Todos juntos
Un espacio propuesto por EQUIPO ECUMÉNICO SABIÑÁNIGO

martes, 7 de diciembre de 2021

CRISÓSTOMOS Y FRANCISCO, JUNTOS, EN CHIPRE

Francisco, al Santo Sínodo Ortodoxo: "Hagamos de Chipre un puente entre el cielo y la tierra"

por Jesús Bastante

CLAVES:
  • "Descendemos del mismo ardor apostólico y nos une un único camino: el del Evangelio. Me agrada ver que seguimos caminando en la misma dirección, en busca de una fraternidad cada vez mayor y de la unidad plena"
  • "Deseo asegurarles mi oración y cercanía, así como la de la Iglesia católica, tanto en los problemas más dolorosos que los angustian como en las esperanzas más hermosas y audaces que los animan. Las tristezas y las alegrías de ustedes nos pertenecen, las sentimos nuestras; y también sentimos que necesitamos mucho de sus oraciones"
  • "No nos dejemos paralizar por el temor de abrirnos y de realizar gestos audaces, no secundemos el “carácter irreconciliable de las diferencias” que no encuentra correspondencia en el Evangelio"
  • "Si dejamos de lado teorías abstractas y trabajamos juntos codo a codo —por ejemplo, en la caridad, en la educación y en la promoción de la dignidad humana—, redescubriremos al hermano y la comunión madurará por sí misma, para gloria de Dios"
  • "Cuántas veces en la historia, entre los mismos cristianos nos hemos preocupado por oponernos a los demás, en lugar de acoger dócilmente el camino de Dios, que tiende a recomponer las divisiones en la caridad. Cuántas veces hemos agrandado y difundido prejuicios sobre los demás"
  • Clamor ecuménico del Papa: "El Evangelio se transmite por la comunión"
  • Crisóstomos acusa a Turquía, delante del Papa, de "un plan de limpieza étnica" contra Chipre. "Una barbarie increíble", que "ha destruido nuestra cultura clásica"

"Hagamos de Chipre —que ya es un puente entre Oriente y Occidente— un puente entre el cielo y la tierra. Que así sea, para gloria de la Santísima Trinidad, para nuestro bien y el de todos". Echando mano de los grandes santos comunes: Bernabé, Pablo, Marcos, Epifanio, Bárbara, Espiridón..., Francisco clamó durante su encuentro con el Santo Sínodo ortodoxo a "navegar juntos hacia el puerto por el que todos suspiramos".

Un llamamiento a la unidad, un llamamiento sinodal, que arrancó muy pronto, con una visita privada del Papa a Su Beatitud Crisóstomo II, Arzobispo ortodoxo de Chipre, en la sede del arzobispado, y que prosiguió en la catedral ortodoxa de Nicosia, ante los "queridos obispos" de la comunión ortodoxa.

Crisóstomos: "Un plan de limpieza étnica"

El líder ortodoxo ofreció un relato de la historia de la fe en Chipre, así como "un ardor de Iglesia" por las raíces cristianas de Europa ("Chipre es la puerta del cristianismo a los gentiles"), y acusó a Turquía de haber "arrancado el 70 por ciento de nuestra tierra", incendiar templos cristianos y profanar el nombre de Dios. Crisóstomos acusó a Turquía de "un plan de limpieza étnica" contra Chipre.

"Una barbarie increíble", que "ha destruido nuestra cultura clásica". "Han confiscado nuestras iglesias bizantinas".

"No solo imitaron la barbarie sangrienta de Atila, sino que lo hicieron peor que él", clamó el líder ortodoxo. "Nuestro pueblo que sufre, rinde homenaje al señor de la Justicia", culminó, pidiendo a Francisco mediación, como ya hiciera Benedicto XVI ante el "expolio" de bienes que, afirmó, sigue haciendo Turquía.

Un origen apostólico común

Francisco agradeció "la apertura del corazón y por el compromiso de promover el diálogo entre nosotros", cristianos todos que "tenemos un origen apostólico común", pues Pablo atravesó Chipre y posteriormente llegó a Roma.

"Descendemos del mismo ardor apostólico y nos une un único camino: el del Evangelio", apuntó el Papa. "Me agrada ver que seguimos caminando en la misma dirección, en busca de una fraternidad cada vez mayor y de la unidad plena".

Hijos del consuelo

Evocando, como ya hiciera en su encuentro con el clero católico del país, a san Bernabé, Francisco quiso referirse al significado de su nombre: "Significa al mismo tiempo “hijo del consuelo” e “hijo de la exhortación”".

"Es hermoso que en su figura se fundan ambas características, indispensables para el anuncio del Evangelio", propuso Francisco. Y es que "todo consuelo verdadero no puede ser intimista, sino que debe traducirse en exhortación, orientar la libertad hacia el bien. Al mismo tiempo, cada exhortación en la fe no puede más que fundarse en la presencia consoladora de Dios y estar acompañada por la caridad fraterna".

"Bernabé, hijo del consuelo, nos exhorta a nosotros sus hermanos a emprender la misma misión de proclamar el Evangelio a los hombres, invitándonos a comprender que el anuncio no puede basarse en exhortaciones generales, en la repetición de preceptos y normas que observar, como se ha hecho con frecuencia", advirtió Francisco.

Más aún: "Hay que seguir el camino del encuentro personal, prestar atención a las preguntas de la gente, a sus necesidades existenciales". Porque "para ser hijos del consuelo, antes de decir cualquier cosa, es necesario escuchar, dejarse interrogar, descubrir al otro, compartir: porque el Evangelio se transmite por la comunión".

Redescubrir el camino sinodal

"Esto es lo que, como católicos, deseamos vivir en los próximos años, redescubriendo la dimensión sinodal, constitutiva del ser de la Iglesia", subrayó, volviendo a incidir en el camino sinodal en el que ha puesto a la Iglesia católica. "Y en esto sentimos la necesidad de caminar más intensamente con ustedes, queridos hermanos, que por medio de la experiencia de su sinodalidad pueden sernos verdaderamente de gran ayuda".

"Gracias por su colaboración fraterna, que también se manifiesta en la participación activa en la Comisión mixta internacional para el diálogo teológico entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa", agregó el Papa, instando a "encontrarnos, conocernos mejor, derribar muchos preconceptos y disponernos para una escucha serena de las respectivas experiencias de fe", lo que redundará en "un fruto espiritual de consolación a todos".

Un consuelo mutuo, del que también habla Pablo, y que Francisco quiso asumir. "Deseo asegurarles mi oración y cercanía, así como la de la Iglesia católica, tanto en los problemas más dolorosos que los angustian como en las esperanzas más hermosas y audaces que los animan. Las tristezas y las alegrías de ustedes nos pertenecen, las sentimos nuestras; y también sentimos que necesitamos mucho de sus oraciones".

Despojarse de lo que no es esencial

El segundo aspecto como es conocido san Bernabé es el de "un levita nacido en Chipre" que "vendió un campo de su propiedad, llevó el importe y lo puso a disposición de los apóstoles". El despojarse, un gesto que, según Francisco, "sugiere que para revitalizarnos en la comunión y en la misión también nosotros hemos de tener la valentía de despojarnos de aquello que, aun siendo valioso, es terreno, para favorecer la plenitud de la unidad".

"No me refiero ciertamente a lo que es sagrado y nos ayuda a encontrar al Señor, sino al riesgo de absolutizar ciertos usos y costumbres que no son esenciales para vivir la fe", advirtió. "No nos dejemos paralizar por el temor de abrirnos y de realizar gestos audaces, no secundemos el “carácter irreconciliable de las diferencias” que no encuentra correspondencia en el Evangelio", pidió el Papa. "No permitamos que las tradiciones —en plural y con la “t” minúscula— tiendan a prevalecer sobre la Tradición —en singular y con la “T” mayúscula—".

"Estamos invitados por el Señor a redescubrirnos como parte del mismo Cuerpo, a abajarnos hasta los pies de los hermanos", clamó el papa, quien reconoció cómo, a lo largo de la historia, se han abierto "amplios surcos entre nosotros, pero el Espíritu Santo desea que volvamos a acercarnos con humildad y respeto".

Francisco besa la cruz de Crisóstomos


Trabajar codo con codo

"Si dejamos de lado teorías abstractas y trabajamos juntos codo a codo —por ejemplo, en la caridad, en la educación y en la promoción de la dignidad humana—, redescubriremos al hermano y la comunión madurará por sí misma, para gloria de Dios", propuso. "Cada uno mantendrá las propias maneras y el propio estilo pero, con el tiempo, el trabajo conjunto acrecentará la concordia y se mostrará fecundo. Así como estas tierras mediterráneas fueron embellecidas por el trabajo respetuoso y paciente del hombre, también nosotros cultivemos, con la ayuda de Dios y con humilde perseverancia, nuestra comunión apostólica".

Un ejemplo de esta mutua colaboración es la iglesia de Nuestra Señora de la Ciudad de oro, aquí, en Chipre, lugar de culto para varias confesiones cristianas, "un signo de comunión de fe y de vida, bajo la mirada de la Madre de Dios, que reúne a sus hijos".

Finalmente, un tercer aspecto de la vida de Bernabé, su encuentro con Elimas, un falso profeta "que se les opuso con malicia". "Tampoco hoy faltan falsedades y engaños que el pasado nos pone delante y que obstaculizan el camino. Siglos de división y distancias que han llevado a asimilar, aun involuntariamente, no pocos prejuicios hostiles respecto a los demás, preconceptos basados a menudo en informaciones deficientes y distorsionadas, divulgadas por una lectura agresiva y polémica".

"Todo esto -añadió el Papa- tuerce el camino de Dios, que se orienta hacia la concordia y la unidad". "Cuántas veces en la historia, entre los mismos cristianos nos hemos preocupado por oponernos a los demás, en lugar de acoger dócilmente el camino de Dios, que tiende a recomponer las divisiones en la caridad. Cuántas veces hemos agrandado y difundido prejuicios sobre los demás", se preguntó, y preguntó, Francisco, para concluir clamando por ese "puente entre el cielo y la tierra", ese "navegar juntos" entre cristianos. Todos, seguidores de Jesús.


FUENTE:
https://www.religiondigital.org/


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lunes, 6 de diciembre de 2021

ENCUENTRO ECUMÉNICO EN NICOSIA (CHIPRE)

Papa: Cerrazones y prejuicios levantan muros e impiden el encuentro

por Alina Tufani
Ciudad del Vaticano

CLAVE:
  • El sueño de Dios, de una humanidad liberada del odio que intoxica, donde no hay forasteros sino conciudadanos reconciliados resonó en la Iglesia de la Santa Cruz en Nicosia, en el encuentro ecuménico del Santo Padre con los migrantes. Al responder a cada testimonio, el Pontífice llamó a no “resignarnos a vivir en un mundo dividido", a no quedarnos callados e indiferentes ante el sufrimiento.

“Ustedes no son forasteros, sino conciudadanos”. Esta frase del Apóstol Pablo a los cristianos de Éfeso inspiró el discurso del Papa Francisco a los migrantes reunidos en la Iglesia franciscana de la Santa Cruz en Nicosia. Un encuentro ecuménico que abrió con los testimonios de varios jóvenes migrantes provenientes de África, Medio Oriente y Asia, historias que ya el Papa conocía, pues las había recibido con anticipación y que lo habían “emocionado mucho”, lo habían, como hoy “conmovido”.

Las cosas como son

Cuando ya había respondido en su discurso a las palabras de sus interlocutores, cuando ya había conminado a todos los cristianos presentes a seguir el único camino posible de la unidad en el amor de Dios, el Papa, pidiendo “disculpas, por decir las cosas como son”, dio peso a esas palabras con las que inició su discurso, “emocionado y conmovido”, hacia los migrantes presentes en la celebración.

“Escuchándote, mirándote a la cara, el recuerdo va más allá, va al sufrimiento. Has llegado aquí, pero ¿cuántos de tus hermanos y hermanas quedan en el camino? ¿Cuántas personas desesperadas inician su viaje en condiciones muy difíciles, incluso precarias, y no han podido llegar? Podemos hablar de este mar que se ha convertido en un gran cementerio. Mirándote, miro los sufrimientos del viaje, tantos que han sido secuestrados, vendidos, explotados, todavía están en camino, no sabemos hacia dónde. Pero es la historia de una esclavitud, una esclavitud universal”.

Una grave enfermedad

En una dolorosa enumeración de noticias que diariamente hablan del sufrimiento de migrantes, desplazados y refugiados, el Papa exhortó a no “acostumbrarse” a leer estas tragedias en los periódicos o escucharlas en otros medios, porque sería caer en una grave enfermedad.

“Mirándote, pienso en muchos que tuvieron que volver porque los rechazaron y terminaron en campos de concentración, verdaderos campos de concentración, donde las mujeres son vendidas, los hombres torturados, esclavizados”, dijo el Pontífice, al recordar que no son solo los esclavos del pasado, “los de los nazis, los de Stalin” sino lo de hoy: ¡Está sucediendo hoy, en las costas cercanas! Puentes de esclavitud. “Es la guerra de este momento, es el sufrimiento de hermanos y hermanas que no podemos callar”, añadió el Papa. “No podemos quedarnos callados y mirar para otro lado, en esta cultura de la indiferencia”.

El sueño de Dios

La celebración ecuménica que comenzó con el saludo del Patriarca de los Latinos de Jerusalén y de las palabras de una representante de Cáritas Chipre, dieron paso a las historias de estos cuatro jóvenes migrantes a quienes el Papa respondió personalmente, pues sus testimonios son “como un espejo”, no sólo para los numerosos migrantes que en los últimos años han llegado a Chipre, sino también para las comunidades cristianas llamadas a cumplir el sueño de Dios.

Al destacar la actualidad de las palabras de San Pablo cuando dice: “Ustedes ya no son extraños ni forasteros, sino conciudadanos.”, el Papa afirmó que en ellas se cumple la “profecía de la Iglesia”, la de una comunidad que “encarna —con todos los límites humanos— el sueño de Dios”. “Como tú - le confirmó el Papa a Marianie, de la República democrática de Congo - Dios sueña un mundo de paz, en el que sus hijos viven como hermanos y hermanas. Somos nosotros que no lo queremos”.

No somos números

En cambio, a Thamara, de Sri Lanka, que a menudo cuando le preguntan “quién es” se siente como un número más, un caso más, el Pontífice reconoció que lamentablemente con esa pregunta “lo que se quiere decir es: “¿De qué parte estás? ¿A qué grupo perteneces?”

"La brutalidad de la migración pone en peligro la identidad de uno", es decir, enfatizó el Pontífice, hace que la persona se pregunte quién es y dónde están sus raíces. “No somos números ni individuos que haya que catalogar – subrayó Francisco - somos ‘hermanos’, ‘amigos’, ‘creyentes’ y ‘prójimos’ los unos de los otros”. Y añadió que cuando los intereses de grupo o los intereses políticos, incluso de las naciones, presionan , tienden también a esclavizar sin que nos demos cuenta: "El amor -dijo - que es amplio, que es contrario al odio, el amor nos hace libres.

El odio que intoxica

A Maccolins, un joven de Camerún que se dice “herido por el odio” a lo largo de su vida, el Santo Padre recuerdó que el odio ha contaminado también las relaciones entre los cristianos, lo que ha dejado una “marca profunda” que dura mucho tiempo. El odio, dijo el Papa, “es un veneno del que resulta difícil desintoxicarse, es una mentalidad distorsionada que, en vez de hacer que nos reconozcamos hermanos, lleva a que nos veamos como adversarios, como rivales.

El muro de los prejuicios

Al responder el testimonio de Rozh, un joven de Irak que al contar el largo recorrido que lo llevó hasta Chipre, dijo ser “una persona en camino”, Francisco enfatizó que también la comunidad de cristianos es “una comunidad en camino”, que como la suya está hecha de “subidas y bajadas”, que no deben asustar “No nos deben asustar las diferencias entre nosotros, sino más bien, nuestras cerrazones y nuestros prejuicios, que impiden que nos encontremos realmente y que caminemos juntos. Las cerrazones y los prejuicios vuelven a construir entre nosotros ese muro de separación que Cristo ha derribado, es decir, la enemistad.

Avanzar en la unidad

El Papa durante el encuentro ecuménico habló sobre la necesidad de avanzar hacia la unidad de los cristianos con la mirada fija en Dios que “es una nuestra paz” y nuestra “piedra principal”. Recordó que Jesús viene a nuestro encuentro “en el rostro del hermano marginado y descartado, en el rostro del migrante despreciado, rechazado y oprimido”, pero también en el “rostro del migrante que está en camino hacia algo, hacia una esperanza, hacia una convivencia más humana”. El Papa puntualizó nuevamente que "Dios habla a través de los sueños" de esos migrantes, de esos jóvenes.

“Nos llama a no resignarnos a vivir en un mundo dividido, en comunidades cristianas divididas, sino a caminar en la historia atraídos por el sueño de Dios, que es una humanidad sin muros de separación, liberada de la enemistad, sin más forasteros sino sólo conciudadanos. Diferentes, es verdad, y orgullosos de nuestras peculiaridades, que son un don de Dios, pero conciudadanos reconciliados.

Chipre taller de fraternidad

En esta última cita del Papa en Chipre, antes de su partida, mañana, sábado, hacia Grecia, el Santo Padre deseó que “esta isla, marcada por una dolorosa división, pueda convertirse con la gracia de Dios en taller de fraternidad”. En este contexto, agradeció a quienes trabajan con los migrantes, sobre todo, al reconocer la generosidad de una isla que no lo puede hacer todo, ya que el número de personas que llegan es mayor que su capacidad para entrar, integrarse, acompañar, promocionar. Y por ello, advirtió que lo podrá hacer bajo dos condiciones; con el reconocimiento “efectivo” de la dignidad de cada persona humana, y con “la apertura confiada a Dios, Padre de todos.

“Con estas condiciones es posible que el sueño se traduzca en un viaje cotidiano, hecho de pasos concretos que van del conflicto a la comunión, del odio al amor. Un camino paciente que, día tras día, nos hace entrar en la tierra que Dios ha preparado para nosotros, la tierra donde, si te preguntan: “¿Quién eres?”, puedes responder a cara descubierta: “Soy tu hermano”, concluyó el Pontífice

FUENTE:
https://www.vaticannews.va/


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domingo, 5 de diciembre de 2021

UN MUNDO QUE SUFRE

El Consejo Mundial de Iglesias visita la Iglesia de Noruega para explorar los "valores que unen a un mundo que sufre"


CLAVE:
  • El secretario general en funciones del Consejo Mundial de Iglesias (CMI), Rev.Prof. Dr. Ioan Sauca, visitó la Iglesia de Noruega el 23 de noviembre y expresó su alegría por poder ver las oficinas de la iglesia por primera vez y por el apoyo de la iglesia antes de la celebración de la XI Asamblea del Consejo Mundial de Iglesias.

Sauca se reunió con líderes de la Iglesia de Noruega, incluido el obispo presidente, el Reverendísimo Dr. Olav Fykse Tveit; Rev. Elise Sandnes, secretaria general del Consejo Episcopal; y Berit Hagen-Agöy, directora de Asuntos Internacionales.

“Estoy agradecido por la hospitalidad y la inspiración que hemos recibido tan calurosamente del personal y el liderazgo de la Iglesia de Noruega”, dijo Sauca. " A medida que nos preparamos para la Asamblea del Consejo Mundial de Iglesias, ya estamos presenciando el tema ' Cristo ' amor s mueve el mundo para la reconciliación y la unidad".

Sauca dijo que el sentido de esperanza del Consejo Mundial de Iglesias se ha visto impulsado por el apoyo especial de la Iglesia de Noruega y otras iglesias miembros del Consejo Mundial de Iglesias durante la pandemia de COVID-19.

“Aprecio profundamente la dedicación y el acompañamiento de la Iglesia de Noruega y la solidaridad expresada a medida que caminamos por el mundo ' desafíos s juntos”, dijo.

Tveit dijo que él y otros líderes de la Iglesia de Noruega estaban felices de informar a los visitantes del Consejo Mundial de Iglesias que el Sínodo General de la Iglesia de Noruega afirmó en una decisión el 12 de noviembre su compromiso con el movimiento ecuménico mundial y su participación y apoyo financiero al Consejo Mundial de Iglesias.

“Estoy impresionado por cómo los líderes y el personal del Consejo Mundial de Iglesias han podido abordar los múltiples desafíos a su trabajo y la necesidad de un cambio de metodologías en el momento de la pandemia”, dijo Tveit. “El mundo y las iglesias necesitan, incluso más que antes, la solidaridad global y la responsabilidad mutua entre sí, y los valores que pueden unir a un mundo que sufre y está dividido”.

El tema de la XI Asamblea del Consejo Mundial de Iglesias se ha convertido en un mensaje profético de nuestro tiempo, añadió Tveit. “El mundo necesita el amor inquebrantable de Cristo”, dijo. " Las iglesias necesitan la comunión entre sí para transmitir este amor en palabras y actos".

Los debates se centraron en el papel de las iglesias y el Consejo Mundial de Iglesias en medio de la pandemia, el trabajo del Consejo Mundial de Iglesias y la gobernanza futura, en particular en medio de los desafíos planteados por COVID-19 y la emergencia climática, y los preparativos de la asamblea, con reflexiones especiales sobre la tema de montaje.

Sauca, acompañada por la directora de Comunicación del Consejo Mundial de Iglesias, Marianne Ejdersten, ofreció una actualización sobre los preparativos para la XI Asamblea del Consejo Mundial de Iglesias en Karlsruhe, Alemania, en 2022.

Ejdersten dirigió una sesión especial con el equipo de comunicaciones de la Iglesia de Noruega y la necesidad de apoyo de la comunicación de la asamblea. La Iglesia de Noruega ha aceptado apoyar al equipo de comunicaciones en Karlsruhe.

FUENTE:
https://www.oikoumene.org/


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sábado, 4 de diciembre de 2021

CHIPRE. ECUMENISMO. UNIDAD DE ORTODOXOS Y CATÓLICOS

Francisco hace un nuevo llamamiento a la unidad de católicos y ortodoxos: “Nos une el Evangelio"


Tras el encuentro con Su Beatitud Crisóstomo II, el Papa Francisco se reunió con el Santo Sínodo, la máxima autoridad de la Iglesia Ortodoxa de Chipre, en el que hizo un llamado a seguir trabajando por la unidad de los cristianos, pues "nos une el Evangelio".

El Santo Sínodo está presidido por Crisóstomo II, Arzobispo de Nueva Justiniana y de toda Chipre. Asimismo, está organizado en 12 comisiones para preservar la doctrina, el orden canónico y litúrtigo de la Iglesia Ortodoxa de Chipre y de mantener la comunión con el Patriarcado ecuménico y otras iglesias ortodoxas y de gestionar las relaciones ecuménicas e interreligiosas.

En su discurso, el Papa Francisco recordó el origen común de ortodoxos y católicos está en San Pablo que “atravesó Chipre y posteriormente llegó a Roma. Por tanto, descendemos del mismo ardor apostólico y nos une un único camino: el del Evangelio”.“Me agrada ver que seguimos caminando en la misma dirección, en busca de una fraternidad cada vez mayor y de la unidad plena. En este retazo de la Tierra Santa que difunde la gracia de los Santos Lugares en el Mediterráneo, viene con naturalidad el recuerdo de tantas páginas y figuras bíblicas. Entre todas, quisiera referirme de nuevo a san Bernabé, destacando algunos aspectos que pueden orientarnos en el camino”, afirmó el Papa Francisco.

Primero destacó que Bernabé “significa al mismo tiempo “hijo del consuelo” e “hijo de la exhortación’”, características “indispensables para el anuncio del Evangelio”. En ese sentido, el Papa aseguró que el consuelo verdadero “no puede ser intimista, sino que debe traducirse en exhortación, orientar la libertad hacia el bien. Al mismo tiempo, cada exhortación en la fe no puede más que fundarse en la presencia consoladora de Dios y estar acompañada por la caridad fraterna”.

Y animó a seguir el ejemplo de Berbabé “hijo del consuelo”, para proclamar el Evangelio a los hombres, invitándonos a comprender que el anuncio no puede basarse en exhortaciones generales o la observación de preceptos y normas, sino que debe realizarse a través del encuentro personal “prestar atención a la preguntas de la gente, a sus necesidades existenciales”.

“Para ser hijos del consuelo, antes de decir cualquier cosa, es necesario escuchar, dejarse interrogar, descubrir al otro, compartir: porque el Evangelio se transmite por la comunión”, afirmó y destacó que ésto es lo que desea vivir “redescubriendo la dimensión sinodal, constitutiva del ser de la Iglesia”.

El Papa también aseguró a Su Beatitud Chrysostomos II y con los Obispos ortodoxos que su “experiencia de su sinodalidad pueden sernos verdaderamente de gran ayuda” y agradeció la colaboración que mantienen “en la participación activa en la Comisión mixta internacional para el diálogo teológico entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa”.

Por eso manifestó su deseo de que “aumenten las posibilidades de encontrarnos, de conocernos mejor, de derribar muchos preconceptos y de disponernos para una escucha serena de las respectivas experiencias de fe. Será una exhortación estimulante para que cada uno ofrezca lo mejor y esto dará un fruto espiritual de consolación a todos”.

En ese espíritu de colaboración y unión, el Papa Francisco aseguró a la iglesia ortodoxa de Chipre su oración y cercanía “tanto en los problemas más dolorosos que los angustian como en las esperanzas más hermosas y audaces que los animan”.

Además el Papa animó a “revitalizarnos en la comunión y en la misión” despojándonos de aquello que, “aun siendo valioso, es terreno” con el fin de favorecer “la plenitud de la unidad. No me refiero ciertamente a lo que es sagrado y nos ayuda a encontrar al Señor, sino al riesgo de absolutizar ciertos usos y costumbres que no son esenciales para vivir la fe”.

En ese sentido el Papa Francisco alertó de no dejarse paralizar “por el temor de abrirnos y de realizar gestos audaces, no secundemos el “carácter irreconciliable de las diferencias” que no encuentra correspondencia en el Evangelio”.

“No permitamos que las tradiciones —en plural y con la “t” minúscula— tiendan a prevalecer sobre la Tradición —en singular y con la “t” mayúscula—”, afirmó.

Además animó a “imitar a Bernabé, a dejar cuanto, aun siendo bueno, puede comprometer la plenitud de la comunión, el primado de la caridad y la necesidad de la unidad” y destacó a que “también nosotros estamos invitados por el Señor a redescubrirnos como parte del mismo Cuerpo, a abajarnos hasta los pies de los hermanos”.

Por eso, el Papa Francisco afirmó que a pesar de que históricamente se han abierto “amplios surcos” entre católicos y ortodoxos, “el Espíritu Santo desea que volvamos a acercarnos con humildad y respeto”.

“Él nos invita a no resignarnos frente a las divisiones del pasado y a cultivar juntos el campo del Reino, con paciencia, asiduidad y de modo concreto. Porque si dejamos de lado teorías abstractas y trabajamos juntos codo a codo —por ejemplo, en la caridad, en la educación y en la promoción de la dignidad humana—, redescubriremos al hermano y la comunión madurará por sí misma, para gloria de Dios. Cada uno mantendrá las propias maneras y el propio estilo pero, con el tiempo, el trabajo conjunto acrecentará la concordia y se mostrará fecundo”, aseguró.

Y animó a cultivar “con la ayuda de Dios y con humilde perseverancia, nuestra comunión apostólica”.

En ese sentido destacó el buen ejemplo de la iglesia de Nuestra Señora de la Ciudad de oro, que es un lugar de culto para diversas confesiones cristianas.

“Es por tanto un signo de comunión de fe y de vida, bajo la mirada de la Madre de Dios, que reúne a sus hijos. Además, dentro del complejo se conserva una columna donde, según la tradición, san Pablo sufrió treinta y nueve azotes por haber anunciado la fe en Pafos”, aseguró . “La misión, así como la comunión, pasa siempre a través de sacrificios y pruebas”, aseguró y destacó el tercer aspecto de la figura de Bernabé que pasa “precisamente una prueba, que marcó su historia y los orígenes de la difusión del Evangelio en estas tierras”.

Y recordó que al regresar a Chipre con Pablo y Marcos, Bernabé encontró a Elimas, “mago y falso profeta”, que se les opuso con malicia, tratando de torcer los caminos derechos del Señor.

“Tampoco hoy faltan falsedades y engaños que el pasado nos pone delante y que obstaculizan el camino. Siglos de división y distancias que han llevado a asimilar, aun involuntariamente, no pocos prejuicios hostiles respecto a los demás, preconceptos basados a menudo en informaciones deficientes y distorsionadas, divulgadas por unalectura agresiva y polémica”, afirmó el Papa.

Por eso aseguró que “todo esto tuerce el camino de Dios, que se orienta hacia la concordia y la unidad” y animó a tomar como ejemplo la santidad de Bernabé.

“Cuántas veces en la historia, entre los mismos cristianos nos hemos preocupado por oponernos a los demás, en lugar de acoger dócilmente el camino de Dios, que tiende a recomponer las divisiones en la caridad” y “cuántas veces hemos agrandado y difundido prejuicios sobre los demás, en vez de cumplir la exhortación que el Señor repite especialmente en el Evangelio escrito por Marcos, quien fuera con

Discurso del Papa Francisco en el encuentro de oración ecuménica con migrantes en Chipre

El Papa Francisco tuvo este viernes 3 de diciembre un encuentro de oración con los migrantes en la Iglesia parroquial de la Santa Cruz, en Nicosia (Chipre), en el que llamó a no caer en la "enfermedad" de acostumbrarse a males como la esclavitud y la trata de personas, que tienen como principales víctimas a los migrantes.

A continuación el discurso completo del Papa Francisco:

Queridos hermanos y hermanas: Es una gran alegría estar aquí con ustedes y concluir mi visita a Chipre con este encuentro de oración. Agradezco a los Patriarcas Pizzaballa y Béchara Raï, así como también a la señora Elisabeth de Cáritas. Saludo con afecto y gratitud a los Representantes de las diversas confesiones cristianas presentes en Chipre.

A ustedes, jóvenes migrantes que han dado sus testimonios, deseo decirles un enorme “gracias” de corazón. Había recibido los testimonios con anticipación, hace aproximadamente un mes, y me habían emocionado mucho, y también hoy me han conmovido. Pero no es sólo emoción, es mucho más, es la conmoción que viene de la belleza de la verdad, como la de Jesús cuando exclamó: «Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado todo esto a los pequeños y lo has ocultado a los sabios y a los astutos» (Mt 11,25). También yo alabo al Padre celestial porque esto sucede hoy, aquí —como también en todo el mundo—, Dios revela su Reino a los pequeños: Reino de amor, de justicia y de paz.

Después de escucharlos a ustedes comprendemos mejor toda la fuerza profética de la Palabra de Dios que, por medio del apóstol Pablo, dice: «Ustedes ya no son extraños ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y familia de Dios» (Ef 2,19). Fueron palabras escritas a los cristianos de Éfeso —no lejos de aquí—; muy distantes en el tiempo, pero tan cercanas, que son más actuales que nunca, como si hubieran sido escritas hoy para nosotros: “Ustedes no son forasteros, sino conciudadanos”. Esta es la profecía de la Iglesia, una comunidad que encarna —con todos los límites humanos— el sueño de Dios. Porque también Dios sueña, como tú, Mariamie, que vienes de la República Democrática del Congo y te has definido “llena de sueños”. Como tú, Dios sueña un mundo de paz, en el que sus hijos viven como hermanos y hermanas.

Bernabé a esta isla: hacerse pequeños y servir a los demás”, afirmó el Papa.

Por eso pidió al Señor “sabiduría y valentía para seguir sus caminos y no los nuestros” y también la intercesión de los numerosos beatos y mártires de Chipre.

También pidió a estos santos que Chipre sea un puente entre el cielo y la tierra, porque esta isla ya es un puente entre Oriente y Occidente.

Su presencia, hermanos y hermanas migrantes, es muy significativa en esta celebración. Sus testimonios son como un “espejo” para nosotros, comunidades cristianas. Cuando tú, Thamara, que vienes de Sri Lanka, dices: “A menudo me preguntan quién soy”, nos recuerdas que también a nosotros se nos hace a veces esta pregunta: “¿Quién eres tú?”. Y, lamentablemente, con frecuencia lo que se quiere decir es: “¿De qué parte estás? ¿A qué grupo perteneces?”. Pero como tú nos has dicho, no somos números ni individuos que haya que catalogar: somos “hermanos”, “amigos”, “creyentes” y “prójimos” los unos de los otros.

Pero cuando el interés de grupo, políticos, de las naciones, nos empujan a muchos de nosotros, muchos se quedan de una parte, sin quererlo; esclavos, porque el interés siempre esclaviza, siempre crea esclavos; en cambio el amor, que es grande, es contrario al odio. El amor nos hace libres.

Cuando tú, Maccolins, que vienes de Camerún, dices que a lo largo de tu vida has sido “herido por el odio”, tú estás hablando de esto, de estas heridas, de los intereses; y nos recuerdas que el odio también ha contaminado nuestras relaciones entre cristianos. Y esto, como tú has dicho, deja una marca, una marca profunda que dura mucho tiempo: es un veneno; nos lo has hecho sentir tú con tu pasión, con esta pasión, que el odio es un veneno del que resulta difícil desintoxicarse, es una mentalidad distorsionada que, en vez de hacer que nos reconozcamos hermanos, lleva a que nos veamos como adversarios, como rivales, como objetos que se pueden vender, o como objetos que se pueden explotar.

Cuando tú, Rozh, que vienes de Irak, dices que eres “una persona en camino”, nos recuerdas que también nosotros somos una comunidad en camino, que estamos en marcha del conflicto a la comunión.

En este camino, que es largo y está formado por subidas y bajadas, no nos deben asustar las diferencias entre nosotros, sino más bien, nuestras cerrazones y nuestros prejuicios, que impiden que nos encontremos realmente y que caminemos juntos. Las cerrazones y los prejuicios vuelven a construir entre nosotros ese muro de separación que Cristo ha derribado, es decir, la enemistad (cf. Ef 2,14). Y entonces nuestro viaje hacia la unidad plena podrá avanzar en la medida en que tengamos todos juntos la mirada fija en Él, en Jesús, que es «nuestra paz» (ibíd.), que es la «piedra principal» (v. 20). Y Él, el Señor Jesús, viene a nuestro encuentro en el rostro del hermano marginado y descartado, en el rostro del migrante despreciado, rechazado y oprimido. Pero también —como has dicho tú—, en el rostro del migrante que está en camino hacia algo, hacia una esperanza, hacia una convivencia más humana.

Y así Dios nos habla a través de sus sueños. El peligro es que a veces, muchas veces, no dejamos entrar los sueños en nosotros, preferimos dormir y no soñar. Es tan fácil mirar hacia otro lado. En este mundo nos hemos acostumbrado a la cultura de la indiferencia, a esa cultura de ver hacia otro lugar y a quedarnos dormidos. Por este camino jamás se puede soñar. Es duro. Dios no habla a través de las personas que no pueden soñar nada porque tienen todo, o porque sus corazones se han endurecido. Dios nos llama también a nosotros a no resignarnos a vivir en un mundo dividido, en comunidades cristianas divididas, sino a caminar en la historia atraídos por el sueño de Dios, que es una humanidad sin muros de separación, liberada de la enemistad, sin más forasteros sino sólo conciudadanos. Como nos decía Pablo, que hemos citado en el texto. Diferentes, es verdad, y orgullosos de nuestras peculiaridades, que son un don de Dios, pero conciudadanos reconciliados.

Que esta isla, marcada por una dolorosa división, pueda convertirse con la gracia de Dios en taller de fraternidad. Y agradezco a todos los que trabajan aquí por esto, pensar que esta isla es generosa, pero no puede hacer todo, porque el número de gente que llega es superior a sus posibilidades de integrar, promover. Su cercanía geográfica facilita esto, pero no es fácil; tenemos que entender los límites a los cuales los gobernantes de esta isla tienen que tener en cuenta; pero siempre hay en esta isla, lo he visto, en los diferentes lugares que he visitado, convertir con la gracia de Dios en trabajadores de fraternidad. Y podrán serlo con dos condiciones: la primera es el reconocimiento efectivo de la dignidad de cada persona humana (cf. Carta enc. Fratelli tutti, 8). La dignidad no se vende, no se alquila, no se pierde. Con la frente en alto: yo soy digno hijo de Dios. Este es el fundamento ético, un fundamento universal que está también en el centro de la doctrina social cristiana. La segunda condición es la apertura confiada a Dios, Padre de todos, y este es el “fermento” que estamos llamados a ser como creyentes (cf. ibíd., 272).

Con estas condiciones es posible que el sueño se traduzca en un viaje cotidiano, hecho de pasos concretos que van del conflicto a la comunión, del odio al amor, de la fuga al encuentro. Un camino paciente que, día tras día, nos hace entrar en la tierra que Dios ha preparado para nosotros, la tierra donde, si te preguntan: “¿Quién eres?”, puedes responder a cara descubierta: “Soy tu hermano, ¿no me reconoces?”; y así caminar lentamente.

Escuchándolos a ustedes y mirándolos, mi memoria va más allá, va a los sufrimientos. Ustedes han llegado aquí, pero cuántos de sus hermanos y hermanas se han quedado en el camino. Cuántos desesperados han iniciado el camino en condiciones muy difíciles y precarias, y no han podido llegar. Podemos hablar de este mar que se ha convertido en un gran cementerio. Mirándolos a ustedes veo los sufrimientos del camino, muchos que han sido secuestrados, vendidos, explotados, y que todavía están en el camino y no sabemos dónde están. Es la historia de una esclavitud universal, lo vemos y no sabemos qué pasa, y lo peor es que nos estamos acostumbrando: y vemos “así, oye, se hundió un barco con tantas personas desaparecidas”. Este acostumbrarse es una enfermedad grave que no tiene un antibiótico para curarla. Tenemos que ir contra este vicio del acostumbrarse a las tragedias de cada día.

Mirándolos a ustedes pienso en muchas personas que han tenido que regresar porque fueron rechazadas y que lamentablemente han terminado en los lager, o que las mujeres fueron vendidas, torturadas, esclavizadas.

Nosotros nos quejamos cuando leemos las historias de los lager, de los campos de concentración, de los fascistas, de Stalin, y nos quejamos de estas historias y decimos “¿cómo ha sucedido?”. Hermanos y hermanos, los estamos viendo en las costas cercanas, muchos campos de esclavitud. He visto algunos testimonios grabados de esto, lugares de tortura, de comercio de personas. Esto lo digo porque es responsabilidad mía ayudarlos a abrir los ojos. La migración forzada no es una costumbre turística. El pecado que tenemos dentro nos lleva a pensarlo así, “pobre gente”, y con esto cancelamos todo. Esta es la guerra de este momento, es el sufrimiento de tantos hermanos y hermanas que nosotros no podemos callar. Todos los que han dado todo lo que tenían para ir en esos barcos, y que luego no sabemos si podrán llegar o no; y luego tantas personas que han sido rechazadas para terminar en estos campos, en estos lager, en estos lugares de confinamiento, de tortura, de comercio de personas. Esta es la historia de esta civilización desarrollada, que nosotros llamamos occidental; pero ustedes discúlpenme, porque quisiera decirles lo que tengo en el corazón para poder rezar y hacer algo los unos por los otros. Los alambres de púas, los veo desde aquí. Esta es la guerra del odio que divide un país. Pero esos alambres de púas en otros lugares se hacen para no dejar entrar a los refugiados, aquellos que vienen a buscar libertad, pero también ayuda, fraternidad. Aquel que está escapando del odio y se encuentra delante de sí otro odio que se llama “alambre de púas”.

Que el Señor despierte la conciencia de todas estas personas ante todas estas cosas. Discúlpenme que haya dicho estas cosas, no podemos callar estas cosas por esta cultura de la indiferencia. Que el Señor los bendiga a todos ustedes. Gracias.

FUENTE:
https://www.aciprensa.com/


AGENDA – PRÓXIMOS ACTOS

4 diciembre 2021 – 18’00 horas

La noche de los templos
BUENOS AIRES (Argentina)

6 diciembre 2021 – 19’30 horas

Lecturas compartidas
ON LINE
BUENOS AIRES (Argentina)

11 diciembre 2021 – 17’50 horas

Celebración Ecuménica de Navidad
TORRE DEL MAR (Málaga)

13 diciembre 2021 – 18’00 horas

Conversatorio grupo Gimpel
ON LINE
BUENOS AIRES (Argentina)

14 diciembre 2021 – 18’00 horas

Curso de Formación Bíblico Ecuménico.
ON LINE
MADRID






viernes, 3 de diciembre de 2021

NOVEDADES Y NOTICIAS ECUMÉNICAS EN ARGENTINA

Actos y eventos ecuménicos en Argentina durante Diciembre


La noche de los templos


Desde la plaza Manuel Belgrano de Buenos Aires y a partir de las 18'30 horas del día 4 de diciembre 2021, sábado.


Lecturas compartidas

Nuevamente el estudio de los textos sagrados, por sexto año consecitivo, musulmanes, judíos y cristianos juntos


El lunes 6 de diciembre 2021 a partir de las 19'30 horas ON LINE vía Zoom

Conversatorio grupo Gimpel

Vuelve, de nuevo en diciembre el ciclo virtual 2021 del conversatorio del grupo Gimpel, será en la modalidad ON LINE, a través de la plataforma Zoom, el lunes día 13 de diciembre a partir de las 18'00 horas



DESDE CÓRDOBA (ARGENTINA)
¡¡FELIZ JANUCÁ - FELIZ NAVIDAD!!



AGENDA – PRÓXIMOS ACTOS

4 diciembre 2021 – 18’00 horas

La noche de los templos
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TORRE DEL MAR (Málaga)

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Conversatorio grupo Gimpel
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jueves, 2 de diciembre de 2021

LA SITUACIÓN ECUMÉNICA UN CUARTO DE SIGLO DESPUÉS DE "UT UNUM SINT"

"¿CUÁNTO EST NOBIS ESTÁ DE DISTANCIA?" SOBRE LA SITUACIÓN ECUMÉNICA UN CUARTO DE SIGLO DESPUÉS DE "UT UNUM SINT"


por Cardenal Kurt Koch

Valencia (España), 24 de noviembre de 2021


1. Comprometidos apasionadamente con la unidad de la Iglesia

¿Hasta qué punto "nos separa todavía de ese día bendito en el que se logrará la unidad plena en la fe y seremos capaces de concelebrar en armonía la Sagrada Eucaristía del Señor"? [1] Aquí está la pregunta con la que abre el Papa Juan Pablo II su encíclica sobre el compromiso ecuménico "Ut unum sint", que publicó hace un cuarto de siglo. La conmemoración de este documento merece una atención especial no solo porque por primera vez en la historia un Papa escribió una extensa encíclica sobre el ecumenismo, sino también porque, para Juan Pablo II, para fortalecer la atención prestada al movimiento ecuménico desde el Concilio Vaticano II, Treinta años después de su conclusión, y la actualización de su crucial texto magisterial sobre el ecumenismo "Unitatis redintegratio" fue un objetivo importante, en la convicción expresada al comienzo de "Ut unum sint"[2]:

Esta convicción muestra cómo el Papa Juan Pablo II fue fuertemente influenciado, en su compromiso ecuménico, por el Concilio Vaticano II, en el que él mismo participó como cardenal [3]; vio el Concilio como un hito en el camino de la renovación de la Iglesia, viendo en él "algo de Pentecostés" [4] y considerándolo "un gran don para la Iglesia", "una brújula segura para guiarnos por el camino del siglo que se abre "[5]. La influencia ejercida por el Concilio sobre el cardenal Karol Wojtyla también es evidente por el hecho de que se esforzó por implementarlo en la diócesis de Cracovia en Polonia que le fue encomendada en ese momento, y que con este fin redactó el "Estudio sobre la implementación de el Concilio Vaticano II "con el significativo título de" En las fuentes de la renovación ", texto en el que observó, en referencia al ecumenismo:

Una razón aún más profunda del compromiso ecuménico del Papa Juan Pablo II se encuentra en la convicción de que, después del primer milenio del cristianismo, que fue el tiempo de la Iglesia indivisa, y después del segundo milenio, que condujo a ambos en Oriente. y en Occidente ante profundas divisiones en la Iglesia, la gran tarea de restaurar la unidad perdida recayó en el tercer milenio. El Papa Juan Pablo II ya había expresado esta esperanza en 1994, en vista de la conmemoración de los dos mil años del nacimiento de Jesucristo, en su libro "Cruzando el Umbral de la Esperanza" con las conmovedoras palabras: "Debemos afrontar el año 2000 en menos con más unidad y más disponibilidad; debemos estar más dispuestos a seguir el camino de esa unidad por la que Cristo oró la noche anterior a su pasión. El valor de esta unidad es enorme.

En esta convicción, el Papa Juan Pablo II también vivió su ministerio como obispo de Roma. Desde el primer día de su pontificado se expresó a favor del acercamiento ecuménico entre los cristianos, desde el principio entendió su ministerio de unidad como un servicio prestado incluso más allá de las fronteras de la Iglesia católica en favor de la unidad ecuménica más amplia de todos los cristianos. y declaró la tarea ecuménica como una de sus prioridades pastorales. De hecho, estaba convencido de que la tarea encomendada al sucesor de Pedro era el ministerio de la unidad y que este ministerio se realizaba "en particular en el campo ecuménico" [8]. Teniendo esto presente, el Papa Juan Pablo II, en su encíclica "Ut unum sint", dedicó reflexiones clarividentes al ministerio de la unidad, confiado de manera especial al Obispo de Roma,

De acuerdo con el espíritu del Concilio Vaticano II, el Papa Juan Pablo consideró importante consolidar la eclesiología del Concilio y, por lo tanto, también la obligación jurídica que sanciona con respecto a la participación de toda la Iglesia en el movimiento ecuménico. Por eso quiso fortalecer el vínculo entre la eclesiología conciliar y la codificación del derecho eclesial universal también y sobre todo en referencia al compromiso ecuménico. El objetivo de restaurar la unidad cristiana fue para él una de las razones decisivas de la promulgación del nuevo Codex Iuris Canonici de 1983 y del Codex Canonum Ecclesiarum Orientalium de 1990. [10] Estos códigos contemplan una obligación legal explícita de la Iglesia Católica de participar en el movimiento ecuménico.

La encíclica "Ut unum sint" también se une a los diversos esfuerzos realizados por el Papa Juan Pablo II en favor del ecumenismo. Al respecto, el cardenal Joseph Ratzinger, como su estrecho colaborador, afirmó que el Papa Juan Pablo II había devuelto a la conciencia de la Iglesia "la búsqueda de la unidad de los bautizados según el mandato del Señor, según la lógica intrínseca de fe, que fue enviada al mundo por Dios como fuerza de unidad", con" toda la fuerza de su pasión ecuménica"[11]. Sobre el fundamento de este compromiso, Ratzinger observó: "El Papa sintió desde el principio y sigue sintiendo la división del cristianismo como una herida que le concierne muy personalmente, hasta el punto del dolor físico"; por ello, consideró su deber “hacer todo lo posible para llegar a un punto de inflexión hacia la unidad.

2. Perspectivas ecuménicas de "Ut unum sint" en la situación actual

Sin esta profunda sensibilidad personal por la causa ecuménica, no se pueden comprender realmente los grandes esfuerzos ecuménicos del Papa Juan Pablo II en general, y su encíclica “Ut unum sint” en particular. Esta dolorosa implicación es lo que hace que el texto sea siempre relevante y estimulante. De hecho, así como no puede haber verdadero amor entre nosotros los seres humanos sin sufrimiento y dolor, tampoco podemos encontrar la unidad entre nosotros los cristianos sin la dolorosa percepción de la tragedia de las divisiones en la Iglesia. Sin el dolor causado por la desunión, el ecumenismo no es un camino irreversible, como lo definió y quiso el Papa Juan Pablo II. Con esta misma sensibilidad, hoy también se nos plantea la cuestión de la quanta est nobis via.

a) La fraternidad redescubierta y la búsqueda de la unidad

Entre los frutos de los esfuerzos ecuménicos, el Papa Juan Pablo II cuenta en primer lugar la "fraternidad redescubierta". Se manifiesta sobre todo en el hecho de que los cristianos pertenecientes a diferentes comunidades eclesiales ya no se consideran extraños o enemigos, sino que se ven a sí mismos como hermanos y hermanas, y que se han "convertido a una caridad fraterna que abraza a todos los discípulos de Cristo". ", hasta el punto de que" la hermandad universal de los cristianos se ha convertido en una firme convicción ecuménica "[13].

En la fraternidad redescubierta, el Papa Juan Pablo II reconoce de manera especial los frutos de los diálogos ecuménicos, de los que habla en profundidad y elogia en la segunda parte de su encíclica. De hecho, los importantes encuentros, el intercambio de visitas y las numerosas conversaciones que han tenido lugar entre las distintas Iglesias han creado una red de relaciones amistosas que forman la base sólida de los diálogos ecuménicos. Mientras tanto, la Iglesia católica ha entablado diálogos con casi todas las Iglesias cristianas y comunidades eclesiales, diálogos que aún continúa hoy: con la Iglesia asiria de Oriente, con las Iglesias ortodoxas orientales, como los coptos, armenios y Sirios, con las Iglesias ortodoxas de tradición bizantina y eslava, con las Iglesias y comunidades eclesiales nacidas de la Reforma, como las luteranas y las reformadas, con la Comunidad Anglicana mundial, con los católicos veteranos y las diversas Iglesias libres, con las comunidades evangélicas y pentecostales, que crecieron exponencialmente especialmente en el siglo XX y principios del XXI. De estos diálogos ha sido posible extraer muchos frutos positivos, como lo ilustró el cardenal Walter Kasper en su libro “Cosechando los frutos” [14] (“Recoge los frutos”).

Todos estos resultados positivos, sin embargo, no deben hacernos olvidar que el verdadero objetivo del ecumenismo, definido por el Papa Juan Pablo II en estos términos, aún no se ha alcanzado: "El objetivo último del movimiento ecuménico es el restablecimiento de la plena unidad visible de todos los bautizados”.[15] Con esto llegamos al punto aún más difícil y espinoso de la situación ecuménica, que consiste más precisamente en la falta, dentro del movimiento ecuménico, de un consenso verdaderamente sólido sobre el objetivo ecuménico. [16] El desafío fundamental debe reconocerse en esta doble realidad: por un lado, en las fases del movimiento ecuménico que se han dado hasta ahora, se ha podido alcanzar un consenso amplio y alentador sobre muchos de los temas controvertidos relacionados con el entendimiento. de la fe y la estructura teológica de la Iglesia. Por otro lado, sin embargo, la mayoría de las diferencias que aún existen continúan dependiendo, como en el pasado, de diferentes concepciones de la unidad misma de la Iglesia. En esta doble realidad hay que identificar hoy la verdadera paradoja del movimiento ecuménico, de la que Mons. Paul-Werner Scheele ofrece un diagnóstico preciso: "Estamos de acuerdo en la necesidad de la unidad, pero no en lo que es" [17].

Una de las principales razones de esta situación paradójica consiste en el hecho de que conceptos confesionales de Iglesia y de unidad de la Iglesia, muy diferentes entre sí, coexisten todavía, no reconciliados. Dado que cada Iglesia y cada comunidad eclesial tiene un concepto específico de su ser Iglesia y de su unidad, y lo lleva a cabo, se esfuerza por trasladar este concepto confesional también al nivel del objetivo del movimiento ecuménico; de ello se desprende que existen fundamentalmente tantos objetivos ecuménicos como eclesiologías de las distintas confesiones [18]. Esto significa que la falta de acuerdo sobre el objetivo del movimiento ecuménico se debe en gran parte a la falta de un acuerdo ecuménico sobre la naturaleza de la Iglesia y su unidad.

Para aclarar el problema, tendré que limitarme aquí a algunas observaciones: la Iglesia católica y las iglesias ortodoxas se han mantenido fieles al objetivo originalmente común de unidad visible en la fe, los sacramentos y los ministerios ordenados. Por otro lado, varias Iglesias y Comunidades eclesiales nacidas de la Reforma han renunciado en gran medida a este concepto de unidad y lo han sustituido por el postulado del reconocimiento mutuo de las diferentes realidades eclesiales como Iglesias y, por tanto, como parte de la única Iglesia de Jesucristo.

Esta redefinición del objetivo ecuménico desde el punto de vista protestante encontró sin duda su expresión más clara en la Concordia de Leuenberg de 1973, con la que se concretó el modelo protestante de comunión de Iglesias, que se concibe expresamente como una comunidad de Iglesias de diferentes confesiones [19]. Dado que las Iglesias nacidas de la Reforma ven en la Concordia de Leuenberg no solo el modelo de unidad de los protestantes, sino también el modelo de relaciones ecuménicas con otras Iglesias cristianas, y en particular con la Iglesia católica [20], La tarea del nuevo diálogo ecuménico entre el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y la Comunidad de Iglesias Evangélicas en Europa (CCEE) será examinar si la Concordia de Leuenberg puede servir como modelo de unidad ecuménica y en qué medida discusiones con la Iglesia Católica. En cualquier caso, todavía no está claro cómo el pluralismo eclesiológico que hoy sustenta el protestantismo puede conciliarse con los principios católicos del ecumenismo [21].

Para que este diálogo tenga éxito, debe implicar una clarificación ecuménica del concepto de Iglesia y unidad. A este respecto, ofrece ayuda el estudio teológico de la Comisión de Fe y Constitución del Consejo Ecuménico de Iglesias, titulado “La Iglesia. En camino hacia una visión común ". Se esfuerza por llegar a una "visión global, multilateral y ecuménica de la naturaleza, finalidad y misión de la Iglesia" y puede ser considerada como una preciosa declaración eclesiológica en curso desde un punto de vista ecuménico [22]. Sin embargo, incluso este estudio ciertamente loable no logra impulsar el acuerdo teológico sobre la mayoría de los temas eclesiológicos previamente controvertidos más allá de la formulación de preguntas aún abiertas. Desiderátum de gran peso, que debe ser abordado con urgencia para llegar a un nuevo consenso sobre el objetivo del movimiento ecuménico. De lo contrario, existe el riesgo de que las distintas Iglesias se muevan en diferentes direcciones y luego descubran que están aún más distantes entre sí que antes.

Para evitar este peligro, conviene retomar y profundizar las convicciones básicas expresadas por el decreto conciliar sobre ecumenismo "Unitatis redintegratio" y la encíclica de Juan Pablo II que las actualiza, documentos que nos animan a mantenernos despiertos, con amorosa insistencia, la cuestión de la unidad. Sin la búsqueda de la unidad, de hecho, la fe cristiana renunciaría a sí misma, como dice con significativa claridad la carta a los Efesios: "Un solo cuerpo y un solo espíritu, como una es la esperanza a la que has sido llamado, la de tu vocación"; un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, obra en todos y está presente en todos "(Efesios 4: 4-6). Dado que la unidad es y seguirá siendo una categoría fundamental de la fe cristiana,

b) El bautismo como fundamento del ecumenismo cristiano

Volvamos, pues, al redescubrimiento de la fraternidad en el ecumenismo. Para el Papa Juan Pablo II, también es importante porque no es simplemente "la consecuencia de un filantropismo liberal o un vago espíritu de familia", sino que está enraizado "en el reconocimiento del único Bautismo y en la consecuente exigencia de que Dios sea glorificado. en el su trabajo ". El reconocimiento mutuo del bautismo va mucho más allá de "un acto de cortesía ecuménica y constituye una afirmación eclesiológica básica" [23].

Por tanto, el esfuerzo del movimiento ecuménico fue, desde el principio, colocar el bautismo común como punto de partida y base de todos los esfuerzos ecuménicos. Por tanto, el bautismo común constituye la puerta de entrada al movimiento ecuménico, que tiene como objetivo la recomposición de la comunión eclesial vinculante en el sentido de la unidad visible de la Iglesia y la restauración de la comunión eucarística. El bautismo y su reconocimiento mutuo son el dato fundamental de todo compromiso ecuménico, hasta el punto de que el ecumenismo cristiano en su esencia más íntima es y debe ser "ecumenismo bautismal" [24].

El reconocimiento mutuo del bautismo, sancionado entre tanto por numerosos acuerdos entre socios ecuménicos, ha favorecido mucho el desarrollo y la profundización de una espiritualidad bautismal común. No se puede decir todavía lo mismo de la piedad eucarística, aunque se han logrado importantes convergencias en la comprensión de la Eucaristía. Una razón sustancial detrás de esta diferencia radica en la diferente comprensión de la relación entre el bautismo y la Eucaristía: para las Iglesias de la Reforma, el bautismo, junto con su reconocimiento mutuo, constituye el requisito previo decisivo para la invitación a participar en la Cena del Señor y es el fundamento de su concepto de comunión en la Cena del Señor. Por el contrario, la Iglesia Católica ve una diferencia nada despreciable entre el bautismo y la Eucaristía. En un lado, el decreto sobre el ecumenismo "Unitatis redintegratio" reconoce en el bautismo la razón por la que todos los cristianos pertenecen a la Iglesia, subrayando: "Los que creen en Cristo y han recibido válidamente el bautismo, están constituidos en cierta comunión, aunque imperfecta, con la Iglesia católica". [25] Entre todos los que son regenerados por el bautismo, el bautismo crea, por tanto, "el vínculo sacramental de la unidad" [26] En este sentido, el reconocimiento mutuo del bautismo muestra que, a pesar de todas las divisiones que aún subsisten, ya existe una comunión fundamental, lo que a su vez sugiere que las divisiones no han afectado de raíz. Por otro lado, el decreto sobre el ecumenismo también señala que el bautismo "es solo el principio y el principio".

El vínculo bautismal común garantiza, por tanto, una comunión fundamental pero imperfecta. El bautismo es vínculo de unidad y fundamento de comunión. Pero está ordenado a la profesión común de la fe apostólica ya la celebración de la Eucaristía. Por eso, sólo la comunión eucarística es expresión auténtica de la comunión eclesial, que incluye también el ministerio y, en concreto, la comunión de los obispos. De esto entendemos por qué, desde el punto de vista de la Iglesia católica, el bautismo y su reconocimiento mutuo no pueden constituir todavía una base suficiente para la comunión eucarística, como dice claramente el teólogo católico Gisbert Greshake: "Por eso, en el sentido de Católico,personalmente como participación del creyente individual en Cristo que murió y resucitó, pero también eclesialmente como comunión de creyentes en Cristo, no puede haber comunión eucarística sin comunión eclesial. El cardenal Karl Lehmann advirtió acertadamente sobre el riesgo de "disolver y, en cierto sentido, fragmentar una cierta armonía y convivencia entre la unidad eclesial y la comunión eucarística", extrayendo la siguiente conclusión: "La Cena común tiene lugar al final y no al final. comienzo de los esfuerzos ecuménicos ". [29]

Desde el punto de vista católico, esta eclesiología eucarística está en la base del vínculo inseparable entre la comunión eucarística y la unidad de la confesión eclesial [30]. Su definición del vínculo entre el bautismo y la Eucaristía nos permite determinar con precisión dónde se encuentra el ecumenismo hoy. El ecumenismo se sitúa hoy entre la comunión fundamental en el vínculo sacramental del bautismo, por un lado, y la comunión todavía no posible en la Eucaristía, por el otro. A la luz de esto, todos los cristianos y todas las Iglesias deben madurar en el acercamiento ecuménico sobre la base del fundamento común del bautismo y considerar sus implicaciones y consecuencias eclesiológicas [31], para que llegue ese "día bendito", que es también anhelado por el Papa Juan Pablo II, "En la que se conseguirá la unidad plena en la fe y podremos concelebrar en armonía la Sagrada Eucaristía del Señor" [32]. El hecho de que esto todavía no sea posible hoy representa una herida profunda en el Cuerpo de Cristo, a la que no debemos acostumbrarnos, pero ante la cual no debemos ni cerrar los ojos pretendiendo que no existe. Esta herida sangra por amor a la verdad de la fe y nos urge a seguir con firmeza el camino que conduce a la recomposición de la única Iglesia de Jesucristo.

c) La profundización del ecumenismo espiritual y la comunión de los mártires

Entre los factores que determinan el estado actual del ecumenismo se encuentra también la experiencia de aquellos cristianos que, en diversas Iglesias, sufren hoy el bautismo de sangre o martirio. Con el paso del segundo y tercer milenio, el cristianismo se ha convertido una vez más en una iglesia de mártires, a niveles sin precedentes. De hecho, el número de mártires cristianos hoy es mayor que el de los primeros siglos. El ochenta por ciento de los creyentes perseguidos por su fe son cristianos. [33] Todas las Iglesias cristianas y comunidades eclesiales tienen sus mártires. Los cristianos de hoy son perseguidos no porque pertenezcan a una denominación cristiana específica, no porque sean ortodoxos o católicos, luteranos o anglicanos, sino porque son cristianos. El martirio hoy es ecuménico, tanto que debemos hablar de un verdadero y propio ecumenismo de mártires [34].

El ecumenismo de los mártires fue muy querido por el Papa Juan Pablo II, que le prestó especial atención en su encíclica ecuménica "Ut unum sint". De hecho, en el ecumenismo de los mártires, a pesar de la gran tragedia de las persecuciones de los cristianos, también vio un mensaje positivo, reconociendo ya en él una unidad fundamental entre los cristianos: mientras nosotros los cristianos y las Iglesias de esta tierra vivimos todavía en una comunión imperfecta, mártires en la gloria celestial ya viven en plena y perfecta comunión. La sangre que los mártires derraman hoy por Cristo no nos separa, sino que nos une. Como la Iglesia primitiva estaba convencida de que la sangre de los mártires era semilla de nuevos cristianos ("Sanguis martyrum semen christianorum"), así también nosotros hoy podemos alimentar la esperanza de que la sangre de tantos mártires de nuestro tiempo sea la semilla de la plena unidad ecuménica del Cuerpo de Cristo herido por tantas divisiones. Y debemos estar seguros de que los cristianos ya nos hemos convertido en uno en la sangre de los mártires. El ecumenismo de los mártires, que con el Papa Francisco sigue asumiendo la definición de "ecumenismo de sangre", es sin duda el aspecto más creíble del ecumenismo actual.

En la encíclica de Juan Pablo II, el ecumenismo de los mártires también está vinculado a la exhortación a continuar y profundizar el ecumenismo espiritual, definido por el Concilio Vaticano II como "el alma de todo el movimiento ecuménico" [36], en la clara conciencia de que en el centro de todos los esfuerzos ecuménicos debe haber la oración por la unidad. De hecho, con la oración expresamos nuestra convicción de fe, según la cual la unidad de la Iglesia no puede realizarse principalmente, y menos exclusivamente, con nuestros esfuerzos: no podemos crear la unidad solos, ni decidir la forma y el momento en que se realizará. Solo podemos recibirlo como un regalo del Espíritu Santo; y la mejor preparación para este don es la oración por la unidad. Según el Papa Juan Pablo II.

Es evidente que, para el Papa Juan Pablo II, la búsqueda ecuménica de la unidad de la Iglesia se basa en profundos fundamentos cristológicos. En efecto, en la vida de Jesús, la unidad está "en el centro mismo de su obra" y, por tanto, debe estar también en el centro de la comunidad de la Iglesia fundada por Jesús, como subraya de manera incisiva el Papa: "Creer en Cristo significa querer 'unidad; querer la unidad es querer la Iglesia; querer la Iglesia significa querer la comunión de gracia que corresponde al designio del Padre desde toda la eternidad. Aquí está el significado de la oración de Cristo: 'Ut unum sint' ".[37]

Profundizar y renovar la fe cristológica es un desafío ecuménico particular de cara al 2025, año en el que recordaremos el 1700 aniversario del Concilio de Nicea, primer concilio ecuménico en la historia de la Iglesia, y su confesión de Jesucristo como el Hijo de Dios "de la misma sustancia que el Padre". La importancia ecuménica de este credo es indudable. Para restaurar la unidad de la Iglesia es necesario estar de acuerdo sobre los contenidos esenciales de la fe, no solo con las demás Iglesias y Comunidades eclesiales de hoy, sino también con la Iglesia del pasado y, sobre todo, con su orígenes apostólicos. El credo cristológico de Nicea, por tanto, tiene que ver, de manera particular, con la pretensión de validez universal en la Iglesia. Ya fue aceptado de manera vinculante por la Iglesia primitiva como válido para todos los cristianos, y por lo tanto representa el vínculo ecuménico más fuerte de la fe cristiana. Por ello, es deseable que todas las Iglesias cristianas y comunidades eclesiales celebren el 1700 aniversario del Concilio de Nicea, haciéndolo suyo, con espíritu ecuménico.

3. Nuevos desafíos en la situación ecuménica actual

En este sentido, conviene señalar dos desarrollos de la situación ecuménica actual, que no se han citado o se han mencionado sólo de pasada en la encíclica de Juan Pablo II, pero que han adquirido una relevancia creciente en las últimas décadas.

a) Una geografía cambiada del cristianismo y nuevos socios ecuménicos

Después de la publicación de la encíclica del Papa Juan Pablo II sobre el ecumenismo, la geografía mundial del cristianismo se ha transformado enorme y profundamente, especialmente debido a la aparición de nuevos socios ecuménicos. Este fenómeno encuentra una confirmación significativa en el rápido y fuerte crecimiento de los movimientos evangélicos y pentecostales. En términos numéricos, el pentecostalismo hoy es la segunda comunidad cristiana más grande después de la Iglesia Católica. [38] Este es un fenómeno en tan rápida expansión que debemos hablar de una "pentecostalización" del cristianismo hoy, reconociendo en él una nueva cuarta forma de ser cristiano y ser Iglesia, junto a las Iglesias ortodoxa y ortodoxa oriental, la Iglesia católica y las Iglesias. y Comunidades eclesiales nacidas de la Reforma. [39]

Por tanto, es evidente que el diálogo teológico con estos nuevos movimientos se desarrollará de forma diferente y con diferentes acentos temáticos en comparación con el diálogo realizado con las Iglesias históricas de la Reforma. Basta señalar un aspecto esencial: la fuerza de las comunidades pentecostales debe sin duda atribuirse a su marcada conciencia evangelizadora, de la que las grandes Iglesias históricas podrían extraer lecciones. Por un lado, estos últimos harían bien en cuestionarse de manera autocrítica sobre por qué tantos creyentes abandonan sus comunidades para trasladarse a estos nuevos movimientos. Por otro lado, deben evitar la tentación de adoptar los mismos métodos de evangelización, a veces cuestionables, como estos movimientos. la tentación más elemental es la de reducir el evangelio cristiano a una "teología de la prosperidade" un tanto problemática, una promesa económica de felicidad que vuelca la opción cristiana a favor de los pobres en su contraria. El desafío que plantea el encuentro ecuménico con los movimientos pentecostales debe, por tanto, implicar la capacidad de realizar la atractiva actividad evangelizadora con espíritu de comunión ecuménica y sin proselitismo [40]. De hecho, el ecumenismo y la misión están inseparablemente vinculados sólo si una Iglesia misionera es también una Iglesia ecuménicamente comprometida, y si una Iglesia ecuménicamente comprometida es el presupuesto de una Iglesia misionera. El desafío que plantea el encuentro ecuménico con los movimientos pentecostales debe, por tanto, implicar la capacidad de realizar la atractiva actividad evangelizadora con espíritu de comunión ecuménica y sin proselitismo [40]. De hecho, el ecumenismo y la misión están inseparablemente vinculados sólo si una Iglesia misionera es también una Iglesia ecuménicamente comprometida, y si una Iglesia ecuménicamente comprometida es el presupuesto de una Iglesia misionera. El desafío que plantea el encuentro ecuménico con los movimientos pentecostales debe, por tanto, implicar la capacidad de realizar la atractiva actividad evangelizadora con espíritu de comunión ecuménica y sin proselitismo [40]. De hecho, el ecumenismo y la misión están inseparablemente vinculados sólo si una Iglesia misionera es también una Iglesia ecuménicamente comprometida, y si una Iglesia ecuménicamente comprometida es el presupuesto de una Iglesia misionera.

La aparición de nuevos socios ecuménicos implica un desafío adicional al que llama la atención el historiador de la Iglesia protestante Christoph Markschies: "Ahora hay tanta gente comprometida en el movimiento ecuménico que los objetivos, ya diferentes al principio, simplemente se han pluralizado aún más. debido a la gran cantidad de cristianos interesados ​​en el ecumenismo ”. [41] Este fuerte aumento de interlocutores ecuménicos, un aumento que, en sí mismo, es un hecho positivo, ha favorecido la pluralización antes mencionada. A la luz de esto, la búsqueda de un consenso sólido sobre el objetivo del movimiento ecuménico es necesaria y particularmente urgente.

b) Controversias ecuménicas sobre ética y antropología

Los diálogos ecuménicos actuales deben afrontar otro gran desafío, que consiste fundamentalmente en la aparición de importantes divergencias y tensiones en el campo de la ética, que se han agudizado en los últimos años y décadas. Esto ha provocado un cambio importante en la situación ecuménica. En las primeras etapas del movimiento ecuménico, el lema estaba vigente: la fe divide a los cristianos, la acción y la ética los unen. Mientras tanto, este lema se ha invertido, y de una manera bastante paradójica. Si bien los diálogos ecuménicos del pasado han logrado en gran medida superar las antiguas diferencias confesionales de fe o al menos provocar un acercamiento, hoy en día no existen divergencias insignificantes en el campo de la ética, especialmente en lo que respecta a las cuestiones bioéticas relativas al comienzo y el fin de la vida humana por un lado,

Sin duda, estos acontecimientos plantean un desafío particular al ecumenismo cristiano de hoy. Cabe señalar con gratitud que este desafío está comenzando a ser reconocido y abordado en discusiones ecuménicas. Esto se refleja, por ejemplo, en varios documentos, entre ellos: “Perspectivas de la ética social ecuménica” escrito por teólogos vieneses [42]; el diccionario "Antropología teológica" [43], publicado conjuntamente por expertos católicos romanos y ortodoxos rusos; el estudio "Dios y la dignidad del ser humano", elaborado por un grupo de trabajo bilateral de la Conferencia Episcopal Alemana y la Iglesia Evangélica Luterana Unida, con el objetivo de mostrar cómo se pueden abordar las diferencias éticas en los diálogos ecuménicos [44].

Necesitamos con urgencia seguir trabajando en esta dirección. De hecho, si las Iglesias cristianas y las comunidades eclesiales son incapaces de hablar con una sola voz sobre las grandes cuestiones éticas relacionadas con la vida humana y la convivencia social, la voz cristiana se desvanecerá cada vez más en las sociedades secularizadas, especialmente en Europa. y esto dañará la credibilidad del ecumenismo tanto dentro del mundo cristiano como dentro de la sociedad civil. Por tanto, el ecumenismo cristiano también debe abordar cuestiones éticamente controvertidas y buscar nuevos consensos. Y a medida que se hace cada vez más claro que detrás de las divergencias éticas hay sobre todo cuestiones relativas a la imagen del hombre, una tarea importante del ecumenismo actual será desarrollar una antropología cristiana ecuménicamente aceptable [45]. En este sentido, debe crecer la conciencia de que estamos ante un desafío común, ya que la antropología cristiana está siendo desafiada en el debate social con cada vez mayor vehemencia.

4. Recepción y continuación de "Ut unum sint"

Este panorama de la situación ecuménica actual, aunque breve y resumida, muestra claramente que un cuarto de siglo después de la publicación de la encíclica “Ut unum sint”, el movimiento ecuménico no ha logrado en modo alguno su objetivo. Más bien, surge entonces la misma pregunta: "¿Quanta est nobis via?" - “¿Hasta dónde nos queda aún por llegar?” [46] En la encíclica de Juan Pablo II se presentaron muchas perspectivas importantes, que aún quedan por abordar. Por tanto, es oportuno y útil considerar los desafíos del ecumenismo de hoy y de mañana a la luz de la encíclica.

Un desafío fundamental es lograr que los resultados alcanzados por los diálogos ecuménicos sean recibidos por toda la Iglesia, como subraya el Papa Juan Pablo II: "No pueden seguir siendo las afirmaciones de las Comisiones bilaterales, sino que deben convertirse en patrimonio común" [47]. Los ecuménicos, en su responsabilidad teológica y eclesial, recae, por tanto, en la importante tarea de preparar consensos ecuménicos tan sólidos que favorezcan su acogida por las Iglesias. De hecho, para producir afirmaciones vinculantes de consenso ecuménico, los documentos de las Comisiones Ecuménicas, aunque loables, no son suficientes. Bastante,

El Papa Juan Pablo II reconoce un papel importante a las facultades teológicas, que son responsables de la formación ecuménica [48]. Es la forma más segura de lograr que el ecumenismo de hoy y de mañana sea percibido como un deber sagrado y que el movimiento ecuménico logre su objetivo, reconocido por el Papa Juan Pablo II en el "restablecimiento de la unidad visible plena de todos los bautizados" [49]. Con alegría observo que la Facultad Teológica San Vicente Ferrer de Valencia - que organizó el Simposio de hoy en colaboración con el Instituto de Estudios Ecuménicos de la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino en Roma - está comprometida con esta tarea de formación ecuménica, y estoy profundamente agradecido a ambas instituciones.

Con su trabajo, testifican que no hay absolutamente ninguna alternativa al ecumenismo. El ecumenismo es necesario para la credibilidad de la fe cristiana y para la misión de la Iglesia en el mundo de hoy, corresponde a la voluntad del Señor y es fruto del Espíritu Santo. Demostraríamos poca fe si no confiáramos en el Espíritu y no lo creyéramos capaz de llevar a cabo, ciertamente según sus modalidades y su época, lo que él mismo inició de manera tan prometedora. Escucharlo es el mandamiento del ecumenismo de nuestro tiempo. Esto es lo que el Papa Juan Pablo II recordó a la Iglesia católica ya todo el movimiento ecuménico con su pionera encíclica "Ut unum sint". Y nosotros también permanecemos fieles a esta orientación hoy.


NOTAS:
[1] Juan Pablo II, Ut unum sint, n. 77.
[2] Juan Pablo II, Ut unum sint, n. 3.
[3] Cf. R. Skrzypzak, Karol Wojtyla en el Concilio Vaticano II. Historia y Documentos (Verona 2011).
[4] Juan Pablo II, Cruzando el umbral de la esperanza (Milán, 1994) 164.
[5] Juan Pablo II, Novo Millennio ineunte, n. 57.
[6] K. Wojtyla, Quellen der Erneuerung. Studie zur Verwirklichung des Zweiten Vatikanischen Konzils (Friburgo i. Br. 1981) 284.
[7] Juan Pablo II, Cruzando el umbral de la esperanza (Milán, 1994) 164.
[8] Juan Pablo II, Ibid 168.
[9] Juan Pablo II, Un unum sint, n. 95-96.
[10] Véase K. Koch, La actividad legislativa de Juan Pablo II y la promoción de la unidad de los cristianos, en: L. Gerosa (ed.), Juan Pablo II: Legislador de la Iglesia. Fundaciones, innovaciones y aperturas. Actas de la Conferencia de estudios (Ciudad del Vaticano 2013) 160-177.
[11] J. Ratzinger - Benedicto XVI, La fe como refugio de la humanidad. Las 14 encíclicas de Juan Pablo II, en: Idem, Juan Pablo II. Mi querido predecesor (Cinisello Balsamo 2007) 33-49, cit. 43.
[12] J. Ratzinger - Benedicto XVI, La unidad de misión y persona en la figura de Juan Pablo II, en: Idem, Juan Pablo II. Mi querido predecesor (Cinisello Balsamo 2007) 9-32, cit. 30.
[13] Juan Pablo II, Ut unum sint, n. 42.
[14] Cardenal W. Kasper, Cosecha de frutos. Aspectos básicos de la fe cristiana en el diálogo ecuménico (Londres - Nueva York 2009).
[15] Juan Pablo II, Ut unum sint, n. 77.
[16] Vgl. K. Kardinal Koch, Lob der Vielfalt - Gerät den christlichen Kirchen die Einheit aus dem Blick? en: St. Kopp / W. Thönissen (Hrsg.), Mehr als friedvoll getrennt? Ökumene nach 2017 (Friburgo i. Br. 2017) 15-40.
[17] P.-W. Scheele, Ökumene - ¿wohin? Unterschiedliche Konzepte kirchlicher Einheit im Vergleich, en: St. Ley, I. Proft, M. Schulze (Hrsg.), Welt vor Gott. Für George Augustin (Friburgo i. Br. 2016) 165-179, zit. 165.
[18] Vgl. G. Hintzen / W. Thönissen, Kirchengemeinschaft möglich. Einheitsverständnis und Einheitskonzepte in der Diskussion (Paderborn 2001); FW Graf / D. Korsch (Hrsg.), Jenseits der Einheit. Protestantische Ansichten der Ökumene (Hannover 2001).
[19] Vgl. H. Meyer, Zur Entstehung und Bedeutung des Konzeptes „Kirchengemeinschaft“. Eine historische Skizze aus evangelischer Sicht, en: J. Schreiner / K. Wittstadt (Hrsg.), Communio Sanctorum. Einheit der Christen - Einheit der Kirche (Würzburg 1988) 204-230.
[20] Vgl. UHJ Körtner, Die Leuenberger Konkordie als ökumenisches Modell, en: M. Bünker / B. Jaeger (Hrsg.), 40 Jahre Leuenberger Konkordie. Dokumentationsband zum Jubiläumsjahr 2013 der Gemeinschaft Evangelischer Kirchen en Europa (Viena 2014) 203-226.
[21] Zur kritischen Auseinandersetzung mit dem Einheitsmodell der Leuenberger Konkordie vgl. K. Koch, Kirchengemeinschaft oder Einheit der Kirche? Zum Ringen um eine angemessene Zielvorstellung der Ökumene, en: P. Walter ua (Hrsg.), Kirche in ökumenischer Perspektive. Festschrift für Kardinal Walter Kasper (Friburgo i. Br. 2003) 135-162.
[22] Die Kirche auf dem Weg zu einer gemeinsamen Vision. Eine Studie der Kommission für Glauben und Kirchenverfassung des Ökumenischen Rates der Kirchen (ÖRK) (Gütersloh - Paderborn 2015).
[23] Juan Pablo II, Ut unum sint, n. 42.
[24] E.-M. Faber, Baptismale Ökumene. Tauftheologische Orientierungen für den ökumenischen Weg, en: D. Sattler / G. Wenz (Hrsg.), Sakramente ökumenisch feiern. Vorüberlegungen für die Erfüllung einer Hoffnung (Mainz 2005) 101-123.
[25] Unitatis redintegratio, n. 3.
[26] Unitatis redintegratio, n. 22.
[27] Unitatis redintegratio, n. 22.
[28] G. Greshake,… wie man in der Welt leben soll. Grundfragen christlicher Spiritualität (Würzburg 2009) 53-54.
[29] K. Lehmann, Einheit der Kirche und Gemeinschaft im Herrenmahl. Zur neueren ökumenischen Diskussion um Eucharistie- und Kirchengemeinschaft, en: Th. Söding (Hrsg.), Eucharistie. Positionen katholischer Theologie (Ratisbona 2002) 141-177, zit. 171-172.
[30] Vgl. K. Koch, Eucharistie und Kirche in ökumenischer Perspektive, en: Ders., Eucharistie. Herz des christlichen Glaubens (Friburgo / Schweiz 2005) 89-124; Ders., Die Kirche feiert Eucharistie - Die Eucharistie baut Kirche auf, en: G. Augustin (Hrsg.), Eucharistie und Erneuerung. Aufbruch aus der Mitte des Glaubens (Friburgo i. Br. 2021) 11-35.
[31] Vgl. W. Kardinal Kasper, Ekklesiologische und ökumenische Implikationen der Taufe, en: A. Raffelt (Hrsg.), Weg und Weite. Festschrift für Karl Lehmann (Friburgo i. Br. 2001) 581-599.
[32] Juan Pablo II, Ut unum sint, n. 77.
[33] Vgl. R. Backes, "Sie werden euch hassen". Christenverfolgung heute (Augsburg 2005); R. Guitton, Cristianofobia. La nueva persecución (Turín 2009); Kirche in Not (Hrsg.), Christen in grosser Bedrängnis. Diskriminierung und Unterdrückung. Documentación 2016 (München 2016); A. Riccardi, Salz der Erde, Licht der Welt. Glaubenszeugnis und Christenverfolgung im 20. Jahrhundert (Friburgo i. Br. 2002).
[34] Vgl. W. Kasper, Ökumene der Märtyrer. Theologie und Spiritualität des Martyriums (Norderstedt 2014); K. Cardinal Koch, Christenverfolgung und Ökumene der Märtyrer. Eine biblische Besinnung (Norderstedt 2016).
[35] Unitatis redintegratio, n. 8.
[36] Juan Pablo II, Ut unum sint, n. 23.
[37] Juan Pablo II, Ut unum sint, n. 9.
[38] Vgl. K. Krämer und K. Vellguth (Hrsg.), Pentekostalismus, Pfingstkirchen als Herausforderung in der Ökumene = Theologie der einen Welt. Band 15 (Friburgo i. Br. 2019); J. Müller - K. Gabriel (eds.), Evangélicos, Iglesias Pentecostales, Carismáticos. Nuevo movimiento religioso como desafío para la Iglesia católica (Ouezon 2015).
[39] M. Eckholt, Pentekostalismus. Eine neue „Grundform“ des Christseins. Eine theologische Orientierung zum Verhältnis von Spiritualität und Gesellschaft, en: T. Kessler / A.-P. Rethmann (Hrsg.), Pentekostalismus. Die Pfingstbewegung als Anfrage an Theologie und Kirche = Weltkirche und Mission. Band 1 (Ratisbona 2012) 202-225, zit. 202.
[40] Vgl. K. Kardinal Koch, Das Evangelium der Liebe Gottes in der Welt bezeugen. Besinnung auf den missionarischen Grundauftrag der Kirche, en: G. Augustin und N. Eterovic (Hrsg.), Mission in säkularer Gesellschaft. Ein Herzensanliegen (Friburgo i. Br. 2020) 30-52.
[41] Ch. Markschies, Neue Chance für die Ökumene? en: Nach der Glaubensspaltung. Zur Zukunft des Christentums, en: Herder Korrespondenz Spezial (Friburgo i. Br. 2016) 17-21, zit. 20.
[42] I. Gabriel, AK Papadetos, UJ Körtner, Perspektiven ökumenischer Sozialethik. Der Auftrag der Kirchen im grösseren Europe (Mainz 2005).
[43] B. Stubenrauch, A. Lorgus (Hrsg.), Handwörterbuch „Theologische Anthropologie. Römisch-katholisch - Russisch-orthodox (Friburgo i. Br. 2013).
[44] Bilateral Arbeitsgruppe der Deutschen Bischofskonferenz und der Vereinigten Evangelisch-Lutherischen Kirche Deutschlands, Gott und die Würde des Menschen (Leipzig - Paderborn 2017).
[45] Vgl. K. Kardinal Koch, Der Mensch als ökumenische Frage. Gibt es (noch) eine gemeinchristliche Anthropologie? en: B. Stubenrauch, M. Seewald (Hrsg.), Das Menschenbild der Konfessionen. Achillesverse der Ökumene? (Friburgo i. Br. 2015) 18-32.
[46] Juan Pablo II, Ut unum sint, Capítulo III.
[47] Juan Pablo II, Ut unum sint, n. 80.
[48] ​​Cfr. Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, Directorio para la Aplicación de Principios y Normas sobre el Ecumenismo (1993), especialmente III Formación para el Ecumenismo en la Iglesia Católica, y: La dimensión ecuménica en la formación de quienes se dedican al ministerio pastoral (1998).
[49] Juan Pablo II, Ut unum sint, n. 77.

FUENTE:
http://www.christianunity.va/


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