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Un espacio propuesto por EQUIPO ECUMÉNICO SABIÑÁNIGO

martes, 6 de marzo de 2018

CUARESMA ORTODOXA


LA GRAN CUARESMA ORTODOXA  

por el Protopresbítero Thomas Hopko 

Thomas Hopko
La Gran Cuaresma es el tiempo en que nos preparamos para la fiesta de la Resurrección de Cristo. Sintéticamente es el símbolo del conjunto de la vida del ser humano, la cual se completará en su resurrección de los muertos junto a Cristo. Es un tiempo de renovada devoción: de oración, ayuno y ayuda a los necesitados. Es un tiempo de arrepentimiento, una verdadera renovación de nuestras almas, corazones y obras, en conformidad a Cristo y a sus enseñanzas. Es el tiempo, sobre todo, de nuestro retorno a los grandes mandamientos de amar a Dios y al prójimo. 

En la Iglesia Ortodoxa, la Gran Cuaresma no es un periodo de morbosidad y tinieblas. Al contrario, es el tiempo de la alegría de la purificación. Estamos llamados a “perfumar nuestros rostros” y a “purificar tanto nuestros cuerpos como nuestras almas.” Los primeros himnos del primer oficio que se celebra en la Gran Cuaresma nos muestran el carácter propio de este tiempo: 

Comencemos la Cuaresma con regocijo... ayunemos de la comida y de toda pasión, regocijándonos en las virtudes del Espíritu. Perseverando en ellas con nuestros deseos a fin de que podamos ser dignos de ver la santa Pasión de Cristo Nuestro Dios y, en la alegría espiritual, su Santa Pascua. 

Tu gracia, oh Señor, que es la iluminación de nuestras almas, ha venido sobre nosotros. He aquí el tiempo aceptable; he aquí, ha llegado el tiempo de arrepentimiento. Rechacemos las obras de las tinieblas, revistámonos de las armas de la luz, a fin de que, atravesando el gran océano del ayuno, podamos llegar a la Resurrección al tercer día de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, Él que salva nuestras almas. (Himnos del Oficio de Vísperas) 

Lo que Dios en verdad desea es nuestro arrepentimiento, no nuestro remordimiento. Lloremos nuestros pecados, pero hagámoslo en la alegría de la misericordia de Dios. Mortifiquemos nuestra carne, pero que sea en el regocijo de nuestra resurrección a la vida eterna. Nos preparemos durante la Gran Cuaresma, tanto para la Resurrección de Cristo como para nuestra propia resurrección. 


EL AYUNO DE LA GRAN CUARESMA 

Debemos agregar unas palabras especiales acerca del ayuno que hacemos durante la Gran Cuaresma. En términos generales, se puede decir que el ayuno es un elemento esencial de la Vida Cristiana. Cristo mismo ayunó, y enseñó a sus discípulos a ayunar también. El ayuno verdaderamente bendito es el que se hace en secreto, sin mostrarse a los demás y sin acusar a los demás. (Mateo 6,16; Romanos 14) Su meta es la purificación de nuestras vidas, la liberación de nuestros cuerpos y almas del pecado, el fortalecimiento de nuestra capacidad humana de amar a Dios y al prójimo, y la iluminación de todo nuestro ser en la comunión con la Santísima Trinidad. 

Las reglas ortodoxas para el ayuno de la Cuaresma siguen las reglas monásticas. No se permite el consumo de carne después del Domingo de la Abstinencia de Carne, y no se permite el consumo ni de huevos ni de productos lácteos después del Domingo de la Abstinencia de Queso. Estas reglas no significan una “carga que no se pueda llevar” (Lucas 11,46), a la manera en que la imponen los fariseos, sino más bien como un ideal que debemos tratar de alcanzar; no como un fin en sí, sino como un medio que nos lleva hacia la perfección espiritual coronada en amor. Los propios oficios de la cuaresma nos recuerdan de esto: 

Ayunemos con un ayuno agradable al Señor. Este es el ayuno verdadero: rechazar al mal; cuidar la lengua; abstenerse de la ira; alejar las pasiones, el mal hablar, las mentiras y las maldiciones. Dejar todo esto es el ayuno verdadero y aceptable a Dios. (Vísperas del Lunes de la Primera Semana de la Gran Cuaresma) 

Los oficios de la Gran Cuaresma también claramente nos enseñan a no ser orgullosos de nuestro ayuno, ya que los demonios no comen jamás.

El ayuno ascético de la Gran Cuaresma continúa desde el Domingo de la Abstinencia de la Carne hasta el Domingo de la Resurrección después de la Divina Liturgia Pascual. Reconociendo que están llamados a realizar un gran esfuerzo, los Cristianos han de hacer todo lo posible para ayunar en la mejor forma que puedan, en secreto, de modo que Dios los vea y les bendiga abiertamente con una vida santa. Cada persona debe hacer lo mejor que pueda a la luz de este ideal. 

Además del ayuno ascético de este periodo de Cuaresma, los Cristianos Ortodoxos practican lo que se llama el ayuno eucarístico o ayuno litúrgico. Esta abstinencia no se refiere al ayuno que se hace como preparación para recibir los dones eucarísticos, sino de la abstención de recibir la misma Santa Eucaristía.

Dado que el tiempo de Cuaresma es de preparación para la Resurrección del Señor el orden litúrgico de la Iglesia no permite la celebración eucarística en los días de semana. En lugar de la Divina Liturgia, los oficios no-eucarísticos se extienden con lecturas adicionales de las Sagradas Escrituras e himnos de un carácter penitencial. Sin embargo, a fin de que los fieles no sean totalmente desprovistos de la Santa Comunión en los días de semana, los días miércoles y viernes se celebra la Divina Liturgia de los Dones Presantificados. 

A pesar de este ayuno eucarístico, de todas maneras se celebra la Divina Liturgia Eucarística los días Sábado y Domingo (el Día del Señor). Los sábados, se celebra la Divina Liturgia de San Juan Crisóstomo, generalmente acompañada de oraciones especiales para los fieles difuntos. Los domingos, se celebra la Divina Liturgia de San Basilio el Grande, liturgia más extensa que la de san Juan Crisóstomo. A menudo se hace referencia a la enseñanza que los días sábado y domingo no son días de ayuno en la Iglesia Ortodoxa. Esto es cierto, pero se refiere solamente al ayuno eucarístico-litúrgico. Durante toda la Gran Cuaresma, aunque se rompe el ayuno eucarístico los sábados y domingos, se guarda el ayuno ascético todos los días, desde el Domingo de la Carne hasta la Pascua de Resurrección.


LOS OFICIOS DE LA GRAN CUARESMA 

Los oficios de la Gran Cuaresma en los días de semana se caracterizan por melodías especiales que expresan su carácter penitencial. Las vestimentas y ornamentos utilizados en la iglesia son de colores apagados. Los troparios diarios también son de carácter de intercesión, rogando a Dios mediante Sus santos que tenga misericordia de nosotros pecadores. 

En el oficio de Matutinos, no se canta el Salmo “Dios el Señor …” como de costumbre, sino que en su lugar se canta el Aleluya largo. Hay una mayor cantidad de lectura de salmos, como en las horas canónicas, y los himnos hacen referencia al esfuerzo de purificación y crecimiento espiritual que hacemos durante la Cuaresma. 

Tres libros del Antiguo Testamento tienen especial importancia durante la Gran Cuaresma. Estos son el libro de Génesis, el de Proverbios, y el del Profeta Isaías. De hecho, se leen cada uno de estos libros en forma casi completa durante este tiempo. Lecturas tomadas de Génesis y Proverbios son agregadas al oficio de Vísperas, y del Profeta Isaías a la Sexta Hora. Ya que no se celebra la Divina Liturgia, no hay lecturas de la Epístola ni del Evangelio. 

Una oración especialmente conocida en la tradición ortodoxa es rezada en todos los oficios de la Gran Cuaresma. Esta es la Oración de San Efrem el Sirio. Es una súplica a Dios, acompañada de prosternaciones, rogándole que nos dé aquellas virtudes necesarias para la vida cristiana. 

Oh Señor y Soberano de mi vida: líbrame del espíritu de pereza, de decaimiento, de vanagloria y de habladuría. Y concédeme a mí tu siervo pecador, el espíritu de integridad, de humildad, de paciencia y de amor. Oh Señor y Rey, concédeme de conocer mis faltas y no juzgar a mi hermano, porque Tú eres bendito por los siglos de los siglos. Amen.

El Domingo de la Abstinencia de Queso en la tarde, se acostumbra a celebrar un oficio especial de Vísperas llamado las Vísperas del Perdón. Es el primer oficio de la Gran Cuaresma. Este domingo es dedicado especialmente al perdón. Estamos prontos a entrar en el tiempo litúrgico en que nos esforzamos en forma especial para reconciliarnos con Dios y con el prójimo. Es costumbre, entonces, en la Iglesia Ortodoxa, durante las Vísperas del Perdón, que cada uno de los fieles que participen en este oficio se acerque a todos los presentes individualmente, para pedirles su perdón y también ofrecerles perdón por cualquiera falta que pueda haber cometido. 

Durante la primera semana de la Gran Cuaresma, se reza el Gran Canon de San Andrés de Creta. Consiste en una larga serie de versículos de carácter penitencial, basados en temas bíblicos, a cada uno de los cuales los fieles responden: Ten piedad de mí, oh Dios, ten piedad de mí. Se repite este Canon también el día jueves de la quinta semana de la Gran Cuaresma. 

Los días viernes de la Cuaresma se reza un oficio denominado el Acathiston a la Virgen María, Theotokos. Es una oración de alabanza a la Madre de Dios, cuya autoría se atribuye a San Romano el Melodista. Durante los primeros cuatro viernes, se canta una cuarta parte del oficio, hasta completarlo. Luego, el quinto viernes, se reza el oficio entero. 

El primer sábado de la Gran Cuaresma es dedicado a la memoria de San Teodoro de Tiro. Los sábados siguientes (segundo, tercero y cuarto) son dedicados a la memoria de los fieles difuntos. Los himnos litúrgicos que se cantan en estos días ruegan por todos los fieles difuntos. Además, se reza el Responso por los Difuntos, nombrándolos individualmente. Se agregan otras oraciones y letanías a la Divina Liturgia las cuales, tal como las lecturas de las Sagradas Escrituras, hacen referencia a los difuntos y su salvación en Cristo.

En general el día sábado, incluso fuera de la Gran Cuaresma, es el día en que la Iglesia recuerda a los difuntos. Esto es porque el sábado es el día que Dios bendijo para la vida en este mundo. Debido al pecado, sin embargo, este día ahora simboliza a toda la vida terrenal que conduce a la muerte. Incluso Cristo el Señor yacía muerto el día sábado, “descansando de todas sus obras,” y “pisoteando la muerte con la muerte.” Es así entonces, que en la Iglesia de Cristo del Nuevo Testamento, el sábado se hace un día especial para recordar a los difuntos y ofrecer súplicas a Dios por su salvación.



Artículo publicado en:
BOLETÍN ECUMÉNICO HOREB CARLOS DE FOUCULD
Boletín nº 92. Marzo de 2018.



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