Todos juntos
Un espacio propuesto por EQUIPO ECUMÉNICO SABIÑÁNIGO

viernes, 18 de marzo de 2016

NO NOS CREAMOS SEMI-DIOSES



No nos creamos semi-dioses

por Ana Bou

Se me ha ocurrido compartir con vosotros este tema porque últimamente he tenido la experiencia de encontrarme con personas que sin querer reconocerlo se sienten y creen así: SEMI-DIOSES.

Es imposible dar un solo paso sin que no pase por sus manos. Todo tienen que controlarlo, sin ellos es como sin el mundo no funcionase, como si se parase, porque “nadie es capaz de hacer las cosas como ellos de bien”.

Imaginaros a un bebe intentando dar sus primeros pasos, la mamá lo tiene cogido de las manos y acompaña su caminar. Si esa mamá no es capaz de ir soltando poco a poco sus manitas, el bebe nunca empezará andar. Si no confiamos en los demás, si no somos capaces de dar responsabilidades, si todo lo tenemos que sacar adelante porque los demás “no saben hacerlo”, aparte de convertirnos en egocéntricos y semi-dioses, sufrimos porque creemos que no “saben” colaborar.

No es bueno querer controlarlo todo, ser orgullosos y sentirnos imprescindibles. Eso no nos lleva a ninguna parte, al contrario, a la larga o a la corta, acabaremos en un rincón, con nuestras fuerzas mermadas y nuestra salud física y psicológica.

La estela que dejaremos será de alguien egocéntrico, sin ser capaces de descubrir nuestras limitaciones.

Miremos el Evangelio, la carta a los filipenses “no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos.”

Intentemos vivir en plenitud, no queramos acapararlo todo y jugar a ser SEMI-DIOSES. Dejemos espacio a los demás.

Estoy convencida de que seremos más felices si llegamos a conseguirlo…

FUENTE:
"Un minuto para el Encuentro"
http://blogs.periodistadigital.com/




jueves, 17 de marzo de 2016

FORO ESPIRITUAL DE ESTELLA 2016


Foro Espiritual de Estella 2016


Los amigos y amigas del Foro Espiritual de Estella tienen el gusto de presentaros ya un avance del programa del Foro Espiritual de Estella 2016 y nos indican lo siguiente:

"Aún está sujeto a algunos ajustes, pero salvo cambios de última hora, aquí tenéis lo que, el Cielo mediante, será la nueva edición del Foro. Tenemos por delante tres días para el gozo compartido, para nutrirnos y enriquecernos en lo interno. Son más de 60 actividades en las que hemos intentado atender a las diferentes sensibilidades espirituales y religiosas. El diseño y maquetación del programa que os presentamos a continuación es de nuestro amigo y diseñador Eduardo Montaner. 

El tema de esta sexta edición es "Abrazo de credos, abrazo de civilizaciones". En un momento especialmente sensible, en un contexto de tentación de blindaje de tantas de fronteras, en medio de unas circunstancias en que los agoreros del momento aprovechan para airear temores de choque de civilizaciones, queremos fomentar, siquiera a pequeña escala local, el encuentro, el abrazo de estas civilizaciones. Somos conscientes de que el futuro se escribe en clave de cooperar y compartir también a nivel más interno, en clave de unidad en diversidad. He ahí los valores que queremos en vuestra compañía testimoniar en el inicio del verano, a orillas del Ega, a lo largo de tres intensos días.

Ya en un plano muy práctico, recordaros que quienes deseéis alojamiento económico en cualquiera de los dos albergues, Capuchinos u Oncineda, no os debéis demorar en la reserva. Ya sabéis que podéis encontrar toda la información sobre alojamiento, inscripciones, comidas... en http://www.foroespiritual.org

Si comulgáis con el propósito de Foro, que no es sino el de acercar a las tradiciones espirituales, el del fomento del alto ideal de fraternidad humana, nos podéis ayudar a difundir y compartir esta información entre vuestros amigos y allegados. Muchas gracias por adelantado. Seguimos trabajando unidos, allí y aquí, en este y otros espacios, por un mundo en que sus credos y civilizaciones por fin se encuentren, por fin se abracen".












 (Pinchando sobre las imágenes se ven más grandes)








miércoles, 16 de marzo de 2016

ENCUENTRO INTERRELIGIOSO DE ORACIÓN POR LA PAZ EN ZARAGOZA

Encuentro Interreligioso 
de Oración por la Paz

El ya pasado Domingo, 31 de enero de 2016 a las 18'00 horas, las Canonesas del Santo Sepulcro de Zaragoza prepararon junto a personas de otras religiones un Encuentro por la Paz, que era convocado por el Grupo Interreligioso de Oración por la Paz con motivo del aniversario de la muerte de Gandhi y el Día mundial de la Paz, convocando a todos aquellos que quisieron adherirse al acto. El lugar fue el Monasterio de la Resurrección en Zaragoza.




Fotografías gentileza de Federico Isábal Gracia







martes, 15 de marzo de 2016

EL PSEUDO-SÍNODO DE LEÓPOLIS - II PARTE

EL PSEUDO-SÍNODO DE LEÓPOLIS (10-III-1946)

II

DEFENSOR UNITATIS 


Nómada y mártir de los gulags siberianos. - 

Hoy cumplo mi compromiso de venir al cardenal metropolita Josyf Slipyj (1892-1984)[i]. Nacido el 17-2-1892 en Zazdrist, distrito de Strusiv, provincia de Ternopil (Ucrania Occidental), es ordenado sacerdote el 30-9-1917. Doctorado en teología por Innsbruck, pasa a Roma para perfeccionar su cultura en el Angelicum y la Universidad Gregoriana. Rector del Seminario de Leópolis en 1925, y de su Academia Teológica en 1928, se da a la actividad pastoral, participa en diversos Congresos unionistas y escribe textos de teología, filosofía, literatura, historia, y arte y derecho canónico. El 25-11-1939 es elegido para la Iglesia titular de Serra y nombrado coadjutor con derecho a sucesión del metropolita Szeptyckyj, de quien recibe la consagración episcopal y a quien sucede en el gobierno pastoral de la Archidiócesis el 1-11-1944, asumiendo también el título de metropolita de Halyc y de Kamijanec. Aquí termina el primer periodo de su vida, el más hermoso, ciertamente. 

Arrestado el 11-4-1945, se le viene encima a partir de entonces un auténtico vendaval de persecuciones: la primera condena llega en 1946, a 8 años de trabajos forzados; la segunda en 1953, a 5 años de exilio en Siberia; la tercera en 1958, a 7 años de trabajos forzados. Cardenal “in pectore” de Juan XXIII (28-3-60), descarga la cuarta en 1962 con deportación de por vida a Potma (Mordovia). Nikita Kruschev, gracias a la paterna intercesión de Juan XXIII, permite el 26-1-63 que salga de aquel infierno. Inmediatamente monseñor Willebrands vuela rumbo a Moscú para darle en nombre del Papa el primer abrazo camino de la libertad y fraternal consuelo durante el largo viaje en tren hasta Orte (Ancona-Italia), a cuya estación llegan en el “Alpen Express” al anochecer del 9-2-63. En una de las salas, esperan el secretario del Papa, monseñor Loris Francesco Capovilla, y monseñor Igino Cardinale. Recibidos los primeros regalos papales, y cerrada ya la noche, la comitiva parte poco después rumbo a la Abadía de San Nilo, en Grottaferrata. Al día siguiente por la tarde tiene lugar en el Vaticano la audiencia con el Papa. En el momento del abrazo, el Metropolita cae rostro en tierra hasta besar los pies del Santo Padre, el cual, al hacer porque se levante, pronuncia estas palabras de la Imitación de Cristo: Felix hora quando Jesus vocat de lacrymis ad gaudium spiritus! (L.II, cap. VIII [“Feliz hora cuando Jesús llama de las lágrimas al gozo del Espíritu”]).-“Santo Padre –replica el Metropolita todavía de rodillas- os agradezco cuanto habéis hecho para sacarme fuera del pozo”. 

El 23-12-63, Pablo VI lo nombra Arzobispo mayor de Leópolis, condición que le confería derechos y privilegios similares a los de patriarca (cf. Decreto Orientalium Ecclesiarum, 10). Pasa también a ser miembro de la Sagrada Congregación para las Iglesias Orientales y, en el Consistorio del 22-2-65, del Sacro Colegio Cardenalicio, recibiendo tres días más tarde el nombramiento de Cardenal Presbítero de San Anastasio. En 1968 emprende sus visitas pastorales a las comunidades ucranias de América y Oceanía. Costeada por ucranios de la diáspora, consigue construir en las afueras de Roma (Via Boccea, 478) la Procatedral de Santa Sofía --pequeña réplica de la de Kiev--, consagrada por Pablo VI en 1969. Preside en Roma el Sínodo de los Obispos Ucranios en 1980, y el 7-9-1984 muere en la Ciudad eterna a los 92 años. El 3 de junio y el 19 de septiembre del 91 llegan de Ucrania dos rehabilitaciones. 

El 27-8-1992, su cadáver embalsamado fue trasladado desde la Procatedral de Santa Sofía en Roma, donde reposaba desde el día de la muerte, a la Catedral de San Jorge en Leópolis, la misma del malhadado pseudo-Sínodo del 8, 9 y 10-3-1946. El 7-9-1992 se le dio sepultura en la cripta, junto a la tumba de su predecesor y maestro el hoy venerable metropolita Andrés Szeptyckyj. El primer presidente de Ucrania, Leonid Kravcuk, había declarado en una entrevista del 2-9-92: “Nosotros en Ucrania tenemos hoy una ley sobre libertad de conciencia y, como Presidente, así lo he declarado oficialmente en la ceremonia de sepultura en Leópolis de Josyf Slipyj, el hombre que tanto sufrió por ello. Significa esto que hay plena y completa rehabilitación de la Iglesia greco-católica y de todo el pueblo a esta Iglesia unido, que ha estado en primera fila en la lucha por la fe, por la libertad y por la independencia de Ucrania”[ii]

El Arzobispo mayor Slipyj besa los pies de su santidad 
Juan XXIII el 10-2-1963. El Papa le deja hacer con encantadora ternura. 
(Foto Felici. Durante un tiempo esta foto fue embargada a la prensa) 

Encuentros con él. - 

Durante mis estudios universitarios en Roma tuve el privilegio de pasear a menudo por los jardines vaticanos, generalmente a primeras horas de la tarde de los miércoles, ayudando a practicar español a monseñor Pietro C.J. Van Lierde, OSA, vicario general del Papa para la Ciudad del Vaticano. Admirable oportunidad aquella para saludar y conversar durante el paseo con transeúntes de relieve. Lo hicimos repetidas veces con su eminencia nuestro cardenal metropolita. La primera vez fue en el corto espacio entre la Torre de San Juan y lo que hoy es el helipuerto. Me impresionó mucho su porte: estaba sentado, de riguroso clergyman negro y tocado con sombrero clerical del mismo color, creo que leyendo un libro, quizás el breviario. Me presentó monseñor Van Lierde y él, todo cortés y con tímida sonrisa, se puso de pie y entablamos los tres una breve conversación. Era imponente, medía casi dos metros, se notaban en su rostro los surcos de las lágrimas y la inconfundible huella de los padecimientos en Siberia. Recuerdo en particular su mirada, fuerte a la vez que dulce, de ojos verde-oscuros, y su voz en correcto italiano con acento eslavo. Habitaba él entonces en un palacete del mismo Vaticano, muy cerca de la Estación, construido en su día para el cardenal Merry del Val, donde había estado de huésped durante la primera fase del Concilio el cardenal Montini. 

Otra vez nos vimos junto al Monumento a San Pedro en dichos jardines. Eran días ya próximos a la Navidad. Por no complicar las relaciones ecuménicas con los rusos –era Pimen entonces el patriarca de Moscú-, Pablo VI le había denegado de nuevo usar el título de patriarca. Dado que la noticia había salido por las ondas de Radio Vaticano a primeras horas de la tarde, me permití sacarla a relucir durante la conversación. Inmediatamente noté su gesto de contrariedad. Pero se repuso pronto informándonos a monseñor Van Lierde y a mí del inmenso rimero de cartas de apoyo en su escritorio -no menos de 2000- recibidas de todo el mundo en las últimas horas. 

Visitas a la Procatedral. - 

Después de su muerte, ya profesor yo en el Augustinianum y el Pontificio Instituto Regina Mundi, llegué a trabar gran amistad con su secretario y albacea, monseñor Iván Choma. Por la década de los 90 mis alumnas de Formación Permanente en Regina Mundi (Sección Hispánica) solían acudir conmigo una tarde de mayo, tiempo pascual, a la Procatedral de Santa Sofía. Una de ellas, sor Claudia, al servicio de monseñor Choma, se había encargado de presentarnos. Apacible y aplaciente, Monseñor, después del saludo, nos enseñaba el templo, los iconos y un poco las dependencias del Metropolita, contiguas a la Universidad Católica Ucraniana. Luego bajábamos con él a la cripta donde, dispuesto ya todo, celebraba yo la santa misa: Tenía siempre conmigo la deferencia de ponerme para la ceremonia el cáliz que Pablo VI había regalado a la Procatedral el día de la consagración. Y allí, muy cerca del altar, dentro de una urna de cristal, reposaba el cuerpo embalsamado del difunto. Solía tener la tapa descubierta y en ocasiones se dejaba sentir en el ambiente el fuerte olor acre de los ácidos de conservación. Entonábamos al final de la misa cánticos pascuales y monseñor Choma se entretenía en explicarnos mil detalles del Metropolita. Previa y debidamente adiestradas las alumnas en clase, solíamos concluir la Eucaristía gritando a coro la expresión eslava del estribillo pascual: Hristós voskrese (y monseñor Iván, raudo): Voístinu voskrese (“Cristo ha resucitado, verdaderamente ha resucitado”). Antes de la despedida, posaba contento y amable con nosotros en la foto de rigor ante la fachada de la Procatedral. 

El padre Pedro Langa posa con un grupo de alumnas del Pontificio Instituto Regina Mundi junto a monseñor Iván Choma, secretario del cardenal metropolita Josyf Slipyj, 
ante la basílica de Santa Sofía (Via Boccea, 478 - Roma – 10.V.1994) 

Iglesia greco-católica saliendo de las catacumbas. - 

En 1990 me cupo el honor de presidir en nombre del Centro Ecuménico Misioneras de la Unidad, de Madrid, una peregrinación ecuménica a la Unión Soviética (Moscú, Zagorks, Kiev y Leningrado). Habían transcurrido unos meses, pocos, desde la histórica entrevista en el Vaticano entre Juan Pablo II y Gorbachov (1-12-89). Del 12 al 17-1-90, una delegación vaticana y otra ortodoxa habían afrontado en Moscú –sin éxito- el espinoso asunto de Ucrania. Izvestia, de hecho, anunciaba el 3-2-90 la formación de otra comisión, esta vez cuatripartita: Patriarcado de Moscú, Iglesia ortodoxa ucraniana, Vaticano y Greco-católicos de Ucrania occidental. Conocida la fecha del viaje a la URSS para mediados de julio y primeros de agosto, determiné visitar el 15 de junio, en privado, a Monseñor en Via Boccea, 478, donde una semana después iban a concitarse los obispos ucranianos, convocados por Juan Pablo II al objeto de unificar criterios junto a su cardenal presidente Miroslav Iván Lubachivsky de cara a los próximos encuentros de la comisión cuatripartita. Monseñor Iván me puso al tanto de lo que pasaba y, ante mi próximo viaje a Kiev, no dudó en darme el teléfono de un alto funcionario amigo suyo de la Iglesia greco-católica que me acabaría informando in situ, por supuesto que de modo confidencial y secreto: de hecho, aunque la Iglesia greco-católica estaba ya prácticamente legalizada por Gorbachov, se rehusó incluso a fotografiarse con mis compañeros de viaje. Los greco-católicos aún estaban saliendo de las catacumbas. 

Dejé más tarde plasmado el encuentro así: “Mientras visitábamos esta maravilla del mundo (Santa Sofía de Kiev), mi mente voló a la homónima de Roma, construida por el cardenal Slipyj. Recordé la respuesta de monseñor Choma al yo preguntarle sobre el futuro paradero del cuerpo embalsamado de Slipyj: ’Hasta que se arreglen las cosas, en su Catedral de Leópolis. Y si Ucrania vuelve algún día a los tiempos de san Vladimiro, es decir, a la plena comunión con Roma, Santa Sofía de Kiev’. Honda satisfacción me produjo la entrevista mantenida, horas antes de abandonar Ucrania, con una personalidad greco-católica. Discurrió de forma estrictamente privada y me puso al corriente de lo que ocurre en aquel sufrido pueblo. Dada su situación en clandestinidad, estimo preferible no revelar el contenido”[iii]. Fue el 23-7-90 por la tarde. Una hora más tarde el grupo sobrevolábamos el ártico rumbo a Leningrado. 

Hoy puedo ya desvelar que nos entendimos muy bien gracias al intérprete amigo suyo, argentino, con quien llegó a la cita. Conservo la grabación. Del dilatado encuentro –una hora larga- destacaré algo que me dijo con énfasis y que aquí traigo por relacionado con este artículo: “Nosotros los greco-católicos de Ucrania, la gran mayoría –matizó--, creemos que el Vaticano se ha equivocado al denegar en repetidas ocasiones el título de patriarca al difunto metropolita Slipyj. Ya es tarde, evidentemente. Pero le aseguro a usted que, de haberle permitido usar este título (que de iure le correspondía), gran parte de Ucrania, por no decir toda, sería hoy greco-católica. Usted no puede imaginarse por mucho que lo intente cuánto se quería al metropolita Slipyj en Ucrania, greco-católicos y ortodoxos. Sí, también los ortodoxos. Tenía un don, un carisma, tenía sobre todo una dignidad acumulada sin duda al compás de sus terribles sufrimientos en los gulags soviéticos. Para nosotros, hombres como él son los verdaderos mártires de la fe. Él lo fue”. Cuando años después referí el encuentro a monseñor Choma, me di cuenta de por qué había resuelto él titular su nuevo libro con que me obsequiaba: Josyf Slipyj. “Vinctus Christi” et “Defensor unitatis”. 

Gocé de veras también el día en que pasó por Roma don Julián García Hernando camino, creo, de Ginebra y me llamó desde el Colegio Español. Le propuse acercarnos hasta Via Boccea, 478, para visitar a monseñor Iván Choma. Disfrutamos mucho los tres aquella tarde del VI Domingo de Pascua (16-5-93). Previamente avisado, monseñor Iván, tras su gentil saludo, nos invitó primero a tomar un café antes de emprender el recorrido por la casa. Había ya volado a Leópolis, claro, el cuerpo embalsamado del Metropolita. En cambio, sí estaba a punto de abrirse al público su museo. De modo que don Julián y yo fuimos así los primeros en recorrer las dependencias de la Procatedral y vivienda contigua escuchando atentamente al mejor guía que podíamos tener: el secretario y albacea del difunto, nuestro amable monseñor Iván, el cual, por cierto, hablaba con alma, con serenidad, con voz cristalina y, durante el recorrido, pendiente en todo momento de nosotros.

El padre Pedro Langa posa junto a su amigo monseñor Iván Choma,
secretario del cardenal metropolita Josyf Slipyj,
a la entrada de la Universidad Católica Ucraniana (Via Boccea, 478 - Roma –21.V. 1992) 
 
El metropolita Nikodim y el cardenal Slipyj. - 

Considero importante añadir un detalle más, por su relación con el famoso metropolita ortodoxo Nikodim de Leningrado. Son archiconocidos los dos observadores rusos en el Vaticano II: el protopresbítero Vitali Borovoi y el entonces archimandrita Vladimir Koltyarov, jubilado no hace mucho como metropolita de San Petersburgo. Lo que ya no se conoce tanto es su decisivo papel ante Kruschev en apoyo de la petición de Juan XXIII a favor de la liberación de Slipyj. Ahora bien, pronunciar estos dos nombres entonces era tanto como referirse al metropolita Nikodim, a quien uno y otro debían, en definitiva, el estar en el Concilio, de cuyas deliberaciones le informaban a menudo. Referidas estas cosas a monseñor Yván, éste me aseguró que Nikodim, cuantas veces pasaba por Roma –su residencia solía ser o el Russicum, o con los jesuitas en Via Cavalletti, sin omitir tampoco las visitas al Monastero Russo Uspensky (Via della Pisana, 346; fundación del cardenal Tisserant) para saludar a las monjas rusas e italianas, en especial sor Donadeo, la especialista de los iconos--, nunca dejaba de llegarse a Via Boccea, 478 para departir con el cardenal Slipyj. Hablaban largo y tendido. Más aún, en varias ocasiones se llevó de regalo algunos libros que iban viendo la luz en la Universidad Católica Ucraniana de san Clemente, que el Cardenal ponía gozoso en sus manos. 

Desde la muerte del Metropolita, monseñor Iván Choma había emprendido la ingente tarea de publicar las Opera Omnia de Su Eminencia, programadas para 20 volúmenes (en 1990 habían salido ya 15). Conmigo tuvo el detalle de entregarme un artículo en italiano acerca del gran proyecto editorial, que yo luego procuré traducir para Pastoral Ecuménica (cf. bibliografía), donde monseñor Slipyj levanta acta a favor de la identidad de la Iglesia greco-católica en la URSS[iv]. La desclasificación de los archivos del KGB permitió a mi buen amigo monseñor Iván escribir a fondo sobre nuestro intrépido Defensor unitatis. Y a fe que lo hizo con todas las de la ley y sin olvidarse de la extraordinaria novedad que Giampaolo Mattei refleja citando al autor (cf. blibliografía): “Nadie nos puede acusar de haber redactado una hagiografía, inventando o modificando acontecimientos para poner de relieve la personalidad de Slipyj”. Y es cierto. Porque los verdaderos autores del increíble libro de monseñor Choma son los propios agentes del KGB. El material que ellos mismos archivaron, las palabras anotadas y registradas del Metropolita, las fotos que le tomaron y secuestraron en su día (carpetas clasificadas con los números 68.069 y 63.258) permiten hoy mostrar al mundo lo que “acaeció, no hace muchos años, en esa tierra”[v]

A raíz del encuentro del papa Francisco y del patriarca Kirill en La Habana (12-2-2016), me vinieron a la cabeza estos y otros muchos pensamientos. Sobre todo no me abandona esta frase que yo mismo publiqué a raíz de la peregrinación ecuménica a la Unión Soviética en 1990: “El actual conflicto religioso de Ucrania radica mayormente en el pseudo-Sínodo de 1946, celebrado en Leópolis bajo presiones de Stalin. De aquella conflictiva asamblea procede arrancar para entender las diferencias en la comisión cuatripartita o el retraso en el viaje papal a Rusia”[vi]. Desde entonces a esta parte ha llovido mucho, es cierto, pero con diversa suerte. San Juan Pablo II, que se las ingenió sacando tiempo y ganas el día de su viaje al Canadá para pasarse antes por Via Boccea, 478 y rezar ante el cadáver del Metropolita, al que bendijo y roció con agua bendita y, gesto insólito, llegó a besar en la frente (imágenes cuya publicación fue prohibida por un tiempo a los periodistas), san Juan Pablo II, insisto, pudo viajar a Ucrania, ya de mayor, sí, pero no a Rusia. Y mira que lo intentó 

El 10-5-1992, invitado por mi amigo, acudí por la tarde a Santa Sofía (Via Boccea, 478), a la apertura del Centenario del nacimiento del cardenal metropolita Slipyj. Presidió las Vísperas monseñor Marusyn, y asistieron el Embajador de Ucrania ante el Quirinal con su señora. El Coro de profesores del Instituto de Arte Decorativa de Leópolis nos deleitó con un concierto. El archimandrita estudita Lubomyr Husar, andando el tiempo, ya digo, Arzobispo mayor y cardenal, inauguró los actos. Durante la cena, en fin, se nos informó del pronto traslado de los restos del Cardenal a Leópolis. Sería el 27 de agosto, memoria de santa Mónica, madre de san Agustín, en la Iglesia católica. 

El último quiebro en toda esta curiosa historia me lo dio el propio monseñor Iván al invitarme a su toma de posesión como obispo en Santa Sofía. Desdichadamente yo había dejado ya Roma y ejercía en Madrid como profesor en el Centro Teológico San Agustín y en la Universidad Eclesiástica San Dámaso. Aunque a menudo me había asaltado la duda de si sería obispo, nunca llegué a preguntarle sobre tan delicado tema. Sabía, desde luego, que Juan XXIII le había otorgado el título de “Monseñor”. Pero de ahí a obispo distaba mucho todavía. El Vaticano, que desde 1977 le había impuesto silencio, cambiadas las circunstancias una vez legalizada por Gorbachov la Iglesia greco-católica de Ucrania, le autorizó a ejercer de lo que era desde tiempo atrás: a él, y a su compañero de episcopado y luego Arzobispo mayor de Kiev y cardenal Lubomyr Husar. Porque a los tres, o sea: a Stepan Chmil, S.D.B., Iván Choma y Lubomyr Húsar, M.S.U., el cardenal Slipyj los consagró secretamente obispos en Castelgandolfo el 2-4-1977. ¡Sorpresas de la vida! Monseñor Iván, mi amigo, fue a reunirse en la Casa del Padre con su amado maestro y cardenal y también amigo mío el metropolita Josyf Slipyj el 3-2-2006. ¿Qué dirían hoy mis dos amigos de la guerra que se libra en Ucrania? ¿Y qué del encuentro en La Habana? Ni se sabe, aunque lo pueda uno intuir. Prometo volver a estas preguntas con el último artículo de mi trilogía sobre el pseudo-Sínodo de Leópolis. 

Dedicatoria estampada por monseñor Iván Choma en su libro 
“Josyf Slipyj, Padre e confessore della Chiesa Ucraina martire. Roma 1990”

Bibliografía:
  • Choma, Iván, Josyf Slipyj. Padre e confessore della Chiesa Ucraina martire. Aiuto alla Chiesa che sofre. Roma 1990. 
  • Choma, Iván, Josyf Slipyj. “Vinctus Christi” et “Defensor unitatis”. Roma 1997. 
  • Choma, Iván, “La Iglesia greco-católica en la URSS, ¿Iglesia uniata?”: PE, 10 (1993) 89-97. 
  • Langa, Pedro, “Cruciales fechas del ecumenismo en Rusia. Reflexiones de un viaje”: PE, 7 (1990) 307- 325. 
  • Langa, Pedro, “Hacia un nuevo estilo en el Departamento para las relaciones exteriores del patriarcado de Moscú”: PE, 28/84 (2011) 209-243. 
  • Langa, Pedro, “El pseudo-Sónodo de Leópolis (10-III-1946). I. La terrible verdad”: Equipo Ecuménico. Sabiñánigo, 10 de marzo de 2016 (http://equipoecumenicosabinnanigo.blogspot. com.es /2016/03/el-pseudo-sinodo-de-leopolis-10iii1946.html). 
  • Mattei, Giampaolo, “Los archivos scretos del KGB confirman el testimonio heroico del cardenal Josyf Slipyj. Monseñor Iván Choma publica los datos en un libro documental de gran interés”: L’Osservatore Romano, N. 7 – 14 de febrero de 1997, p. 8 (80).
Notas:

[i] Cf. “El pseudo-Sónodo de Leópolis (10-III-1946). I. La terrible verdad”.
[ii] Choma, I., Josyf Slipyj. “Vinctus Christi” et “Defensor unitatis”, 100.
[iii] “Cruciales fechas…”, p. 316.
[iv] PE, 10 (1993) 89-97
[v] Mattei, “Los archivos scretos del KGB: L’OR, N. 7 – 14-2-1997, p. 8 (80).
[vi] “Cruciales fechas…”, p. 314.

Prof. Dr. Pedro Langa Aguilar, OSA
Teólogo y ecumenista






lunes, 14 de marzo de 2016

AGENTES DE LA PAZ


Los líderes religiosos como agentes de la paz en las Américas

El Consejo Mundial de Iglesias (CMI) se ha asociado a la Oficina sobre la Prevención del Genocidio y a la red'Network for Religious and Traditional Peacemakers' para promocionar una reunión regional en las Américas en torno al papel de los líderes religiosos en la prevención de la incitación a la violencia que puede degenerar en delitos considerados por el derecho internacional como “crímenes atroces”: crímenes de guerra, genocidio, crímenes contra la humanidad y crímenes de agresión.

La consulta sobre la consolidación de la paz en las Américas tuvo lugar en Washington DC, los días 29 de febrero y 1 de marzo.

En los últimos años en muchas regiones ha habido un aumento considerable de las tensiones entre grupos de diferentes religiones o creencias, muchas de las cuales han provocado episodios de violencia. Los que surgieron por motivos políticos y sectarios estuvieron precedidos o acompañados por discursos de odio y la manipulación de la religión para alimentar el odio, la discriminación y la hostilidad.

“Sabemos que en muchos casos los líderes religiosos son parte del problema, pero también son parte de la solución en la promoción de comunidades pacíficas e incluyentes”, dijo Rudelmar Bueno de Faria, representante del CMI ante las Naciones Unidas en Nueva York.

Los líderes religiosos de todo el mundo han tomado medidas para luchar contra el discurso de odio y la incitación a la violencia. Estas medidas son especialmente importantes en las sociedades divididas donde existe el riesgo de que estalle la violencia a gran escala. Por otra parte, en algunos casos han sido los líderes religiosos quienes han incitado a la violencia.

La incitación a la violencia contra personas de otras comunidades religiosas invocando argumentos supuestamente religiosos es un asunto que preocupa al CMI. Muchas de las iglesias miembros y asociados de todo el mundo trabajan para velar por el respeto de la libertad de religión como un derecho humano inalienable.

La participación del CMI en la iniciativa forma parte de su peregrinación de justicia y paz, el llamamiento emitido en la 10ª Asamblea del Consejo, celebrada en la República de Corea en 2013. Concretamente, el evento de Washington se inscribe en las iniciativas que el CMI está llevando a cabo para alentar a los líderes y comunidades religiosos a ser agentes de la paz y prepararlos para ello.

Bueno de Faria declaró respecto a la situación en América: “Cuando hablamos de la incitación a la violencia a través de discursos y mensajes religiosos, es importante tener presente que no siempre se basa en la rivalidad interreligiosa, sino que también puede darse la violencia entre cristianos. Hemos visto a los católicos perseguir a los protestantes, y a los católicos y protestantes perseguir a los evangélicos y pentecostales, y viceversa”.

Las discusiones mantenidas durante la consulta en Washington pusieron de manifiesto que la dimensión más frecuente de violencia e incitación a la violencia en América Latina está vinculada a las posturas cristianas en cuanto a justicia social y problemas humanitarios. El grupo latinoamericano formuló recomendaciones sobre cuestiones relacionadas con el racismo y la discriminación contra los descendientes de africanos y sus religiones, las poblaciones indígenas y los migrantes, la violencia de género, la radicalización y el extremismo, prestando especial atención al fenómeno de las bandas juveniles.

Una recomendación concreta que surgió de la consulta fue la creación de una Red Centroamericana (del triángulo norte de América Central: El Salvador, Guatemala y Honduras) que se ocuparía de la violencia juvenil y el narcotráfico de forma integral. El Vaticano y el CMI podrían iniciar la red e invitar a las Naciones Unidas a unirse.

Consultas regionales

En abril de 2015 la Oficina de las Naciones Unidas sobre la Prevención del Genocidio y la Responsabilidad de Proteger lanzó en Fez (Marruecos) un plan de acción sobre el “Papel de los dirigentes religiosos en la prevención de la incitación que podría dar lugar a crímenes atroces”. Ese plan será analizado por los dirigentes religiosos en cinco reuniones regionales que tendrán lugar a lo largo de 2016.

Se espera que los resultados de dichas consultas fortalezcan el plan, el cual debería ser aprobado en la sesión plenaria de dirigentes religiosos programada para finales de este año. La consulta en Washington DC es una de las cinco consultas regionales previstas.

Las reuniones regionales buscan mejorar la comprensión del papel fundamental de los dirigentes religiosos en la prevención y la lucha contra el discurso de odio y la incitación a la violencia, aprender de las experiencias pasadas, determinar las maneras concretas en que los líderes religiosos pueden contribuir a prevenir este tipo de actos en la región, y promover la función del diálogo interreligioso en la prevención y la mitigación de conflictos, y en la reconciliación. Asimismo las reuniones tienen por objeto establecer una red duradera de líderes religiosos de América que puedan prestarse apoyo mutuo y actuar como agentes de paz en sus comunidades locales.


FUENTE:

http://www.oikoumene.org/es











domingo, 13 de marzo de 2016

CLASES DE TEOLOGÍA - SABIÑÁNIGO



CLASES DE TEOLOGÍA
“Aproximación a la figura de Jesús”

CLUB PARROQUIAL
DE CRISTO REY
SABIÑÁNIGO
A partir del próximo martes, día 15 de marzo, a las 20'00 horas, en el Club Parroquial de Cristo Rey de Sabiñánigo (plaza de España, 2), comenzará el estudio de una nueva materia. Será la última del presente curso y lleva por título “Aproximación a la figura de Jesús”. Se buscará qué huella dejó Jesús en 7 personas que van del siglo I hasta la actualidad: San Pablo de Tarso, San Agustín de Hipona, Santa Clara de Asís, Santa Brígida, Patrona de Europa; Santa Catalina de Siena, Doctora de la Iglesia; Santa Teresa de Jesús, Doctora de la Iglesia; Santa Teresita de Niño Jesús, Doctora de la Iglesia, Patrona de las Misiones y la Beata Madre Teresa de Calcuta. Será impartida por Don Fernando Jarne, sacerdote católico, vicario general de la diócesis de Jaca.

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sábado, 12 de marzo de 2016

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jueves, 10 de marzo de 2016

EL PSEUDO-SÍNODO DE LEÓPOLIS (10.III.1946)

Publicamos hoy, y nos enorgullecemos por ello un interensantísimo artículo del profesor Dr. Pedro Langa, OSA, teólogo, ecumenista y buen colaborador de este blog. Artículo que narra unos hechos que ocurrieron precisamente tal día como hoy hace 70 años.

EL PSEUDO-SÍNODO DE LEÓPOLIS (10.III.1946)

I

LA TERRIBLE VERDAD

Durante los días 8, 9 y 10 de marzo de 1946 –hace ahora 70 años—se escribió en Leópolis (Lviv) una de las páginas más negras que registra la historia del ecumenismo: el pseudo-Sínodo de 1946. Dos autores rusos, Aleksej Judin y Grigorij Protopopov, han escrito del problema. Y muchos más, por supuesto. La Iglesia ortodoxa rusa, que se sepa, nunca ha pedido perdón de aquella terrible verdad por ella perpetrada contra la Iglesia greco-católica de Ucrania. Pero los hechos –se dice- son testarudos. De ahí su evidencia, máxime a raíz de la desclasificación documental del KGB tras la caída de la URSS. Los expertos van cayendo del burro y no les queda más alternativa que, antes o después, admitir los hechos. Los hay que no han necesitado tanto. El pasado 7 de marzo de 2016, por ejemplo, un grupo valiente de cristianos ortodoxos rusos, en gesto que les honra, han hecho público un comunicado cuyo titular en español dice: “Es urgente para los cristianos ortodoxos reconocer la terrible verdad del 10 de marzo de 1946″. En el primer parágrafo refieren las circunstancias históricas así:

”El 10 de marzo de 1946, en Leópolis, la Iglesia ortodoxa de Rusia integró en su seno por la fuerza a la Iglesia greco-católica ucraniana bajo la presión del poder soviético. En el momento en que los participantes en el sínodo votaron el 8 y 9 de marzo por la « reunificación » de su Iglesia al patriarcado de Moscú todos los obispos greco-católicos ucranianos se hallaban en prisión bajo cerrojos. Los 216 sacerdotes y 19 laicos reunidos en la catedral de San Jorge de Leópolis por el NKVD, antepasado del KGB, estaban a merced de un « grupo de iniciativa » conducido por dos obispos ortodoxos, Antony Pelvetsky y Myhailo Melnyk, y por un sacerdote ortodoxo Gavril Kostelnyk. Los archivos revelan que fue Stalin mismo quien decidió la eliminación de esta Iglesia greco-católica ucraniana en febrero de 1945, doce días después de la conferencia de Yalta (4-11/II/1945) tenida en compañía de Winston Churchill y Franklin D. Roosevelt.” Decidió liquidarla por "aliada del Vaticano", es decir, de una potencia enemiga. ¡Se ve que el rebotado seminarista de Tiflis tenía fantasía!

Uno de los obispos en el pseudo-Sínodo de 1946 en la catedral de San Jorge, Leópolis

El pseudo-Sínodo de Leópolis decidió: 
  1. "Anular las decisiones del concilio di Brest (1596), abolir la unión, anular la dependencia de Roma y tornar…a la santa fe ortodoxa de los padres y a la Iglesia ortodoxa rusa".
  2. "Pedir al santísimo Patriarca de Moscú y de toda la Rus' acoger a la Iglesia greco-católica en el seno de la Iglesia ortodoxa rusa". 
  3. Desunirse (dicha Iglesia uniata) del Vaticano, que "se había puesto totalmente de parte del fascismo sanguinario y había cerrado filas contra la Unión Soviética, la cual... ha salvado a nuestro pueblo ucranio de la esclavitud y de la destrucción". 
No hay la menor duda de que este sínodo fue anticanónico por no haber participado en él ningún obispo (lo hicieron sólo un sexto de los 1.270 sacerdotes). Fue, no obstante, suficiente para acarrear una dura persecución a los creyentes que no aceptaron las deliberaciones. Con el pretexto de ejecutar las decisiones del sínodo de Leópolis, en los tres años sucesivos (1946-1949) se efectuó la destrucción completa de la Iglesia católica de rito oriental en territorio de la URSS. Los obispos fueron arrestados y todas las mansiones episcopales incautadas por agentes del patriarcado de Moscú. El clero, en parte abjuró del catolicismo, en parte fue encarcelado, y en parte entró en la clandestinidad. Todas las iglesias de los católicos (cerca de 3000, que históricamente jamás habían pertenecido al patriarcado de Moscú) fueron asignadas a la Iglesia ortodoxa rusa. Los creyentes –en 1943 eran cerca de 4 millones- en parte comenzaron a frecuentar las iglesias ortodoxas (que eran las mismas frecuentadas antes y allí se celebraban fundamentalmente los mismos ritos, acaso hasta con los mismos sacerdotes); una parte más conspicua se opuso a la nueva situación y continuó viviendo y transmitiendo la propia fe católica en la clandestinidad por más de cuarenta años[i]

”Los historiadores y teólogos serios –reconocen también los firmantes del antedicho comunicado- no expresan duda alguna sobre que el sínodo de Leópolis del 8-10 de marzo de 1946 de la Iglesia greco-católica ucraniana no pasó de ser un simulacro. B. Bociurkiw, profesor de historia en la universidad Carleton de Ottawa, escribió un resumen al respecto que jamás ha sido contradicho[ii]. En carta del 22/II/2006 (fiesta de la Cátedra de San Pedro Apóstol) al señor cardenal Lubomyr Husar, arzobispo mayor de Kiev-Halyc, con motivo de “los tristes acontecimientos que tuvieron lugar, al inicio de marzo de hace 60 años, en la catedral de San Jorge en Leópolis”, el papa Benedicto XVI escribía: «en aquellos tristes días de marzo de 1946 un grupo de eclesiásticos, reunidos en un seudosínodo que se arrogó el derecho de representar a la Iglesia, atentó gravemente contra la unidad eclesial. Después, se intensificó la violencia contra los que habían permanecido fieles a la unión con el Obispo de Roma, provocando ulteriores sufrimientos y obligando a la Iglesia a bajar de nuevo a las catacumbas. Pero, aun en medio de indecibles pruebas y padecimientos, la divina Providencia no permitió la desaparición de una comunidad que, a lo largo de los siglos, había sido considerada parte legítima y viva de la identidad del pueblo ucraniano. Así, la Iglesia greco-católica siguió dando su testimonio de la unidad, la santidad, la catolicidad y la apostolicidad de la Iglesia de Cristo»[iii]

Nicolás Lossky, teólogo ortodoxo francés miembro del patriarcado de Moscú, ha reconocido también que se trató de un simulacro[iv]. A causa de su supresión en 1946 y hasta 1989 (tiempos de Gorbachov), la Iglesia greco-católica, con seguridad de más de 5 millones de miembros en Ucrania, devino de hecho, en la principal víctima, pero también la principal fuerza de oposición al régimen soviético dentro de las fronteras de la URSS.[v] También nosotros –siguen diciendo los firmantes del comunicado arriba citado-- apelamos a las autoridades ortodoxas actuales, en Rusia, en Ucrania y otros lugares, a reconocer la nulidad de las decisiones trágicas del concilio de Leópolis. 

La Iglesia ortodoxa de Rusia en su conjunto no puede ser tenida responsable de las decisiones tomadas por las autoridades eclesiásticas manipuladas o aterrorizadas por la NKVD-KGB. Sin embargo nosotros, cristianos ortodoxos, viviendo 70 años después de aquellos acontecimientos, nosotros nos sentimos responsables del silencio culpable que rodea la destrucción de esta Iglesia por el régimen soviético con la participación del patriarcado de Moscú. Sabemos que millones de cristianos ortodoxos en el mundo condenan fuertemente las persecuciones anti-religiosas del gobierno soviético y en particular de José Dzhugashvili (= Stalin). Asimismo, en este día conmemorativo del 10 de marzo de 1946, y en vísperas del domingo 13/III/2016, domingo del Perdón en el calendario litúrgico ortodoxo, nosotros aseguramos a la Iglesia greco-católica ucraniana nuestra solidaridad, nuestra oración por todas las víctimas inocentes de esta Iglesia, que fueron encarceladas, torturadas, deportadas y asesinadas por el gobierno soviético con la complicidad del patriarcado de Moscú. Nosotros les pedimos humildemente perdón por todas las injusticias de las que han sido víctimas bajo la protección de la autoridad de la Iglesia ortodoxa, y nos inclinamos ante los mártires de esta Iglesia greco-católica ucraniana. “

Fr Gavril Kostelnyk, uno de los organizadores del pseudo-sínodo de Leópolis

La Iglesia greco-católica de Ucrania, concluida la unión con Roma y proclamada en el Sínodo de Brest (1596) la “comunión oficial” entre Kiev y Roma, prosperó en los tiempos modernos bajo el carismático liderazgo del venerable metropolita Andrés Sheptytsky, que fue arzobispo de Leópolis desde 1900 a 1944. Los siguientes fueron por este orden: Joseph Slipyj (1944-1984); Myroslav Iván Lubachivsky (1984-2000); Lubomyr Húsar (2001-2005 Arzobispo mayor de Kiev-Halyc); Ihor Vozniak (10/XI/2005, arzobispo de Leópolis); y Sviatoslav Shevchuk, (27/III/2011-- instalado como Arzobispo mayor de Kiev-Halyc). Pastorea unos 6 millones de fieles, muchos de ellos fuera de Ucrania, en América y otros continentes. En la actualidad, esta Iglesia cuenta con 3.240 comunidades parroquiales, 78 monasterios, 755 escuelas dominicales, 12 instituciones educativas, 2721 iglesias (y se están construyendo otras 306), 16 obispos, 1976 sacerdotes, 590 monjes, 729 monjas y 1.298 seminaristas.

Los tristes sucesos aquí referidos, por tanto, se inscriben en el tiempo del famoso Arzobispo mayor Joseph Slipyj (1944-1984), cuando todos los obispos de su Iglesia habían sido arrestados y él mismo estaba en campos de concentración. Como conocí en el Vaticano a este defensor de la unidad, quiero que sea él objeto de un próximo artículo mío al respecto. En la Iglesia ortodoxa rusa estaba de patriarca Alexis I (1945-1970), uno de los titulares sergianistas del patriarcado ruso.[vi] Nada tiene de extraño, pues, que se quedara tan ancho ante semejante atropello ecuménico. No así que lo siga haciendo Kirill, que nada tiene que ver con el sergianismo de sus antecesores, comprendido Alexis II.

Sí me interesa concluir con la declaración del metropolita Slipyj acerca del pseudo-Sínodo de Leópolis, hecha durante uno de los interrogatorios a que fue sometido en Krasnojarsk (junio-julio de 1958). El capitán Batrakov le pidió por qué no reconocía válido el Sínodo de Leópolis tenido en 1946. He aquí su respuesta, firme y rotunda: “En base a las decisiones del Sínodo de Leópolis en 1946, la Iglesia greco-católica ucraniana, de la cual soy yo el Metropolita, fue suprimida y los sacerdotes fueron obligados a unirse al Patriarcado ortodoxo de Moscú. Yo, no obstante, estaba en desacuerdo con tal decisión, así como lo sigo estando todavía, porque la composición del Sínodo no era plenipotenciaria en cuanto que a presidirlo faltaba el Jefe de aquella Iglesia: yo, en aquel momento, o sea en marzo del 1946, estaba en prisión. La ausencia del Metropolita invalida cualquier resolución porque, para deliberar sobre importantes cuestiones eclesiales, es indispensable la presencia del Metropolita. Por tanto, las decisiones tomadas en el Sínodo de Leópolis fueron ilegales y el mismo Sínodo no puede ser considerado un verdadero Sínodo; además, si yo hubiera estado presente, no habría permitido jamás que se llegase a una solución tan absurda. 

-¿Por qué? –intervino el capitán Batrakov. 

– Porque –repuso Slipyj- la Iglesia greco-católica siempre estuvo sometida al Papa y yo, en cuanto convencido católico devoto del Papa, no puedo y no quiero traicionarle en cuanto que justamente él, el Papa, es el único Vicario de Cristo-Dios en la tierra.“ (Choma, Josyf Slipyj, p.34). O sea, que intentaron liquidar la Iglesia greco-católica, pero no consiguieron sino consolidarla en su unidad y darle nuevos mártires de la fe. La sangre de los mártires, lo sabemos bien, hace renacer a la Iglesia. Y en este caso, conviene decirlo alto y claro, mártires del ecumenismo. Lástima que la jerarquía de la Iglesia ortodoxa rusa no haya tenido hasta la fecha la grandeza suficiente de lavar este borrón de sus antepasados sergianistas en 1946. El grupo de cristianos ortodoxos rusos con su comunicado del pasado día 7, sí la acaban de tener. Laus Deo.

La catedral de San Jorge (Leópolis),
en cuyo interior tuvo lugar el pseudo-Sínodo

Bibliografía: 
Notas: 
[ii] Bociurkiw, « Le synode de Lviv », Istina, XXXIV, n°3-4, 1989. 
[iii] « Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI al cardinal Lubomyr Husar, Arzobispo Mayor de Kiev-Halyc (22/2/2006 »: 
[iv] Commission mixte de dialogue théologique entre catholiques et orthodoxes, Catholiques et orthodoxes : les enjeux de l’uniatisme : Dans le sillage de Balamand, Paris, Bayard, 2014. 
[v] Arjakovsky, Antoine, En attendant le concile de l’Eglise Orthodoxe, Paris, Cerf, 2011. 
[vi] Cf. Langa, 223-225. 


Prof. Dr. Pedro Langa Aguilar, OSA
Teólogo y ecumenista