Todos juntos
Un espacio propuesto por EQUIPO ECUMÉNICO SABIÑÁNIGO

domingo, 19 de marzo de 2017

MENSAJE DEL PAPA FRANCISCO PARA LA CUARESMA

«La Palabra es un don. El otro es un don». Es el Mensaje cuaresmal del Papa Francisco, que ha querido centrar «en la parábola del hombre rico y el pobre Lázaro (cf. Lc 16,19-31)».

«Dejémonos guiar por este relato tan significativo, que nos da la clave para entender cómo hemos de comportarnos para alcanzar la verdadera felicidad y la vida eterna, exhortándonos a una sincera conversión», escribe el Obispo de Roma, en su Mensaje, que fue presentado hoy en la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

Tras hacer hincapié en que el camino cuaresmal «es un nuevo comienzo, un camino que nos lleva a un destino seguro: la Pascua de Resurrección, la victoria de Cristo sobre la muerte», señala que, en «este tiempo, recibimos siempre una fuerte llamada a la conversión: el cristiano está llamado a volver a Dios «de todo corazón» (Jl 2,12), a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor».

El Papa reitera que «Jesús es el amigo fiel que nunca nos abandona, porque incluso cuando pecamos espera pacientemente que volvamos a él y, con esta espera, manifiesta su voluntad de perdonar (cf. Homilía, 8 enero 2016)».

«La Cuaresma es un tiempo propicio para intensificar la vida del espíritu a través de los medios santos que la Iglesia nos ofrece: el ayuno, la oración y la limosna», recuerda asimismo el Santo Padre, añadiendo luego que, «en la base de todo está la Palabra de Dios, que en este tiempo se nos invita a escuchar y a meditar con mayor frecuencia».

«El otro es un don», «El pecado nos ciega», «La Palabra es un don». Son los tres puntos en los que reflexiona el Papa Francisco.

«Lázaro nos enseña que el otro es un don. La justa relación con las personas consiste en reconocer con gratitud su valor. Incluso el pobre en la puerta del rico, no es una carga molesta, sino una llamada a convertirse y a cambiar de vida. La primera invitación que nos hace esta parábola es la de abrir la puerta de nuestro corazón al otro, porque cada persona es un don, sea vecino nuestro o un pobre desconocido. La Cuaresma es un tiempo propicio para abrir la puerta a cualquier necesitado y reconocer en él o en ella el rostro de Cristo. Cada uno de nosotros los encontramos en nuestro camino. Cada vida que encontramos es un don y merece acogida, respeto y amor. La Palabra de Dios nos ayuda a abrir los ojos para acoger la vida y amarla, sobre todo cuando es débil. Pero para hacer esto hay que tomar en serio también lo que el Evangelio nos revela acerca del hombre rico» (n. 1).

Con el apóstol Pablo el Papa reitera que «la codicia es la raíz de todos los males» (1 Tm 6,10)». Y añade que «ésta es la causa principal de la corrupción y fuente de envidias, pleitos y recelos. El dinero puede llegar a dominarnos hasta convertirse en un ídolo tiránico (cf. Exh. ap. Evangelii gaudium, 55). En lugar de ser un instrumento a nuestro servicio para hacer el bien y ejercer la solidaridad con los demás, el dinero puede someternos, a nosotros y a todo el mundo, a una lógica egoísta que no deja lugar al amor e impide la paz» (n. 2).

«El Evangelio del rico y el pobre Lázaro nos ayuda a prepararnos bien para la Pascua que se acerca. La liturgia del Miércoles de Ceniza nos invita a vivir una experiencia semejante a la que el rico ha vivido de manera muy dramática», asegura una vez más el Santo Padre y subraya que «el verdadero problema del rico: la raíz de sus males está en no prestar oído a la Palabra de Dios; esto es lo que le llevó a no amar ya a Dios y por tanto a despreciar al prójimo. La Palabra de Dios es una fuerza viva, capaz de suscitar la conversión del corazón de los hombres y orientar nuevamente a Dios. Cerrar el corazón al don de Dios que habla tiene como efecto cerrar el corazón al don del hermano». (n. 3).

Antes de concluir su Mensaje el Papa Francisco exhorta a «todos los fieles a que manifiesten también esta renovación espiritual participando en las campañas de Cuaresma, que muchas organizaciones de la Iglesia promueven en distintas partes del mundo, para que aumente la cultura del encuentro en la única familia humana».

Y a orar «unos por otros para que, participando de la victoria de Cristo, sepamos abrir nuestras puertas a los débiles y a los pobres. Entonces viviremos y daremos un testimonio pleno de la alegría de la Pascua». 

Texto completo del Mensaje del Papa Francisco:


La Palabra es un don. El otro es un don.

Queridos hermanos y hermanas:

La Cuaresma es un nuevo comienzo, un camino que nos lleva a un destino seguro: la Pascua de Resurrección, la victoria de Cristo sobre la muerte. Y en este tiempo recibimos siempre una fuerte llamada a la conversión: el cristiano está llamado a volver a Dios «de todo corazón» (Jl 2,12), a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor. Jesús es el amigo fiel que nunca nos abandona, porque incluso cuando pecamos espera pacientemente que volvamos a él y, con esta espera, manifiesta su voluntad de perdonar (cf. Homilía, 8 enero 2016).

La Cuaresma es un tiempo propicio para intensificar la vida del espíritu a través de los medios santos que la Iglesia nos ofrece: el ayuno, la oración y la limosna. En la base de todo está la Palabra de Dios, que en este tiempo se nos invita a escuchar y a meditar con mayor frecuencia. En concreto, quisiera centrarme aquí en la parábola del hombre rico y el pobre Lázaro (cf. Lc 16,19-31). Dejémonos guiar por este relato tan significativo, que nos da la clave para entender cómo hemos de comportarnos para alcanzar la verdadera felicidad y la vida eterna, exhortándonos a una sincera conversión.

1. El otro es un don

La parábola comienza presentando a los dos personajes principales, pero el pobre es el que viene descrito con más detalle: él se encuentra en una situación desesperada y no tiene fuerza ni para levantarse, está echado a la puerta del rico y come las migajas que caen de su mesa, tiene llagas por todo el cuerpo y los perros vienen a lamérselas (cf. vv. 20-21). El cuadro es sombrío, y el hombre degradado y humillado.

La escena resulta aún más dramática si consideramos que el pobre se llama Lázaro: un nombre repleto de promesas, que significa literalmente «Dios ayuda». Este no es un personaje anónimo, tiene rasgos precisos y se presenta como alguien con una historia personal. Mientras que para el rico es como si fuera invisible, para nosotros es alguien conocido y casi familiar, tiene un rostro; y, como tal, es un don, un tesoro de valor incalculable, un ser querido, amado, recordado por Dios, aunque su condición concreta sea la de un desecho humano (cf. Homilía, 8 enero 2016).

Lázaro nos enseña que el otro es un don. La justa relación con las personas consiste en reconocer con gratitud su valor. Incluso el pobre en la puerta del rico, no es una carga molesta, sino una llamada a convertirse y a cambiar de vida. La primera invitación que nos hace esta parábola es la de abrir la puerta de nuestro corazón al otro, porque cada persona es un don, sea vecino nuestro o un pobre desconocido. La Cuaresma es un tiempo propicio para abrir la puerta a cualquier necesitado y reconocer en él o en ella el rostro de Cristo. Cada uno de nosotros los encontramos en nuestro camino. Cada vida que encontramos es un don y merece acogida, respeto y amor. La Palabra de Dios nos ayuda a abrir los ojos para acoger la vida y amarla, sobre todo cuando es débil. Pero para hacer esto hay que tomar en serio también lo que el Evangelio nos revela acerca del hombre rico.

2. El pecado nos ciega

La parábola es despiadada al mostrar las contradicciones en las que se encuentra el rico (cf. v. 19). Este personaje, al contrario que el pobre Lázaro, no tiene un nombre, se le califica sólo como «rico». Su opulencia se manifiesta en la ropa que viste, de un lujo exagerado. La púrpura, en efecto, era muy valiosa, más que la plata y el oro, y por eso estaba reservada a las divinidades (cf. Jr 10,9) y a los reyes (cf. Jc 8,26). La tela era de un lino especial que contribuía a dar al aspecto un carácter casi sagrado. Por tanto, la riqueza de este hombre es excesiva, también porque la exhibía de manera habitual todos los días: «Banqueteaba espléndidamente cada día» (v. 19). En él se vislumbra de forma patente la corrupción del pecado, que se realiza en tres momentos sucesivos: el amor al dinero, la vanidad y la soberbia (cf. Homilía, 20 septiembre 2013).

El apóstol Pablo dice que «la codicia es la raíz de todos los males» (1 Tm 6,10). Esta es la causa principal de la corrupción y fuente de envidias, pleitos y recelos. El dinero puede llegar a dominarnos hasta convertirse en un ídolo tiránico (cf. Exh. ap. Evangelii gaudium, 55). En lugar de ser un instrumento a nuestro servicio para hacer el bien y ejercer la solidaridad con los demás, el dinero puede someternos, a nosotros y a todo el mundo, a una lógica egoísta que no deja lugar al amor e impide la paz.

La parábola nos muestra cómo la codicia del rico lo hace vanidoso. Su personalidad se desarrolla en la apariencia, en hacer ver a los demás lo que él se puede permitir. Pero la apariencia esconde un vacío interior. Su vida está prisionera de la exterioridad, de la dimensión más superficial y efímera de la existencia (cf. ibíd., 62).

El peldaño más bajo de esta decadencia moral es la soberbia. El hombre rico se viste como si fuera un rey, simula las maneras de un dios, olvidando que es simplemente un mortal. Para el hombre corrompido por el amor a las riquezas, no existe otra cosa que el propio yo, y por eso las personas que están a su alrededor no merecen su atención. El fruto del apego al dinero es una especie de ceguera: el rico no ve al pobre hambriento, llagado y postrado en su humillación. 

Cuando miramos a este personaje, se entiende por qué el Evangelio condena con tanta claridad el amor al dinero: «Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero» (Mt 6,24).

3. La Palabra es un don

El Evangelio del rico y el pobre Lázaro nos ayuda a prepararnos bien para la Pascua que se acerca. La liturgia del Miércoles de Ceniza nos invita a vivir una experiencia semejante a la que el rico ha vivido de manera muy dramática. El sacerdote, mientras impone la ceniza en la cabeza, dice las siguientes palabras: «Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás». El rico y el pobre, en efecto, mueren, y la parte principal de la parábola se desarrolla en el más allá. Los dos personajes descubren de repente que «sin nada vinimos al mundo, y sin nada nos iremos de él» (1 Tm 6,7).

También nuestra mirada se dirige al más allá, donde el rico mantiene un diálogo con Abraham, al que llama «padre» (Lc 16,24.27), demostrando que pertenece al pueblo de Dios. Este aspecto hace que su vida sea todavía más contradictoria, ya que hasta ahora no se había dicho nada de su relación con Dios. En efecto, en su vida no había lugar para Dios, siendo él mismo su único dios.

El rico sólo reconoce a Lázaro en medio de los tormentos de la otra vida, y quiere que sea el pobre quien le alivie su sufrimiento con un poco de agua. Los gestos que se piden a Lázaro son semejantes a los que el rico hubiera tenido que hacer y nunca realizó. Abraham, sin embargo, le explica: «Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces» (v. 25). En el más allá se restablece una cierta equidad y los males de la vida se equilibran con los bienes.

La parábola se prolonga, y de esta manera su mensaje se dirige a todos los cristianos. En efecto, el rico, cuyos hermanos todavía viven, pide a Abraham que les envíe a Lázaro para advertirles; pero Abraham le responde: «Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen» (v. 29). Y, frente a la objeción del rico, añade: «Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto» (v. 31).

De esta manera se descubre el verdadero problema del rico: la raíz de sus males está en no prestar oído a la Palabra de Dios; esto es lo que le llevó a no amar ya a Dios y por tanto a despreciar al prójimo. La Palabra de Dios es una fuerza viva, capaz de suscitar la conversión del corazón de los hombres y orientar nuevamente a Dios. Cerrar el corazón al don de Dios que habla tiene como efecto cerrar el corazón al don del hermano.

Queridos hermanos y hermanas, la Cuaresma es el tiempo propicio para renovarse en el encuentro con Cristo vivo en su Palabra, en los sacramentos y en el prójimo. El Señor ―que en los cuarenta días que pasó en el desierto venció los engaños del Tentador― nos muestra el camino a seguir. Que el Espíritu Santo nos guie a realizar un verdadero camino de conversión, para redescubrir el don de la Palabra de Dios, ser purificados del pecado que nos ciega y servir a Cristo presente en los hermanos necesitados. Animo a todos los fieles a que manifiesten también esta renovación espiritual participando en las campañas de Cuaresma que muchas organizaciones de la Iglesia promueven en distintas partes del mundo para que aumente la cultura del encuentro en la única familia humana. Oremos unos por otros para que, participando de la victoria de Cristo, sepamos abrir nuestras puertas a los débiles y a los pobres. Entonces viviremos y daremos un testimonio pleno de la alegría de la Pascua.

FRANCISCO

FUENTE:
RADIO VATICANO
PUBLICADO EN:
Boletín nº 80, Marzo de 2017
Comunidad Ecuménica Horeb Carlos de Foucauld



sábado, 18 de marzo de 2017

CONVOCATORIA NET FOR GOD EN ZARAGOZA

Colombia,
Tierra de Esperanza y de Paz


Nuevo encuentro y nueva película de Net for God en Zaragoza. Se titula: "Colombia, Tierra de Esperanza y de Paz"

LUGAR:
Parroquia San Miguel de los Navarros 

DÍA: 
Viernes, 24 de marzo 2017

HORA:
20'00 horas

Presentación de la película:

Tras 50 años de guerra civil y 8 millones de víctimas, los colombianos se comprometieron resueltamente por la vía de la paz. El acuerdo concluido entre las FARC y el gobierno, el premio Nob de Paz 2016 entregado al Presidente Colombiano Juan Manuel Santos y numerosas acciones concretas sobre el terreno, son el signo de que la primavera de la esperanza comienza a florecer en este país. Encontramos actores del conflicto armado, antiguos miembros de la guerrilla o de las milicias paramilitares, víctimas de la guerra civil, pastores y sacerdotes, así como jóvenes comprometidos con la paz y la reconciliación. Sus testimonios constituyen un llamado al mundo, en particular a los países desgarrados por la guerra, a creer que la paz es posible, a encontrar nuestra humanidad común.

Esta película fue realizada junto con la Fraternidad Política de Chemin Neuf, lanzada durante la Jornada Mundial de la Juventud en Polonia en Julio de 2016. Se dirige a jóvenes de 18 a 35 años que tienen una pasión común: la del compromiso en la vida política y ciudadana de su país. Se encuentran regularmente durante fines de semana y en fraternidades locales, con el din de formarse para actuar, discernir su compromiso, orar y compartir con los demás. El último encuentro de fin de semana tuvo lugar en Berlín del 3 al 5 de Febrero de 2017 sobre el tema “Este/Oeste: reconstruir la unidad luego de la división”, y reunió a 60 jóvenes, originarios de 12 países. Encontrarán en el sitio www.netforgod.tv una pequeña película en la que una joven colombiana, Laura, miembro de la Fraternidad Política, nos comparte las razones de su compromiso por la paz en su país. Adjuntamos igualmente a esta carta el “Manifiesto de la Fraternidad Política” que fue proclamado delante de 8000 jóvenes en Łódź, en Polonia, el 24 de Julio de 2016. ¡No duden en leerlo y distribuirlo durante su encuentro! Para más información, consultar el sitio web fratpolitique.chemin-neuf.fr (en francés y en Inglés).

COMUNIDAD CHEMIN NEUF

Estamos todos invitados, viernes día 24 de marzo, 20'00 horas en la Parroquia de san Miguel de los Navarros, Zaragoza al encuentro Net For God.



viernes, 17 de marzo de 2017

PROTAGONISTAS DEL ECUMENISMO: JULIÁN GARCÍA HERNANDO


Julián García Hernando

Apostol de la Unidad


Nació en Campaspero (Valladolid) el 16 de marzo de 1920.

Cursó los estudios humanísticos, Filosofía y Teología en el Seminario de Segovia entre 1929 y1943 y fue ordenado presbítero el 20 de marzo de 1943 en Segovia. Ese mismo año ingresó en la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos.

En 1962 fundó el Instituto de las Misioneras de la Unidad para la promoción de la unidad cristiana en la ciudad castellana de Segovia.

En 1966, recién acabado el Concilio Vaticano II , pone en marcha el Secretariado Nacional de Ecumenismo de la Conferencia Episcopal Española.

Desde estas fechas toda su vida la dedicó a la promoción de la causa de la unidad de los cristianos a lo largo de la geografía española, como director del Centro Ecuménico "Misioneras de la Unidad" desde 1967 en Madrid, y desde el Secretariado Nacional de Ecumenismo.

Siempre sensible al ecumenismo, participó en numerosos congresos y reuniones ecuménicas, como en las grandes Asambleas del CMI desde Upsala 1968 hasta la de Puerto Alegre 2006. Asistió a dos de las tres grandes Asambleas Europeas organizadas por la KEK y CCEE.

Ha sido el coordinador de la colección "Pluralismo religioso" en tres volúmenes, dedicados a las confesiones cristianas; las sectas; y a las religiones y movimientos no cristianos.

A caballo entre el ecumenismo oficial, procuró colaborar con otras organizaciones como la IEF en su región española. Presidió los Encuentros Interconfesionales de El Espinar (Segovia). Puso en marcha la revista "Pastoral Ecuménica”. Fundador de los Encuentros interconfesionales e internaciones de religiosos/as de los monasterios de varias nacionalidades etc.

Rasgos de su personalidad
  • Un hombre sabio por su humildad, tan profunda que lel hacia pasar por la realidad de la vida como una persona sin importancia.
  • Era dialogante, de gran generosidad, continuo emprendedor en la búsqueda de los hermanos de otras confesiones cristianas.
  • Rompedor de prejuicios, entusiasta del Concilio Vaticano II
  • Considerable talla moral, un verdadero hombre de Dios, respetuoso con todos, sencillo y profundo.
  • De profundos conocimientos, paciente, fiel, constante, creía en lo que hacía.
  • Cercano, muy amable, consecuente siempre y capaz de ganarse la confianza de las personas.
  • Su recuerdo es imborrable en el ecumenismo, tanto a escala nacional como internacional.
Frases textuales de D. Julián

"Permanezcamos siempre fieles en nuestro camino hacia la unidad. La unidad no es pura imaginación, ni un sueño irrealizable. Existe en Dios padre, Dios Cristo, y Dios Espíritu Santo. Existe invisible en la Santísima Trinidad y en la Iglesia. Es una tarea santa, el esfuerzo diario de las iglesias. No tiene importancia saber cuándo se logrará el objetivo, lo importante es la fidelidad a este esfuerzo en el ministerio y en el testimonio de la unidad. La unidad completa se logrará en la plenitud del tiempo propio de Dios. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo están trabajando para conseguirla…"

"Cuando dialogo con un hermano de otra Confesión, cuando oro con el mismo o trabajo a su lado, muchas veces me siento invadido por el misterio que se me manifiesta a través de este interrogante:

"¿Por qué estamos tan lejos hallándonos tan cerca? ¿Por qué estando tan cerca continuamos alejados?" 

"La autenticidad de fe que hay en mí la supongo también en él. El nivel de su convicción religiosa es también el mío. La sinceridad de entrega al Señor la compartimos por igual. En el amor a la Iglesia podemos estar empatados. Somos rivales en el amor a Cristo. Hay entre nosotros una auténtica emulación. Hambreamos juntamente la unidad de la Iglesia. Y competimos en el esfuerzo por conseguir su logro. Si esto es así, como en realidad lo es ¿por qué continuamos desunidos?" 

"No hallo respuesta a esta pregunta. La luz se me apaga, me invade la oscuridad y me hundo en el misterio. VERDADERAMENTE EL DE LA UNIDAD ES UN MISTERIO DE LA IGLESIA"



jueves, 16 de marzo de 2017

PROTAGONISTAS DEL ECUMENISMO: MARÍA SKOBTSOVA


Madre María Skobtsov

Una llamada de amor hacia el hermano

Importante figura de la ortodoxia rusa, nació en Crimea en 1891 y murió gaseada en el campo de concentración de Ravensbrück en 1945. 

Poetisa y bohemia, fue figura importante en los salones literarios de San Petersburgo; socialista y revolucionaria, alcaldesa de un pueblo a orillas del Mar Negro, exiliada en Europa y madre de tres hijos, a los cuales sobrevivió, recibió la llamada de Dios tras la muerte de su hija Nastia, dolorosa pérdida que le hizo vivir la maternidad en un sentido más amplio. Se casó y se divorció dos veces, y tomó los hábitos de monja en 1932. Entregó su vida a acompañar y a cuidar de los corazones de los más heridos, necesitados, rotos, de los vagabundos, locos y perseguidos. Se dio totalmente, vivió la compasión hasta la locura de la cruz.

Ejerció su ministerio monástico desde una contemplación activa y absolutamente comprometida con la realidad humana, siguiendo el segundo mandamiento al pie de la letra, sufriendo hasta la muerte con y por el hermano. 

Fue teóloga y artista –poetisa y autora de iconos-, un ser espiritual y activista, un corazón loco por Cristo, encarnado en lo real, en lo más profundo de la realidad social en la que vivió, sufrió y murió, con una vitalidad desmedida de amor y una valentía profética y provocadora.

"Tirad todos mis cuadernos olvidados, mis artículos, mis versos. No os preocupéis por conservar mi viejo rostro en vuestros corazones. No quiero ser un recuerdo. Seré para vosotros una llamada.

Adoptar una actitud correcta y espiritual respeto al mundo es a la vez entregarle nuestra pobreza espiritual y recibir infinitamente más del rostro de Cristo que vive en él, de la relación con Cristo y de la conciencia de ser una parte del cuerpo de Cristo.

Esta mística del diálogo con el hombre es, para mí, la única y auténtica base espiritual de cualquier clase de actividad humana en el mundo, del único cristianismo social digno de este nombre, que en este sentido, todavía no ha nacido. El trabajo social y todo nuestro diálogo con el hombre en nombre de Cristo tienen que ser esta liturgia fuera de la iglesia de la que acabamos de hablar. En caso contrario, y aunque nos refiramos a la moral cristiana, nuestra acción no será cristiana más que en apariencia. […] Nada puede ser cristiano en este mundo si no está impregnado del auténtico temblor que produce la relación con Dios, al que se accede también en la relación auténtica con el ser humano"



miércoles, 15 de marzo de 2017

PROTAGONISTAS DEL ECUMENISMO: ATENÁGORAS I


Atenágoras I 

‘Acogida, apertura, reconciliación ’

El Patriarca Ecuménico Atenágoras I nació en Vasilikón  (Grecia) el 25 de marzo de 1886  y falleció en Estambul el 7 de julio de 1972. 

Su nombre era Aristokles Spirou, y fue Patriarca de Constantinopla desde 1948 hasta su fallecimiento en 1972. Desde su nombramiento fue conocido internacionalmente como alguien que miró con esperanza hacia un futuro de reconciliación de los cristianos. Para ello, fortaleció la unión interna entre las mismas comunidades bizantino-eslavas, realizando muchos viajes y contactos con las autoridades responsables de los cristianos ortodoxos. Se ocupó de la preparación y reunión de diversas asambleas pan-ortodoxas, como las de Rodas en 1961 y 1963. 

Mantuvo una gran amistad con Juan XXIII, y tras la elección de éste como Papa, las relaciones entre ambas iglesias se multiplicaron. En 1964, se entrevistó con Pablo VI en Jerusalén, cuando éste realizaba un viaje a los Santos Lugares. A raíz de este encuentro se acordó en 1965 la revocación de los decretos de excomunión mutua lanzados en 1054 y que dieron lugar en su momento al Cisma de Oriente y Occidente.  

En 1967, Atenágoras I recibió a Pablo VI en su residencia del Fanar en Estambul. Posteriormente visitó al Papa y al sínodo de los obispos reunido en Roma, en el transcurso de un viaje en el que se entrevistó con los jefes de las iglesias ortodoxas de Serbia, Bulgaria y Rumanía, con los dirigentes del Consejo ecuménico de las iglesias en Ginebra y con el primado de la iglesia anglicana en Londres.

Es de gran importancia la relación epistolar que Atenágoras I y Pablo VI mantuvieron durante años, testimonio de una búsqueda permanente de la unidad desde el acercamiento y el amor, desde el convencimiento de que Dios hace nuevas todas las cosas.

"Hay que hacer la guerra más dura
contra sí mismo, hay que lograr desarmarse.
Yo hice esa guerra durante años y fue muy terrible,
pero ahora ya estoy desarmado.
Ya no tengo miedo de nada.
Estoy desarmado de la voluntad de tener razón,
de justificarme descalificando a los otros.
Ya no estoy a la defensiva,
celosamente crispado sobre mis riquezas.
Acojo y comparto,
no me aferro especialmente a mis ideas, a mis proyectos.
Si me presentan mejores, o, más bien,
no mejores sino simplemente buenos,
los acepto sin pesares.
Ya renuncié a comparar;
lo que es bueno, verdadero, real,
es siempre para mí lo mejor.
Por eso ya no tengo más miedo.
Si uno se desarma, si uno se despoja,
si uno se abre al Dios–hombre,
que hace todas las cosas nuevas,
entonces Él borra el pasado malo
y nos devuelve un tiempo nuevo donde todo es posible
"


martes, 14 de marzo de 2017

PROTAGONISTAS DEL ECUMENISMO: DIETRICH BONHOEFFER


Dietrich Bonhoeffer

‘Fiel y leal a Cristo’
‘Llamado a vivir y a morir’

Dietrich Bonhoeffer nació el 4 de febrero de 1906 en Breslau (Alemania), hoy Wroclaw (Polonia). Siendo niño, en Berlín (Alemania), vivió una dramática Primera Guerra Mundial. Realizó sus estudios de Teología en la Universidad de Berlín , en la que más tarde se doctoró y fue profesor. El 11 de noviembre de 1931 fue ordenado pastor luterano. 

Opuesto firmemente al nazismo y a la claudicación de las iglesias alemanas frente a Hitler, fue miembro fundador en Alemania de la Iglesia Confesante, gran foco de resistencia cristiana. A punto de estallar la Segunda Guerra Mundial, volvió de Estados Unidos, donde se encontraba de viaje, para estar al lado de los suyos en la dificultad. En abril de 1943 fue arrestado por la Gestapo, y el 9 de abril de 1945 murió mártir en la horca en el campo de concentración de Flossenburg. Este día se celebra su memoria. Entre sus obras encontramos: Ética, El precio de la Gracia o Cartas de amor desde la cárcel.

"La gracia barata es el enemigo mortal de nuestra iglesia... La gracia barata es la gracia como doctrina, como principio, como sistema... La gracia barata es la justificación del pecado, y no del pecador... La gracia cara es el tesoro oculto en el campo, por el que el hombre vende todo lo que tiene... Es la perla preciosa por la que el mercader entrega todos sus bienes; es el reino de Cristo por el que el hombre se arranca el ojo que le escandaliza... Es la llamada de Jesucristo que hace que el discípulo abandone sus redes y le siga... Es cara porque llama al seguimiento. Es gracia porque llama al seguimiento de Jesucristo. Es cara porque le cuesta al hombre la vida; y es gracia porque le regala al hombre la vida... Sobre todo, la gracia es cara porque ha costado cara a Dios; porque le ha costado la vida de su Hijo -habéis sido adquiridos a gran precio- y porque lo que ha costado caro a Dios no nos puede resultar barato a nosotros... La gracia cara es la encarnación de Dios." Dietrich Bonhoeffer (El Precio de la Gracia).







lunes, 13 de marzo de 2017

V CENTENARIO DE LA REFORMA PROTESTANTE

V Centenario de la Reforma Protestante



Nos han pasado desde la Fundación Federico Fliedner el folleto con los actos que está ofreciendo con motivo del V Centenario de la Reforma Protestante. Podéis descargarlo en el enlace:

https://drive.google.com/file/d/0B0Xglcp_NbqUQWVBS1VIOXlxaVU/view?usp=sharing







domingo, 12 de marzo de 2017

UNA VISIÓN DE LA CUARESMA. HERMANO ALOIS DE TAIZÉ

Hermano Alois, prior de Taizé
La Cuaresma orienta nuestro pensamiento, en primer lugar, hacia la imagen del desierto, en el cual Jesús pasó cuarenta días de soledad, o aquel que el pueblo de Dios atravesó andando durante cuarenta años.

Al hermano Roger le gustaba recordar, cuando llegaban las semanas previas a la Pascua, que no era un tiempo de austeridad o de tristeza, ni un período para sentirse culpable, sino un momento para cantar la alegría del perdón. Veía la Cuaresma como cuarenta días de preparación para redescubrir pequeñas primaveras en nuestras existencias.

Al comienzo del evangelio de san Mateo, cuando Juan el Bautista proclama: "¡Arrepentíos!", él quiere decir: "¡Volved a Dios!". Sí, durante la Cuaresma, podríamos volvernos a Dios para acoger su perdón.

Cristo ha vencido el mal y su constante perdón nos permite renovar la vida interior. Nosotros estamos invitados a una conversión: no a volvernos hacia nosotros mismos en una introspección o un perfeccionismo individual, sino a buscar una comunión con Dios y también una comunión con los otros.

¡Volvernos a Dios! Es verdad que, en el mundo occidental, para algunos se ha vuelto más difícil creer en Dios. Ellos ven su existencia como una limitación a su libertad. Piensan que deben luchar solos para construir su vida. Que Dios los acompañe les parece inconcebible.

Un día, realicé una visita a nuestros hermanos que viven en Corea desde hace más de treinta años. En el camino, con otro hermano, tuvimos encuentros con jóvenes en varios países asiáticos. Lo que me ha impactado en Asia es que la oración parece algo natural. En las diferentes religiones, la gente tiene espontáneamente en la oración una actitud de respeto, incluso de adoración.

En estas sociedades no hay menos tensiones o violencia que en Occidente. Pero el sentido de la interioridad es quizás más accesible, un respeto ante el milagro de la vida, de la creación, un interés en el misterio, en el más allá.

¿Cómo renovar la vida interior descubriendo y redescubriendo una relación personal con Dios? Existe en todos nosotros una sed de infinito. Dios nos ha creado con ese deseo de lo absoluto. ¡Dejemos vivir en nosotros esa aspiración!

Entre los cantos de Taizé, hay uno que expresa esta espera. La letra es de un poeta español, Luis Rosales, inspirado en san Juan de la Cruz: "De noche iremos de noche, que para encontrar la fuente, solo la sed nos alumbra". Para muchos el tiempo de la Cuaresma es tiempo de renuncia. No es que la ascesis tenga valor en sí misma. Pero la renuncia puede ayudarnos a ir por delante de nuestra espera más profunda, de nuestra sed de lo esencial, y esta sed iluminará nuestro camino.

Si a veces caminamos de noche, o a través de un desierto, no es por seguir un ideal; como creyentes seguimos a una persona, Cristo. No estamos solos, él nos precede. Seguirle supone un combate interior con decisiones que hay que tomar, con fidelidades para toda la vida. En esta lucha no nos apoyamos en nuestras fuerzas, sino que nos abandonamos a su presencia. El camino no está trazado de antemano e implica también acoger las sorpresas y crear con lo inesperado.

Y Dios no se cansa de retomar el camino con nosotros. Podemos creer que una comunión con él es posible y no cansarnos jamás, tampoco nosotros, de tener que retomar siempre el combate. No perseveramos en él para poder presentarnos ante Dios con nuestra mejor imagen. No, aceptamos avanzar como pobres del Evangelio, que confían en la misericordia de Dios.

La Cuaresma es un tiempo que nos invita al compartir. Nos conduce a aceptar que no hay crecimiento sin consentir las renuncias, y estas por amor. Cuando Jesús estaba en el desierto, movido por compasión hacia quienes le habían seguido, multiplicó cinco panes y dos peces para alimentar a cada uno. ¿Qué formas de compartir podemos llevar a cabo nosotros?

El Evangelio destaca el valor de la sencillez de vida. Nos empuja a un dominio de nuestros propios deseos para lograr limitarnos no por coerción, sino por elección. Es importante hacer una clasificación de nuestros deseos. No todos son malos, pero no todos son buenos. Se trata de aprender a discernir, pacientemente, a cuáles tenemos que dar prioridad y a cuáles dejar de lado. Esta llamada está de mucha actualidad hoy en día no únicamente en el plano personal, sino en la vida de las sociedades. La sencillez elegida libremente permite resistir al consumismo superfluo de los más ricos y contribuye a la lucha contra la pobreza impuesta a los más desfavorecidos.

Sí, el Evangelio nos llama a la sencillez. Elegir la sencillez abre nuestro corazón al compartir y a la alegría que viene de Dios. Durante este tiempo de Cuaresma, atrevámonos a revisar nuestro estilo de vida, no para crear mala conciencia a los que no dan lo suficiente, sino para solidarizar con los necesitados. El Evangelio nos anima a compartir libremente, disponiéndolo todo en la simple belleza de la creación.


Hermano Alois, prior de Taizé, Atreverse a creer, Editorial perpetuo Socorro, Madrid 2016, 39-42


PUBLICADO EN:
NOTICIAS Y COMUNICACIONES Nº 170 (13 de FEBRERO de 2017)
Comunidad Ecuménica Horeb Carlos de Foucauld



sábado, 11 de marzo de 2017

ORACIÓN BREVE


Dios de compasión, tú deseas llenarnos del júbilo del Evangelio. Esta alegría está a nuestro alcance, no lejos; nace de la mirada de confianza con la que tú contemplas nuestras vidas. AMÉN

Comunidad Taizé

LA MISERICORDIA DEL SEÑOR



viernes, 10 de marzo de 2017

DÍA MUNDIAL DE ORACIÓN 2017



El pasado míércoles día 8 de Marzo,  a las 19'30 horas se celebró en la Iglesia Reformada de Aragón (calle Mariano Supervía, 52 de Zaragoza) el Día Mundial de Oración de las Mujeres Cristianas.

Os dejamos este testimonio gráfico de lo que fue la jornada.










Este año fue preparada por las mujeres de Filipinas, sus signos la reflexión y el arroz.

Fotografías gentileza de Federico Isábal Gracia




jueves, 9 de marzo de 2017

LA CUARESMA ES EL TIEMPO DE DECIR «NO»; NO, A LA ASFIXIA DE UNA ORACIÓN QUE NOS TRANQUILICE LA CONCIENCIA

La cuaresma es el tiempo de decir «no»; no, a la asfixia de una oración que nos tranquilice la conciencia


«Volved a mí de todo corazón… volved a mí» (Jl 2,12), es el clamor con el que el profeta Joel se dirige al pueblo en nombre del Señor; nadie podía sentirse excluido: llamad a los ancianos, reunid a los pequeños y a los niños de pecho y al recién casado (cf. v. 6).

Todo el Pueblo fiel es convocado para ponerse en marcha y adorar a su Dios que es «compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad» (v.13). También nosotros queremos hacernos eco de este llamado; queremos volver al corazón misericordioso del Padre.

En este tiempo de gracia que hoy comenzamos, fijamos una vez más nuestra mirada en su misericordia. La cuaresma es un camino: nos conduce a la victoria de la misericordia sobre todo aquello que busca aplastarnos o rebajarnos a cualquier cosa que no sea digna de un hijo de Dios.

La cuaresma es el camino de la esclavitud a la libertad, del sufrimiento a la alegría, de la muerte a la vida. El gesto de las cenizas, con el que nos ponemos en marcha, nos recuerda nuestra condición original: hemos sido tomados de la tierra, somos de barro.

Sí, pero barro en las manos amorosas de Dios que sopló su espíritu de vida sobre cada uno de nosotros y lo quiere seguir haciendo; quiere seguir dándonos ese aliento de vida que nos salva de otro tipo de aliento: la asfixia sofocante provocada por nuestros egoísmos; asfixia sofocante generada por mezquinas ambiciones y silenciosas indiferencias, asfixia que ahoga el espíritu, reduce el horizonte y anestesia el palpitar del corazón.

El aliento de la vida de Dios nos salva de esta asfixia que apaga nuestra fe, enfría nuestra caridad y cancela nuestra esperanza. Vivir la cuaresma es anhelar ese aliento de vida que nuestro Padre no deja de ofrecernos en el fango de nuestra historia.

El aliento de la vida de Dios nos libera de esa asfixia de la que muchas veces no somos conscientes y que, incluso, nos hemos acostumbrado a «normalizar», aunque sus signos se hacen sentir; y nos parece «normal» porque nos hemos acostumbrado a respirar un aire cargado de falta de esperanza, aire de tristeza y de resignación, aire sofocante de pánico y aversión.

Cuaresma es el tiempo para decir «no». No, a la asfixia del espíritu por la polución que provoca la indiferencia, la negligencia de pensar que la vida del otro no me pertenece por lo que intento banalizar la vida especialmente la de aquellos que cargan en su carne el peso de tanta superficialidad.

La cuaresma quiere decir «no» a la polución intoxicante de las palabras vacías y sin sentido, de la crítica burda y rápida, de los análisis simplistas que no logran abrazar la complejidad de los problemas humanos, especialmente los problemas de quienes más sufren. La cuaresma es el tiempo de decir «no»; no, a la asfixia de una oración que nos tranquilice la conciencia, de una limosna que nos deje satisfechos, de un ayuno que nos haga sentir que hemos cumplido.

Cuaresma es el tiempo de decir no a la asfixia que nace de intimismos excluyentes que quieren llegar a Dios saltándose las llagas de Cristo presentes en las llagas de sus hermanos: esas espiritualidades que reducen la fe a culturas de gueto y exclusión.

Cuaresma es tiempo de memoria, es el tiempo de pensar y preguntarnos: ¿Qué sería de nosotros si Dios nos hubiese cerrado las puertas? ¿Qué sería de nosotros sin su misericordia que no se ha cansado de perdonarnos y nos dio siempre una oportunidad para volver a empezar?

Cuaresma es el tiempo de preguntarnos: ¿Dónde estaríamos sin la ayuda de tantos rostros silenciosos que de mil maneras nos tendieron la mano y con acciones muy concretas nos devolvieron la esperanza y nos ayudaron a volver a empezar?

Cuaresma es el tiempo para volver a respirar, es el tiempo para abrir el corazón al aliento del único capaz de transformar nuestro barro en humanidad.

No es el tiempo de rasgar las vestiduras ante el mal que nos rodea sino de abrir espacio en nuestra vida para todo el bien que podemos generar, despojándonos de aquello que nos aísla, encierra y paraliza.

Cuaresma es el tiempo de la compasión para decir con el salmista: «Devuélvenos Señor la alegría de la salvación, afiánzanos con espíritu generoso para que con nuestra vida proclamemos tu alabanza»; y nuestro barro –por la fuerza de tu aliento de vida– se convierta en «barro enamorado».

Papa Francisco
1-Marzo-2017 
Miércoles de Ceniza
Roma

Fuente: 
https://es.zenit.org/



miércoles, 8 de marzo de 2017

TEXTO BÍBLICO COMENTADO: MOMENTO DE CAMBIAR



 Momento de cambiar

Hechos 1, 1-11 :

En la primera parte, querido Teófilo, conté todo lo que Jesús hizo y enseñó desde el principio hasta que, después de dar instrucciones por medio del Espíritu Santo a los apóstoles que había elegido, fue llevado al cielo. Se les había presentado vivo durante cuarenta días, después de su pasión, con muchas pruebas, mostrándose y hablando del reinado de Dios. Estando comiendo con ellos, les encargó que no se alejaran de Jerusalén sino que esperaran lo prometido por el Padre: Lo que me habéis escuchado –les dijo– que Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados dentro de poco con Espíritu Santo. Estando ya reunidos le preguntaban: Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar la soberanía de Israel? 

Les contestó: No os toca a vosotros saber los tiempos y circunstancias que el Padre ha fijado con su exclusiva autoridad. Pero recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros, y seréis testigos míos en Jerusalén, Judea y Samaria y hasta el confín del mundo. Dicho esto, en su presencia se elevó y una nube se lo quitó de la vista. Seguían con los ojos fijos en el cielo mientras él se marchaba, cuando dos personajes vestidos de blanco se les presentaron y les dijeron: Hombres de Galilea, ¿qué hacéis ahí mirando al cielo? Este Jesús, que os ha sido arrebatado al cielo, vendrá como lo habéis visto marchar. (Hechos 1, 1-11)

Tras su resurrección, Jesús vuelve con sus discípulos para ofrecerles un regalo maravilloso: el primero es el Espíritu Santo, quien, como describe el texto de los Hechos de los Apóstoles, es un poder, una dinámica, una fuerza. A este pequeño grupo de seres humanos se le confiere una fuerza de transformación, una capacidad creadora de poner las cosas en movimiento y de hacer nacer lo que aún no existe.

El segundo don es el del tiempo. Mientras los discípulos apremian a Jesús para que les diga cuándo vendrá el fin de los tiempos, modifica el orden de prioridades: no os corresponde conocer el fin de los tiempos, no os preocupéis, ni de cuando restaurare mi Reino. Preocupaos más bien de utilizar bien la fuerza que se os ha dado.

En el fondo, ambos dones van de la mano. Además de una capacidad de creación, Dios da también el tiempo para realizar los cambios. Si la Pasión, la Resurrección, la Ascensión, Pentecostés son momentos diferentes entre sí, es porque Dios se toma su tiempo y da tiempo a los seres humanos.

Una de las primeras consecuencias es la imposibilidad de juzgar a las personas y situaciones de manera definitiva. Ante nuestros «siempre» y «nunca», «todo» y «nada», pronunciados a menudo demasiado rápido, Dios nos sigue dando el Espíritu de transformación y la llamada a la paciencia. No hay soluciones definitivas a los problemas grandes o pequeños de la existencia, sino una llamada a aceptar la naturaleza provisional de las situaciones y trabajar por sus posibles evoluciones positivas.

El Papa Francisco no deja de repetir, en especial a las personas con responsabilidades socio-económicas que se encuentra, que «el tiempo es superior al espacio». En su Encíclica «La alegría del Evangelio » escribe : « Dar la prioridad al espacio nos lleva a un intento loco de contener todo en el presente, para intentar tomar posesión de todos los espacios de poder y de autoafirmación». Es cristalizar los procesos y pretender detenerlos. Dar la prioridad al tiempo es ocuparse de iniciar procesos más que poseer los espacios. El tiempo ordena los espacios, les da claridad y los transforma en eslabones de una cadena en constante expansión, sin posibilidad de retorno. Se trata de dar prioridad a las acciones que generan nuevas dinámicas en la sociedad e implican a otras personas y grupos que las desarrollen, hasta que den frutos en acontecimientos importantes en la Historia.(Párrafos 222-225).

Es el momento de preguntarnos: si aspiro a hacerme hija o hijo de la resurrección, ¿cómo puedo utilizar mis habilidades para iniciar un nuevo proceso más que para conquistar territorios?

Además de darles el Espíritu creador y el tiempo de cambio, Jesús anima a sus discípulos a no quedarse en el mismo lugar después de Pentecostés, sino a que vayan «hasta los confines de la tierra». Entrar en el largo tiempo de la paciencia de Dios es como volverse un viajero en esta Tierra. Este viaje para proclamar la buena noticia es de naturaleza geográfica y espiritual : consiste en viajar no sólo por Jesús en un primer sentido, sino en hacerse viajero en su propia vida. Vivir con pocos medios, aceptar no saber todo sobre las próximas etapas, vivir en una especie de provisionalidad, aceptar no planificar ni controlar todo : el tiempo de la paciencia de Dios es el tiempo de cambio. Más que buscar respuestas muy definitivas, aceptemos este estilo provisorio. Un poco como aquí en Taizé, donde tras 40 años de encuentros de jóvenes, preferimos mantener las carpas para reunirnos que construir más edificios. La falta de confort, lo provisional, nos hace aligerar, humildes y creativos.

Paradójicamente, esta actitud de viaje interior no es la del consumismo desenfrenado, ni la del turista, ni la del adepto de la cultura de la basura, que de usa y tira a un ritmo acelerado. Consentir el hecho de no tener respuestas definitivas, conduce también a dar su vida en un compromiso para siempre. Es en nombre de un viaje aún más grande que se vincula a una promesa para siempre. Esta promesa no nos restringe nuestra libertad creadora, sino que la hace mas profunda y le da de antemano un sabor a eternidad.
  • ¿Me he lanzado alguna vez en proyectos con un futuro incierto? ¿Qué me ha impulsado? ¿Qué me ha permitido mantenerme?
  • Con el poder del Espíritu Santo Dios nos inspira a hacer cosas nuevas. ¿Cómo utilizar al 100% el don que hemos recibido?
Comunidad Taizé