Todos juntos
Un espacio propuesto por EQUIPO ECUMÉNICO SABIÑÁNIGO

sábado, 3 de diciembre de 2016

OBISPOS POR EL ECUMENISMO Y EL DIÁLOGO INTERRELIGIOSO


Obispos latinoamericanos destacaron la importancia del ecumenismo y el diálogo interreligioso.


Los Obispos responsables del ecumenismo y del diálogo Interreligioso reunidos durante cinco días en San Miguel en las conferencias episcopales de América Latina y el Caribe con el objetivo de fortalecer su pastoral para el trienio 2017-2019. El arzobispo de Buenos Aires y vicepresidente 1° de la Conferencia Episcopal, cardenal Mario Aurelio Poli, destacó: “Lo que necesita Dios es que no le pongamos palos en la rueda para seguir el camino de la paz”.

Obispos responsables del Ecumenismo y del Diálogo Interreligioso en las conferencias episcopales de América Latina y el Caribe que concluyeron el pasado 18 de novuiembre en la casa de retiros María Auxiliadora en San Miguel una reunión de cinco días dedicada a fortalecer sus líneas pastorales para el trienio 2017-2019. 

El miércoles 16 de noviembre visitaron la sede del Episcopado en Suipacha 1034, donde participaron de un acto de oración y cantos con autoridades de la Iglesia en la Argentina y con integrantes de distintas comunidades religiosas. 

Todos rezaron un compromiso por la paz que decía: “Damos gracias por estar reunidos en el nombre de Dios, Misericordioso” y pedía el aumentar su fidelidad y compromiso para trabajar por la misericordia, la compasión y la solidaridad para acercarse a los más necesitados. 

Los presentes pidieron por el bien común, por las familias y la afirmación de la libertad religiosa y que se ponga término a la persecución, exilio, prisión y muerte que padecen tantos hombres, mujeres y niños en el mundo por razón de su fe. 

“No le pongamos palos en la rueda” 

En una breve reflexión, el arzobispo de Buenos Aires y vicepresidente primero de la Conferencia Episcopal Argentina, cardenal Mario Aurelio Poli, glosó un texto de Isaías y señaló que si de Alguien no podemos dudar de que cumple sus promesas es de Dios. ¿Acaso no se empiezan a ver tiempos de paz con estos espacios?, se preguntó. Y señaló: “Lo que necesita Dios es que no le pongamos palos en la rueda para seguir el camino de la paz”. 

También estaba el secretario general de la Conferencia, monseñor Carlos Malfa, obispo de Chascomús. Acompañaron a los visitantes los obispos argentinos que participaban en la reunión de San Miguel, el arzobispo de Córdoba, monseñor Carlos Ñáñez, y su auxiliar Pedro Torres, presidente y miembro de la Comisión Episcopal de Ecumenismo, Relaciones con el Judaísmo, el Islam y las Religiones (CEERJIR), respectivamente. 

“Armonía en el mundo” 

El presidente de la Comision Ecuménica de Iglesias Cristianas de la Argentina (CEICA), el obispo metodista Frank de Nully Brown, dijo que la paz no se puede construir desde relaciones violentas que implican avasallar al otro, entre familias, entre ricos y pobres, entre naciones poderosas y débiles. Y exaltó el amor a Dios y al prójimo. 

“Debemos amar a los demás, ser compasivos entre nosotros. Sin respeto entre las personas no existiría armonía en el mundo”, dijo a su vez el sheij Abdelnaby Elhefnawy, de la mezquita Al Ahmad. El elder Pablo Schpilman, de la Iglesia de los Santos de los Últimos Días (mormones), dijo que siempre le gusta pensar en Cristo como Príncipe de la paz. 

Un Dios, valores comunes 

El secretario de Culto de la Nación, Santiago de Estrada -a quien acompañaba el subsecretario, Alfredo Abriani-, tras ponderar el ecumenismo existente en el país como diálogo y defensa de la libertad religiosa, estimó que debe seguir en la defensa de valores comunes. Recordó haber escuchado a Juan Pablo II decir que todos tenemos un Dios y debemos velar por esos valores. 

Entre cada breve exposición, cantó el coro Ministerio de la Música, del colegio San Martín de Tours, con la dirección de María Eugenia Torres, y acompañado por los presentes: “Canción del Sí”, “Hazme un instrumentos de tu paz”, “Un nuevo sol” y “La paz sea con nosotros (en inglés, árabe y hebreo)”. 


Presentes 

Entre otros, estuvieron en el Episcopado el arzobispo monseñor Chrysostomos Ghassali, de la Iglesia Siriana Ortodoxa de Antioquía; el pastor Jorge Gómez, de la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina (ACIERA); las pastoras Viviana Pinto, del Consejo Latinoamericano de Iglesias, y Ester Iglesias, de Discípulos de Cristo; los pastores metodistas Hugo Urcola y Daniel Favaro, el pastor bautista Tomás Mackey; Jorge Berrios, de Aposento Alto; el rabino Arieh Stockman y el vicepresidente del Centro Islámico, Abdulhamid Hageg, junto con otro directivo, Adnan Kassab. 

Y por la Iglesia Católica, además de los participantes de otros países, el secretario Ejecutivo de CEERJIR, Pbro. Fernando Giannetti; la secretaria adjunta, Gloria Williams de Padilla; los expertos padres Ignacio Pérez del Viso, jesuita, y fray Jorge Scampini, dominico, y María Luisa Cárdenas. 

En San Miguel 

En la reunión de San Miguel participaron obispos, sacerdotes y expertos de quince países latinoamericanos, así como monseñor Juan Fernando Usma Gómez, colombiano, venido del Vaticano, quien presentó una ponencia. 

Los obispos, reunidos con algunos peritos, hicieron un diagnóstico sobre el ecumenismo y el diálogo interreligioso en el continente. Entre otros asuntos, trataron el ecumenismo con evangélicos y protestantes, la construcción de puentes entre comunidades diversas, el impacto de la declaración Nostra Aetate en los primeros 50 años posteriores al Concilio Vaticano II y el estatuto teológico especial del diálogo judío-cristiano. Y consideraron la posibilidad de caminar hacia una asamblea ecuménica en América Latina y el Caribe. 

Junto con los obispos y organizadores del Consejo Episcopal Latinoamericano estuvieron presentes algunas personas no católicas que viajaron para participar de todo el encuentro en San Miguel: por el judaísmo, el rabino Marcelo Polakoff (de Córdoba, Argentina), y el Lic. Elías Szczytnicki (Perú); por la Iglesia Presbiteriana, la reverenda Gloria Ulloa, colombiana; y, por la Iglesia Episcopal de Colombia, el obispo Francisco José Duque.

FUENTE:
Agencia Informativa Católica Argentina
(Jorge Rouillon).
http://www.aica.org



jueves, 1 de diciembre de 2016

RELIGIONES POR LA PAZ Y LA ACOGIDA


Un acto multitudinario de las Religiones por la paz y la acogida proclama: todos somos seres humanos

El pasado jueves 17 de noviembre, a las 19'00 horas, en la Parroquia Nuestra Señora de la Almudena de Madrid, 180 personas de diferentes colectivos escuchaban a los protagonistas de las migraciones. 

Desde la agudización de la crisis migratoria, un grupo compuesto por más de diez colectivos procedentes de diferentes sensibilidades religiosas ha estado reflexionando y actuando para contribuir tanto a una mejor comprensión del fenómeno como a una respuesta más efectiva por parte de las instituciones públicas y privadas y de la sociedad civil. 

En el corazón de la estrategia ha estado la organización de diferentes actos públicos para sensibilizar a la población sobre la necesidad de gestionar colectivamente una serie de problemas que, en última instancia, afectan a la humanidad. 

Tras el acto en la Mezquita de Tetuán del 2 de junio de este año, esta segunda jornada pretendía dar voz a los más afectados por las migraciones forzosas. El propósito era explorar la identidad y el potencial que se esconde tras las etiquetas de «inmigrante» o «refugiado», recalcar el papel de la participación social y analizar la función de las comunidades religiosas en los procesos de integración. 

Tras una sesión de oraciones interreligiosas y de una actuación artística de un par de jóvenes musulmanes que enfatizaba la idea de que todos somos seres humanos, tuvo lugar una mesa redonda que constituyó el esqueleto del encuentro.

En primer lugar tomaron la palabra dos jóvenes musulmanas, Rut y Shayma de la Mezquita central. Ambas nacidas en Madrid, una de ellas convertida al Islam hace tan sólo unos años. Esta misma, Rut Barroso, afirmó que «son las personas verdaderamente implicadas en la religión las que tienden lazos hacia las otras religiones», recordó como en Medina, ciudad en la que murió el profeta Mahoma los seguidores de distintos credos convivían en paz, tal y como ocurrió más tarde en Toledo. 


Shayma añadió que es de padres inmigrantes procedentes de Marruecos y que en su caso, le costó aprender el árabe para poderse comunicarse con sus primos del país alauí. 

Más tarde fue el turno de Nicole Ndongala, una mujer procedente de la República Democrática del Congo, y que tuvo que dejar su país para no verse implicada en las redes de trata o sometida a la violencia sexual, una forma de terrorismo para expulsar a las personas de su lugar de nacimiento. 

Así fue como Nicole, gracias a la ayuda de su hermano que desde Bélgica le envió un pasaporte falso, llegó a Europa, después de que su familia con mucho esfuerzo pagara el billete de avión. Llegó a Bruselas en 1998. Como supo que muchos congoleños estaban siendo expulsados, decidió volar a España. En Madrid se gastó en dos días, en una habitación de hotel, el dinero que tenía para un mes. Sufrió muchas dificultades, incluso llegó a dormir en la calle, hasta que una monja la derivó a la Asociación Karibú dónde trabaja ahora.

Su testimonio fue el más sobrecogedor de la tarde por la crudeza de sus palabras y la descripción de las penurias que le sobrevinieron por desconocer el idioma y no tener a nadie que le echara una mano. 

Tras ella, fue el turno de Farid Yazdani, iraní y miembro de la religión bahá’i. Relató que hace más de 35 años que salió de su país y que ya no se siente como un extranjero en Madrid. De hecho, añadió que nunca se sintió como tal debido a la acogida que los miembros de su Fe tuvieron con él. No obstante afirmó que sentirse «extranjero» es también un estado de ánimo y que es necesario que tanto el que acoge como el que es acogido unan esfuerzos para que esto no ocurra. 

Por fin tomó la palabra Vladimir Paspuel, presidente de la Asociación Rumiñahui. A través de su relato —que intercaló las acciones que su asociación hace por mejorar la relación entre ecuatorianos y otros colectivos y favorecer la cohesión social, con las dificultades que experimentan—, se podía destilar un gran potencial. En realidad, este era el espíritu que se desprendía de todos los intervinientes. 4 Entre testimonio y testimonio, el moderador de la mesa trató de desmontar los falsos mitos que las teorías populistas intentan hacer creer sobre los extranjeros tales como que copan la sanidad pública, no se adaptan a las costumbres, vienen a cometer delitos a nuestro territorio o nos quitan el trabajo a pesar de no tener formación. 


La jornada acabó con las preguntas de los asistentes, que al final de la jornada llegaban casi a 200, y la actuación de un trío, miembros de la comunidad bahá’i. 

Algunos de los organizadores fueron la Comisión Islámica de España, el Arzobispado de Madrid, la Iglesia Siro-ortodoxa, la Iglesia Evangélica Española, la Comunidad bahá’í de España, el Centro Shambhala, los Hare Krhishna, la Iglesia de la Comunidad Metropolitana y la Comunidad Judía Reformista de Madrid. Otros colectivos, religiosos y seculares también apoyaron la jornada de diferentes formas. 

Sergio García 
Fotos Inmaculada González



miércoles, 30 de noviembre de 2016

MARTÍN LUTERO



MARTÍN LUTERO

por Olegario González de Cardedal

El 31 de octubre de 1517 comienza un nuevo capítulo no solo de la historia espiritual sino también de la intelectual, social y política de Europa. La inicia el gesto de un agustino proponiendo 95 tesis como base de una disputa pública sobre las indulgencias, predicadas por toda Alemania con intención de recaudar fondos para la construcción de la iglesia de San Pedro en Roma. No se sabe con certeza si Lutero clavó el texto de esas 95 tesis en la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg, o sólo las repartió. Se proponía analizar la doctrina y los abusos prácticos en torno a la concesión de las indulgencias con el dinero unido a ellas. 

Con este acto se desencadena lo que luego se ha llamado la “Reforma”. Diferen ciamos “la Reforma católica”, “la Reforma protestante” y “la Contrarreforma” La reforma no se inicia con Lutero sino que tiene sus raíces profundas en los decenios anteriores. Y de manera especial en España, iniciada entre otros muchos movimientos por los franciscanos, por hombres como Pedro de Villacreces; luego con sus dos puntos máximos en figuras señeras pero tan distintas entre sí como el Cardenal Cisneros y San Pedro de Alcántara. Después vendrán las figuras cumbre de Ignacio de Loyola y de Teresa de Jesús. Con el término “Contrarreforma” se designa todo el esfuerzo hecho por los católicos sobre todo a partir del Concilio de Trento por frenar, contrarrestar y superar las consecuencias del luteranismo.

¿Qué sujeto humano está detrás de ese movimiento que significó una convulsión interior y un vuelco exterior de la sociedad, de la iglesia y de las conciencias individuales? ¿Quién era Lutero nacido en Eisleben en 1483, y muerto en 1546? En su compleja personalidad hay que distinguir el hombre con sus peculiares orígenes y experiencias, el monje agustino, el profesor de Sagrada Escritura, el traductor de la Biblia y creador de un nuevo alemán, el exégeta, el reformador, el teólogo, el referente de las trasformaciones políticas en Alemania desde los choques entre los príncipes electores y con el emperador a las guerras de los campesinos.

En el inicio está el acontecimiento personal que le llevó a dar un giro a su existencia. Siendo estudiante de derecho le coge una tormenta, cayendo un rayo cerca de él y sintiéndose amenazado no solo de muerte sino de vida. Lo interpretó como un signo de Dios para que cambiara de orientación ante el futuro. Decidió hacerse agustino, y como tal vivió en los próximos decenios. Un monje cumplidor de la regla, con voluntad de perfección. Pero en este intento de lograr la paz y de superar el poder del pecado por el propio esfuerzo sucumbe a la angustia, en la frontera de la desesperación. Dios le aparecía como santidad que desenmascara con su luz nuestros pecados más hondos y secretos, como juez, que exige justicia. Pero su experiencia personal le muestra que es imposible lograr la propia justificación, y que todas las penitencias y ayunos, realizados para lograr esa justificación ante Dios no conducen a la paz interior sino a la exasperación y al resentimiento. Estas son las dos preguntas nacidas de la angustia: “Cómo lograr tener un Dios benévolo conmigo pecador?” “¿Cómo alcanzar mi justificación ante él?”

A nuestros contemporáneos, más preocupados por la justicia interhumana que por la justificación ante Dios, quizá les parezca extraño que esa experiencia de Lutero fuera la matriz de la Reforma protestante y haya determinado la historia de Europa hasta hoy mismo. No fue una experiencia baladí sino el descubrimiento de que el individuo no se sostiene por sí solo, no llega a su paz interior y a verdadera libertad por el propio esfuerzo sino desde el otro, en este caso desde el Otro benévolo que es Dios. Con ello está viviendo lo que Hegel y el pensamiento personalista de siglos siguientes han afirmado sobre el “reconocimiento” y “aceptación” por el otro para ser sí mismo. Este es el sustrato antropológico de la cuestión teológica, el mismo en el siglo XXI que en el siglo XVI.

Lutero redescubre afirmaciones esenciales de San Pablo: que el pecado es un poder objetivo; que antes que una realidad moral o legal es una realidad teológica, que consiste en no querer que haya Dios, en negar su realidad manifiesta a la conciencia, en reclamar soberanía sobre el bien y el mal. El pecado existe, y nadie puede superarlo con sus fuerzas ni perdonarse a sí mismo. El descubrimiento que él llama “experiencia en la torre”, es que en el Nuevo Testamento la justicia de Dios no es la justicia activa que exige de nosotros sino la justicia que nosotros recibimos de él, con la que nos justifica y libera. El describe así tal descubrimiento: “Me sentí entonces un hombre renacido y ví que me había franqueado las puertas del paraíso. La Escritura entera me apareció con cara nueva” 

En este contexto surge la polémica con Erasmo sobre la libertad del hombre. A la respuesta optimista del nuevo humanismo expresada por él en “Sobre el libre albedrío”, responde Lutero con su “Sobre el albedrío esclavo”. Una obra de esos primeros años: “Sobre la libertad del cristiano” (1520) es una bella exposición de esta experiencia tanto del abismo de la libertad esclavizada por el pecado como del abismo de la justificación ofrecida por Dios. Se abre con estas palabras:”El cristiano es un hombre libre, señor de todo y no sometido a nadie –El cristiano es un siervo, al servicio de todo y a todos sometido”. Muestra cómo entre Cristo y el cristiano se da un bello intercambio: él se reviste de nuestros pecados y nosotros nos revestimos de su santidad, concluyendo con estas palabras: “De todo lo dicho se concluye que un cristiano no vive en sí mismo, vive en Cristo y en su prójimo: en Cristo por la fe, en el prójimo por el amor”

Esta comprensión está en el origen de la Reforma y funda la genialidad del Lutero, todavía católico. Luego a partir de 1525 vendrán las innovadoras propuestas de reforma, los escritos polémicos, con fórmulas brutales, tanto en sus libros como en las “Charlas de sobremesa”. Vendrán la agresión obsesiva contra el papa; y sobre todo la negación de elementos constituyentes del cristianismo, como el valor de la tradición, la sucesión apostólica y el ministerio ordenado, la relación entre Iglesia y Biblia, la afirmación absolutizada del individuo frente a la autoridad eclesial; el rechazo de las mediaciones para reclamar una relación inmediata con Dios, la legitimidad de la vida religiosa… A la vez la absolutización ilegítima de elementos en su raíz católicos con exclusión de otros que también lo son, como la primacía absoluta de la gracia sobre las obras (sola gratia), de la Escritura sobre la iglesia (sola Scriptura), de la confianza en Dios sobre la pretensión del hombre (sola fide). P.Tillich comprende el “principio protestante” como el rechazo de todo intermediario necesario entre Dios y el creyente, incluyendo en esto la negación de cualquier autoridad atribuida tanto a la Iglesia como a la Biblia. Ante Dios queda el hombre solo con su sola conciencia receptiva ante la acción del Espíritu Santo.

El Cardenal Cayetano, tras el diálogo en la dieta de Augsburgo de 1518, dirá que en Lutero ya no se trata de una reforma de la Iglesia sino de otra iglesia. Tal es la conexión y tales son los límites que separan a Lutero del catolicismo. A la vez que eliminar todos los obstáculos históricos del pasado y del presente, que dificultan la unión entre católicos y protestantes, tenemos que repensar estas cuestiones de fondo, porque la comunión incluye la verdad, que es anterior y superior a unos y otros. No podemos decir que estamos ya en la época de la “posverdad” en la que importan solo los deseos y las intenciones.

OLEGARIO GONZÁLEZ DE CARDEDAL


Olegario González de Cardedal (Cardedal, La Lastra del Cano -Ávila-, 2 de octubre de 1934) es un sacerdote y teólogo católico español. Su nombre de nacimiento fue Olegario González Hernández, después cambió su primer apellido por el actual. Recibió la ordenación sacerdotal en 1959.  Es doctor en Teología por la Universidad de Mínich, también estudió en Oxford y en Washington D.C. Ha sido durante largos años catedrático de la Universidad Potinfificia de Salamanca hasta su jubilación en 2004 y es miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.  Fue colaborador de Xavier Zubiri, alumno de los teólogos Michael Schmaus y Karl Rahner. Fue miembro de la Comisión Teológica Internacional, del Pontificio Consejo para la Cultura, Consultor del Consejo Pontificio para el Diálogo con los no creyentes y asistente al Concilio Vaticano II. Articulista del diario ABC, es autor de numerosos artículos en revistas especializadas y obras colectivas. 






martes, 29 de noviembre de 2016

DEL BOLETÍN ECUMÉNICO Nº 77 DE LA COMUNIDAD HOREB


Reproducimos cuatro artículos de los publicados en el Boletín Ecuménico de la Comunidad Horeb Carlos de Foucauld número 77 correspondiente a Diciembre de 2016

ENCUENTRO DE LA COMUNIDAD ECUMÉNICA HOREB CON EL ARZOBISPO DE BARCELONA

La Comunidad Horeb en Barcelona (España), fue recibida el pasado 28 de octubre por Juan José Omella, Arzobispo de esta archidiócesis.


La visita fue realizada por iniciativa de la Comunidad Horeb con la que los hermanos y hermanas del lugar quisimos dar la bienvenida a Mons. Omella, que recientemente había sido nombrado Arzobispo de la archidiócesis y al mismo tiempo ofrecerle nuestra disponibilidad para colaborar en la realización de las diversas propuestas e intenciones eclesiales.

Mons. Omella prestó especial atención a nuestros comentarios sobre la celebración del centenario del traspaso del Hno. Carlos de Foucauld y cómo por su testimonio, los hermanos y hermanas de la Comunidad Horeb impregnamos nuestra cotidianidad con la espiritualidad de Nazaret. Con ello supimos sobre la cercanía del Sr. Arzobispo a nuestra espiritualidad ya que, como nos comentó, él mismo había participado con regularidad en encuentros de la Fraternidad Sacerdotal Iesus Caritas, uno de los grupos de la Familia Espiritual de Carlos de Foucauld formado por sacerdotes diocesanos. Por ello, la visita resultó ser un compartir fraterno, sencillo y familiar.

El Sr. Arzobispo compartió con nosotros su inquietud por la dimensión contemplativa de las diferentes comunidades cristianas que conforman la diócesis y nos pidió que nos mantuviésemos fieles en nuestra vocación orante en nuestras distintas realidades cotidianas.

Esperando a ser recibidos, el Hno. Mateu, eremita ortodoxo y miembro de nuestra comunidad, nos comentó sobre la importancia de la liturgia doméstica en la Iglesia cristiana de Oriente en la que es frecuente que los hogares destinen un rincón a lugar de oración donde se colocan iconos y una lámpara de aceite permanentemente prendida, sin perder por ello el vínculo con alguna comunidad cristiana.

Con la visita al Arzobispo de Barcelona, la Comunidad Horeb renovó el encargo de la Iglesia a ser constantes en la oración y a la lectura y estudio asiduo de los textos sagrados, cultivando el silencio y la solitud, la acogida y la amistad y nuestro empeño en el diálogo interreligioso, con el reto que este propósito se haga realidad en nuestros diferentes lugares y atendiendo nuestras obligaciones diarias.

Víctor Mariné (Barcelona)


CONMEMORACIÓN CONJUNTA LUTERANOS Y CATÓLICOS 

La visita del Papa Francisco a Lund (Suecia) para participar del acto de conmemoración conjunta católico-luterana de los 499 años de la Reforma ha servido para confirmar el camino de unidad emprendido por ambas tradiciones cristianas, representadas por el Papa Francisco y el presidente de la Federación Luterana Mundial, Munib Younam, junto a otros líderes católicos y luteranos. La ciudad sueca acogió dos actos, uno con un carácter litúrgico en la Catedral Luterana de Lund, siguiendo al pie de la letra el documento de “Oración común: Del conflicto a la comunión” aprobado por católicos y luteranos; y otro acto multitudinario en el Malmö Arena, con música, testimonios y un alegre ambiente de cordialidad entre los líderes religiosos, que fueron recibidos con aplausos y admiración por parte de los asistentes. 


Los gestos de cercanía, cariño y complicidad fueron constantes entre los líderes religiosos, conscientes de participar de un momento “histórico”, tal y como todos lo definieron en sus discursos. 

DECLARACIÓN CONJUNTA 

Estas celebraciones han dado pie a la firma de una declaración conjunta, estructurada en cinco bloques temáticos: agradecimiento, pasar del conflicto a la comunión, el compromiso para el testimonio común, la unidad en Cristo, y finalmente, una exhortación a los católicos y luteranos de todo el mundo. “A través del diálogo y el testimonio compartido, ya no somos extraños. Más bien, hemos aprendido que lo que nos une es más de lo que nos divide”, expresa en el primer punto el documento, que alaba asimismo el “fructuoso diálogo ecuménico” realizado en los últimos cincuenta años entre católicos y luteranos Para los firmantes, aunque la Reforma trajo “dones espirituales y teológicos”, también hizo daño a “la unidad visible de la Iglesia”. “Las diferencias teológicas estuvieron acompañadas por el prejuicio y por los conflictos, y la religión fue instrumentalizada con fines políticos. Nuestra fe común en Jesucristo y nuestro bautismo nos pide una conversión permanente, para que dejemos atrás los desacuerdos históricos y los conflictos que obstruyen el ministerio de la reconciliación”, afirma el documento, que compromete a los presentes a trabajar por la unidad: “Hoy, escuchamos el mandamiento de Dios de dejar de lado cualquier conflicto. Reconocemos que somos liberados por gracia para caminar hacia la comunión, a la que Dios nos llama constantemente”. En tercer lugar se afirma el compromiso de dar testimonio “juntos” de la “gracia misericordiosa de Dios”. “Muchos miembros de ambas comunidades anhelan recibir la Eucaristía en una mesa, como expresión concreta de la unidad plena (...). Anhelamos que sea sanada esta herida en el Cuerpo de Cristo. Este es el propósito de nuestros esfuerzos ecuménicos, que deseamos que progresen, también con la renovación de nuestro compromiso en el diálogo teológico”, expresan los líderes católicos y luteranos. En definitiva, los firmantes del documento se comprometen a “eliminar los obstáculos restantes que nos impiden alcanzar la plena unidad”.


AYUNO Y CELEBRACIÓN DE LA NAVIDAD EN LA IGLESIA ORTODOXA 

Nuestros hermanos ortodoxos comenzaron el pasado 15 de noviembre el ayuno para la Navidad, comparten con nosotros cómo preparan y viven estas santas fiestas. 


El ciclo navideño 

En la Iglesia Ortodoxa, la celebración de la Navidad comienza cuarenta días antes del 25 de Diciembre, el 15 de Noviembre. La Iglesia inicia ese día el ayuno navideño: por cuarenta días somos llamados a meditar en la Encarnación del Verbo de Dios, llamados a ver su humildad al nacer en una cueva y llamados a prepararnos para encontrar el real significado de la Navidad. Nos llama a ayunar para purificar tanto nuestras almas como nuestros cuerpos y entrar al misterio de la venida del Señor. 

El ayuno de Navidad es un ayuno “ascético”, distinto del ayuno de Pascua, el cual es mucho más litúrgico. Sin embargo durante el tiempo del ayuno de Navidad toda una serie de himnos litúrgicos nos recuerdan la proximidad de la fiesta del Nacimiento de Cristo. El 15 de Noviembre comenzamos a cantar el himno: 

“Cristo ha nacido, glorificadlo! 
¡Cristo viene de los cielos, recibidlo! 
¡Cristo está sobre la tierra, elévense! 
Cantad al Señor toda la tierra y alabadle, 
oh pueblos, 
con alegría, 
porque ha sido glorificado”. 

Los Domingos y las fiestas anteriores a la Navidad 

Dentro del período de cuarenta días que nos prepara para la fiesta de la Navidad del señor, encontramos en nuestro camino una serie de conmemoraciones muy importantes para recordar el porque de nuestro ayuno. Durante los cuarenta días tenemos dos fiestas marianas: la entrada de María al templo, su consagración al templo de Jerusalén, realizado por sus padres, Joaquín y Ana; así como la fiesta de la Concepción de la Madre de Dios. 

Además, los dos domingos anteriores a la Navidad, la Iglesia conmemora a los predecesores de Cristo, tanto a sus predecesores directos, como a los santos profetas del Antiguo Testamento que prepararon la venida al mundo de Nuestro Señor. El domingo anterior a la Navidad es conocido como “el Domingo de la Genealogía”: en el recordamos a todos los patriarcas del Antiguo Testamento y a los padres que precedieron la venida de Cristo al mundo. El domingo anterior a éste es conocido como el “Propateron” o domingo de los antepasados de Cristo en el que recordamos a sus padres y abuelos. 

A partir del 20 de Diciembre la Iglesia comienza con el período llamado de “la preparación para el Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo”. La estructura de los oficios ortodoxos, desde ese día y hasta Navidad, es similar a la Semana Santa, pues el nacimiento del Hijo de Dios es el inicio de nuestra salvación. Dentro de ésta semana se celebra el famoso oficio del “Paramon” o de la preparación a la Navidad, en el que, además de las horas reales y las Vísperas se celebra la Divina Liturgia de San Basilio el Grande, de la misma manera que lo haríamos un Viernes Santo antes de Pascua, pero con los cambios propios de la Navidad. 

El Oficio de la Navidad 

El 24 de Diciembre la Iglesia celebra las horas de la fiesta, las Vísperas y finaliza la celebración con la divina Liturgia de San Basilio el Grande. Durante la celebración de estos oficios, las lecturas y los himnos recuerdan la venida con poder del Hijo de Dios en la carne. Las Vísperas inician la Navidad de Cristo, en ellas leemos ocho profecías del Antiguo Testamento, que atestiguan precisamente que Cristo es el cumplimiento de la promesa del Padre. Al finalizar la Liturgia, el sacerdote sale del santuario y llevando una vela en su mano derecha, rodeado por los miembros de la comunidad, entona el Tropario de la fiesta: 

Tu nacimiento, Cristo nuestro Dios, ha mostrado al mundo la luz de la sabiduría. Porque los que adoraban a las estrellas, fueron enseñados por una estrella a adorarte, oh Sol de Justicia, y a saber que tu viniste del Oriente de las alturas, Oh Señor, gloria a Ti” 

El 25 de Diciembre celebramos la culminación de la Fiesta: los cuarenta días de ayuno han llegado a su fin, revelemos nuestros anhelos puestos el 15 de Noviembre y comenzamos a ver los frutos del tiempo de preparación para la fiesta. 

El período posterior a la Navidad 

El segundo día de la Navidad es dedicado a conmemorar a la Santísima Virgen María: la Iglesia interpreta que la Encarnación del verbo fue posible gracias a su intervención. El Padre Schmemman dice: “Su humanidad, concreta e históricamente, es la humanidad que recibió de María”. Por esto, esta conmemoración a la Madre de Dios es tal vez la más antigua conmemoración a María en la historia de la Iglesia. Los oficios de Navidad dan término el sexto día de la fiesta, el 31 de Diciembre, cuando terminamos éste período para iniciar el de la Circuncisión y la Epifanía de Cristo.



CELEBRACIÓN LUTERANA DE LA NAVIDAD 

Nuestro hermano, el Pastor Norbert Hintz, y miembro de la “Comunidad Ecuménica evangelico-luterana católica Carlos de Foucauld” en Alemania nos relata cómo viven ellos la Navidad. 

Queridos hermanos, así es cómo nosotros, los cristianos de la Iglesia Evangélica Luterana, celebramos la fiesta del nacimiento de Jesús: 

Aunque cada país tiene sus formas típicas de celebrar la vida y la Natividad, también es cierto que hay huellas en la vida de la nación en lo laboral que se derivan de las fiestas cristianas. 

La Navidad - la fiesta del nacimiento del Salvador Jesucristo- en Alemania tiene lugar en la época de invierno lo cual hace que las vacaciones y el trabajo y la doctrina del nacimiento del Salvador Jesús se hayan influenciado entre sí. 

La santa noche del nacimiento de Jesús tiene lugar en nuestras vidas en un momento de noche oscura, fría. 

El énfasis bíblico: Que Dios envía a su hijo Jesús al mundo, en Alemania significa que Jesús viene enmedio de un verdadero frío, en el silencio de la noche, ya que en este preciso momento del año, en diciembre, apenas tenemos una noche de fiesta. 

El árbol de Navidad que usamos es en realidad un abeto: con las ramas bajas de mayor ancho, las ramas superiores más cortas, la parte superior es una corona de 4 pequeñas ramitas coronadas en una punta. 

Velas: Nuestro punto de vista es desde abajo hacia arriba, es decir: desde la tierra al cielo, a Dios: A ti Dios te alabamos: a Ti que nos presentas a un Jesús imagen tuya. 

El 24 de diciembre, los servicios religiosos son el mejor momento, incluso las personas que no pertenecen a la Iglesia asisten a esta Hora Santa. Para las familias con niños, el nacimiento de Jesús se celebra en la iglesia con una acogida muy cariñosa. 

En casa celebramos con alegría este regalo de Dios, es el momento de compartir y darse regalos unos a otros, regalos que están puestos en el árbol de Navidad. 

En Alemania, contamos con otros dos días de vacaciones para continuar celebrando la Navidad. También la Iglesia ofrece en ellos unos oficios religiosos especiales aunque ya están menos concurridos. Así celebramos que Dios se convirtió en Jesús CARNE, participamos en la celebración de la Eucaristía - Cena del Señor. 

En los servicios religiosos tenemos las colectas, colectas de dinero cuya finalidad es ayudar por todo el ancho mundo. Compartimos "nuestro pan" con los brazos abiertos, por ello es llamado el "Pan para el Mundo“ (que es una acción similar a la de la Iglesia Católica Romana). 

El ciclo de Navidad en la Iglesia comienza pausadamente con los 4 domingos de Adviento y el ciclo de Navidad termina en enero después de la fiesta de la Epifanía (6 de enero Fiesta de los Santos Reyes). 

La Comunidad ecuménica Evangélica – Luterana / Católica Carlos de Foucauld se reencuentra en una celebración marcada por canciones y salmos que pueden iluminar nuestra vida junto con un largo momento de reflexión en silencio ante el pesebre.



Para leer el boletín entero:

FUENTE:
Comunidad Ecuménica Horeb Carlos de Foucauld
http://horeb-foucauld.webs.com/




lunes, 28 de noviembre de 2016

¿QUO VADIS, IGLESIA? 500 AÑOS DESDE LAS 95 TESIS DE LUTERO

¿Quo vadis, Iglesia? 
500 años desde las 95 tesis de Lutero

por Elisabeth Münzebrock
MUNICH, Alemania.

El encuentro entre el papa Francisco y el presidente de la Federación Luterana Mundial Munib Younam, en el marco de los actos conmemorativos del 500 aniversario de la Reforma protestante, promovida por Martín Lutero el 31 de octubre de 1517.

El Obispo luterano Munib Younan y el Papa Francisco, firmando la Declaración conjunta

Los dos líderes religiosos participaron en una celebración ecuménica en la Catedral de Lund (Suecia) y firmaron, el pasado 31 de octubre, una declaración conjunta en la que rechazan todo tipo de violencia en nombre de la religión.

“Un cristiano que no es un revolucionario, no es un cristiano, ”estas no son palabras de Che Guevara o de cualquier otro líder militante de la extrema izquierda, al revés, fueron dichas por el actual Papa Francisco comentando las actitudes del monje de Wittenberg, que en su momento había desafiado a la Iglesia entera y a la política de su siglo...

Pero escuchemos también una voz contemporánea, asustada por los desmanes provocados por el monje agustino de Wittenberg: “De aquí también gané la grandísima pena que me dan las muchas almas que se condenan, de estos luteranos en especial (...) que me parece cierto a mí que por librar una sola de tan gravísimos tormentos pasaría yo muchas muertes muy de buena gana” (V32,6) Quejas como estas nos las encontramos en las obras de Teresa de Jesús de Ávila, cuya personalidad y vida muestran algunos paralelismos con el fraile revolucionario de tierras germanas.

Como sabemos, Martin Lutero (1483 -1546), había clavado aquellas famosas “95 tesis”, en el portal de la Iglesia de Wittenberg, las cuales levantarían primero una gran polvareda en la tierra germana, para después “inflamar” (en el sentido literal) el entero suelo del Sacro Imperio Romano...En cuanto a los “paralelismos”: Lutero y Teresa habían luchado sin tregua – pero con medios muy diferentes - por una auténtica reforma de la Iglesia. Lutero hizo sus estudios de teología con doctorado en 1521 en Erfurt, Teresa de Ávila, la autodicacta, escritora y fundadora de 18 Carmelos, “mujer andariega y contumaz”, fue proclamada “Doctora de la Iglesia” en 1970 por el Papa Pablo VI.

Y conste que desde las últimas décadas del siglo pasado se está realizando -paulatina y felizmente– el milagro del cambio... de “luteranos y herejes” a “hermanos separados” y, en estos días, hasta a “hermanos queridos”...

Lutero, el "monje hereje", era un “genio de comunicación”, ya que se había servido en su tiempo de las tecnologías mediáticas como la impresión de libros y “panfletos” para expandir sus ideas sobre la “compra de indulgencias”. Y también en medio de sus querellas con el Emperador Carlos V y el Papa León X. Lutero había logrado una “huída hacia delante" que le reportó publicidad. Lo que nadie, ni él mismo pudieron prever, fueron las consecuencias de estas sus "peligrosas" ideas, que causaron guerras fratricidas y destrucción por todas partes en Europa.

Han tenido que pasar casi 500 años, hasta que el 31 de octubre de 1999, el Cardenal Edward I.Cassidy, Presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, y Christian Krause, presidente de la Federación Luterana Mundial, pudieron firmar la Declaración conjunta sobre la doctrina de la justificación en la histórica Iglesia de Santa Ana de Augsburgo.

Portada de la Declaración conjunta sobre la Doctrina de la Justificación

Esa “declaración” expresó por primera vez un consenso sobre el tema fundamental de los protestantes, la “justificación tan solo por la gracia”, a la que el 23 de julio de 2006 se unieron también los Metodistas con la firma de su Presidente, Obispo Sunday Mbang y el Secretario General, George Freeman.

En el Preámbulo se califica a la Justificación de “importancia capital para la Reforma luterana del siglo XVI. (...) La versión de entonces fue sostenida y defendida en particular por su singular apreciación contra la teología y la iglesia católica romana de la época. (…) Desde la perspectiva de la Reforma, la justificación era la raíz de todos los conflictos, y tanto en las Confesiones luteranas, como en el Concilio de Trento de la Iglesia Católica Romana hubo condenas de una y otra doctrinas.”

Y sigue el documento: Las iglesias luteranas y católica romana han escuchado juntas la buena nueva proclamada en las Sagradas Escrituras. Esta escucha común, junto con las conversaciones teológicas mantenidas en estos últimos años, forjaron una interpretación de la justificación que ambas comparten. (...)

Luteranos y católicos compartimos la meta de confesar a Cristo, en quien debemos creer primordialmente por ser el único mediador (1 Tim 2,5-6) a través de quien Dios se da a sí mismo en el Espíritu Santo y prodiga sus dones renovadores» (DCDJ 18).

… Y de repente un Papa

Pero ¿quién es este Papa que “viene de un país del fin del mundo” y que ahora se lanza hasta al corazón de la “Reforma”? O dicho de otra manera: ¿Porque ya es "histórica" la visita del Papa Francisco a Suecia?

En un reciente artículo, con el título insinuante “Pero, ¿este Papa es católico?” se comenta que no hay ningún Papa en la historia tan cuestionado como el que fuera arzobispo de Buenos Aires. Y la lucha se sitúa incluso dentro de su Iglesia acusándole de “practicar un relativismo sonriente”, y de pretender ser como un “Dalai Lama en sotana blanca”, una especie de “Secretario General de la ONU con pectoral”. Llegan a comentar que este Papa no comprende a la Iglesia de la “vieja Europa”. E, incluso, se llega a dudar de si realmente es “católico” por estos gestos de cercanía como en su reciente visita a Suecia.

También algunos le acusan de estar poniendo “pequeñas bombas” que tanta falta hacen a nuestro tiempo, porque son las pequeñas bombas del Evangelio.

Antes de llegar a Lund, Suecia, para el encuentro con la Federación Luterana Mundial, el Papa dio una entrevista a la revista “Signum” de los jesuitas suecos en la que subraya que tenemos que “avanzar, caminar juntos, no encerrarnos en perspectivas petrificadas, porque en ellas no hay posibilidad de reforma”. Y continúa, “Reforma y Escritura son los dos elementos de la tradición luterana, en que los católicos debemos profundizar,” precisando que Lutero había dado un paso importante al poner “la palabra de Dios” en manos del “pueblo de Dios”.

Uno de los principales actos del Papa en Suecia ha sido la oración ecuménica conjunta en la Catedral luterana de Lund. Allí, el Papa y Martin Junge, secretario general de la Federación Mundial Luterana, intercambiaron palabras y gestos de unidad.

El Papa Francisco y Martin Junge intercambian un gesto de paz

Martin Junge dijo en su sermón que “al ver a Jesucristo en medio nuestro, hemos comenzado a vernos de manera distinta. Reconocemos que es muchísimo más lo que nos une, que lo que nos separa. Somos ramas de una misma vid. Somos uno en el Bautismo.”

En su homilía, el papa Francisco resaltó que “católicos y luteranos hemos empezado a caminar juntos por el camino de la reconciliación. (…) Ahora tenemos una nueva oportunidad para acoger un camino común, que ha ido conformándose durante los últimos 50 años en el diálogo ecuménico entre la Federación Luterana Mundial y la Iglesia Católica”.

Y siguió “no podemos resignarnos a la división y al distanciamiento que la separación ha producido entre nosotros. También nosotros debemos mirar con amor y honestidad a nuestro pasado y reconocer el error y pedir perdón: solamente Dios es el juez.”. Por último, indicó que “los cristianos seremos testimonio creíble de la misericordia en la medida en que el perdón, la renovación y reconciliación sean una experiencia cotidiana entre nosotros”.

Declaración conjunta

Al final de la oración ecuménica, el papa Francisco y el presidente de la Federación luterana mundial, obispo palestinense Munib Younan, firmaron una Declaración Conjunta en la que exhortan “a todas las comunidades y parroquias Luteranas y Católicas a que sean valientes, creativas, alegres y que tengan esperanza en su compromiso para continuar el gran itinerario que tenemos ante nosotros. (…) En vez de los conflictos del pasado, el don de Dios de la unidad entre nosotros guiará la cooperación y hará más profunda nuestra solidaridad. Nosotros, Católicos y Luteranos, acercándonos en la fe a Cristo, rezando juntos, escuchándonos unos a otros, y viviendo el amor de Cristo en nuestras relaciones, nos abrimos al poder de Dios Trino. Fundados en Cristo y dando testimonio de él, renovamos nuestra determinación para ser fieles heraldos del amor infinito de Dios para toda la humanidad”. En la misma declaración conjunta quedan establecidos los puntos sobre los que aún no hay acuerdo: el ministerio, la Iglesia y la Eucaristía. Lo que sin embargo llama mucho la atención en este documento equilibrado, es que se trata de la historia contada entre ambas confesiones. Aquí algunos de los párrafos más significativos:

Pasar del conflicto a la comunión

Aunque estamos agradecidos profundamente por los dones espirituales y teológicos recibidos a través de la Reforma, también reconocemos y lamentamos ante Cristo que Luteranos y Católicos hayamos dañado la unidad vivible de la Iglesia. Las diferencias teológicas estuvieron acompañadas por el prejuicio y por los conflictos, y la religión fue instrumentalizada con fines políticos. Nuestra fe común en Jesucristo y nuestro bautismo nos pide una conversión permanente, para que dejemos atrás los desacuerdos históricos y los conflictos que obstruyen el ministerio de la reconciliación. Aunque el pasado no puede ser cambiado, lo que se recuerda y cómo se recuerda, puede ser trasformado. Rezamos por la curación de nuestras heridas y de la memoria, que nublan nuestra visión recíproca. Rechazamos de manera enérgica todo odio y violencia, pasada y presente, especialmente la cometida en nombre de la religión. Hoy, escuchamos el mandamiento de Dios de dejar de lado cualquier conflicto. Reconocemos que somos liberados por gracia para caminar hacia la comunión, a la que Dios nos llama constantemente.

Munib Younan, presidente de la Federación luterana mundial y Papa Francisco intercambiando la Declaración conjunta

Nuestro compromiso para un testimonio común

“Muchos miembros de nuestras comunidades anhelan recibir la Eucaristía en una mesa, como expresión concreta de la unidad plena. Sentimos el dolor de los que comparten su vida entera, pero no pueden compartir la presencia redentora de Dios en la mesa de la Eucaristía. Reconocemos nuestra conjunta responsabilidad pastoral para responder al hambre y sed espiritual de nuestro pueblo con el fin de ser uno en Cristo. Anhelamos que sea sanada esta herida en el Cuerpo de Cristo. Este es el propósito de nuestros esfuerzos ecuménicos, que deseamos que progresen, también con la renovación de nuestro compromiso en el diálogo teológico.

Pedimos a Dios que Católicos y Luteranos sean capaces de testimoniar juntos el Evangelio de Jesucristo, invitando a la humanidad a escuchar y recibir la buena noticia de la acción redentora de Dios. Pedimos a Dios inspiración, impulso y fortaleza para que podamos seguir juntos en el servicio, defendiendo los derechos humanos y la dignidad, especialmente la de los pobres, trabajando por la justicia y rechazando toda forma de violencia. Dios nos convoca para estar cerca de todos los que anhelan dignidad, justicia, paz y reconciliación.(...)”

El lema del viaje papal, "Juntos en la esperanza", estaba precisamente inspirado en el informe publicado en 2013 por la Comisión internacional católico-luterana sobre la unidad: "Del conflicto a la comunión", el segundo gran documento ecuménico después de 1999. “En la actualidad, es evidente la voluntad de la gran mayoría de las iglesias luteranas de una conmemoración calibrada en función del acercamiento y el diálogo interconfesional”, expresó el secretario general, pastor Junge.

Un balance similar hizo el cardenal Koch en la conferencia de prensa al explicar este documento mencionando tres puntos: "Primero: gratitud, por todo lo que hemos podido descubrir que existe en común entre protestantes y católicos. Segundo: Lutero no quería hacer una división ni crear nuevas Iglesias. Lutero quería renovar la Iglesia católica y en ese tiempo no era posible, y llegó la división de la Iglesia. Y las horribles guerras confesionales del siglo XVI y XVII. Tercer punto: esperanza. Esta conmemoración común puede traer frutos futuros".

Pastor Martin Junge y Cardenal Kurt Koch presentando el documento común “Del conflicto a la comunión”

Imperativos ecuménicos

En el documento se expresan cinco imperativos ecuménicos:
  1. Católicos y luteranos deben comenzar siempre desde la perspectiva de la unidad y no desde el punto de vista de la división, para de este modo fortalecer lo que mantienen en común, aunque las diferencias sean más fáciles de ver y experimentar.
  2. Luteranos y católicos deben dejarse transformar a sí mismos continuamente mediante el encuentro de los unos con los otros y por el mutuo testimonio de fe. 
  3. Católicos y luteranos deben comprometerse otra vez en la búsqueda de la unidad visible, para elaborar juntos lo que esto significa en pasos concretos y esforzarse continuamente hacia esa meta.
  4. Católicos y luteranos deben dar testimonio común de la misericordia de Dios en la proclamación y el servicio al mundo.

Y finalmente el Papa y la Federación Luterana Mundial emprenden la ayuda conjunta a los más necesitados del planeta.

El encuentro en el polideportivo cubierto Malmö Arena, ha sido un momento inolvidable para diez mil personas, en su mayoría jóvenes, que han escuchado los testimonios, han meditado las palabras de los dos líderes religiosos, y han asistido a la firma del acuerdo de Caritas International y su organización homóloga, el Servicio Mundial de la Federación Luterana Mundial, para trabajar en equipo ante las grandes emergencias.

Un nuevo milagro del Espíritu Santo

El obispo Munib Younan no se andaba con rodeos: “Hoy en Lund y Malmö estamos experimentando un nuevo milagro del Espíritu Santo, como el que los discípulos experimentaron en mi ciudad natal, Jerusalén, hace dos mil años».

Con la fuerza que da su historia personal, Younan ha afirmado: “Yo soy un refugiado palestino, cuyos padres son de Beer Sheva. Todos los refugiados son mis hermanos y hermanas en la humanidad”.

Al final de su discurso, el obispo que preside las 145 iglesias luteranas de 98 países se ha dirigido al papa Francisco para manifestarse “orgulloso de responder junto con usted a la llamada del Señor para que el mundo vea que los luteranos y católicos nos amamos los unos a los otros y servimos a nuestro prójimo, para que el mundo crea”.

El Papa expresó que “para nosotros cristianos, es una prioridad salir al encuentro de los desechados y marginados de nuestro mundo, y hacer palpable la ternura y el amor misericordioso de Dios, que no descarta a nadie, sino que a todos acoge.

El diálogo entre nosotros ha permitido profundizar la comprensión recíproca, generar mutua confianza y confirmar el deseo de caminar hacia la comunión plena. Uno de los frutos que ha generado este diálogo es la colaboración entre distintas organizaciones de la Federación Luterana Mundial y de la iglesia Católica.

Y sigue el Papa: “He escuchado con atención los testimonios, de cómo en medio de tantos desafíos entregan la vida día a día para construir un mundo que responda cada vez más a los designios de Dios, nuestro Padre. Y a continuación Francisco agradeció a los 4 testigos, que habían contado sus experiencias.
  • Rose Lokonyen, una joven de 23 años de Sudán del Sur, refugiada en Kenia, ha relatado cómo su familia tuvo que escapar de la guerra civil y cómo ella comenzó a ayudar a niñas refugiadas animándolas a incorporarse a las escuelas e invitándolas a hacer deporte.
  • Marguerite Barankitse, de Burundi, adoptó siete niños al comienzo de la guerra civil de 1993 en su país. Cuando el conflicto se convirtió en un genocidio entre hutus y tutsis, Marguerite recogió y escondió a otros 25 niños para salvarlos de la muerte. Desde entonces ha seguido extendiendo su actividad y ayudando a miles de niños y a sus padres.
  • Pranita Biswasi, del estado de Odisha (antes Orissa) en la India, es una mujer de 26 años titular de un master en Ciencias Medioambientales y experta en cambio climático. Pranita ha relatado las tremendas consecuencias del supertifón en 2013, que causó tremendos destrozos, y de las inundaciones de diciembre de 2015, prácticamente ignoradas por el mundo, que costaron 500 vidas y forzaron el desplazamiento de un millón ochocientas mil personas.

Mons. Héctor Fabio ha informado del trabajo conjunto que católicos y luteranos realizan en Colombia.

Y concluye Francisco: “Queridos hermanos y hermanas, no nos dejemos abatir por las adversidades. Que estas historias y estos testigos nos motiven y nos den nuevo impulso para trabajar cada vez más unidos. Cuando volvamos a nuestras casas, llevemos el compromiso de realizar cada día un gesto de paz, un gesto de reconciliación, para ser testigos valientes y fieles de la esperanza cristiana.

Como sabemos la esperanza no defrauda. Gracias.”

Y una vez más: Teresa....

Volviendo a la Santa de Ávila leemos: “como me vi mujer y ruin, e imposibilitada de aprovechar en nada en el servicio del Señor, (...) ansí determiné a hacer eso poquito que yo puedo y es en mí, que es seguir los consejos evangélicos con toda la perfección (...) y procurar estas poquitas que están aquí hiciesen lo mesmo”. (C1,2) Y realmente la gran Santa española lleva razón, la cosa en sí es fácil: “hacer eso poquito que yo puedo”. Y no esperar a que “otros hagan” o que “las autoridades decidan “desde arriba". En este sentido estos “encuentros” son de enorme importancia, porque la gente se encuentra desde “la base” y desde ahí se logran contactos y un más profundo conocimiento mutuo.

Elisabeth Münzebrock, desde Munich







Elisabeth Münzebrock, es miembro de la Institución Teresiana y está en Alemania. Tuvo un taller en el Congreso de la IEF en Ávila sobre Teresa de Jesús y Lutero