Todos juntos
Un espacio propuesto por EQUIPO ECUMÉNICO SABIÑÁNIGO

domingo, 20 de septiembre de 2020

AL PIE DEL ALTAR



Al pie del altar

por Koldo Aldai

Como ella está un poco falta de oído nos colocamos junto al altar, en primera fila, allí donde se reúnen las flores, las luces de los cielos y los anhelos de la tierra. De atrás llegan los cantos que se acomodan en las altas bóvedas del templo, también en las más acogedoras de adentro. Por allí arriba se deben juntar nuestras fes, la de antes, la de ahora, la de siempre. La nuestra no es mejor que la de esas voces cansadas, si es caso más a sus anchas, más libre de custodia. 

El momento de la comunión es especialmente entrañable. Todas esas personas de edad avanzada y paso renqueante, han salido de sus hogares con mascarillas y vencido todos sus miedos para comulgar con la comunidad creyente, para acercarse a ese Pan que promete vida eterna. Yo también digo “amen” cuando me invitan a tomar el Cuerpo de Quien se entregó por entero.

¿Volveré a la iglesia cuando ella falte? Al dejar la primera fila me pregunto si el acompañamiento a mi madre no era en realidad la excusa perfecta. Uno argüirá para escudarse que va por ella, por el bastón que represento, pero la verdad es que el bordón tiene también sed de templo y recogimiento. No son las misas, las ceremonias que quisiéramos, pero son las que tenemos. Los “peros” serían interminables, empezando por el veto a que ellas presidan el altar y eleven el cáliz con el Cuerpo..., pero se estaba bien cuando los cantos en esa primera fila, en la última misa de Capuchinos. 

No sé si volveré a la iglesia, no sé en realidad si frecuentaré esa orilla de entre tantos mares. Atrapan las bahías a cuya verá se yerguen templos. Hace ya tiempo que me metí las olas bien dentro, que las saco a romper a voluntad en el corazón del bosque. Hace ahora ya treinta años que abandoné esa querida ciudad y todavía muchos más que dejé de santiguarme a la entrada de sus iglesias. 

No somos de ningún lugar, de ninguna pila bautismal, de ninguna bóveda en particular. El Cuerpo se reparte entre todo solemne cáliz y los océanos inundan de calma agua salada muchas bahías. Aún atesoro la excusa de que vuelvo para acompañar a mi santa, pero un día dejaré de acariciar la barandilla. Explotará la última ola en la remota orilla del silencio. La almohada de la nostalgia turba los sueños tierra adentro.

Koldo Aldai
www.koldoaldai.org
www.portaldorado.com





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