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Un espacio propuesto por EQUIPO ECUMÉNICO SABIÑÁNIGO

jueves, 21 de febrero de 2019

RECORDANDO A LUTERO Y AL PAPA FRANCISCO



RECORDANDO A LUTERO Y AL PAPA FRANCISCO

por Francisco Henares


A la una, no fue la vencida, ni a las dos, ni a las tres, ni a las 300, pero en las entretelas del Vaticano II las ventanas se abrieron, y ahora en el 2017, el sol sale si no del todo brillante, al menos aumenta la luz, el calor y la vida. Ahí estamos. Somos hijos y testigos de un hecho imponente: Cristo ha roto el muro de la separación (Ef. 2,14). Dicho esto en Alemania, que tanto sabe de muros, es mucha historia. Esta es la que nos toca:1517-2017. Lutero rompe con la Iglesia romana y se arma uno de los rompimientos más grandes de Europa. El Papa lo excomulga y se arma una ruptura de Iglesias que se llama Cisma de Occidente. Ya no volvieron a hablarse hasta hoy. Pero yo esta vez no vengo a hablar de historia pasada, porque agua pasada no mueve molino. Pero agua de hoy socorre a sedientos, en efecto. Vengo a hablar de lo que está ya ocurriendo. En nuestra misma España, el 2017 va siendo año de bienes ecuménicos. Surgen Encuentros, Congresos como el de la Pontificia de Salamanca, Actos locales, que la gente mira asombrada, ACEMU de las Misioneras de la Unidad. Cambia la faz de la tierra. 

Y por supuesto, tenemos un Papa Francisco que es una gracia de Dios. Voy a contar a nuestros lectores lo ocurrido hace unos meses (octubre del 2016). Preparando el famoso 2017, la Federación Luterana Mundial invitó al Papa a ir a Suecia (lugar luterano que alcanza casi a un 70% de la población). El Papa aceptó de buen grado. Sólo hay allí 119.000 católicos. No importa. Estoy ahora viendo una foto de un periódico donde el Papa mira adelante, y justo al lado hay una estatua de Martín Lutero. Francisco sigue su ruta de aperturas. Celebra una eucaristía con pastores luteranos. Años atrás, la Iglesia luterana celebraba su fiesta mayor, como una liberación de la asfixiante Iglesia de Roma. En este octubre del 2016, Francisco habla de los esfuerzos hacia una reconciliación de todos. 

Me place destacar frases de ese encuentro, que han caído de la boca de Francisco cual si fueran gotas de rocío. Por ejemplo esta: “El acercamiento nos hace bien a todos. Por el contrario, la distancia enferma”. En mis clases de Ecumenismo acabo de aconsejar: haced un poster y colgarlo en una pared de vuestra casa. Poned: la distancia, enferma. Esto es ecumenismo por dentro y por fuera. También digo en clase que al ecumenismo hay que sacarlo a la calle. Para vocearlo, para que se sepa que está ya aquí. ¿Habrá alguien en el mundo que no firme debajo de la frase de marras, la distancia, enferma? Esto es salud de cuerpo y alma. Pero tengo otra frase del Papa en ese viaje. Esta: “Lutero dio un gran paso al dejar la Palabra de Dios en manos del pueblo”. Francisco confesó allí que en Argentina, cuando era joven, tenía amigos luteranos. Con razón dice que viaja a Suecia para acercarse a sus hermanos y hermanas. La gota de rocío ahora es acercarse. Tengo todavía más. Como si fueran golosinas: “No se puede ser al mismo tiempo católico y sectario”. Y es verdad, no se puede servir a dos amos, dice el evangelio. Copio un párrafo más largo de Francisco: “La distancia, en cambio, nos hace mal. Cuando nos alejamos, nos cerramos dentro de nosotros mismos, adquirimos miedos. Es necesario aprender a trascender para el encuentro con los miedos. Si no lo hacemos, también nosotros cristianos, enfermamos con las divisiones”. Habló siempre en español Francisco, y ¡anda que no se entiende! ¡Ojo! Me quedo con esto dicho: enfermamos con las divisiones. ¿Hay quien pueda negar eso en psicología clínica o social? Vivimos asustados al abrir el telediario de turno. División con vecinos, refugiados, políticos, familiares. La cerrazón hacia el otro es un veneno lento, pero letal. La experiencia lo enseña. Lo dicho, el ecumenismo a la calle, y que lo recojan los políticos a quienes pagamos. 

Francisco recordó en Suecia que la Iglesia romana puede aprender de la luterana en especial acerca de la Reforma y la Escritura. Y lo explicaba así: la primera, porque Martín tuvo un gesto de reforma en momentos difíciles, puesto que la Iglesia católica, a la sazón, no era precisamente una tacita de plata. De hecho, tuvo la Iglesia la convicción de semper reformanda. Otra cosa distinta era la lentitud de ello. Pero hubo admirables reformadores: Francisco de Asís, Juan de la Cruz, Teresa de Jesús, Pedro de Alcántara, y etc. La segunda es evidente. La impresión que hemos tenido con frecuencia da este retrato: el protestantismo se quedó con la Biblia; y el catolicismo con los sacramentos. Sola Scriptura parecía un grito de Lutero, más que consejo. Y Cristo Sacramento del Padre parecía un crescendo en número de sacramentos (hasta siete y casi obligatorios, según Trento). Rafael Lazcano, buen estudioso de Lutero, escribe: “El Evangelio de Cristo –enseña certeramente Lutero- es constructor de la Iglesia de los creyentes en la palabra viva de Dios”. Para el común de todos los cristianos (así nombraba Martín a veces a la Iglesia) “solamente por el evangelio es concebida, formada, alimentada y conservada la Iglesia”. 

Por otro lado, hoy la mayoría de historiadores creen que Lutero no pensaba generar un Cisma como el que aconteció. Pensaba reformar por dentro las prácticas corruptas de la Iglesia romana. Frente a indulgencias que se vendían y pagaban comenzó el conflicto, pero era sólo el aviso del estampido final. Perdonar pecados a precio de indulgencias que se vendían, quizás ni hoy lo aceptaría cristiano alguno. De todos modos, para acabar, digamos que los encuentros-desencuentros, conforme pasa el tiempo, no tienen un pelo de fáciles. Entonces –como aconseja el Vaticano II- no nos salvará más que la oración. Dios puede más que los hombres. Así es la Historia Salvífica. Se hace camino al amar, dice un amigo mío poeta. Aspiración de 500 años. Esta vez, con el amor va la vencida.

Francisco HENARES
Profesor de Ecumenismo. 
Universidad Antonianum.
Murcia



2 comentarios:

  1. Todo camino hacia la unión es bueno, no hay pasos atrás, a veces son pasos muy lentos pero hay avance, el papa Francisco lo tiene claro la pena es que parece que a veces solo tira él de la pesada carreta de la Iglesia.
    Nacho

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  2. Agradezco a Don Francisco Henares este tan interesante artículo, mucho que aprender

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