad religiosa 5. Investigaciones históricas han documentado el cierre de templos protestantes tras la Guerra Civil y el carácter meramente tolerante, no plenamente libre, de la Ley de Libertad Religiosa de 1967 6. Otros estudios, por su parte, han mostrado con suficiencia académica la lamentable situación del protestantismo español desde la Reforma hasta la Transición constituyente: un larguísimo período de la historia nacional marcado por muertos, exiliados, represaliados, perseguidos y condenados social y religiosamente. El saldo histórico es tan grave que España no debería permitirse banalizarlo ni repetir, siquiera bajo nuevas formas discursivas, aquella inmoralidad colectiva: atropello de derechos, cercenamiento de libertades, violencia religiosa y exclusión de quienes simplemente reclamaban vivir públicamente su fe y su praxis cristiana 7.

Por eso sorprende que algunos discursos actuales parezcan olvidar esa memoria histórica tan henchida de crimen y vileza. España no fue un laboratorio ejemplar de libertad religiosa, sino un país donde el catolicismo romano ocupó durante siglos una posición de hegemonía cultural, política y simbólica. Bajo el nacionalcatolicismo, lo evangélico fue con frecuencia tratado como anomalía, extranjería, disidencia sospechosa o amenaza a la unidad espiritual de la nación. En ese contexto, la predicación pública evangélica no puede analizarse solo como incomodidad urbana. También debe leerse como presencia de una minoría religiosa que ha tenido que conquistar, con enorme esfuerzo, el derecho a existir públicamente.

La asimetría se vuelve más visible cuando se compara esta sospecha sobre la predicación evangélica con la naturalidad con que se acepta la ocupación católica del espacio público. La próxima visita del papa León XIV a España, prevista del 6 al 12 de junio de 2026, incluye una agenda oficial con actos en Madrid, Barcelona, Gran Canaria y Tenerife; intervención en el Congreso, encuentros institucionales, celebraciones masivas y presencia pública de enorme dimensión. La Santa Sede publicó oficialmente el programa, y medios como RTVE, EFE y elDiario.es han informado de su carácter histórico, institucional y multitudinario 8.

No es que este uso expansivo de lo público sea una novedad. Más bien reproduce, con otros protagonistas, una práctica largamente normalizada en las numerosas visitas papales a España, verdaderas operaciones de presencia religiosa, simbólica, mediática e institucional en el espacio común. La llegada del obispo de Roma ha ido acompañada de celebraciones multitudinarias, cartelería en calles, semáforos y transporte público, campañas en redes sociales, despliegues audiovisuales, cobertura mediática permanente y colaboración activa de poderes públicos, sociales y económicos. Ante todo ello, la prensa religiosa española rara vez se ha rasgado las vestiduras. A lo sumo, alguna crítica teológica moderada ha intentado distinguir entre un posible ministerio petrino entendido como servicio a la comunión y las formas actuales de un papado excesivamente dependiente de la escenificación pública, la adhesión emocional de masas, la coreografía litúrgico-mediática, la música envolvente y el mensaje cuidadosamente proyectado. ¿No asistimos, con etas formas, a un cierto paganismo marcado por la idolatría, es decir, por el cultivo del culto al líder, tan denostado por la Iglesia cuando se trata de liderazgos políticos? El Evangelio sigue haciendo ver a los ciegos, andar a los cojos y oír a los sordos; pero esa gracia solo se vuelve sanadora cuando el ser humano acepta la verdad de su propia ceguera, de su parálisis interior y de su necesidad de ser levantado por Dios. ¿Se reconocerá el líder católico como ciego, mudo, sordo e impedido, necesitado de ser tocado por la gracia de Dios para convertirse, o continuará aceptando el papel de monarca absoluto e infalible, rodeado de masas que se aproximan a su figura como si en ella encontraran una presencia vicaria, una mediación privilegiada y un puente (pontífice máximo) casi necesario hacia Cristo?

La cuestión de fondo no es, pues, si la fe puede tener presencia pública, sino por qué determinados despliegues católicos son asumidos como cultura, tradición o acontecimiento social legítimo, mientras ciertas iniciativas evangélicas son leídas de inmediato bajo sospecha de invasión, captación o perturbación del espacio común.

No se trata de negar el derecho del papa a visitar España ni de impedir que los católicos celebren públicamente su fe. Sería contrario a la misma libertad religiosa que aquí se defiende. La cuestión es otra: ¿por qué una Iglesia puede movilizar instituciones, calles, dispositivos policiales, escenarios públicos, autoridades civiles y cobertura mediática sin ser acusada de invadir la vida ciudadana, mientras predicadores evangélicos son rápidamente interpretados como amenaza sectaria o extremista? Si la incomodidad ciudadana es el criterio, una visita papal masiva produce más alteraciones objetivas que una predicación puntual en un vagón. Si el gasto público preocupa, debe preocupar también en los grandes despliegues religiosos de la confesión mayoritaria. Si el espacio común debe preservarse, el principio ha de aplicarse por igual.

También conviene recordar una práctica socialmente normalizada: la presencia en calles, plazas y zonas comerciales de captadores de organizaciones no gubernamentales, a menudo contratados por empresas especializadas de marketing directo, que detienen a los viandantes para solicitarles datos personales y proponerles una cuota periódica como socios. Esta práctica, conocida en algunos ámbitos como captación face to face, altera igualmente la marcha ordinaria del transeúnte y, en no pocas ocasiones, puede resultar insistente, invasiva o molesta. Sin embargo, rara vez suscita la misma alarma política o mediática. Ni determinados sectores de la izquierda ni ciertos periodistas católicos “progresistas” parecen considerar escandaloso que se interpele al ciudadano en la vía pública cuando el fin es humanitario, social o económico. La pregunta, entonces, resulta inevitable: ¿lo que incomoda es realmente la interrupción del paso, o que el contenido de esa interpelación sea religioso, evangélico y no católico, en especial si es de derecha o extrema derecha?

La crítica, por tanto, no puede ser selectiva. No puede tolerar la presencia pública católica cuando es solemne, institucional y mediáticamente rentable, y sospechar de la presencia evangélica cuando es callejera, directa, inmigrante, pentecostal o socialmente menos domesticada. Esa doble vara revela una concepción todavía católico-céntrica del espacio público: el catolicismo aparece como cultura, tradición o patrimonio; el evangelicalismo, en cambio, como ruido, intrusión o secta. Esta diferencia no es inocente. Procede de una larga historia de privilegio simbólico de una confesión y de desconfianza hacia las minorías.

Nada de esto obliga a defender acríticamente toda forma de evangelización evangélica. Hay que decirlo con claridad: una predicación que persigue, acorrala, grita, humilla, anuncia curaciones sin responsabilidad, explota la angustia o convierte la pobreza en mercado espiritual debe ser corregida. También deben examinarse con rigor los discursos de prosperidad, los liderazgos opacos, las economías religiosas sin transparencia y las conexiones políticas con proyectos autoritarios. Pero esa crítica debe hacerse con pruebas, contexto y proporcionalidad, no mediante rótulos globales que convierten a los evangélicos en sospechosos por defecto. La Alianza Evangélica Española y FEREDE han pedido precisamente rigor, pluralidad, contexto y respeto democrático ante el creciente tratamiento mediático del mundo evangélico 9.

El ecumenismo español no puede permitirse un sesgo de esta naturaleza. Si una revista como Pastoral Ecuménica o un blog ecuménico de mayoría católica acogen sin suficiente distancia crítica marcos interpretativos que aproximan lo evangélico pentecostal a la secta, al fanatismo o a la extrema derecha, se erosiona la confianza ecuménica. El ecumenismo no consiste en que las minorías religiosas sean aceptadas cuando se comportan según las formas culturales de la mayoría. Consiste en reconocer al otro como sujeto eclesial real, con su historia, su espiritualidad, sus lenguajes, sus excesos corregibles y sus derechos.

La misión cristiana no puede ser monopolio romano. Tampoco puede convertirse en patrimonio de grupos ruidosos, emocionalistas o políticamente capturados. Pertenece al Dios trinitario y se verifica en la libertad, el testimonio, el servicio y la verdad. Una sociedad democrática debe poder regular el ruido, el acoso y la convivencia en el transporte público. Lo que no debe hacer es convertir esa regulación en sospecha religiosa contra una minoría. Y una Iglesia que se dice ecuménica debe ser la primera en recordar que anunciar a Cristo en la plaza pública no es una anomalía sectaria, sino una dimensión constitutiva de la fe cristiana cuando se realiza con respeto, mansedumbre y libertad.

El criterio final es sencillo: donde hay coacción, abuso, manipulación o explotación, debe haber denuncia. Donde hay anuncio libre, respetuoso y no invasivo, debe haber protección. Y donde una confesión mayoritaria disfruta de todos los parabienes institucionales para expresarse públicamente, las demás iglesias no pueden ser reducidas a sospecha, contradicción o estigma. La libertad religiosa no se mide por la comodidad que concede a la mayoría, sino por el espacio real que garantiza a quienes durante demasiado tiempo fueron obligados a callar.

NOTAS:
  1. Movimiento MAGA (Make America Great Again): movimiento político estadounidense articulado en torno a Donald J. Trump desde la campaña presidencial de 2016, caracterizado por un nacionalismo populista de derechas, el lema «America First», la defensa del proteccionismo económico, el endurecimiento de las políticas migratorias, el rechazo del globalismo y la reivindicación de valores considerados «tradicionales» dentro de la cultura política norteamericana. Su influencia ha transformado profundamente al Partido Republicano, desplazando a sectores conservadores clásicos y reforzando una agenda más identitaria, polarizadora y plebiscitaria. En el ámbito religioso, parte del movimiento ha encontrado apoyo en sectores del evangelicalismo blanco estadounidense, donde se ha producido una alianza entre cristianismo identitario, nacionalismo político y defensa de una supuesta restauración moral de la nación. Como movimiento político, no corresponde aquí emitir un juicio global sobre MAGA. En el plano religioso, en cambio, sí debe afirmarse una oposición rotunda al uso instrumental del espíritu religioso y, más concretamente, del lenguaje cristiano, cuando este se coloca al servicio de proyectos de poder, polarización, exclusión o supremacía nacional. La gravedad aumenta cuando dicha apropiación se produce con la participación, conveniencia o respaldo explícito de líderes y ministros evangélicos, pues entonces el Evangelio deja de ser anunciado como buena noticia del Reino de Dios y queda reducido a coartada espiritual de una determinada estrategia política. Esta confusión resulta teológicamente inadmisible.
  2. Cf. Hch 17,16-34, donde Pablo dialoga en Atenas, primero en la sinagoga y en la plaza pública, y después en el Areópago, tomando como punto de partida el altar «al Dios no conocido» para anunciar al Dios creador y la resurrección de Jesucristo.
  3. Véase Consejo Mundial de Iglesias, Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso y Alianza Evangélica Mundial, Christian Witness in a Multi-Religious World: Recommendations for Conduct (Ginebra/Roma/Nueva York, 2011). El documento, fruto de un proceso de trabajo de cinco años entre el CMI, el PCID y la WEA, no pretende formular una teología completa de la misión, sino ofrecer recomendaciones prácticas sobre el testimonio cristiano en contextos multirreligiosos; exhorta a iglesias, consejos de iglesias y agencias misioneras a revisar sus prácticas y elaborar directrices propias para una misión ejercida con integridad, caridad, compasión, humildad y respeto a la libertad de conciencia. Véase también Lausanne Movement, The Cape Town Commitment: A Confession of Faith and a Call to Action (2010), especialmente su insistencia en llevar «todo el Evangelio» a «todo el mundo» desde el amor, la humildad, el arrepentimiento cristiano y el rechazo de prácticas indignas del Evangelio; y Lausanne Movement, The Lausanne Covenant (1974), nn. 4-6, donde la evangelización se entiende como anuncio responsable de Jesucristo, llamada al discipulado y servicio integral, no como coacción, manipulación o imposición religiosa. Por cierto, de esto último entiende y mucho la Iglesia católica romana en España, al menos así lo demuestra en su particular historia.
  4. Constitución Española, art. 16.1.; España, Ley Orgánica 7/1980, de 5 de julio, de Libertad Religiosa, art. 2.1 y 2.2, Boletín Oficial del Estado, núm. 177, 24 de julio de 1980.
  5. FEREDE, «FEREDE conmemorará en 2026 el 70º aniversario de la Comisión de Defensa Evangélica y el 40º de su constitución como Federación», Actualidad Evangélica, 23 de febrero de 2026.
  6. Juan Bautista Vilar, «Los protestantes españoles: la doble lucha por la libertad durante el primer franquismo», Anales de Historia Contemporánea 17 (2001): 253-299; Mariano Blázquez Burgo, Reseña histórico-social del protestantismo español; Ley 44/1967, de 28 de junio, regulando el ejercicio del derecho civil a la libertad en materia religiosa, BOE, núm. 156, 1 de julio de 1967.
  7. Véase el libro de Luis Más Collado y Carles Raurell, El Franquismo contra los protestantes. Fusilados, exilados, encarcelados, depurados y desterrados (1936-1946) (Catarroja, Valencia y Salamanca: Vinatea Editorial – Sola Fides, 2025).
  8. RTVE, «Agenda de la visita del papa a España: fechas, ciudades y actos», 6 de mayo de 2026; EFE, «Así será el viaje del papa a España: hablará ante el Congreso y visitará un centro de acogida en Canarias y una prisión en Barcelona», 6 de mayo de 2026; Jesús Bastante, «El viaje del Papa a España: discurso en el Congreso, reunión con víctimas de pederastia y encuentro con migrantes», elDiario.es, 6 de mayo de 2026.
  9. Alianza Evangélica Española, «Los evangélicos ante la creciente atención mediática», 8 de mayo de 2026; FEREDE, «Hemos pedido a los medios rigor, contexto y respeto al informar sobre la realidad protestante y evangélica», 8 de mayo de 2026.
AUTOR:
Juan G. Biedma, Málaga, 1951, ha sido diácono permanente de la Iglesia católica romana, a la que dejó de pertenecer en agosto de 2025. En la actualidad se define y considera cristiano transconfesional y ecuménico. Ha publicado numerosos artículos, notas y reseñas en revistas como Formación, Pastoral Ecuménica, Biblia y Fe, Vida Religiosa, Lumieira y Nivaria Theologica. Asimismo, ha colaborado en medios digitales como Cuadernos de Reflexión Teológica, Pensamiento Protestante, Lupa Protestante, Protestante Digital, Religión Digital, InfoEkumene y el blog del Equipo Ecuménico Sabiñánigo. Es autor de los libros Vida y pensamiento de Juan Antonio Monroy. El Evangelio como luz en la cultura (Editorial CLIE, 2025) y Diáconos: servidores del Evangelio y la misericordia. Una mirada ecuménica al diaconado (Sola Fides, 2026).

AGENDA

24 mayo - 31 mayo 2026
  • Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos (Hemisferio Sur)
27 mayo 2026 – Miércoles
  • Fiesta musulmana de Eid-al-Adha
20'00 horas (Hora de Argentina)

Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos
Congregación El Redentor de la Iglesia Evangélica Luterana Unida. Simbrón, 3194
BUENOS AIRES (Argentina)

20’30 horas

Oración común de Taizé
Capilla de las Santas Masas, Basílica de Santa Engracia, c/ Castellano, 1
ZARAGOZA

20’30 horas

Oración de Taizé
Parroquia Santísimo Redentor, c/ Félix Boix, 13
MADRID

20’30 horas

Oración común de Taizé
Parroquia de San José, c/ Nueva. 1
ALBACETE

20’30 horas

Oración al estilo Taizé
Parroquia El Cristo del Mercado, c/ José Zorrilla, 125
SEGOVIA

20’30 horas

Oración Común de Taizé
Parroquia de la Purísima Concepción, Vía Massagué, 21
SABADELL (Barcelona)

21’30 horas

Oración común de Taizé
Colegio Mayor Santa María, c/ San Jerónimo, 33
GRANADA


28 mayo 2026 – Jueves

19'00 horas (Hora de Argentina)

Acto central Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos
Celebración Ecuménica. Luz de Luz para la Luz
Iglesia Apostólica Armenia. Armenia 1359
BUENOS AIRES (Argentina)

19’30 horas

Oración al Estilo de Taizé
Catedral de la Almudena, c/ Bailén, 10
MADRID

19’45 horas

Oración común de Taizé
Iglesia de las Esclavas del Sagrado Corazón, plza. Del Salvador
VALLADOLID

20’30 horas

Oración común de Taizé
Iglesia de San Francisco, Camino de Ronda, 65
GRANADA

22’00 horas

Oración común de Taizé
Parroquia de San Francisco, c/Franciscanos, 3
ALBACETE

29 mayo 2026 – Viernes
  • Fiesta Bahai de la Ascensión de Baha'u'llah
  • Zartusht-no Diso: Zoroastrismo
20’30 horas

Oración común de Taizé
Parroquia de los PP: Franciscanos, c/ Mies del Valle
SANTANDER

20’30 horas

Oración común de Taizé
Parroquia Santa María Madre de la Iglesia, c/ Gómez de Arteche, 30
MADRID

21’00 horas

Oración común de Taizé
Parroquia de San José, Urbanización de la Noria, 33
FUENGIROLA (Málaga)

21’00 horas

Oración común al estilo de Taizé
Iglesia de Nuestra Señora de Gracia y San José (Els Josepets), plaza Lesseps, 25
BARCELONA

21’00 horas

Oración de la Cruz (Taizé)
Parroquia de Sant Marcel, c/ Petrarca 52
HORTA-BARCELONA

21’00 horas

Oración común de Taizé
Santuario del Inmaculado Corazón de María. Cripta. C/ Ferraz. 74
MADRID

21’15 horas

Oración común de Taizé
Parroquia de San Benito, Avda León de Carranza, junto a la Facultad de Derecho
JEREZ DE LA FRONTERA (Cádiz)

30 mayo 2026 – Sábado

17'30 horas (Hora de Argentina)

Oración por la Unidad de los Cristianos
Iglesia Evangélica Valdense. Avda. Juan Bautista Alberdi, 2240
BUENOS AIRES (Argentina)

20’30 horas

Oración de la noche desde Taizé
Retransmitida en directo en redes desde Taizé
TAIZÉ (Francia)
ON LINE

21’30 horas

Oración Taizé
Convento de las Vedrunes de Caldes de Malavella, c/ Doctor Furest
CALDES DE MALAVELLA (Girona)

31 mayo 2026 – Domingo
  • Fiesta de la Visitación de la Virgen María a Santa Isabel
  • Fiesta budista del Vesak, día de Budha
10'30 horas (Hora de Argentina)

Oración por la Unidad de los Cristianos
Catedral Anglicana de San Juan Bautista. c/ 25 de mayo, 276
BUENOS AIRES (Argentina)

18’30 horas

Oración común al estilo de Taizé
Parroquia de Santa María. c/ de Joan Puig, 3.
RUBÍ (Barcelona)

20’30 horas

Oración común de Taizé
Parroquia Nuestra Señora de Lourdes, c/ Puntales, 3
CÁDIZ







No hay comentarios:

Publicar un comentario