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Un espacio propuesto por EQUIPO ECUMÉNICO SABIÑÁNIGO

sábado, 7 de julio de 2018

PAPA FRANCISCO Y EL ECUMENISMO


Publicamos este monográfico sobre el Papa Francisco y el ecumenismo que ha sido a su vez recopilado en el Boletín Verano 2018 de la Comunidad Ecuménica Horeb Carlos de Fuocauld correspondiente a Junio-Julio 2018 (Boletín nº 95)

“Papa Francisco y el Ecumenismo”


Papa Francisco explica el verdadero sentido del ecumenismo

POR MIGUEL PÉREZ PICHEL


El Papa Francisco recibió a los participantes de la sesión plenaria del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y afirmó que esta unidad deseada por Jesús “es una de mis principales preocupaciones”; sin embargo, recordó que “la unidad no es uniformidad”.

“La unidad de los cristianos no implica un ecumenismo de ‘marcha atrás’ en virtud del cual se deba renegar de la propia historia de fe; ni tampoco se puede tolerar el proselitismo, que envenena el camino ecuménico”, añadió el Pontífice durante la audiencia realizada en el Palacio Apostólico.

El Papa Francisco recibe a miembros del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos
El Santo Padre recordó los diferentes encuentros ecuménicos a los que asistió, tanto en Roma como fuera de Italia, a lo largo de este año y afirmó que “cada una de estas reuniones ha sido para mí una fuente de consuelo al constatar que el deseo de comunión permanece vivo con intensidad”.

“La unidad de los cristianos es un requisito esencial de nuestra fe – subrayó Francisco–. Un requisito que fluye desde el fondo de nuestro ser como creyentes en Jesucristo. Llamamos a la unidad porque invocamos a Cristo. Queremos vivir la unidad porque queremos seguir a Cristo, vivir su amor, gozar del misterio de su unidad con el Padre, que es la esencia del amor divino”.

El Obispo de Roma recordó el carácter divino del camino ecuménico, ya que “la unidad no es el resultado de nuestros esfuerzos humanos, o el producto de la diplomacia eclesiástica, sino que es un don del cielo”. Según explicó, “no somos capaces de llegar a la unidad por nosotros mismos, ni tampoco podemos decidir sobre la forma y los tiempos” en que se producirá dicha unidad.

“¿Cuál es, por lo tanto, nuestro rol? –se preguntó–. ¿Qué es lo que debemos hacer para promover la unidad de los cristianos? Nuestra tarea consiste en acoger nuestro don y hacerlo visible a todos”.

“Desde este punto de vista –continuó–, la unidad, antes que una meta, es un camino con su propia hoja de ruta y su ritmo, con sus retrasos y sus aceleraciones, e incluso con sus pausas. La unidad, como todo camino, requiere paciencia, tenacidad, esfuerzo y compromiso. No elimina los conflictos ni los contrastes, de hecho, muchas veces puede dar lugar a nuevos malentendidos”.

Francisco advirtió contra aquellos que no tienen una disposición sincera a seguir ese camino. “La unidad sólo puede ser recibida por aquellos que deciden avanzar hacia una meta que hoy puede parecer muy lejana. Sin embargo, todo aquel que viaje en esa dirección resultará consolado por la experiencia de comunión que alegremente se vislumbra, aunque no se ha logrado plenamente, todavía”.

“¿Y qué vínculo puede unir a todos los cristianos más que la experiencia de ser pecadores y, al mismo tiempo, objeto de la infinita misericordia de Dios?”, planteó el Papa de forma retórica.

La cooperación, el diálogo, la oración conjunta, son signos de que ese ecumenismo es real, y que, en muchos aspectos, los cristianos ya estamos unidos, aunque hay que profundizar en esa unidad: “Del mismo modo, la unidad del amor ya es una realidad en el momento en que aquellos a los que Dios ha llamado a formar parte de su pueblo, anuncian juntos las maravillas que ha hecho por nosotros”.

“Hay que recordar que cuando caminamos juntos nos sentimos como hermanos: rezamos juntos, colaboramos en el anuncio del Evangelio y en el servicio a los unidos… Todas las diferencias teológicas y eclesiológicas que han dividido a los cristianos se superarán a lo largo de este caminar. No sabemos cómo y cuándo, pero ocurrirá según lo que el Espíritu Santo nos quiera sugerir por el bien de la Iglesia”.

El Pontífice también insistió en que “la unidad no es uniformidad”. “Las diferentes tradiciones teológicas, litúrgicas, espirituales y canónicas que se han desarrollado en el mundo cristiano, cuando permanecen enraizadas de forma auténtica en la tradición apostólica, son una riqueza y no una amenaza para la unidad de la Iglesia”.

En este sentido, aseguró que “tratar de suprimir esa diversidad va en contra del Espíritu Santo, que actúa enriqueciendo la comunidad de creyentes con una variedad de dones”.

“La tarea ecuménica implica –por lo tanto– el respeto a la legítima diversidad, a superar las diferencias irreconciliables con la unidad que Dios nos pide. La persistencia de estas diferencias no debe paralizarnos, sino que debe llevarnos a buscar juntos la forma de hacer frente con éxito a esos obstáculos”.

“La comunidad cristiana, con su pluralidad, está llamada no a competir, sino a colaborar”, concluyó.

Tres claves del Papa Francisco para avanzar en el ecumenismo

POR MIGUEL PÉREZ PICHEL

El Papa Francisco propuso tres ejes para avanzar en el camino común de los cristianos y profundizar en el ecumenismo: oración, testimonio y misión.

El Obispo de Roma se refirió a estas claves ante el arzobispo de Canterbury y primado de la Iglesia Anglicana, Justin Welby, a quien recibió en el Vaticano en ocasión de los 50 años del histórico encuentro entre el Beato Pablo VI y el Arzobispo Michael Ramsey.

Sobre la oración, el Pontífice recordó la presencia del líder anglicano ante la tumba de San Pedro para rezar. “Nunca nos cansaremos de pedir juntos e insistentemente al Señor por el regalo de la unidad”, indicó el Papa.

En relación al testimonio, señaló que “estos cincuenta años de encuentro e intercambio, así como de reflexión y textos comunes, nos hablan de cristianos que, por la fe y con fe, se han escuchado unos a otros y han compartido su tiempo y su energía. Ha crecido la convicción de que el ecumenismo no es un empobrecimiento, sin una riqueza; ha madurado la certeza de que lo que el Espíritu ha sembrado en el otro produce una cosecha común”.

“Atesoremos esa herencia y seamos conscientes de que estamos llamados a ofrecer al mundo cada día, como nos pidió Jesús, el testimonio de nuestro amor y unidad”, exhortó.

También profundizó en la idea de la misión y recordó que hay un tiempo para todo. “Ahora es el tiempo en que el Señor nos interpela de forma particular a salir de nosotros mismos y de nuestro entorno con el fin de llevar su amor misericordioso a un mundo sediento de paz”.

“Ayudémonos el uno al otro a poner las exigencias del Evangelio en el centro y entregarnos en esta misión”, alentó el Papa.

El Pontífice recordó los numerosos frutos del encuentro entre Pablo VI y el arzobispo Ramsey: “basta con pensar en la apertura del Centro Anglicano en Roma, el nombramiento del representante permanente del Arzobispo ante la Santa Sede, y el inicio de un diálogo teológico”.

El Papa pide reflexiones precisas en el diálogo teológico con los luteranos

Redacción ACI Prensa



El Papa Francisco pidió impulsar el diálogo ecuménico entre católicos y luteranos reflexionando con precisión en temas teológicos sobre la Iglesia, la Eucaristía y el ministerio eclesial.

En una audiencia que concedió este lunes 4 de junio en el Vaticano a una delegación de la Iglesia Evangélica Luterana Alemana, el Santo Padre pidió que católicos y luteranos se apoyen “unos a otros en el camino, también llevando adelante el diálogo teológico”.

“Ningún diálogo ecuménico –aseguró– puede avanzar quedándonos parados. Debemos continuar: no con el ansia de correr hacia delante para alcanzar metas codiciadas, sino caminando juntos con paciencia, bajo la mirada de Dios”.

“Algunos temas, pienso en la Iglesia, la Eucaristía y el ministerio eclesial, merecen reflexiones precisas y bien consensuadas”. “El ecumenismo pide no ser elitistas, sino implicar todo lo posible a los hermanos y hermanas en la fe, creciendo como comunidad de discípulos que rezan, aman y anuncian”.

El Pontífice, que destacó “el empeño ecuménico” de la delegación, recordó “con alegría” su visita a Lund, Suecia, el 31 de octubre de 2016 con motivo de la Conmemoración común de la Reforma protestante.

Aquel encuentro entre el Papa y las iglesias luteranas se caracterizó, según el Santo Padre, por un “espíritu de comunión fraterna”. En este sentido, reflexionó sobre las relaciones entre católicos y luteranos 500 años después del cisma entre ambas comunidades.

“Gracias a Dios, hemos podido constatar que quinientos años de historia, en ocasiones muy dolorosa, que nos han visto enfrentados y a menudo en conflicto, han dejado espacio, en los últimos cincuenta años, a una comunión creciente”.

Para Francisco, no hay duda de que tras este acercamiento se encuentra el Espíritu Santo: “Gracias a la obra del Espíritu, a los encuentros fraternos, a gestos importantes, a la lógica del Evangelio más que a las estrategias humanas, así como por medio del diálogo oficial luterano-católico, ha sido posible superar viejos prejuicios entre ambas partes”.

Asimismo, subrayó que el encuentro de Lund marcó un punto de inflexión en las relaciones ecuménicas. “La conmemoración común de la Reforma nos ha confirmado que el ecumenismo continuará a marcar nuestro camino”.

Destacó que ese diálogo “es cada vez más una necesidad y un deseo, como muestras las numerosas oraciones en común y tantos encuentros ecuménicos que se han producido el año pasado en todo el mundo”.

“No nos olvidemos de comenzar por la oración, porque el camino a seguir no lo marcan los planes humanos, sino el Espíritu Santo. Sólo Él abre el camino e ilumina los pasos que se deben dar”.

El Obispo de Roma afirmó que “como cristianos, católicos y luteranos, estamos llamados, por encima de todo, a amarnos intensamente, de corazón, los unos a los otros”. “El Espíritu de amor no puede más que empujarnos hacia los senderos de la caridad”.

Asimismo, “estamos llamados a aliviar juntos las miserias de los necesitados y de los perseguidos. Los sufrimientos de tantos hermanos oprimidos por su fe en Jesús son también una invitación presente a alcanzar una unidad entre nosotros que cada vez sea más concreta y visible”, concluyó.

Mayor unidad y búsqueda de la paz, objetivos urgentes del ecumenismo según el Papa

Redacción ACI Prensa

Una de las principales actividades de la agenda del día del Papa Francisco fue un encuentro con Su Beatitud Rastislav, Metropolita de las Tierras Checas y de Eslovaquia, y Arzobispo de Prešov, en el que renovó el llamado a la unidad y a la búsqueda de una paz común.

El Papa pidió bendecir “a Dios por los lazos espirituales que nos unen y que nos animan a continuar en la construcción mutua y en la búsqueda común de la paz, don del Resucitado”.

Recordó a su vez que en la Basílica de San Clemente se encuentra la tumba de San Cirilo, “apóstol de los eslavos, cuya predicación ha difundido la fe en las tierras donde vuestra Iglesia desarrolla su misión”.

En su discurso, mencionó que “todavía hoy día los sufrimientos de muchos hermanos y hermanas perseguidos a causa del Evangelio son un reclamo urgente, que nos interpela a buscar una mayor unidad”.

Al hablar de la evangelización, afirmó que “para anunciar al Señor no basta reafirmar los esquemas del pasado, sino que lleva consigo la escucha del Espíritu Santo, que siempre inspira vías nuevas y valientes para evangelizar a los contemporáneos”.

“Lo hace también hoy, también en países tradicionalmente cristianos a menudo marcados por la secularización y la indiferencia”.

El ejemplo de los santos Cirilo y Metodio “nos recuerdan que la unidad no significa uniformidad, sino reconciliación en la diversidad en el Espíritu Santo”, concluyó.

El viaje del Papa a Ginebra, clave para el ecumenismo

Siria, Jerusalén, el desarme atómico... ejes del debate con el mundo evangélico


por Francesco Gagliano

A muchos parece muy interesante, y estimulante, que el Papa Francisco desee llamar la atención sobre la centralidad del ecumenismo que ha enseñado a practicar sin refugiarse en grandes y solemnes declaraciones.

"Que un Papa haya podido visitar Ginebra y haya podido también establecer contactos cordiales con las autoridades internacionales, con los Representantes de las familias religiosas no católica, a nosotros nos parece que es uno de los 'signos del tiempo' que el optimismo cristiano de nuestro inolvidable Predecesor, Juan XXIII, sabía descubrir espléndidamente al interior de las inmensa trasformaciones del mundo moderno". 

Con estas palabras el Papa Montini se despidió el 10 de junio 1969, después de haber pasado algunas horas en la ciudad de Ginebra. Se trató de un viaje importante come subrayaron muchos expertos y observadores. De hecho era la primera vez que un Pontífice visita la sede del Consejo Ecuménico de las Iglesias. En su saludo, Pablo VI, dejó traslucir plenamente el espíritu con el cual deseaba marcar su gesto, del modo más coherente posible con su Predecesor Juan XXIII, es decir unidad e fraternidad con los hermanos de las iglesias reformadas, que nacen y se consolidan en el nombre de Cristo.

Cuarenta y nueve años después, Papa Francisco será el tercer Pontífice que irá a Suiza, y lo hará con motivo de los 70 años de la fundación del Consejo Ecuménico de las Iglesias. Entre esta visita y la de Pablo VI se deben recordar las cuatro visitas de san Juan Pablo II durante su largo pontificado.

Medio siglo después del viaje de Papa Montini se tiene la impresión que el de Bergoglio será, realmente, un 'signo de los tiempos' como indicó Pablo VI, y se puede agregar con sus palabras, "en las inmensas transformaciones del mundo moderno". En estos días, diversas fuentes han subrayado que, en el curso de su visita, Francisco y los hermanos de las iglesias reformadas discutirán sobre diferentes temas de gran actualidad, urgencia y relevancia.

Entre ellos, se citan las cuestiones de la paz y de la guerra, del desarme atómico, los conflictos internos, Siria y Medio Oriente, Ciudad Santa de Jerusalén, o la persecución de los cristianos en varias regiones del mundo.

El cardenal Kurt Koch, Presidente del Pontificio Consejo para la promoción de la unidad de los cristianos, durante la presentación de la visita papal del próximo 21 de junio, ha dicho que se tratará de delinear acciones de justicia, de asistencia humanitaria de caridad fraterna en el alto y noble espíritu ecuménico que enmarca la visita papal: "Caminar, rezar y trabajar juntos".


Estas tres palabras deben dar de inmediato la dimensión real del ecumenismo que, come ha dicho muchas veces Francisco, se edifica caminando ... come dice el gran poeta español Antonio Machado: 

"Caminante, son tus huellas
el camino, y nada más;
caminante, no hay camino:
se hace camino al andar".

Y esta exhortación de Bergoglio, a cinco años de su elección, se evidencia de un modo notable un centro neurálgico del pontificado: el movimiento, los procesos, "el armar líos" ... para salir del pantano, para crear y organizar respuestas creativas y armónicas y adecuadas a los tantos desafíos de la Iglesia al inicio del tercer milenio.

A muchos parece muy interesante, y estimulante, que Papa Francisco al cumplir el 13 de marzo los primeros cinco años de su elección, con su visita a Ginebra, desee llamar la atención sobre la centralidad del ecumenismo que ha enseñado a practicar sin refugiarse en grandes y solemnes declaraciones que luego se olvidan.

Por eso, en estos cinco años resuenan en el corazón de centenares de millones de católicos palabras de la Evangelii gaudium que recuerda: "La credibilidad del anuncio cristiano sería mucho mayor si los cristianos superaran sus divisiones y la Iglesia realizara "la plenitud de catolicidad que le es propia, en aquellos hijos que, incorporados a ella ciertamente por el Bautismo, están, sin embargo, separados de su plena comunión". Tenemos que recordar siempre que somos peregrinos, y peregrinamos juntos.

Para eso, hay que confiar el corazón al compañero de camino sin recelos, sin desconfianzas, y mirar ante todo lo que buscamos: la paz en el rostro del único Dios. Confiarse al otro es algo artesanal, la paz es artesanal. Jesús nos dijo: "¡Felices los que trabajan por la paz!" (Mt 5,9). En este empeño, también entre nosotros, se cumple la antigua profecía: "De sus espadas forjarán arados" (Is 2,4). Bajo esta luz, el ecumenismo es un aporte a la unidad de la familia humana".

Mensaje conjunto del Papa Francisco y el Patriarca Ecuménico Bartolomé por la 
jornada mundial de oración por el cuidado de la creación


La historia de la creación nos presenta una vista panorámica del mundo. La Escritura revela que, «en el principio», Dios quiso que la humanidad cooperara en la preservación y protección del medio ambiente. En un primer momento, como se lee en el Génesis, «no había aún matorrales en la tierra, ni brotaba hierba en el campo, porque el Señor Dios no había enviado lluvia sobre la tierra, ni había hombre que cultivase el suelo» (2,5). La tierra nos fue confiada como un don y un legado sublime, del que todos somos responsables hasta que, «al final», todas las cosas en el cielo y en a tierra serán recapituladas en Cristo (cf. Ef 1,10). Nuestra dignidad y bienestar humano están profundamente conectados con nuestro cuidado por toda la creación.

Sin embargo, «mientras tanto», la historia del mundo presenta un contexto muy diferente. Revela un escenario moralmente decadente donde nuestra actitud y comportamiento hacia la creación oscurece nuestra vocación como cooperadores de Dios. Nuestra propensión a interrumpir los delicados y equilibrados ecosistemas del mundo, nuestro deseo insaciable de manipular y controlar los recursos limitados del planeta, y nuestra codicia ilimitada de ganancias en los mercados, todo esto nos ha alejado del sentido original de la creación. No respetamos ya la naturaleza como un regalo compartido; por el contrario, la consideramos una posesión privada. Ya no nos relacionamos con la naturaleza para sostenerla, sino que la dominamos para sostener nuestras propias invenciones.

Las consecuencias de esta cosmovisión alternativa son trágicas y duraderas. El medioambiente humano y el de la naturaleza se están deteriorando juntos, y este deterioro del planeta recae sobre las personas más vulnerables. El impacto del cambio climático afecta, ante todo y más que nada, a los que viven en la pobreza en todos los rincones del mundo. Nuestra obligación de usar los bienes de la tierra con responsabilidad implica el reconocimiento y el respeto de todas las personas y de todos los seres vivos. La urgente llamada y el desafío de cuidar la creación son una invitación dirigida a toda la humanidad para que trabaje en favor de un desarrollo sostenible e integral.

Por tanto, unidos en un mismo interés por la creación de Dios y reconociendo la tierra como un bien a compartir, invitamos fervientemente a todas las personas de buena voluntad a que el 1 de septiembre dediquen un tiempo de oración por el medio ambiente. Con este motivo, queremos dar las gracias al Creador amoroso por el gran don de la creación y comprometernos en su cuidado y preservación por el bien de las generaciones futuras. Después de todo, sabemos que nuestro trabajo es en vano si el Señor no está a nuestro lado (cf. Sal 126-127), si la oración no está en el centro de nuestra reflexión y celebración. En efecto, un objetivo de nuestra oración es cambiar el modo en que percibimos el mundo para modificar la manera de cómo nos relacionamos con él. El objetivo de nuestro compromiso es el de empeñarnos en alcanzar una mayor simplicidad y solidaridad en nuestras vidas.

Hacemos un llamamiento urgente a quienes ocupan puestos de responsabilidad social y económica, así como política y cultural, para que escuchen el grito de la tierra y atiendan las necesidades de los marginados, pero sobre todo para que respondan a la súplica de millones de personas y apoyen el consenso del mundo por el cuidado de la creación herida. Estamos convencidos de que no puede haber una solución sincera y duradera al desafío de la crisis ecológica y del cambio climático si no se da una respuesta concordada y colectiva, si la responsabilidad no es compartida y responsable, si no damos prioridad a la solidaridad y al servicio.

Vaticano-Fanar, 1 de septiembre de 2017
Papa Francisco y Patriarca Ecuménico Bartolomé

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