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miércoles, 5 de septiembre de 2018

PABLO VI, EL PAPA REFORMADOR QUE BUSCÓ LA UNIDAD DE TODOS LOS CRISTIANOS


Pablo VI, el Papa reformador que buscó la unidad de todos los cristianos

Pablo VI, de nombre secular Giovanni Battista Enrico Antonio Maria Montini, fue el Papa número 262º de la Iglesia católica y soberano de la Ciudad del Vaticano desde 1963 hasta su muerte 15 años después. Penúltimo pontífice italiano hasta la fecha, su sucesor Juan Pablo I puso fin a la contigua serie de papas transalpinos iniciada con Clemente VII cuatro siglos antes.

Su mayor hito radica en la continuación y conclusión del Concilio Vaticano II, obra de su predecesor Juan XXIII. Tras el fallecimiento de este último, lo guió a través de sus propios propósitos, los cuales pueden verse desarrollados en el transcurrir de su papado: renovación de la Iglesia; diálogo con la humanidad, profesos de otras religiones y ateos incluidos; y unidad de todos los cristianos.

Nacido el 26 de septiembre de 1897 en Concesio (provincia de Brescia, región de Lombardía, Italia), Giovanni Battista Montini entró a los 19 años en el seminario, fue ordenado sacerdote en 1920 y se trasladó a Roma para formarse en diplomacia en la Academia Pontificia Eclesiástica. Producto de sus estudios, en 1922 ingresó en el servicio papal como miembro de la Secretaría de Estado y, después de un breve paso por la Nunciatura de Varsovia en 1923, le fue otorgada la cátedra de Historia Diplomática en 1931.

Nombrado en 1937 asistente del cardenal Pacelli, por entonces Secretario de Estado, jugó un valioso papel en la labor de ayuda y asistencia que la Santa Sede desempeñó durante la Segunda Guerra Mundial.

Monseñor Montini, caracterizado por una tarea pastoral de índole reformadora, se destapó como una de las personas más cercanas a Pío XII, designado Papa en 1939, quien lo nombró Arzobispo de Milán en 1954. Durante su periplo al frente de la que es la diócesis más grande de Italia, por su conciencia y preocupación acerca de los problemas sociales pasó a ser popularmente conocido como el «Arzobispo de los pobres».

Elevado a Cardenal en 1958 por Juan XXIII, colaboró con éste en la preparación y apertura de su gran proyecto hasta que el 21 de junio de 1963 le sucedió como Sumo Pontífice bajo el nombre de Pablo VI. Los aires de progreso que trajo consigo se vislumbraron desde el primer instante al renunciar a usar la tiara papal durante las sesiones del Concilio Vaticano II, la cual donó a la Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción en Washington DC.

La forja de un santo

El principal esfuerzo que marcó su pontificado no fue otro que el de reabrir la que es considerada la mayor revisión de la liturgia desde el Concilio de Trento y, bajo sus preceptos, conducirla hacia la final culminación y aplicación. Convencido de la necesidad de tender puentes con las demás confesiones religiosas cristinas, de lograr el entendimiento con los no creyentes y de la implicación en el orden social a escala mundial, se alzó como adalid de la importante reformulación de la Iglesia en la segunda mitad del siglo XX.

Papa Pablo VI y el Patriarca de Constantinopla Atenágoras I, enero de 1964
Igual de célebre es su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York (1965), un histórico llamado a la paz mundial en una coyuntura de recrudecimiento de la guerra del Vietnam.  Impulsor de la idea ecuménica y de aproximación a los problemas del mundo del Concilio, base de su misión pastoral, Pablo VI inauguró una «colección» de viajes por todo el globo terráqueo convirtiéndose en el primer Papa en visitar los cinco continentes. El «Papa peregrino» viajó a Tierra Santa en 1964 y se encontró con el Patriarca ortodoxo Atenágoras I, con quien celebró la anulación de los decretos de excomunión mutua impuestos tras el Gran Cisma entre Oriente y Occidente en 1054.

Tres de los cardenales que designó llegaron a ser sus sucesores como Papa: Albino Luciani (Juan Pablo I, 26 de agosto-28 de septiembre de 1978), Karol Wojtyla (Juan Pablo II, 16 de octubre de 1978-2 de abril de 2005) y Joseph Ratzinger (Benedicto XVI, 19 de abril de 2005-28 de febrero de 2013). Sería el afamado Pastor Universal polaco quien, en su testimonio Redemptor hominis, exaltase la fortaleza interior y el espíritu de oración que permitieron al hombre que lo aupó al cardenalato afrontar un período de muchos cambios: «Me maravillaron siempre su profunda prudencia y valentía, así como su constancia y paciencia en el difícil período posconciliar de su pontificado. Como timonel de la Iglesia, barca de Pedro, sabía conservar una tranquilidad y un equilibrio providencial incluso en los momentos más críticos, cuando parecía que ella era sacudida desde dentro, manteniendo una esperanza inconmovible en su compactibilidad».

En el haber de Pablo VI despuntan siete encíclicas, entre las que destaca  Humanae vitae, publicada el 25 de julio de 1968. En ella, Su santidad delinea la postura de la Iglesia católica respecto al controvertido tema del aborto y el uso de métodos anticonceptivos.

El pontificado se extendió hasta el 6 de agosto de 1978, pero su legado perdura. Si bien el Papa Francisco ya aprobó en 2014 la beatificación del italiano, en 2018 ha promulgado un decreto por el que se reconoce un segundo milagro por intercesión de Pablo VI y que permitirá su canonización. Según ha mencionado Jorge Mario Bergoglio, el próximo 14 de octubre, en el marco del Sínodo de los Obispos sobre los Jóvenes (asambleas de prelados llegados de los cinco continentes al Vaticano que él mismo creó), el Papa del diálogo y el abrazo entre las diferentes Iglesias será proclamado santo.

FUENTE:
www.abc.es




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