Todos juntos
Un espacio propuesto por EQUIPO ECUMÉNICO SABIÑÁNIGO

sábado, 21 de noviembre de 2020

ORACIÓN POR LA UNIDAD


Dios de esperanza, te alabamos por el don que tú nos has hecho en la cena del Señor donde, en el Espíritu Santo, encontramos a tu Hijo Jesucristo, el pan vivo bajado del cielo. Perdona nuestra infidelidad a este gran don, nuestra vida de clanes, nuestra complicidad con las desigualdades, nuestra complacencia en la separación. Señor, te rogamos que se acelere el día en que toda tu Iglesia se reunirá para la fracción del pan y, en la espera de este día, haz que aprendamos aún más a ser un pueblo modelado por la Eucaristía para el servicio del mundo. Te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.





viernes, 20 de noviembre de 2020

TRABAJO CONJUNTO POR LA UNIDAD, LA JUSTICIA Y LA PAZ

El obispo Heinrich Bedford-Strohm y el cardenal Reinhard Marx reflexionan sobre su trabajo conjunto por la unidad, la justicia y la paz

CLAVE:
El obispo Heinrich Bedford-Strohm, presidente del consejo de la Iglesia Evangélica en Alemania, y el cardenal Reinhard Marx, arzobispo de Múnich y antiguo presidente de la Conferencia Episcopal de Alemania, han recibido el Premio Augsburg de la Paz 2020, por su “voluntad incondicional de vivir juntos en paz”. 

En el medio, el obispo Heinrich Bedford-Strohm, presidente del consejo de la Iglesia Evangélica en Alemania, y el cardenal Reinhard Marx, arzobispo de Múnich, con el Premio de la Paz de Augsburgo 2020 en reconocimiento por su “voluntad incondicional de vivir juntos en paz”. Fotografía: Iglesia Evangélica Luterana de Baviera

Desde 1985, la ciudad de Augsburgo y la Iglesia Evangélica Luterana de Baviera, conceden, cada tres años, el Premio del Festival de la Paz de Augsburgo. El premio distingue a personalidades que han prestado un servicio destacado en favor de la coexistencia tolerante y pacífica de culturas y religiones. 

A continuación, el obispo Bedford-Strohm y el cardenal Marx reflexionan sobre su trabajo y sobre su visión del futuro. 

Casi siempre, el Premio de Augsburgo se concede a una sola persona, pero, en su caso, lo han recibido como un equipo que trabaja por la unidad, la justicia y la paz. ¿Cuándo empezaron a colaborar estrechamente? 

Obispo Bedford-Strohm: Ya nos conocíamos antes de trabajar juntos como obispos. Cuando yo era aún profesor de teología sistemática y de ética, y copresidente del comité de asuntos sociales de las Iglesias Protestantes Alemanas, fui invitado al comité homólogo, que presidía el cardenal Marx. Así que puede decirse que comenzamos nuestra labor ecuménica común reflexionando juntos sobre las aflicciones y necesidades en las vidas de las personas en estos tiempos. Nuestra colaboración se estrechó cuando me convertí en obispo de la Iglesia Luterana de Baviera, e inicié un intenso intercambio con el cardenal Marx, en calidad de presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Baviera. Su oficina en Múnich está a cinco minutos en bicicleta de la mía. 

Cardenal Marx: La proximidad geográfica es sin duda una gran ventaja, ya que nos reunimos con frecuencia y podemos ponernos de acuerdo rápidamente. Lo que ha sido aun más importante es el vínculo espiritual e intelectual, y la cercanía y amistad que se han ido forjando entre nosotros a lo largo de los años. Estoy profundamente agradecido a Heinrich Bedford-Strohm por ese regalo y por esa experiencia, que ha sido tan enriquecedora para mí. Nuestro contacto se intensificó especialmente en torno al aniversario de la Reforma, en 2017, que celebramos con un festival conjunto en honor a Cristo. Para nosotros era –y es– importante demostrar a las personas de nuestro país y del extranjero que la reconciliación real entre denominaciones es posible. El ecumenismo no consiste en buscar más visibilidad en detrimento de los demás, sino en encontrar el terreno común y ponerlo de relieve, por el bien de las personas y del Evangelio. Este enfoque no solo lo aplicamos nosotros, también es fundamental para un sinfín de agentes ecuménicos, como parroquias y comunidades, y ha caracterizado al movimiento ecuménico durante decenios. En el ecumenismo, como en todas las demás formas de encuentro, se aplica lo siguiente: sin buena fe y sin amistad, no hay verdadero entendimiento. 

Al aceptar este premio ¿qué mensaje les gustaría trasladar a su familia ecuménica, que ha celebrado con entusiasmo este premio? 

Obispo Bedford-Strohm: Mi primer mensaje sería de agradecimiento por sus generosas reacciones ante este premio. Y el segundo, que nunca subestimen la importancia de la amistad social para el progreso ecuménico. Amarnos unos a otros como hermanos en Cristo también tiene una dimensión social. Estoy extremadamente agradecido por mi amistad con el cardenal Marx, por la confianza que tenemos el uno en el otro y por la alegría de estar juntos. Eso está estrechamente relacionado con las profundas experiencias espirituales que hemos vivido en los numerosos servicios ecuménicos que hemos celebrado juntos. 

Cardenal Marx: Estoy plenamente de acuerdo con esas palabras. Y quisiera añadir que aceptamos este importante premio con profundo agradecimiento a todos nuestros hermanos y hermanas en Cristo, que transitan con nosotros el camino del entendimiento ecuménico. Mis esfuerzos ecuménicos encuentran gran aliento en las obras del papa Francisco, que tiene especial interés en la unidad de los cristianos y la reconciliación de las religiones. Alemania tiene una responsabilidad especial en lo ecuménico, debido a nuestra historia eclesial, con la que debemos ser coherentes, ya que el cisma tuvo aquí su origen. Personalmente, creo que no hay alternativa al ecumenismo y a la unidad de los cristianos. 

El obispo Heinrich Bedford-Strohm, presidente del consejo de la Iglesia Evangélica en Alemania, y el cardenal Reinhard Marx, arzobispo de Múnich. Fotografías: Iglesia Evangélica Luterana de Baviera, oficina del obispo

¿Cuál es el siguiente proyecto que emprenderán juntos? 

Obispo Bedford-Strohm: Seguiremos trabajando por el entendimiento mutuo en nuestras iglesias, en los debates del grupo de contacto de la Conferencia Episcopal de Alemania y de la Iglesia Evangélica en Alemania, sobre asuntos teológicos y pastorales, para centrarnos en alcanzar una mayor unidad visible. El objetivo de la unidad visible a través de las diferencias conciliadas es muy atractivo, pero poco realista. Por encima de todo, creo que el cristianismo –no solo en Alemania y Europa– tendrá futuro si los cristianos nos esforzamos por trabajar juntos ecuménicamente. Cristo debe ser el eje central. Especialmente en nuestros tiempos, marcados por la pandemia de coronavirus y por tantas tensiones (geo)políticas y sociales, el mensaje es sumamente importante: todas las personas del mundo están vinculadas, todos somos hijos de Dios, y hermanos y hermanas de Jesucristo. 

Cardenal Marx: El próximo desafío es brindar consuelo y asistencia a nuestras parroquias y a las personas de nuestro país, durante este difícil periodo de la pandemia. Esta expresión de consuelo y asistencia tendrá aún más repercusión si actuamos juntos. Cuando existe la posibilidad de que surja la división social, la iglesia debe manifestarse de consuno para dar testimonio de Cristo y ser, realmente, la sal de la tierra y la luz del mundo. Por ello, el cardenal y yo estamos organizando un servicio ecuménico de nochebuena al aire libre, en el centro de Múnich. Queremos ofrecer la posibilidad de celebrar el maravilloso mensaje de la Navidad a más personas de las que sería posible albergar dentro de una iglesia, habida cuenta de las medidas de protección contra el coronavirus. Esperamos crear un espacio donde sea posible escuchar de verdad el poderoso mensaje de los ángeles: ¡no teman!


FUENTE:
https://www.oikoumene.org/








jueves, 19 de noviembre de 2020

DIÁLOGO ENTRE RELIGIONES: UN ANÁLISIS EN CLAVE DE ECUMENISMO

DIÁLOGO ENTRE RELIGIONES: UN ANÁLISIS EN CLAVE DE ECUMENISMO 

por Sabino Ayestarán Etxeberría 


RESUMEN 

Se parte de la hipótesis de que un diálogo interreligioso, en el plano doctrinal, debe ser preparado por el intercambio de experiencias religiosas relacionadas con la oración compartida y la participación de creyentes de diferentes Iglesias en acciones sociales, orientadas a la construcción de un mundo más justo, más solidario y más cooperativo. La discusión en el plano doctrinal despierta los fantasmas de la lucha por el poder y el temor a la pérdida de identidad grupal. En cambio, la oración compartida y la participación en acciones humanitarias comunes crean un clima de cooperación que permite abordar mejor la discusión de temas doctrinales. Se hace una revisión de los movimientos ecuménicos de los últimos 100 años y se constata que, efectivamente, el diálogo entre diferentes experiencias de Dios y entre diferentes figuras del rostro de Dios es posible cuando esa experiencia no es narcisista, sino que está al servicio del proyecto de construcción de un mundo más justo, más solidario y más cooperativo 

INTRODUCCIÓN 

Al abordar el tema del diálogo entre religiones, es obligatorio que mi primera referencia sea para el libro “Unity in Diversity: Interfaith Dialogue in the Middle East(Abu-Numer, Khoury, and Welty, 2007). Es uno de los pocos trabajos empíricos que he encontrado sobre el diálogo interreligioso, escrito en un lenguaje próximo a la psicología social. Los autores de este libro identifican muy bien la mayor dificultad para el diálogo interreligioso: la tensión entre fidelidad a la propia tradición religiosa, que conduce al particularismo religioso y al conflicto con otras tradiciones religiosas, y la búsqueda de un común denominador de todas las tradiciones religiosas, lo que acaba vaciando de contenido teológico dichas tradiciones. Esta tensión es perceptible en cualquiera de los cuatro modelos que proponen para el diálogo interreligioso: 
  • El modelo del exclusivismo, donde cada participante subraya la superioridad de su tradición sobre el resto de tradiciones religiosas. El exclusivismo conduce a la intolerancia e imposibilita el diálogo interreligioso. Tolerancia significa aceptar la existencia del diferente, pero sin renunciar a la idea de la superioridad de la propia tradición religiosa sobre las demás. La tolerancia permite la coexistencia pacífica de tradiciones religiosas diferentes. Es el primer paso en el proceso de acercamiento entre personas o grupos diferentes. Hoy, se puede afirmar que la mayoría de las religiones han logrado un alto grado de tolerancia, con la excepción del Islam. En el caso del Islam, se mantiene la histórica desconfianza entre musulmanes y cristianos. Los cristianos toleran, no siempre de buen grado, la proximidad de las mezquitas. Por parte de los musulmanes, en muchas partes del mundo, hay claro rechazo y hasta abierta persecución de los símbolos cristianos. 
  • El modelo del pluralismo, donde se reconocen y se respetan las diferencias teológicas y antropológicas de las tradiciones religiosas. Respeto significa reconocer que hay algo bueno en los grupos diferentes al mío, pero evitando la cooperación entre diferentes. El respeto supone dar un paso importante en el proceso de acercamiento entre diferentes, pero manteniendo la diferencia y la separación. En el respeto, se mantiene el miedo a perder la propia identidad. Este miedo hace imposible la cooperación. 
  • El modelo del sincretismo, que subraya ciertos elementos comunes a las diferentes tradiciones religiosas (p. e., ‘somos todos hijos de Dios o hijos de Abraham’; ‘todas las religiones predican el amor’; ‘todas las religiones favorecen una ética transcendente’, etc…). El sincretismo no hace justicia a los valores de las diferentes tradiciones religiosas. Los ignora y, en la misma medida, empobrece todas las experiencias religiosas. 
  • El modelo de la cooperación entre las diferentes tradiciones religiosas, que conduce a la transformación creativa de la experiencia religiosa. En este caso, el diálogo interreligioso modifica y enriquece la comprensión y la experiencia de la propia fe. El verdadero diálogo supone cooperación en el enriquecimiento de la experiencia religiosa, lo que facilita la construcción de una nueva formulación de los contenidos doctrinales. Es lo que se entiende cuando se contrapone la negociación competitiva a la negociación creativa. En el libro La tercera alternativa, Covey (2012) expone la técnica de la negociación creativa. Consiste en construir entre personas y grupos diferentes una nueva formulación del objeto de discusión, que satisfaga, total o parcialmente, a las personas implicadas en la discusión. En la negociación competitiva, no se dialoga, se compite. En la negociación creativa, se coopera en la búsqueda de un nuevo rostro de Dios, que enriquece las formulaciones doctrinales de las diferentes Iglesias. 
Como resumen de sus investigaciones, los autores del libro sugieren que, en el diálogo interreligioso, es más importante la perspectiva de la unidad nacional que la perspectiva teológica o la perspectiva política. Es una confirmación de que la religión es un elemento importante para la configuración de la identidad nacional. 

1. FE EN DIOS Y ESPERANZA DE UN MUNDO MÁS JUSTO, MÁS SOLIDARIO Y MÁS COOPERATIVO. 

Dialogar es integrar diferentes experiencias religiosas, experiencias que refuerzan la esperanza de un mundo mejor. Benedicto XVI, en su Encíclica  Spe salvi, escribe: 

A este respecto, de Lubac ha podido demostrar, basándose en la teología de los Padres en toda su amplitud, que la salvación ha sido considerada siempre como una realidad comunitaria. La misma Carta a los Hebreos habla de una «ciudad» (cf. 11,10.16; 12,22; 13,14) y, por tanto, de una salvación comunitaria. Los Padres, coherentemente, entienden el pecado como la destrucción de la unidad del género humano, como ruptura y división. Babel, el lugar de la confusión de las lenguas y de la separación, se muestra como expresión de lo que es el pecado en su raíz. Por eso, la redención se presenta precisamente como el restablecimiento de la unidad en la que nos encontramos de nuevo juntos en una unión que se refleja en la comunidad mundial de los creyentes. No hace falta que nos ocupemos aquí de todos los textos en los que aparece el aspecto comunitario de la esperanza. Sigamos con la Carta a Proba, en la cual Agustín intenta explicar un poco esta desconocida realidad que vamos buscando. El punto de partida es simplemente la expresión vida bienaventurada [feliz]. Después cita el Salmo 144: Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor. Y continúa: Para que podamos formar parte de este pueblo y llegar [...] a vivir con Dios eternamente. El precepto tiene por objeto el amor, que brota de un corazón limpio, de una buena conciencia y de una fe sincera (1 Tm 1,5). Esta vida verdadera, hacia la cual tratamos de dirigirnos siempre de nuevo, comporta estar unidos existencialmente en un pueblo y sólo puede realizarse para cada persona dentro de este nosotros. Precisamente por eso presupone dejar de estar encerrados en el propio yo, porque sólo la apertura a este sujeto universal abre también la mirada hacia la fuente de la alegría, hacia el amor mismo, hacia Dios” (SPE SALVI, n. 14)

Difícilmente se podría expresar mejor que la fe en Dios supone salir de sí mismo, superando el narcisismo y poniendo nuestra relación con Dios al servicio de un mundo mejor. 

El Papa Francisco insiste en esta idea de la fe en Dios asociado al desarrollo humano. 

Cuando el pensamiento cristiano reclama un valor peculiar para el ser humano por encima de las demás criaturas, da lugar a la valoración de cada persona humana, y así provoca el reconocimiento del otro. La apertura a un «tú» capaz de conocer, amar y dialogar sigue siendo la gran nobleza de la persona humana. Por eso, para una adecuada relación con el mundo creado no hace falta debilitar la dimensión social del ser humano y tampoco su dimensión trascendente, su apertura al «Tú» divino. Porque no se puede proponer una relación con el ambiente aislada de la relación con las demás personas y con Dios. Sería un individualismo romántico disfrazado de belleza ecológica y un asfixiante encierro en la inmanencia (Encíclica LAUDATO_SI, n. 119) 

Los dos últimos Papas han realizado un gran esfuerzo por acercar la fe en Dios al proceso de humanización del mundo. La convivencia se construye sobre la justicia, pero exige algo más. La convivencia no es posible sin solidaridad y perdón. Éste es el núcleo del mensaje de Jesús. 

2. EL VERDADERO DIÁLOGO ENTRE DIFERENTES EXIGE LA SUPERACIÓN DEL NARCISISMO. 

Para facilitar el diálogo interreligioso, es importante que la experiencia de Dios esté asociada al proceso de maduración de las personas y de la sociedad. 

El proceso de maduración de las personas incluye la superación del narcisismo, que se expresa en este triple desarrollo: 
  • Desarrollo de la inteligencia emocional, entendida como capacidad de reconocer, expresar, controlar y transformar nuestras emociones. 
  • Desarrollo de la capacidad de cooperación entre diferentes, entendida como capacidad de construir ideas, valores y proyectos nuevos a partir del diálogo entre diferentes. 
  • Desarrollo de la capacidad de transcendencia, entendida como capacidad de autorrealización a través del crecimiento de otras personas. Esta dimensión de la transcendencia humana es la que permite establecer una relación positiva entre desarrollo personal y desarrollo colectivo. 
Nuestra hipótesis de trabajo es que el diálogo entre diferentes experiencias de Dios y entre diferentes figuras del rostro de Dios es posible cuando esa experiencia no es narcisista, sino que está al servicio del proyecto de construcción de un mundo más justo, más solidario y más cooperativo. Es lo que vamos a verificar recorriendo los últimos 100 años de los movimientos ecuménicos. 

3. HISTORIA DE LOS MOVIMIENTOS ECUMÉNICOS ENTRE LAS IGLESIAS CRISTIANAS. 

Hablamos de movimientos ecuménicos porque hay, al menos 4 movimientos ecuménicos diferentes: ecumenismo entre iglesias cristianas (luterana, ortodoxa, anglicana y romana); ecumenismo entre el cristianismo y el judaísmo; ecumenismo entre cristianismo y el islam; ecumenismo entre el cristianismo y las religiones orientales. En los últimos 100 años, han coexistido los diferentes movimientos ecuménicos (Küng, 1993; Musser y Sutherland, 2005; Abu-Numer, Khoury, and Welty, 2007; Gómez Rincón, 2008; Cárcel Ortí, 2009)

3.1. Primera etapa del ecumenismo entre iglesias cristianas (1910-1937). 

La Primera Conferencia Misionera Mundial se celebró en la Universidad de Edimburgo en 1910. Se considera que fue el inicio del movimiento ecuménico protestante, marcado por diversos hitos. 
En 1908, Spencer Jones y Paul Watson, dos episcopalianos estadounidenses, lanzaron la Church Unity Octave (Octava por la Unidad de la Iglesia), que tuvo una excelente acogida inicial en el mundo anglicano. Nueve meses después, el pastor Paul Watson se convirtió al catolicismo. La octava se convirtió pronto en un instrumento de apostolado en manos de la jerarquía católica de aquel tiempo, con el fin de bregar por la conversión de los cristianos no católicos al catolicismo cual si se tratara de un mero «retorno» al seno de la Iglesia católica. La Iglesia anglicana dejó de realizar ese octavario y transcurrió más de una década hasta que, en 1921, el mismo Spencer Jones lo sustituyó por la Church Unity Octave Council, con un sentido de búsqueda de la unión entre la Iglesia anglicana y la católica. 
  • En 1910, se realizó la Conferencia Misionera Mundial en Edimburgo, considerada el punto de partida oficial del movimiento ecuménico. En esta Conferencia se decidió la constitución de una comisión permanente de coordinación de la actividad ecuménica para promover las propuestas y proyectos surgidos en la asamblea. En particular, dos proyectos irán concretándose y desarrollándose: a) la comisión Life and Work (Vida y Acción), promovida sobre todo por el obispo luterano de Uppsala, Nathan Soderblom, para afrontar de manera coordinada los problemas referentes a la responsabilidad de las iglesias en relación a la sociedad; y b) la comisión Faith and Order (Fe y Constitución), promovida sobre todo por el obispo anglicano Charles Brent, para abordar el contencioso teológico que divide a las confesiones cristianas. Ambos organismos obedecían a sendas lógicas diversas: «Vida y Acción» estaba abierta a los problemas de la sociedad y se proponía favorecer la unidad de las iglesias a través del servicio práctico que hay que prestar a la sociedad; «Fe y Constitución», en cambio, desarrollaba una acción de clarificación inter-eclesial y se proponía promover la unidad en el plano de la doctrina. Además, también era distinta la teología que subyacía a ambos proyectos: «Vida y Acción» se inspiraba en la teología liberal y en el Social Gospel americano, que relativizaban los problemas dogmáticos; «Fe y Constitución», en cambio, se inspiraba en la teología dialéctica, que ponía el acento en la revelación y en sus contenidos doctrinales (Woolverton, 2005)
  • En 1914, Robert Gardiner envió una carta de invitación en latín al cardenal Pietro Gasparri. El papa Benedicto XV contestó que se consideraba a sí mismo como la fuente y la causa de la unidad de la Iglesia. 
  • En 1918, el obispo luterano Nathan Söderblom se acercó a numerosos clérigos católicos para invitarles a hablar de la paz (Hjelm, 2008). Se efectuó una reunión en Upsala, en el mes de septiembre. Gasparri no se tomó la cuestión como algo serio. 
  • En 1919, una delegación de obispos episcopalianos se acercó a diversas iglesias europeas. Al llegar a Roma, los recibió Benedicto XV, quien les dijo que la única unidad posible se encontraba en su retorno a la Iglesia católica. Por primera vez, Nathan Söderblom, en una carta abierta, sugirió la creación de un Consejo ecuménico de las Iglesias. 
  • En 1920, tuvo lugar la Conferencia Vida y Acción del catolicismo práctico. Acuden delegados de la jerarquía ortodoxa. Se creó un Comité de Continuación de la Conferencia Misionera Mundial en Ginebra, para sentar las bases del movimiento Fe y Constitución. 
  • En 1921, se fundó el Consejo Misionero Internacional en Londres: Obispos luteranos suecos y carta del catolicismo práctico. En ese mismo año, iniciaron las Conversaciones de Malinas entre clérigos católicos y anglicanos. 
  • En 1925, se realizó la Conferencia del catolicismo práctico en Estocolmo. Se produjo un violento ataque del canónigo católico Charles Journet contra el catolicismo práctico en su libro L'union des églises et le Chatolicisme pratique. Se reunió en Estocolmo el Comité de Continuación de la Conferencia Misionera Mundial, para programar la primera Conferencia Mundial de Fe y Constitución. 
  • En 1927, se efectuó la primera Conferencia Mundial de Fe y Constitución en Lausana. 
  • En 1928, el papa Pío XI publicó su encíclica Mortalium Animos, en la que trató con palabras duras las primeras iniciativas del movimiento ecuménico. 
  • En 1929, se realizó la primera evaluación seria del trabajo ecuménico por parte de los católicos, con el libro de Max Pribilla (1929): Um kirchliche Einheit. Stockholm, Lausanne, Rome. 
  • En 1930, Nathan Söderblom recibió el Premio Nobel de la Paz. 

3.2. Segunda etapa (1938-) 

Esta etapa coincidió con la historia del Consejo Mundial de Iglesias (CMI). Su estatuto, fijado provisionalmente en Utrech en 1938, a causa de la Segunda Guerra Mundial, no fue adoptado hasta la asamblea de Ámsterdam, en 1948. El consejo se definió, no como una super Iglesia o como una Iglesia mundial, sino como una comunidad de Iglesias que reconocen a Cristo como Dios y Salvador. Desde su fundación se han establecido 7 asambleas generales: 
  • Ámsterdam (1948); 
  • Evanston (1954); 
  • Nueva Delhi (1961); 
  • Upsala (1968); 
  • Nairobi (1968); 
  • Vancouver (1983); 
  • Canberra (1991). 
En cuanto a la Iglesia católica, el papa Juan XXIII produjo un cambio de rumbo con la creación del Secretariado para la promoción de la unidad de los cristianos, una comisión preparatoria al Concilio Vaticano II que más tarde recibiría el nombre de Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos. El 6 de junio de 1960, Juan XXIII designó al cardenal Augustin Bea como primer presidente del recién creado Secretariado. El Secretariado participó en la conferencia de Nueva Delhi y fue el responsable de la redacción de diferentes borradores de documentos críticos durante el Concilio Vaticano II, entre ellos el del decreto Unitatis redintegratio sobre el ecumenismo. 

Las últimas palabras pronunciadas por Juan XXIII en su lecho de muerte exteriorizaron su compromiso ecuménico: 

Ofrezco mi vida por la Iglesia, por la continuación del Concilio Ecuménico, por la paz en el mundo y por la unión de los cristianos... Mis días en este mundo han llegado a su fin, pero Cristo vive y la Iglesia debe continuar con su tarea. Ut unum sint, ut unum sint. 

4. POSICIÓN ACTUAL DE LA IGLESIA DE ROMA RESPECTO AL ECUMENISMO CRISTIANO. 
  • El ecumenismo debe ser fomentado por los obispos (Decreto Christus Dominus, 16)
  • Los presbíteros no han de olvidar a los hermanos que no gozan de plena comunión eclesiástica con los católicos (Decreto Presbyterorum ordinis, 9)
  • Se ha de cultivar el espíritu ecuménico entre los neófitos (Decreto Ad gentes divinitus, 15)
  • Se exhorta a los católicos a que, reconociendo los signos de los tiempos, participen diligentemente en la labor ecuménica (Decreto Unitatis redintegratio, 4)
  • Los católicos, en su acción ecuménica, deben, sin duda, preocuparse de los hermanos separados, orando con ellos, tratando con ellos de las cosas de la Iglesia y adelantándose a su encuentro (Decreto Unitatis redintegratio, 4)
  • Es necesario que los católicos reconozcan con gozo y aprecien los bienes verdaderamente cristianos, procedentes del patrimonio común, que se encuentran entre los hermanos separados (Decreto Unitatis redintegratio, 4)
  • La práctica del ecumenismo se ha de basar en: 
       - La renovación de la Iglesia como aumento de la fidelidad hacia su vocación, incluyendo movimientos bíblico y litúrgico; 
       - La predicación de la Palabra de Dios; 
       - La catequesis; 
       - El apostolado seglar; 
       - La espiritualidad matrimonial; 
       - La conversión interior; 
       - La oración unánime por la unidad; 
      - El conocimiento mutuo de las distintas Iglesias, con un mejor conocimiento de la doctrina, de la historia, de la vida espiritual y cultural y de la psicología religiosa de las otras Iglesias; 
      - La formación ecumenista; 
     - Una mejora en cuanto a la profundidad y exactitud en el lenguaje con que se expresa la doctrina de la fe. 

Pablo VI y Atenágoras I, artífices del acercamiento de la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa, que tuvo lugar en Jerusalén, el 5 de enero de 1964. La estatua de conmemoración de este acontecimiento se ubica en la iglesia de la Anunciación, en Nazaret (Adornato, 2010)

El 25 de mayo de 1995, Juan Pablo II publicó la carta encíclica Ut unum sint (del latín, Que sean uno), en la cual se instó a la unión de las iglesias cristianas mediante la fraternidad y la solidaridad al servicio de la humanidad. Ya el 10 de noviembre de 1994, en su carta apostólica Tertio Millennio Adveniente dirigida al episcopado, al clero y a los fieles con motivo de la preparación del jubileo del año 2000, Juan Pablo II instó a analizar el curso de los últimos diez siglos y señaló la falta de unidad de los cristianos entre los pecados que exigen mayor compromiso de penitencia y de conversión, al tiempo que lo calificaba como un problema crucial para el testimonio evangélico en el mundo (Braaten y Jenson, 2001)

El 31 de octubre de 1999, en Augsburgo, se firmó la Declaración conjunta sobre la doctrina de la justificación, por parte del cardenal Edward Cassidy en nombre de la Iglesia católica, y el obispo Christian Krause de la Federación Luterana Mundial. Joseph A. Fitzmyer, quien trabajó durante casi tres décadas en el diálogo ecuménico luterano-católico, proporcionó una contribución esencial para la elaboración de esta declaración. El documento representó un paso importante para zanjar las divisiones entre ambas denominaciones cristianas que llevaban 482 años, desde que el mismo día del año 1517, Martín Lutero clavó sus noventa y cinco tesis en la puerta de la iglesia del castillo en Wittenberg, en Alemania (Donahue, 2013)

En el 2004, se fundó la comunidad religioso-ecuménica de los Misioneros y Misioneras del Amor Sacramentado, basada en la creación de proyectos sociales que promueven el amor y el servicio, en atención a diversas obras solidarias en la comunidad, sumado a la presencia de oratorios que invitan a todos a la oración universal. 

En febrero del 2016, el papa Francisco y el patriarca de Moscú y de todas las Rusias Cirilo I de Moscú, reunidos en Cuba, firmaron una Declaración conjunta. En este encuentro histórico, dichos líderes se abrazaron después de casi mil años de separación de sus iglesias. En abril de ese año, el Papa Francisco, el patriarca de Constantinopla, Bartolomé I, y el arzobispo de Atenas y Toda Grecia, Ieronymos II, firmaron en Lesbos una declaración conjunta para manifestar su preocupación por la situación trágica de los numerosos refugiados, emigrantes y demandantes de asilo, que han llegado a Europa huyendo de situaciones de conflicto (Soloview, 2012)

Una de las personas que más ha contribuido a la promoción de la idea del ecumenismo en el siglo XX, especialmente entre los jóvenes, fue el hermano Roger Schutz, fundador de la ecuménica Comunidad de Taizé. Su visión de la unidad cristiana deriva de la creencia de que Jesús no vino para iniciar una nueva religión, sino para revelar el amor de Dios y reconciliar a la gente entre sí. Por lo tanto, según el pensamiento de Roger Schutz, los cristianos pueden ser reconciliados unos con otros mediante la oración en común, que permite la entrada del Espíritu Santo en el corazón de la acción. En 1972, los jóvenes mostraron la importancia que brindan al mensaje ecuménico de Taizé, tal como se señaló en el periódico francés Le Monde

Unos dieciocho mil jóvenes, procedentes de varios países, celebraron la fiesta de Pascua de 1973 sobre la colina de Taizé en Borgoña. La aldea se ha convertido en uno de los primeros centros europeos de agrupación de personas menores de 30 años, hasta el punto de que se hizo preciso derribar la fachada de la iglesia para agrandarla por un inmenso capitel en forma de circo (Le Monde, 25 de abril de 1973)

¿Qué es lo que arrastra a las gentes a Taizé? Visitantes lo ha habido siempre. Desde hacía tiempo, la colina se había convertido en un intenso foco de ecumenismo: protestante en su origen (1944), su comunidad monástica llevó el amor por la unidad al extremo de integrar hermanos pertenecientes a otras confesiones. Pero fue la proclamación, en 1970, del Concilio de los jóvenes la que dio lugar a un movimiento sin precedentes. En 1972, cien mil personas de más de cien nacionalidades distintas se reunieron en Taizé. El tema de esta enorme asamblea fue: Lucha y contemplación para ser hombres de comunión. 

5. SITUACIÓN DEL ECUMENISMO CRISTIANO, HOY. 

Un panorama general permite señalar los puntos siguientes referidos al estado de situación del ecumenismo hoy (Burggraf, 2003; Kasper, 2008; O’Collins, 2011; Gibellini, 2013)
  • Bautismo en un convento de Rusia. Actualmente, el valor del bautismo es reconocido por las Iglesias cristianas históricas, independientemente de cuál de ellas lo administre. La cuestión del bautismo quedó definitivamente resuelta: todos los cristianos, sean católicos, ortodoxos, anglicanos o protestantes, reconocen el valor del bautismo administrado por las demás Iglesias que no sean la suya propia. Si un cristiano desea pasar a pertenecer a otra de estas confesiones cristianas, no requiere ser bautizado de nuevo. 
  • También se produjeron avances en el reconocimiento de la validez de los matrimonios celebrados entre contrayentes de distintos credos cristianos. Un católico que quisiera contraer matrimonio con una persona cristiana no católica solo debe cumplimentar ciertos requisitos que no afectan su concepción del sacramento. 
  • La participación en la eucaristía por partes de cristianos miembros de Iglesias diferentes de la católica es deseada y pedida por muchos como signo que preludie la esperada unidad final. Si bien la práctica no fue autorizada todavía por las Iglesias cristianas, algunos teólogos han descubierto zonas de acuerdo doctrinal entre la fracción del pan y la eucaristía como presencia real de Cristo. Algunos hechos, como la prédica del primado de la Comunión Anglicana Rowan Williams en la Eucaristía Internacional en el Santuario de Lourdes, junto con las medidas que siguieron, son considerados altamente positivos en orden al ecumenismo. 
  • También progresan, aunque con dudas y dificultades, las investigaciones teológicas emprendidas en común sobre los problemas de la autoridad papal y de la llamada infalibilidad pontificia. En particular, las Iglesias católica, ortodoxa y la Comunión Anglicana se sienten menos alejadas entre sí a nivel doctrinal. 
  • Sobre problemas de índole moral, como los del divorcio o del aborto, las divergencias no son tan extremas como para excluir un posible acuerdo. En cuanto a problemas de formulación más moderna, como los de la justicia social, la vida internacional y las libertades cívicas (entre ellas, la libertad de culto, la libertad de enseñanza, la libertad de expresión, etc.), los puntos de vista son similares hasta el extremo de que las distintas Iglesias han llegado a pronunciarse a través de declaraciones comunes. 
  • Las relaciones entabladas a nivel jerárquico son muy buenas, impensables un siglo atrás. El Consejo Mundial de Iglesias, que representa al conjunto de Iglesias de la Comunión Anglicana, protestantes y ortodoxas, goza de un alto prestigio moral. La Iglesia católica no es miembro del Consejo, pero ha participado de algunas comisiones, como la de Fe y Constitución. No se excluye que en el futuro se integre en el Consejo como miembro de pleno derecho. 
CONCLUSIÓN 

“Ha sido un recorrido arduo a lo largo de un siglo dramático, pero también uno de los más evangélicos en la historia de la iglesia cristiana (Congar), en el cual la teología ha sentido cada vez con mayor urgencia la necesidad, en la lógica de la encarnación y de la redención, de salir en defensa y ponerse al servicio de lo ‘Humanum’» (Gibellini, 1998, p. 554)

Parecería que la unidad entre las distintas confesiones cristianas fuese una idea más afín entre los cristianos jóvenes, a quienes el sentido de la vida, la promoción de la sociedad, el significado de la figura de Jesucristo y la ayuda solidaria en común les importan mayormente. Quizá sea por eso que los jóvenes sigan sintiéndose tan atraídos por experiencias como la que presenta la Comunidad ecuménica de Taizé, o más recientes como la comunidad religiosa-ecuménica de los Misioneros y Misioneras del Amor Sacramentado. 

Parece que se confirma nuestra hipótesis: el diálogo entre diferentes experiencias de Dios y entre diferentes figuras del rostro de Dios es más fácil cuando esa experiencia no es narcisista, sino que está al servicio del proyecto de construcción de un mundo más justo, más solidario y más cooperativo 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS 

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Cárcel Ortí, V. (2009): Historia de la Iglesia III: La Iglesia en la época contemporánea (3ª edición). Madrid: Ediciones Palabra. 

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Gibellini, R. (1998); La teología del siglo XX. Bilbao: Sal Terrae. 

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Sabino Ayestarán Etxeberría 
Catedrático Emérito de Psicología. Universidad del País Vasco 
Licenciado en Psicología por la Universidad de Lovaina (Bélgica) en el año 1965, doctorado en Psicología por la Universidad de Salamanca el año 1980, se dedicó a la docencia de la Psicología en la Escuela de Trabajo social de San Sebastián (1972-1975), en la Universidad Pontificia de Salamanca (1976-1980) y en la Universidad del País Vasco (de 1981 en adelante), como Catedrático de Psicología Social .
En su actividad profesional, se dedicó a la dinámica de grupos, a la Psicoterapia de Grupos y a la formación de equipos de trabajo. Es uno de los promotores de la Asociación para la Promoción de la Tecnología Social (2003).
Desde 1997 ha colaborado activamente en las actividades de la Cátedra de Calidad de cuya red de profesores ha sido miembro desde su fundación como facilitador de equipos.







miércoles, 18 de noviembre de 2020

ESTAMOS EN EL MISMO MAR Y NOS ENFRENTAMOS A LA MISMA TORMENTA

Justin Welby, arzobispo de Canterbury, Primado de la Iglesia Anglicana: "Estamos en el mismo mar y nos enfrentamos a la misma tormenta "

por Alessandro Gisotti

CLAVES:
  • Los cristianos están unidos en tiempos de pandemia
  • Entrevista del Primado Anglicano Justin Welby con los medios de comunicación del Vaticano
  • Habla de los desafíos que plantea a los cristianos la emergencia del coronavirus, la importancia de la encíclica "Fratelli tutti" para el movimiento ecuménico, las esperanzas de paz para el sur de Sudán
Hace un año, el 13 de noviembre de 2019, el arzobispo de Canterbury Justin Welby fue recibido por el Papa Francisco en el Vaticano. Doce meses más tarde, la situación en el mundo cambió radicalmente debido a la pandemia. Sin embargo, la dramática irrupción del virus Covid-19 no ha disminuido, sino que ha fortalecido aquellos temas - desde la solidaridad hasta la ecología, desde la libertad religiosa hasta la paz - que a lo largo de los años han registrado una particular armonía entre el Obispo de Roma y el Primado de la Comunión Anglicana.

Un año después de esa visita y poco más de un mes después de la publicación de la Encíclica "Fratelli tutti", el arzobispo Welby concedió una amplia entrevista a L'Osservatore Romano y a Vatican News sobre los temas más actuales, reflexionando sobre la contribución que los cristianos pueden hacer en un momento tan profundamente marcado por el sufrimiento.

Su Gracia, la última vez que se encontró con el Santo Padre fue hace un año, el 13 de noviembre, en el Vaticano. Desde entonces el mundo ha cambiado radicalmente debido al brote de la pandemia. ¿Qué pueden hacer los líderes cristianos como usted y el Papa para promover la esperanza en una época de miedo y sufrimiento global?

Básicamente, nuestra esperanza está en Jesucristo, que es "el mismo ayer, hoy y siempre". (Hebreos 13, 8). Mientras que el mundo puede cambiar, el amor de Dios a través de Jesucristo es inmutable. "Las misericordias del Señor no han terminado" (Lamentaciones 3:22). La tarea de los que dirigen la Iglesia es dar testimonio de esperanza en tiempos difíciles. Jesús no vino a traer esperanza a un mundo en el que las cosas iban bien, sino a un mundo frágil y roto, un mundo lleno de gente frágil, herida y pecadora. Y lo que Jesús nos dice que hagamos es "no teman". Él es nuestra esperanza.

Los cristianos están llamados a ser personas de esperanza, lo que se demuestra en la forma en que viven juntos como una comunidad. El mensaje de esperanza en Cristo mira más allá del aquí y ahora, mira a lo que está por venir, a la eternidad y a la promesa de la vida eterna. La vida humana es frágil, y la enfermedad y la muerte generalizadas nos hacen entender esto de una manera abrupta y dramática. Sin embargo, la vida eterna es justamente eso, eterna. Dios también nos llama a hacer que la vida terrenal refleje mejor la vida celestial, ya que una conduce a la otra. Siguiendo el ejemplo de Jesús y su enseñanza de amar al prójimo, podemos ayudar a hacerlo. Si vivimos nuestra fe en Cristo y ponemos en el centro a los vulnerables, pobres y marginados, entonces vivimos el mensaje de esperanza.

Durante esta época de pandemia, se publicó la última encíclica del Papa Francisco, Fratelli tutti. ¿Qué ha quedado impreso en usted del mensaje que el Papa desea transmitir con este documento centrado en la fraternidad y la amistad social?

Fratelli tutti es un documento muy intenso y propone una visión sistemática, ambiciosa y valiente para un mundo futuro mejor. Se basa completamente en la Cristología, con Cristo en su centro. También es una carta que aborda seriamente la inmensidad y complejidad de la humanidad. Las referencias del Papa a sus encuentros con figuras como el Patriarca Ecuménico y el Gran Imán, la inspiración que extrae de Mahatma Gandhi y las referencias al Dr. Martin Luther King Jr. y al Arzobispo Desmond Tutu muestran que su visión no es sólo para la Iglesia Católica, sino para toda la humanidad; es una de las razones por las que su visión es a la vez ambiciosa y convincente.

El Santo Padre se toma muy a pecho todos los aspectos de la vida humana, desde el individuo hasta la multinacional, desde la familia hasta el mundo del comercio y la industria o la política. Explica los peligros gemelos del "comunitarismo" y el individualismo, la Escila y la Caribdis de la política y la filosofía. Ambos conducen a la tiranía y la anarquía.

En sus contactos con gente como el Gran Imán, a quien también conozco, muestra que no hay inevitabilidad en los conflictos interreligiosos o culturales. El choque de civilizaciones es un concepto que ignora la realidad del nacimiento, vida, muerte, resurrección y ascensión de Cristo, capaz de transformar el universo: una transformación que permite que el trabajo creativo del Padre a través del Hijo continúe en el poder del Espíritu haciendo visible el Reino de Dios.

Fratelli tutti termina con una oración ecuménica. ¿Qué contribución puede hacer el movimiento ecuménico a la construcción de un futuro mejor en un mundo fragmentado y sacudido por guerras y actos de terrorismo como los que hemos visto recientemente en Europa?

Uno de los problemas que aflige a muchos cristianos es la idea de que su Iglesia es el único cuerpo cristiano existente, o, si reconocen la presencia de otros cristianos, generalmente piensan que están equivocados. De vez en cuando esto es cierto para los anglicanos, pero también para otros. Cuando miramos a nuestros hermanos y hermanas cristianos de los que estamos separados por un acontecimiento histórico o cuestiones doctrinales, vemos al verdadero pueblo de Cristo, a otros peregrinos en el camino y a personas, amadas por Dios y servidas por Dios, de las que podemos aprender. Un himno inglés lo dice:

En Cristo no hay ni oriente ni occidente,
en él no hay norte o sur, 
pero una gran compañía de amor
en todo el gran mundo.

En él los corazones sinceros
encontrarán su alta comunión;
su servicio es el hilo de oro,
que une a la humanidad.

Por lo tanto, unan sus manos, hijos de la fe,
cualquiera que sea la raza a la que pertenezcas;
que sirve a mi Padre como su hijo
me resulta ciertamente familiar.

(Himno de John Oxenham, 1908)

Los seres humanos tienen la tendencia a construir barreras y marcar su territorio. Esto sucede en la Iglesia y también en la política. Las fronteras implican, y a veces imponen falsamente, la diferencia. Lo que el movimiento ecuménico ha hecho y sigue haciendo es erosionar lentamente esas fronteras. De vez en cuando se da un paso más importante, como hemos visto con la Declaración Conjunta sobre la doctrina de la justificación católico-luterana, a la que ahora se han adherido anglicanos, metodistas y reformistas. De vez en cuando la frontera se abre y la frontera se vuelve permeable.

Uno de los beneficios reales y tangibles del movimiento ecuménico es que, a nivel individual, las relaciones de confianza y amistad se han construido superando las diferencias confesionales; las barreras se han roto por la amistad (o "fraternidad"). Vivo en una comunidad ecuménica todos los días, porque casi desde el principio de mi presencia en el Palacio de Lambeth hay un grupo de residentes de la Comunidad Chemin Neuf con nosotros. A lo largo de los años también ha habido católicos, anglicanos y luteranos entre ellos. Tengo un director espiritual católico, con el que recientemente colaboré en el prefacio de una edición francesa de Fratelli tutti. En todas estas relaciones el otro no es un extraño sino un compañero de peregrinación; un amigo; una hermana o un hermano.

En una carta reciente a la nación británica usted escribió que hay tres respuestas a las preguntas que la pandemia nos ha planteado a todos: mantener la calma, tener coraje, ser compasivo. ¿Por qué ha resaltado estos tres aspectos?

Hay algo en un enemigo oculto que despierta el miedo. Pero el miedo no se vence con el pánico, al contrario, se amplifica. La calma, por otro lado, nos da el espacio para hacer un balance y actuar de manera reflexiva. Trae de vuelta al término hebreo "shalom" y trae a la mente la "gran bondad" después de que Jesús calmara la tormenta en Mateo 8:26. La falta de calma en sus corazones lleva a su reproche. Pero debemos ser valientes. En tiempos de encierro había muchos titulares que decían que las iglesias estaban cerradas. Tal vez los edificios lo estaban, y la vida sacramental de la Iglesia estaba alterada, pero la Iglesia estaba abierta. Los cristianos de todas las denominaciones buscaron y ayudaron a otros: a sus vecinos y a otros necesitados. Está claro que ante una pandemia de coronavirus todos estamos involucrados.

El Papa Francisco ha repetido muchas veces este año que sólo saldremos de esta crisis si nos cuidamos los unos a los otros y si reconocemos que todos estamos en el mismo barco. Sin embargo, en Europa, y no sólo en Europa, vemos que el populismo y el nacionalismo ganan terreno. ¿Cuál es la respuesta cristiana a este egoísmo alimentado por el miedo que estamos experimentando?

Yo también he dicho que estamos en el mismo barco (o que, aunque estemos en barcos diferentes, estamos en el mismo mar y nos enfrentamos a la misma tormenta) y que debemos tratar de cuidarnos a nosotros mismos y a nuestras comunidades, sacando fuerza y coraje de cada uno y caminando juntos. El miedo construye las barreras que mencioné antes. Cuanto más se aferre la gente al miedo y cuanto más se utilicen o manipulen estos miedos por los líderes políticos, más llamada estará la Iglesia a demostrar algo más: acogida, servicio y amor.

A través de los hermanos, el Papa Francisco entrelaza lo individual y lo social, rechazando los extremos de ambos y enfatizando su interdependencia. El sacerdote y poeta anglicano del siglo XVII, John Donne, escribió que "Ningún hombre es una isla, completa en sí misma. Cada persona está conectada a otras, y cuando una sufre, otras sufren con ella. El Santo Padre muestra a lo largo de la encíclica que esto es tan válido hoy como lo fue hace cuatrocientos años y a lo largo de la historia de la humanidad.

En la encíclica hay un capítulo muy intenso que examina la parábola del buen samaritano. El buen samaritano superó el nacionalismo y los prejuicios con un amor incondicional. En esa relación de amor y cuidado no había ni un judío ni un samaritano, sino dos seres humanos, uno en necesidad y el otro proveyendo esa necesidad. La respuesta cristiana al egoísmo es el amor, un mensaje que recorre toda la carta de Su Santidad.

Usted dijo en una entrevista que reza todos los días por el Primer Ministro británico Boris Johnson. Durante una misa en Santa Marta, el Papa Francisco pidió rezar por los líderes políticos que tienen que tomar decisiones difíciles en este momento. En su opinión, ¿qué lugar ocupa la oración hoy en día, o incluso la relación con Dios, en un mundo cada vez más secularizado?

Rezo diariamente por el Primer Ministro y por todos los demás que tienen que tomar decisiones políticas casi imposibles cada día. Después de esa entrevista, según algunos titulares de los medios de comunicación social había "admitido" rezar por el primer ministro. No lo admito como si fuera un culpable secreto; es mi deber, y es algo que hago de buena gana por él y por los demás.

La oración es la sangre vital de nuestra relación con Dios. La oración es hermosa, íntima y siempre sorprendente. La oración es la participación en la creación y la recreación; en la oración nos cambiamos a nosotros mismos y el mundo cambia. Pero si queremos ver que las cosas cambien, empecemos con la oración - no enviando una lista de peticiones al cielo, sino permitiendo a Dios que nos cambie - para hacernos más como Cristo.

La paz, la ecología y la justicia social son algunos de los temas en los que usted y el Papa Francisco están más comprometidos. ¿Cuál es su esperanza para el futuro de su relación con el Papa, a quien ya ha visto muchas veces y con quien comparte el deseo de ir juntos al Sudán del Sur expresado después de la reunión con los líderes del Sudán del Sur en Santa Marta en abril de 2019?

Aprecio profundamente mi amistad con el Papa Francisco. Empezamos nuestro ministerio casi al mismo tiempo y compartimos muchas preocupaciones comunes. Para ambos, la paz y la reconciliación son esenciales. El retiro en el que el Santo Padre y yo participamos con los diversos líderes políticos del Sudán Meridional es una de las experiencias más intensas de mi vida hasta la fecha. Poder viajar juntos al Sudán del Sur sigue siendo una esperanza concreta. Hasta ahora no ha sido posible, pero las iglesias, católica, anglicana y presbiteriana, en el Sudán Meridional y a nivel internacional, han seguido trabajando por la paz y por un futuro justo y duradero para ese país. Tengo la esperanza de que, cuando sea posible volver a viajar, se hayan producido tales progresos en el proceso de paz en el Sudán meridional que podamos ir allí para celebrarlo y fomentar la profundización de la paz y el crecimiento de la sociedad.

Al final de uno de mis encuentros con el Papa, me dijo que recordara las "tres P: oración, paz y pobreza". Espero que en la continuación de nuestra amistad estas "tres P" puedan seguir uniéndonos: la oración mutua de unos por otros y por el mundo y el compromiso tanto por la paz y la reconciliación como por tratar de mejorar la vida de los pobres.


FUENTE:
https://www.religiondigital.org/





martes, 17 de noviembre de 2020

EL PATRIARCA ECUMÉNICO DE CONSTANTINOPLA HABLA DE LA FRATELLI TUTTI


Bartolomé sobre "Fratelli tutti": abandonemos la indiferencia y el cinismo 

por Andrea Tornielli 

CLAVE:

Entrevista del Patriarca Ecuménico de Constantinopla con los medios de comunicación del Vaticano sobre la encíclica de Francisco: soñamos nuestro mundo como una familia unida. 

"Estamos completamente de acuerdo con la 'invitación-desafío" del Papa Francisco a "abandonar la indiferencia o también el cinismo que gobierna nuestra vida ecológica, política, económica y social en general, como de unidades centradas sobre sí mismas o desinteresadas, y a soñar nuestro mundo como una familia humana unida". Con estas palabras el Patriarca Ecuménico de Constantinopla Bartolomé, de visita en Roma, comentó la encíclica de Francisco "Fratelli tutti" en una conversación con los medios de comunicación del Vaticano. 

Santidad, ¿cuál fue su reacción a la lectura de la encíclica del Papa Francisco "Fratelli tutti"? 

Ya antes de conocer la Encíclica Fratelli tutti de nuestro hermano el Papa Francisco, teníamos la certeza de que sería un ejemplo más de su inquebrantable interés por el hombre, " el amado de Dios", a través de la manifestación de la solidaridad con todos los "cansados y agobiados" y los necesitados, y que contendría propuestas concretas para hacer frente a los grandes desafíos del momento, inspiradas en la fuente inagotable de la tradición cristiana, y que emergen de su corazón lleno de amor. Nuestras expectativas se cumplieron plenamente después de completar el análisis de esta interesantísima Encíclica, que no es simplemente un compendio o resumen de Encíclicas anteriores u otros textos del Papa Francisco, sino la coronación y conclusión exitosa de toda la doctrina social. Estamos completamente de acuerdo con la invitación y el desafío de Su Santidad a abandonar la indiferencia o incluso el cinismo que gobierna nuestra vida ecológica, política, económica y social en general, como de unidades centradas en sí mismas o desinteresadas, y a soñar nuestro mundo como una familia humana unida, en la que todos somos hermanos sin excepción. Con este espíritu, expresamos la esperanza y el deseo de que la Encíclica Fratelli tutti se convierta en una fuente de inspiración y de diálogo fructífero a través de iniciativas decisivas y acciones transversales a nivel intercristiano, interreligioso y panhumano. 

El primer capítulo de la Encíclica se habla de las "sombras" que persisten en el mundo. ¿Cuáles son los que más le preocupan? ¿Y qué esperanza deriva de la mirada del Evangelio sobre el mundo? 

Con su agudo sentido humanístico, social y espiritual, el Papa Francisco identifica y nombra las "sombras" en el mundo moderno. Hablamos de "pecados modernos", aunque nos gusta subrayar que el pecado original no se produjo en nuestro tiempo y en nuestra época. No idealizamos el pasado en absoluto. Sin embargo, con razón nos perturba el hecho de que los modernos desarrollos técnicos y científicos han fortalecido el "hybris" del hombre. Los logros de la ciencia no responden a nuestras investigaciones existenciales fundamentales, ni las han eliminado. También constatamos que el conocimiento científico no penetra en las profundidades del alma humana. El hombre lo sabe, pero actúa como si no lo supiera. 

El Papa también habla de la persistente brecha entre los pocos que poseen mucho y los muchos que poseen poco o nada... 

El desarrollo económico no ha reducido la brecha entre ricos y pobres. En cambio, ha establecido como prioridad el beneficio, a expensas de la protección de los débiles, y contribuye a la exacerbación de los problemas ambientales. Y la política se ha convertido en la servidora de la economía. Los derechos humanos y el derecho internacional se elaboran y sirven a propósitos no relacionados con la justicia, la libertad y la paz. El problema de los refugiados, el terrorismo, la violencia de Estado, la humillación de la dignidad humana, las formas modernas de esclavitud y la epidemia de Covid-19 ponen ahora a la política ante nuevas responsabilidades y cancelan su lógica pragmática. 

¿Cuál es la propuesta del cristianismo ante esta situación? 

La propuesta de vida de la Iglesia es el punto de inflexión hacia "una cosa sola es necesaria", y esta es el amor, la apertura al otro y la cultura de la solidaridad de las personas. Ante el moderno y arrogante "hombre-dios" predicamos el "Dios-Hombre". Frente al economicismo, damos paso a la economía ecológica y a la actividad económica basada en la justicia social. A la política del " derecho del más fuerte ", oponemos el principio del respeto de los derechos inalienables de los ciudadanos y del derecho internacional. Ante la crisis ecológica, estamos llamados a respetar la creación, a la sencillez y a la conciencia de nuestra responsabilidad de entregar un medio ambiente natural intacto a la próxima generación. Nuestro esfuerzo para hacer frente a estos problemas es indispensable, pero sabemos que el que trabaja a través de nosotros es el Dios, amigo de la humanidad. 

¿Por qué el icono del Buen Samaritano es actual hoy en día? 

Cristo conecta en particular el "primer y gran mandamiento" del amor a Dios con el "segundo mandamiento semejante al primero" del amor al prójimo (Mt. 22, 36 - 40). Y añade: "De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas". Y Juan el teólogo es muy claro: "El que no ama, no ha conocido a Dios" (1 Jn. 4, 8). La parábola del Buen Samaritano es cercana a la parábola del juicio (Mt. 25, 31 - 46), es (Lc. 10, 25 - 37) el texto bíblico, que nos revela toda la verdad del mandamiento del amor. En esta parábola, el Sacerdote y el Levita representan la religión, que está cerrada en sí misma, y sólo está interesada en mantener inalterada la "ley", ignorando y descuidando farisaicamente “lo esencial de la Ley" (Mt. 23, 23), el amor y el apoyo al prójimo. El Buen Samaritano se revela como el filántropo extranjero cercano al que ha sido golpeado y herido por los bandidos. A la pregunta inicial del doctor de la ley "¿Quién es mi prójimo?" (Lc. 10, 29), Cristo responde con una pregunta: “¿Cuál de estos tres te parece que ha sido prójimo del que cayó en manos de los bandidos?" (Lc. 10, 36). Aquí el hombre no se le permite hacer preguntas, sino que se le pide y se le llama a actuar. Siempre es necesario hacer emerger al prójimo, al hermano, por delante y ante el lejano, el extranjero y el enemigo. Cabe señalar que, en la parábola del Buen Samaritano, de acuerdo con la pregunta del doctor de la ley que pone a prueba a Cristo "Qué tengo que hacer para heredar la vida eterna" (Lucas 10:25), en respuesta a ella, el verdadero amor al prójimo tiene una clara referencia soteriológica. Este es también el mensaje de la perícopa del Juicio. 

¿Sobre qué base podemos considerarnos todos hermanos y por qué es importante descubrirnos como tales para el bien de la humanidad? 

Los cristianos de la Iglesia naciente se llamaban entre sí "hermanos". Esta hermandad espiritual y Cristocéntrica es más profunda que el parentesco natural. Para los cristianos, sin embargo, los hermanos no sólo son miembros de la Iglesia, sino todos los pueblos. La Palabra de Dios ha asumido la naturaleza humana y ha unido todo en sí misma. Así como todos los seres humanos son creación de Dios, todos han sido incluidos en el plan de salvación. El amor del creyente no tiene límites ni fronteras. De hecho, abarca toda la creación; es "el ardor del corazón por toda la creación" (Isaac el sirio). El amor por los hermanos es siempre incomparable. No es un sentimiento abstracto de simpatía hacia la humanidad, que normalmente ignora al prójimo. La dimensión de la comunión personal y la hermandad distingue el amor y la hermandad cristiana del humanismo abstracto. 

El Papa en su encíclica pronuncia una muy fuerte condena a la guerra y a la pena de muerte. ¿Cómo comenta ese capítulo de "Fratelli tutti"? 

El Santo y Gran Concilio de la Iglesia Ortodoxa (Creta, junio de 2016) se refirió a este tema, entre otros, de la siguiente manera: "La Iglesia de Cristo condena la guerra de manera general, pues la considera consecuencia del mal y del pecado en el mundo" (La Misión de la Iglesia Ortodoxa en el Mundo Moderno, D, 1). En los labios de cada cristiano debe estar el lema "¡No más guerra!". Y la actitud de una sociedad hacia la pena de muerte es un indicador de su orientación cultural y consideración de la dignidad humana. El digno sistema de la cultura constitucional europea, uno de cuyos pilares fundamentales es la idea del amor, como expresión de sus creencias cristianas, nos obliga a considerar que todo hombre debe tener la posibilidad de arrepentirse y mejorar, aunque haya sido condenado por el peor de los delitos. Por lo tanto, es una consecuencia lógica y moral que incluso quien condena la guerra debe rechazar la pena de muerte. 


FUENTE: 
https://www.vaticannews.va/