Todos juntos
Un espacio propuesto por EQUIPO ECUMÉNICO SABIÑÁNIGO

sábado, 18 de febrero de 2017

DEBATE: "DE TU HERMANO MUSULMÁN"


Debat sobre 'Del teu germà musulmà', de Dídac P. Lagarriga, a la Llibreria Claret. 

Debate sobre "De tu hermano musulmán", de Dídac P. Lagarriga, en la Librería Claret.

Josep Lluís Vázquez Borau, presidente de la Comunidad Ecuménica Horeb Carlos de Foucauld, Joan Lluís Pérez Francesch, vicepresidente del Institut Emmanuel Mourier de Cataluña, y Dídac P. Lagarriga, autor del libro De tu hermano musulmán. Cartas de hoy a Carlos de Foucauld, (Fragmenta, 2017), protagonizarán un debate sobre este título. Será el martes 28 de febrero a las 19'00 horas en la Sala Pere Casaldàliga de la Librería Claret (Roger de Llúria 5) Barcelona


Este libro nos invita a descubrir el islam silencioso y místico, un islam no exento de una intensa vertiente social y cultural que busca siempre el encuentro con el otro. El autor nos hace entrar en el recinto del diálogo interreligioso: el destinatario de las cartas (Carlos de Foucauld, el lector o la misma necesidad de explicarse) es su otro alter ego y a la vez también es el otro.

El acto ha sido organizado por el Institut Emmanuel Mourier de Cataluña y la Librería Claret.


Entrada libre. 

Aforo limitado.


viernes, 17 de febrero de 2017

IGLESIAS PROTESTANTES Y EVANGÉLICAS EN ARAGÓN



En el marco de las XXIII Jornadas de Teología en Aragón, bajo el título general “Del conflicto a la comunión: 500 años de la Reforma” tuvo lugar el jueves 16 de febrero en Zaragoza, una mesa redonda sobre “Iglesias protestantes y evangélicas en Aragón” moderada por Gregorio Hierro, miembro de la Delegación episcopal de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso de Zaragoza, actuando como ponentes Mons. Carlos López Lozano, obispo diocesano de la Iglesia Española Reformada Episcopal (Comunión Anglicana), D. Juan Carretero, pastor de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, y D. Daniel Vergara, pastor de la Iglesia Evangélica Metodista Unida y miembro del EQUIPO ECUMÉNICO SABIÑÁNIGO. Cada uno de los ponentes expuso distintos momentos de la presencia protestante en España y en especial dicha presencia en Aragón. Hemos de destacar la animada participación de los presentes haciendo preguntas a cada uno de los intervinientes en un agradable ambiente ecuménico.


En su exposición Mons. López lozano, obispo de la IERE (Comunión Anglicana), habló de la historia de la Iglesia en España, siendo la iglesia que representa una de las primeras iglesias protestantes de España con ya casi 150 años, y su presencia en Aragón desde hace mucho tiempo, primeramente, por la base militar americana y ahora por medio de la nueva parroquia que se ha organizado en esta comunidad.

También hacía eco de los grandes avances de la comunión anglicana en ámbitos ecuménicos, citaba la Comunión de Porvoo como un acuerdo de plena comunión entre anglicanos y luteranos firmado en 1994 en la que ambas comuniones se reconocen como parte plena de la Una, Santa, Católica y Apostólica, Iglesia de Jesucristo; formando una Sola Comunión: Anglicanos-luteranos y Luteranos-anglicanos, remarcaba que la plena comunión no es la absorción de una iglesia sobre la otra, sino un reconocimiento recíproco, aunque cada una siga manteniendo tradiciones y costumbres propias.

El pastor Juan Carretero representante de la Iglesia cristiana Adventista del séptimo día, habló de la historia de su iglesia en este país, sus inicios, las dificultades encontradas en el camino, su presencia en Aragón y la valentía de muchos que, aunque la iglesia estaba censurada, ellos seguían reuniéndose y predicando en la clandestinidad.

En su turno de intervención Daniel Vergara, pastor de la Iglesia Evangélica Metodista Unida, compartía su historia, y su labor pastoral desarrollada en Sabiñánigo, habló también de la gran labor que desarrolla el EQUIPO ECUMÉNICO SABIÑÁNIGO del que es miembro-fundador.

Todo fue vivido en un ambiente de hermandad y fraternidad.


Fotografías y textos:
Enric Ainsa
Noel A. Díaz
Daniel Vergara



jueves, 16 de febrero de 2017

UNA EXPERIENCIA COMPARTIDA


ESTUDIO BÍBLICO ECUMÉNICO SABIÑÁNIGO


La segunda sesión del Estudio Bíblico Ecuménico de este curso 2016-2017 cuyo título era "La Iglesia que sufre, Iglesia martirial: Ecumenismo de sangre" se celebró el miércoles 15 de febrero. El ponente fue el P. Ángel Gutiérrez Anaya, IMC, misionero de la Consolata.



Entre el público se encontraba Jesús Jaime, Delegado episcopal de Ecumenismo y Diálogo Ecuménico de Zaragoza desplazado hasta Sabiñánigo para acompañar al ponente y de alguna forma tambien animar el trabajo ecuménico que se realiza en y desde esta localidad.


En esta ocasión la sesión fué muy vivencial la centró el P. Angel en su experiencia como misionero en Brasil durante diez años y contó con detenimiento cómo se vivía el ecumenismo en esa tierra del continente americano.

Como en todas las sesiones de Estudio Bíblico Ecuménico al final de la ponencia hubo un  turno muy interesante de preguntas.


El P. Angel Gutiérrez Anaya es Misionero de la Consolata.


Nacido en Palma de Mallorca en 1958 y criado en Málaga, donde conoció a los Misioneros en 1975. Al año siguiente entro en la congregación, en la comunidad de filósofos en Zaragoza. 

Hizo la filosofía en el CRETA. El noviciado en Valladolid y la teología en Madrid, en la facultad de Comillas. En 1982 fue destinado a Roma, para hacer la licenciatura en Misionología en la Universidad Gregoriana. 

En 1983 fue ordenado sacerdote en Málaga. Y terminado los estudios de licenciatura, a principios de 1985 fue destinado a Brasil. 

Hasta mediados del 85 vivió en Brasilia en un centro de aprendizaje de la lengua y la cultura para los misioneros católicos y de otras confesiones. 

Estuvo trabajando en varias ciudades, siempre en contacto con la formación de futuros misioneros, pero a la vez llevando una labor religiosa y social con inmigrantes europeos de diferentes confesiones, con los "sin-tierras", con grupos indígenas, con niños de la calle y en trabajos parroquiales. 

A finales de 1995 volvió a España por problemas de enfermedad. Aquí los médicos le diagnosticaron Esclerosis Múltiple. 

En Zaragoza siempre ha estado trabajando en la Animación Misionera, Delegación de Misiones, Scam (servicio conjunto de animación misionera) e impartiendo clases en diferentes colegios. 

En Madrid estuvo como formador de teólogos y de especialización de jóvenes futuros misioneros, Delegado de Misiones en la Vicaria VIII y dando ejercicios espirituales a grupos de jóvenes. 

En la actualidad está en la comunidad de Zaragoza como animador misionero, Capellán del Monasterio de la Resurrección de las Canonesas del Santo Sepulcro, y de la Iglesia de S. Nicolás de Bari. Colabora con la Delegación de Misiones visitando colegios y Monasterios. Y es Vicepresidente de la CONFER Diocesana (Confederación de los religiosos/as de la diócesis de Zaragoza).



miércoles, 15 de febrero de 2017

DE BUCERO A YVES CONGAR


De Bucero a Yves Congar
Los dominicos y Lutero

"Lo que nos une es, sin duda, más que lo que nos separa"

por Martin Gelabert, op 

Estando próxima la semana de oración por la unidad de los cristianos, en este año en el que se recuerdan los 500 años de la Reforma protestante, cuento pequeñas historias, que en su momento tuvieron relevancia, sobre la relación de la Orden de Predicadores con Martín Lutero.

Una vez que Lutero publicó sus tesis sobre las indulgencias, el Obispo de Brandeburgo y los dominicos fueron los primeros en denunciarle. Pero no se puede decir que todos los dominicos tomaron partido contra Lutero, pues un joven teólogo dominico, Martín Bucero, fue uno de sus primeros seguidores. Por el contrario, el cardenal dominico Tomás de Vio, conocido como Cayetano, en el interrogatorio que le hizo en Ausburgo, viendo que Lutero no cedía en nada en el aspecto doctrinal, terminó apelando a la autoridad de la Iglesia. El Dr. Lutero respondió rápidamente que ni el Papa ni el concilio son los dueños de la Palabra de Dios. Cayetano comprendió que la ruptura era inevitable.

Posteriormente otros dos dominicos, desde posiciones distintas, hicieron avanzar la comprensión católica de Lutero. A principios del siglo XX, el dominico Heinrich Denifle, subdirector del archivo secreto vaticano, y profundo conocedor del mundo medieval, escribió una obra muy crítica, pero bien documentada, sobre Lutero, que terminaba con un terrible veredicto que se hizo famoso: ¡Lutero, en ti nada hay de divino! Paradójicamente esta obra provocó que, en el mundo protestante se originaran serios estudios sobre la persona de aquel "olvidado padre espiritual"; y en el mundo católico nació un increíble deseo de conocer quién era realmente Martín Lutero.

Desde otro clima espiritual, uno de los pioneros del ecumenismo, el también dominico Yves Congar, sin negar las limitaciones que, a su juicio, se encuentran en Lutero, dejó de lado simplificaciones injustas y ofreció una visión equilibrada sobre la teología y la persona del Reformador. Según el P. Congar el camino ecuménico exigía hacer un esfuerzo para comprender verdaderamente a Lutero y hacerle justicia histórica, en vez de condenarlo simplemente. No hay crítica eficaz si no se asume la parte de verdad de las posiciones que se critican. "Lutero, dejo escrito Congar, no es el Evangelio. Lo importante es ir hacia el Evangelio, juntamente con él".

Dos conclusiones rápidas: una, lo que Lutero consideraba fundamental en su teología hoy ya no es motivo de división. Católicos y luteranos confesamos juntos que Dios nos justifica. Y dos, a pesar de este acuerdo importante y fundamental, nos sigue separando nuestra distinta comprensión de la Iglesia y de los sacramentos. Lo que importa es que esas cuestiones que nos separan no sean obstáculo para que juntos podamos confesar a Jesucristo como salvador de todos y cada uno. Y tampoco sean obstáculo para trabajar juntos en beneficio de tantas personas hambrientas de Dios y hambrientas de pan. Lo que nos une es, sin duda, más que lo que nos separa.

PUBLICADO EN:

NOTICIAS Y COMUNICACIONES Nº 167
(15 de ENERO de 2017)
Comunidad Ecuménica Horeb Carlos de Foucauld





martes, 14 de febrero de 2017

UN NUEVO RITUAL PARA UN NUEVO TIEMPO


Un nuevo ritual para un nuevo tiempo.
por Koldo Aldai

Queremos dejar las viejas formas atrás, sin embargo aún no hemos dado vida a las nuevas. Vivimos tiempos de tránsito con la interinidad que ello implica en la manera de encarar momentos significativos en el desarrollo de nuestra encarnación física. Queremos dejar la religión tradicional, pero aún no hemos terminado de diseñar la espiritualidad ancha, abarcante, inclusiva del futuro. Recelamos de la ceremonias católicas, pero en esa actitud de despecho llegamos a desacralizar momentos importantes de nuestras vidas. 

Da la impresión de que sabemos lo qué no queremos, pero aún no hemos acertado con lo qué queremos. Rechazamos las fórmulas antiguas, pero no hemos dado vida a las nuevas. No queremos un funeral católico por no adherirnos a la ortodoxia hasta ahora preponderante, por no entregar a los sacerdotes el protagonismo de esos momentos de despedida física de nuestros seres queridos…, sin embargo por poner sólo un ejemplo, contratamos a tal efecto un bar, una cafetería llena de un ruido que diluya toda la solemnidad requerida, que por supuesto haga desaparecer el rastro de la temida muerte. El despiste ante este tipo de ceremonias refleja en buena medida cierta desorientación del humano ante la razón última de su propia existencia. Si no sabemos del sentido de la vida, si no deseamos bucear en la finalidad profunda de nuestro paso por la tierra…, nunca podremos imprimir tampoco razón y sentido a esos importantes actos. 

Si la vida cobra para nosotros un sentido superior, elevado; si vemos en nuestro paseo físico por la tierra una oportunidad de crecer internamente, de purificarnos, de ganar en amor, de curtirnos en servicio y entrega con el encuentro con nuestros hermanos…, las ceremonias ligadas al nacimiento, a la entrada en la pubertad, los rituales de matrimonio, de despedida física…, cobrarán igualmente su sentido incontestable. De lo contrario, si consideramos nuestra existencia banal, sin norte, ni sentido, éste brillará igualmente por su ausencia en las ceremonias. En este caso las ceremonias constituirán, en importante medida, un acto de huida, de escapismo de nosotros mismos, de negación de lo sublime que nos habita. Si nuestra existencia es una carrera hedonista, la muerte no será sino el fin de una fiesta más o menos gozosa, que no se repetirá y por lo tanto la ceremonia que la acompañe, un trámite inevitable que será preciso apresurar. 

Al humano moderno, sumido en la filosofía materialista imperante, a menudo le pueden llegar a incomodar la quietud y el silencio, sobre todo en los momentos significativos de su vida. De una forma más o menos inconsciente, puede temer que en esos instantes de siquiera breve paréntesis de recogimiento, el alma abandone su postramiento y se le presente cara a cara interrogante. He ahí uno de los dramas de la sociedad materialista y profana que nos rodea, la permanente invitación a huir de nosotros mismos y nuestra condición trascendente. La mínima solemnidad, el mero y breve silencio puede sincerarnos y colocarnos frente a nosotros mismos y nuestras apremiantes y mayúsculas cuestiones. De ahí la tendencia a privar de esa elemental solemnidad a todas las ceremonias importantes de nuestras vidas. 

Por lo tanto no podremos alumbrar la nueva ceremonia, mientras que no alumbremos una nueva conciencia de la vida. Las formas van tras la esencia. Una nueva era sagrada advenirá cuando el humano recobre el sentido sagrado y trascendente de la existencia, sentido que indudablemente impregnará los nuevos rituales. De nada sirve el rechazo de lo pretérito, si no somos capaces de dar vida a lo nuevo. De nada sirve cargar contra la Iglesia católica, si no logramos hilar un nuevo ritual acorde al sentir más abierto, más universal de nuestros días. De nada sirve jubilar a nuestros sacerdotes mayores, si no somos capaces de conducir un sencillo acto ya de venida, ya de despedida física de un ser amado. 

La nueva era sagrada no advendrá de repente. El nuevo tiempo de universal espiritualidad que desborde la religiosidad doctrinaria y compartimentada del pasado, no se instalará de un día para otro. Necesita de su maduración, pero es preciso ya ensayarse en ello. Dejar a un lado los miedos que nos habitan con respecto a la llamada muerte, a nuestra condición trascendente, es un primer paso. Podamos ir dando con inteligencia, tacto y don de ubicación muchos más… 


lunes, 13 de febrero de 2017

EL PAPA REZÓ CON LOS REPRESENTANTES ORTODOXO Y ANGLICANO EN SAN PABLO


Francisco cerró el Octavario por la Unidad con las vísperas en San Pablo Extramuros

“No nos cansemos nunca de pedir a Dios el don de la unidad”

El Papa defiende que "católicos y luteranos puedan recordar juntos" el V Centenario de la Reforma

por Jesús Bastante, 25 de enero de 2017 

La auténtica reconciliación entre los cristianos podrá realizarse cuando sepamos reconocer los dones de los demás y seamos capaces, con humildad y docilidad, de aprender unos de otros, sin esperar que sean los demás los que aprendan antes de nosotros



"Queridos hermanos y hermanas, no nos cansemos nunca de pedir a Dios el don de la unidad". El Papa Francisco celebró esta tarde el rezo de vísperas, que sirve de cierre a la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Y lo hizo en San Pablo Extramuros, junto al metropolita Gennadios, y al representante anglicano, David Moxon. Los tres, junto al cardenal Koch, rezaron juntos ante la tumba del apóstol de los gentiles.

"Con la esperanza paciente y confiada de que el Padre concederá a todos los creyentes el bien de la plena comunión visible, sigamos adelante en nuestro camino de reconciliación y de diálogo, animados por el testimonio heroico de tantos hermanos y hermanas que, tanto ayer como hoy, están unidos en el sufrimiento por el nombre Jesús. Aprovechemos todas las oportunidades que la Providencia nos ofrece para rezar juntos, anunciar juntos, amar y servir juntos, especialmente a los más pobres y abandonados", glosó el Papa, quien recordó el V Centenario de la reforma.

"El hecho de que hoy católicos y luteranos puedan recordar juntos un evento que ha dividido a los cristianos, y lo hagan con esperanza, haciendo énfasis en Jesús y en su obra de reconciliación, es un hito importante", apuntó.

En su homilía, el Papa recordó la caída de Pablo camino de Damasco, su conversión radical a Cristo, que "no consiste ya en en confiar en sus propias fuerzas para observar escrupulosamente la Ley, sino en la adhesión total de sí mismo al amor gratuito e inmerecido de Dios, a Jesucristo crucificado y resucitado".

Una conversión que impulsa al apóstol de los gentiles a salir a las calles a proclamar el Evangelio. "Pablo no puede tener esta novedad sólo para sí: la gracia lo empuja a proclamar la buena nueva del amor y de la reconciliación que Dios ofrece plenamente a la humanidad en Cristo", afirmó Bergoglio.

"Reconciliación. El amor de Cristo nos apremia", es el llamado de esta semana por la unidad. Una reconciliación que "no es simplemente una iniciativa nuestra, sino que es ante todo la reconciliación que Dios nos ofrece en Cristo". "Más que ser un esfuerzo humano de creyentes que buscan superar sus divisiones, es un don gratuito de Dios", que invita a quien lo recibe a "anunciar el evangelio de la reconciliación con palabras y obras, a vivir y dar testimonio de una existencia reconciliada".


Pero ¿cómo anunciar el evangelio de la reconciliación después de siglos de divisiones? "La reconciliación no puede darse sin sacrificio", admitió el Papa, quien invitó a la "revolución cristiana de todos los tiempos", que no es otra que "no vivir para nosotros mismos, para nuestros intereses y beneficios personales, sino a imagen de Cristo, por él y según él, con su amor y en su amor".

"Para la Iglesia, para cada confesión cristiana, es una invitación a no apoyarse en programas, cálculos y ventajas, a no depender de las oportunidades y de las modas del momento, sino a buscar el camino con la mirada siempre puesta en la cruz del Señor; allí está nuestro único programa de vida", dijo.

Es, también, "una invitación a salir de todo aislamiento, a superar la tentación de la auto-referencia", porque "la auténtica reconciliación entre los cristianos podrá realizarse cuando sepamos reconocer los dones de los demás y seamos capaces, con humildad y docilidad, de aprender unos de otros, sin esperar que sean los demás los que aprendan antes de nosotros".

"Mirar hacia atrás es muy útil y necesario para purificar la memoria, pero detenerse en el pasado, persistiendo en recordar los males padecidos y cometidos, y juzgando sólo con parámetros humanos, puede paralizar e impedir que se viva el presente", advirtió Francisco, quien pese a las dificultades animó a esperar "un porvenir en el que las divisiones puedan superarse y los creyentes, renovados en el amor, estén plena y visiblemente unidos".

"Este año, mientras caminamos por el camino de la unidad, recordamos especialmente el quinto centenario de la Reforma protestante", recordó el Papa, haciendo referencia al "Año Lutero". "El hecho de que hoy católicos y luteranos puedan recordar juntos un evento que ha dividido a los cristianos, y lo hagan con esperanza, haciendo énfasis en Jesús y en su obra de reconciliación, es un hito importante, logrado con la ayuda de Dios y de la oración a través de cincuenta años de conocimiento recíproco y de diálogo ecuménico", incidió.

Homilía del Papa:

El encuentro con Jesús en el camino de Damasco transformó radicalmente la vida de san Pablo. A partir de entonces, el significado de su existencia no consiste ya en confiar en sus propias fuerzas para observar escrupulosamente la Ley, sino en la adhesión total de sí mismo al amor gratuito e inmerecido de Dios, a Jesucristo crucificado y resucitado. De esta manera, él advierte la irrupción de una nueva vida, la vida según el Espíritu, en la cual, por la fuerza del Señor Resucitado, experimenta el perdón, la confianza y el consuelo. Pablo no puede tener esta novedad sólo para sí: la gracia lo empuja a proclamar la buena nueva del amor y de la reconciliación que Dios ofrece plenamente a la humanidad en Cristo.

Para el Apóstol de los gentiles, la reconciliación del hombre con Dios, de la que se convirtió en embajador (cf. 2 Co 5,20), es un don que viene de Cristo. Esto aparece claramente en el texto de la Segunda Carta a los Corintios, del que se toma este año el tema de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos: «Reconciliación. El amor de Cristo nos apremia» (cf. 2 Co 5,14-20). «El amor de Cristo»: no se trata de nuestro amor por Cristo, sino del amor que Cristo tiene por nosotros. Del mismo modo, la reconciliación a la que somos urgidos no es simplemente una iniciativa nuestra, sino que es ante todo la reconciliación que Dios nos ofrece en Cristo. Más que ser un esfuerzo humano de creyentes que buscan superar sus divisiones, es un don gratuito de Dios. Como resultado de este don, la persona perdonada y amada está llamada, a su vez, a anunciar el evangelio de la reconciliación con palabras y obras, a vivir y dar testimonio de una existencia reconciliada.

En esta perspectiva, podemos preguntarnos hoy: ¿Cómo anunciar el evangelio de la reconciliación después de siglos de divisiones? Es el mismo Pablo quien nos ayuda a encontrar el camino. Hace hincapié en que la reconciliación en Cristo no puede darse sin sacrificio. Jesús dio su vida, muriendo por todos. Del mismo modo, los embajadores de la reconciliación están llamados a dar la vida en su nombre, a no vivir para sí mismos, sino para aquel que murió y resucitó por ellos (cf. 2 Co 5,14-15). Como nos enseña Jesús, sólo cuando perdemos la vida por amor a él es cuando realmente la ganamos (cf. Lc 9,24). Es esta la revolución que Pablo vivió, y es también la revolución cristiana de todos los tiempos: no vivir para nosotros mismos, para nuestros intereses y beneficios personales, sino a imagen de Cristo, por él y según él, con su amor y en su amor.

Para la Iglesia, para cada confesión cristiana, es una invitación a no apoyarse en programas, cálculos y ventajas, a no depender de las oportunidades y de las modas del momento, sino a buscar el camino con la mirada siempre puesta en la cruz del Señor; allí está nuestro único programa de vida. Es también una invitación a salir de todo aislamiento, a superar la tentación de la auto-referencia, que impide captar lo que el Espíritu Santo lleva a cabo fuera de nuestro ámbito. Una auténtica reconciliación entre los cristianos podrá realizarse cuando sepamos reconocer los dones de los demás y seamos capaces, con humildad y docilidad, de aprender unos de otros, sin esperar que sean los demás los que aprendan antes de nosotros.

Si vivimos este morir a nosotros mismos por Jesús, nuestro antiguo estilo de vida será relegado al pasado y, como le ocurrió a san Pablo, entramos en una nueva forma de existencia y de comunión. Con Pablo podremos decir: «Lo antiguo ha desaparecido» (2 Co 5,17). Mirar hacia atrás es muy útil y necesario para purificar la memoria, pero detenerse en el pasado, persistiendo en recordar los males padecidos y cometidos, y juzgando sólo con parámetros humanos, puede paralizar e impedir que se viva el presente. La Palabra de Dios nos anima a sacar fuerzas de la memoria para recordar el bien recibido del Señor; y también nos pide dejar atrás el pasado para seguir a Jesús en el presente y vivir una nueva vida en él. Dejemos que Aquel que hace nuevas todas las cosas (cf. Ap 21,5) nos conduzca a un futuro nuevo, abierto a la esperanza que no defrauda, a un porvenir en el que las divisiones puedan superarse y los creyentes, renovados en el amor, estén plena y visiblemente unidos.

Este año, mientras caminamos por el camino de la unidad, recordamos especialmente el quinto centenario de la Reforma protestante. El hecho de que hoy católicos y luteranos puedan recordar juntos un evento que ha dividido a los cristianos, y lo hagan con esperanza, haciendo énfasis en Jesús y en su obra de reconciliación, es un hito importante, logrado con la ayuda de Dios y de la oración a través de cincuenta años de conocimiento recíproco y de diálogo ecuménico.


domingo, 12 de febrero de 2017

ORACIÓN BREVE


Cristo Jesús, nuestra esperanza, por ti la plenitud de Dios está muy cerca de nosotros. En la inestabilidad de este mundo y la fragilidad de nuestra existencia, tu luz no se apaga, fuente de una alegría serena. AMÉN

Comunidad de Taizé


En ti Señor, reposa todo mi ser


sábado, 11 de febrero de 2017

ATRÉVETE A SER SIEMPRE TÚ



Atrévete a ser siempre tú

Ana Bou

Pensé en este enunciado porque reflexionando un poco sobre qué compartir con vosotros y contemplando un poco la realidad, me da la impresión de que es más fácil hacer o decir lo que el otro quiere oír por el solo hecho de evitar problemas.
Cuando encontramos un amigo de verdad siempre se ha dicho que encontramos un tesoro y creo que no es un simple dicho o refrán, sino la verdad.

Encontrar a alguien que sea capaz de mirarte a los ojos cuando tenga algo que decirte, de ser sincero con el interlocutor y consigo mismo no es fácil. Lo cotidiano y lo que yo por lo menos me encuentro, es que cuando tienes que decirle algo a otra persona, ésta se esconde como los caracoles con expresiones como: “ya está todo dicho”; “No tenemos nada de qué hablar”; “¿Vamos a empezar otra vez con lo mismo?....

Cuando se habla de la mujer maltratada no tiene por ser siempre violencia física, sino también verbal, siendo de alguna forma un maltrato psicológico y esto es algo que nos lo encontramos con bastante frecuencia, donde al emisor le resulta imposible tener un dialogo con el receptor y acaba guardando silencio u ocultando sus sentimientos.

Vivimos en una sociedad de caretas. Ahora ya no solo son los días de carnaval, sino los 365 días.

Tú que me estás leyendo, ¿eres capaz de dejarte mirar sin gafas, ni filtros para que el otro pueda ver cómo te sientes por dentro? La mayoría de las veces NO! Es más cómodo dar rienda suelta a bonitos discursos y palabras que quedan mucho mejor ante el otro.

Si te sientes así o en algo te identificas, atrévete a mirar al otro, si de verdad lo consideras algo tuyo y que te merece la pena, pero no lo hagas como un reto, sino como una propuesta a realizar.

Atrévete sencillamente a ser tú, a dialogar, a perdonar, a expresarte desde lo que eres y lo que sientes. Estoy segura de que serás más feliz y harás más felices a los que te rodean.

Ojalá que la vida te permita mirar con lo que eres y desde lo que eres porque las caretas no nos conducen a ningún sitio, solo al dolor por ambas partes….

FUENTE:

Blog "Un minuto para el encuentro"
Ana Bou


viernes, 10 de febrero de 2017

LOS 500 AÑOS DE M. LUTERO: TESTIGO DEL EVANGELIO, UNA TAREA ABIERTA


Los 500 años de M. Lutero: Testigo del evangelio, una tarea abierta

X. Picaza

Así lo saben desde hace tiempo muchos teólogos y cristianos, lo mismo católicos que luteranos, cuando afirman que la tarea de Lutero sigue abierta, tanto para los católicos como para los mismos luteranos. Este año 2017 es tiempo bueno para retomarla y culminarla.

Así lo puso relieve el Papa Francisco, cuando el pasado 31 de octubre asistió en Lund, Suecia, a la conmemoración del 500 aniversario de la Reforma Luterana, ante Antje Jackelén, mujer Arzobispo de Uppsala, y ante Munib Yunan, Presidente de la Federación Mundial Luterana, que firmaron una declaración conjunta en línea de mutuo respeto y colaboración, comprometiéndose a trabajar a favor de una nueva comunión ecuménica entre católicos y luteranos.

Así lo ha resaltado sobre todo el documento conjunto, titulado DEL CONFLICTO A LA COMUNIÓN (Octubre 2016), elaborado por la Federación Luterana Mundial y el Consejo Pontificio para la Unión de los cristianos, al celebrar los 500 años de la reforma luterana.

Ese documento compara en el fondo y pone en un plano semejante a los reformadores protestantes (como Martín Lutero, Ulrico Zuinglio y Juan Calvino) y a los testigos de la fe católica (como Ignacio de Loyola, Francisco de Sales y Carlos Borromeo ¿por qué no Juan de la Cruz?), diciendo que se esforzaron por la renovación de la Iglesia. Ese documento incluye, además, dos números muy significativos sobre Lutero:

A la luz de la evidente renovación de la teología católica en el Concilio Vaticano II, los católicos pueden apreciar hoy las inquietudes reformadoras de Martín Lutero y considerarlas con más apertura de lo que era posible anteriormente.

Un acercamiento implícito a las preocupaciones de Lutero ha conducido a una nueva evaluación de su catolicidad, que se dio en el contexto del reconocimiento de que su intención era reformar y no dividir a la iglesia. Esto surge claramente de las afirmaciones hechas por el cardenal Johannes Willebrands y por el Papa Juan Pablo II. El redescubrimiento de estas dos características centrales de su persona y de su teología llevó a un nuevo entendimiento ecuménico de Lutero como un «testigo del evangelio».

Estoy convencido de que la figura y obra de Lutero sigue siendo una cuestión pendiente para católicos y evangélicos, llamados a reescribir en comunión su historia. Lutero es un patrimonio de la Reforma universal Cristiana. Por eso quiero presentarle como un testigo del evangelio que no ha terminado aún su tarea, somos nosotros los que estamos llamados a hacerlo.

LUTERO, MARTIN (1483-1546).

Reformador alemán. Era teólogo y religioso de la Orden de San Agustín, profesor de Sagrada Escritura en la Universidad de Wittenberg, Tras un proceso de conversión y de experiencia radical del evangelio, en perspectiva de fe y de confianza plena en el Dios que perdona los pecados, inició la Reforma (que se llamará “protestante”), clavando en la puerta de la Iglesia del Palacio de Wittenberg, el 31 de Octubre de 1517, las 95 tesis en las que presenta su visión sobre las indulgencias, el pecado original y otros temas discutidos de la teología y de la vida cristiana.

Inició así un camino de transformaciones que desembocó de hecho en la creación, al lado de la católica (y con el deseo de sustituirla), de una “nueva iglesia” (protestante, luterana), con la pretensión de ser la continuadora verdadera de la Iglesia Apostólica. Tradujo la Biblia al alemán, para uso devocional, teológico y litúrgico y lo hizo con tal creatividad que se le considera el iniciador (incluso el creador) del moderno idioma escrito del mundo germano.


1. Las 95 tesis de Wittenberg.

En principio, ellas podían y debían haber sido discutidas por la Iglesia Universal, en sus diversos estamentos. Eran de tipo disciplinar, se oponían a la venta de indulgencias y criticaban algunos abusos del Papa y de la jerarquía católica, pero sin platear una ruptura estricta, ni la creación de una Iglesia nueva). Éste es el contenido de algunas de las tesis más significativas:

a. Sobre el Papa. 

Lutero apela desde el principio de su gran protesta a la “libertad” de los cristianos, que han de ser capaces de ponerse de un modo personal ante Dios, sin el intermediario de un Papa a quien muchos concebían como mediador de un perdón, que sólo puede ser exterior, no interior. Por eso rechaza el poder de perdón especial que se arroga el Papa. «El Papa no quiere ni puede remitir culpa alguna, salvo aquella que él ha impuesto, sea por su arbitrio, sea por conformidad a los cánones. El Papa no puede remitir culpa alguna, sino declarando y testimoniando que ha sido remitida por Dios, o remitiéndola con certeza en los casos que se ha reservado. Si éstos fuesen menospreciados, la culpa subsistirá íntegramente» (núm. 5-6).

b. Sobre las indulgencias. 

Lutero protesta también contra la visión de una institución eclesial (de un Papa) que quiere presentarse como portador y garante de un perdón especial sobre los fieles. Como ha puesto de relieve Campenhausen, la jerarquía eclesiástica había nacido en los siglos II-III por la necesidad de organizar y controlar el perdón de los pecadores. Quizá sin advertirlo, al criticar el poder de los papas en el plano de las indulgencias, Lutero volvió a plantear el tema clave del surgimiento y sentido de los ministerios sagrados. «Cualquier cristiano verdaderamente arrepentido tiene derecho a la remisión plenaria de pena y culpa, aun sin carta de indulgencias. Cualquier cristiano verdadero, sea que esté vivo o muerto, tiene participación en todos los bienes de Cristo y de la Iglesia; esta participación le ha sido concedida por Dios, aun sin cartas de indulgencias» (núm. 36-37).

c. El primado de la caridad. 

Lutero puso en el centro de su discusión el tema de la caridad, de manera que si las controversias posteriores hubieran seguido en este plano, quizá no hubiera sido necesaria la forma en que después se desarrolló la Reforma y la Contra-Reforma católica. «Las indulgencias apostólicas deben predicarse con cautela para que el pueblo no crea equivocadamente que deban ser preferidas a las demás buenas obras de caridad. Debe enseñarse a los cristianos que no es la intención del Papa, en manera alguna, que la compra de indulgencias se compare con las obras de misericordia. Hay que instruir a los cristianos que aquel que socorre al pobre o ayuda al indigente, realiza una obra mayor que si comprase indulgencias. Porque la caridad crece por la obra de caridad y el hombre llega a ser mejor. En cambio, no lo es (no es mejor) por las indulgencias, sino a lo mas, liberado de la pena. Debe enseñarse a los cristianos que el que ve a un indigente y, sin prestarle atención, da su dinero para comprar indulgencias, lo que obtiene en verdad no son las indulgencias papales, sino la indignación de Dios» (núm. 41-46).

2. Reforma luterana, un nuevo pensamiento.

Pero no hubo diálogo y lo que empezó siendo un pequeño conflicto de jurisdicción, en un tema lamentable, propio de aquel tiempo y fácil de corregir (un tipo de “venta” de indulgencias al servicio del tesoro papal, para la construcción de su Basílica del Vaticano), se convirtió en un enfrentamiento teológico, ideológico, social, político y eclesiástico que ha llevado a la división de la cristiandad de Europa.

A partir de un primer momento de incertidumbre, Lutero y sus seguidores fueron desarrollando su propia teología y su visión de la iglesia, poniendo de relieve la experiencia de libertad interior de los cristianos y el don de la gracia de Dios, que llama de un modo personal a cada creyente, pidiéndole su respuesta personal. En esa línea, frente a una «fe más eclesial», que parece fijada por las autoridades jerárquicas de la Iglesia Católica, Lutero habla de una «fe más personal», propia de cada creyente, que se pone en pie ante Dios para dialogar con él, que acoge la voz del Espíritu Santo y que puede interpretar por sí mismo las Escrituras y dogmas cristianos.

El cristianismo católico había desarrollado una especie de gran pensamiento objetivo, expresado en una teología escolástica que podía presentarse como valiosa en sí mismo. Pues bien, a juicio de Lutero, las estructuras sociales y sacramentales de la iglesia medieval resultaban insuficientes para expresar la radicalidad del evangelio.

Se necesitaban otras formas de expresión del evangelio, capaces de manifestar la novedad de la experiencia de Jesús, tal como la había formulado San Pablo; se necesitaba un tipo de pensamiento y de organización distinta. La iglesia católica medieval había destacado el valor de los sacramentos y la institución jerárquica y sagrada de la sociedad. Daba la impresión de que el cristianismo se identificaba con unos ritos sacramentales y con unas instituciones de tipo religioso, que los creyentes aceptaban de un modo obediente y sumiso. En contra de eso, Lutero destacó el valor individual de la vida cristiana, la fe de cada uno, por encima de las obras externas y de la institución.

En principio, Lutero no quiso separarse de la iglesia católica, sino reformarla, desde la perspectiva de Alemania, donde propagó su nueva visión del cristianismo, traduciendo para ello la Biblia al alemán y pidiendo a los cristianos que la “interpretaran”, es decir, que pensaran por sí mismos. Pero la misma radicalidad de sus propuestas y el tenor de la reacción católica, mezcladas con otros motivos culturales y políticos, hicieron que su reforma y «protesta» viniera a desembocar en el surgimiento de una nueva iglesia, con sus instituciones y su jerarquía.

3. Momentos básicos del pensamiento luterano.

La Reforma Luterana es, ante todo, un nuevo pensamiento: una forma de situarse en libertad ante el legado cristiano (expresado en la Biblia), de manera que cada creyente aparece así como responsable de su visión y comprensión del evangelio. A los católicos se les había enseñado a escuchar y a obedecer (aceptar) la síntesis impresionante de doctrina y teología cristiana, expresada en los grandes marcos conceptuales y litúrgicos de la Iglesia. Pues bien, en contra de eso, Lutero quiso que cada creyente se situara de nuevo ante el Cristo de la Escritura Cristiana, con la responsabilidad de construir (de recrear) su propio pensamiento cristiano. Entre los elementos básicos de ese nuevo pensamiento luterano pueden contarse los siguientes.

a. Libre interpretación de la Escritura, por encima de las tradiciones eclesiales. 

La Iglesia romana había dejado la Escritura en manos de clérigos, que la interpretaban a partir de las propias tradiciones dogmáticas, sacramentales y administrativas. En contra de eso, Lutero puso la Biblia en manos de los nuevos creyentes, que aparecen así con capacidad de leer e interpretar la palabra de Dios. De esa manera, frente al pensamiento oficial de la Iglesia se eleva el “libre pensamiento” (la libre lectura) creyente de cada cristiano. Esta entrega de la Escritura en manos de todos los fieles tendrá unas consecuencias esenciales y revolucionarias en la vida del cristianismo posterior y en el pensamiento cristiano (y secular) de la Nueva Europa, que nace precisamente a partir de la libre lectura de la Biblia.

b. Sola Fides. 

La Iglesia romana había destacado el valor de las obras como medio de salvación, de unas obras que a veces parecían más rituales que morales, más sacramentales que meramente civiles y que, en sentido extenso, podían ser controladas por la misma Iglesia en un plano litúrgico y aún sacramental (por medio de la confesión). Pues bien, en contra de eso, sin negar en su plano moral el valor de las obras, Lutero ha puesto de relieve la importancia de la “fe” como experiencia interior de diálogo con Dios y de unión con Jesús crucificado. Esta reivindicación del valor de la fe, unida a la libertad de conciencia, ha hecho posible el surgimiento de una nueva subjetividad cristiana, vinculada a una moral interior, propia de cada creyente. Sin esta insistencia en la fe personal no se entiende el surgimiento de la nueva cultura occidental.

c. Radicalización del espacio sacramental. 

La Iglesia romana había desarrollado una fuerte sacralidad sacramental, de manera que en algunos momentos podía parecer que el despliegue de la gracia evangélica quedaba dependiendo de la misma administración de los sacramentos. En contra de eso, Lutero, que no ha negado en principio el valor de lo sacramental, ha insistido en la importancia de la fe, que vincula a los creyentes.

En sentido amplio, sólo admite dos sacramentos (bautismo y eucaristía), interpretando los cinco restantes (confirmación, penitencia, matrimonio, unción de enfermos y ordenación ministerial) como ritos eclesiales, que pueden tener cierto valor, pero que no son esenciales (como sacramentos) para la vida de la Iglesia. La misma eucaristía, que conserva su valor, no se entiende ya como nuevo sacrificio; lógicamente, un tipo culto eucarístico separado de la celebración de la Eucaristía pierde su sentido. De esa manera, el cristianismo luterano deja en un segundo plano el aspecto sacramental de la vida, para venir a presentarse como experiencia interior y conversión creyente.

d. Fin de la Iglesia entendida como jerarquía sacral. 

En principio, Lutero no quería negar la obediencia al Papa ni a los obispos, pero el mismo dinamismo de su movimiento, al poner de relieve la libertad creyente de los fieles, le llevó a negar esa obediencia al Papa y a buscar unos obispos que surgieran de las mismas comunidades. Ciertamente, las críticas de Lutero contra el Papa y contra la Iglesia de Roma (a la que llama prostituta, Babilonia) han de entenderse desde el contexto de aquel tiempo y desde la misma idiosincrasia combativa de Lutero, que se muestra también, por ejemplo, desgraciadamente, en sus controversias contra los judíos. Pero esas críticas son también un indicio de la dureza de la lucha mantenida, a uno y otro lado de las divisiones eclesiales. Sea como fuere, Lutero y sus seguidores rechazaron el poder superior del Papa y de los obispos entendidos como jerarquía.

e. Una piedad personal, el fin de las formas religiosas antiguas. 

Lutero no condenó el culto a las imágenes en cuanto tales, ni el valor de la figura de María, madre de Jesús, y el de los santos, pero quiso poner todo eso en un segundo plano. De hecho, el luteranismo significó el fin de un tipo de culto mariano y de una devoción medieval centrada en los santos, para insistir en otra forma de devoción centrada en la fe de los buenos creyentes.

En ese contexto se inscribe también su crítica frente a un judaísmo concebido como expresión de una piedad vinculada a unas obras religiosas que han sido ya superadas. En esa línea, el luteranismo, que ha sido principio de un pensamiento liberador en otros planos, ha mantenido un fondo de violencia anti-judía que aparece también en otros contextos cristianos.

4. Presente y futuro de la propuesta de Lutero.

La figura y obra de Lutero resulta inseparable del despliegue y permanencia de su movimiento. Después de quinientos años de “reforma” (que se cumplirán el año 2017) no hemos logrado todavía un juicio definitivo sobre su intento teológico y eclesial. En este momento (año 2010), una comisión católico-luterana, al más alto nivel, está estudiando la importancia de la Reforma y la posibilidad de un acuerdo básico entre católicos y luteranos. Lo que no se hizo el año 1517 ante las tesis de Lutero puede y debe hacerse ahora. En esa línea me atrevo a ofrecer tres propuestas:

a. La Reforma luterana puede y debe entenderse como un acontecimiento muy valioso para el conjunto de la cristiandad, pues ha permitido poner de relieve elementos antes menos desarrollados del evangelio, abriendo un camino de autonomía personal y de libertad que responden al evangelio y que han sido básicos en la historia posterior de Europa y de la humanidad. Al lado de Erasmo y Descartes, de Galileo y Newton, de Vitoria y Rousseau, Lutero ha sido uno de los iniciadores del mundo occidental (de la cultura de Europa). Más aún, en esa línea, en conjunto, el protestantismo ha sido una bendición para el conjunto de la Iglesia (y en especial para el catolicismo). En esa línea pueden y deben interpretarse gran parte de los pensadores protestantes que aparecen en este diccionario: de Calvino a Barth, de Schleiermacher a Bultmann, de Pannenberg a Moltmann, por poner algunos ejemplos.

b. Pero la Reforma luterana ha sido también un acontecimiento doloroso, pues está vinculada a disputas y guerras de religión que han durado casi dos siglos (XVI y XVI), marcando la historia y el pensamiento de Europa y del mundo. Parece que Lutero no quiso la guerra, pero en su nombre (o a pesar de su nombre) se hicieron algunas de las guerras más sangrientas de Europa (empezando por la lucha en contra de la rebelión de los campesinos → Th. Müntzer). En esa línea, parte de la historia de la reforma y contra-reforma protestante y católica ha sido una historia de violencia, pues no se ha desarrollado en clave de amor, sino de crítica (condenatoria) de unos contra todos y de guerra. Muchos católicos pensaban que los protestantes iban, sin más, al infierno. Y lo mismo han pensado muchos protestantes respecto a los católicos.

c. La verdadera Reforma debe culminar, llegando más allá de la “protesta” y de la “contra-protesta”, para desembocar en el reconocimiento de los valores de unos y otros y en la pacificación de todos. No se trata de negar las confesiones de fe de los luteranos y del resto de los “protestantes” (el Catecismo Menor de Lutero, la Confesión de Augsburgo del 1530, el Símbolo de la Fe de la Iglesia Reformada del 1566, los Artículos de la Religión de la Iglesia Anglicana del 1571), sino de reinterpretarlos en línea de fidelidad al evangelio. Tampoco hace falta que los católicos neguemos el Concilio de Trento (1545-1563), sino que lo resituemos en su contexto, releyendo sus declaraciones desde el mismo evangelio.

En esa línea debemos pasar de la protesta (puro protestantismo) y de la contra-protesta católica a la afirmación propia y a la valoración de los otros. Quizá ha llegado el momento de que católicos y luteranos (protestantes en general) nos reconozcamos como Iglesias, retomando los elementos de unidad y de auténtica reforma que se hallaban al principio de la protesta de Lutero, en la línea de la propuesta de J. Lortz.

5. Postdata. Confesión de fe de Lutero.

Los temas de la discusión entre Lutero y los que él llamaba los “papistas” (con palabra injuriosa y poco exacta) resultaban considerables. Y, sin embargo, la fe de base era la misma. Lutero no quiere crear otra Iglesia, sino volver a los orígenes de la iglesia universal. Por eso destacó el valor no sólo del Nuevo Testamento, sino de los documentos de la Iglesia primitiva, en sus grandes concilios, por lo menos en los cuatro primeros (Nicea, Constantinopla, Éfeso y Calcedonia). La protesta de Lutero se situaba en el plano de la justificación por la y en la reforma de la Iglesia Su confesión de fe seguía siendo la misma de la Iglesia católica, como muestra su Catecismo Menor:

a. Artículo Primero: Creación. 

Más que la creación en sí, como un hecho objetivo, a Lutero le interesa “mi creación”. Por eso, la confesión en el Dios creador se expande y expresa en forma de aceptación agradecida de la propia existencia del creyente, como don de la misericordia de Dios. No se trata por tanto de la fe en una posible Iglesia objetivada en forma jerárquico/sacramental, sino de la fe agradecida del creyente, que confiesa los dones y bendiciones de Dios que se expresan en su vida: «Creo en Dios Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra... Creo que Dios me ha creado a mí juntamente con las demás criaturas; que me ha dado mi cuerpo y mi alma, mis ojos y mis oídos y todos mis miembros, mi razón y todos mis sentidos; y aún los sostiene; además, me da vestido y calzado, comida y bebida, casa y hogar, consorte e hijos, campos, animales y toda clase de bienes; que me provee a diario y abundantemente de todo lo que mi cuerpo y mi vida necesitan, me protege de todo peligro y me preserva y libra de todo mal. Y todo esto lo hace por pura bondad y misericordia paternales y divinas, sin que yo lo merezca, ni sea digno de ello. Por tanto, estoy obligado a darle gracias por todo y ensalzarle, servirle y obedecerle. Esto es ciertamente la verdad».

b. Artículo Segundo: Redención. 

Lutero mantiene la fe de Nicea y Calcedonia, pero más que eso le importa la fe personal del creyente que se pone y confía en manos de Jesús que ha muerto y resucitado por él. Esta referencia personal del creyente a Jesús, esta confianza en su vida y su muerte redentora constituye el centro de la teología luterana, pero esta insistencia no es algo exclusivo de Lutero, sino que puede verse en muchos pensadores de aquel tiempo, tanto luteranos como católicos (→ Ignacio de Loyola): «Y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por obra del Espíritu Santo, nació de la Virgen María; padeció bajo el poder de Poncio Pilatos, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los cielos y está sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso; y desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos... Creo que Jesucristo, verdadero Dios, engendrado del Padre en la eternidad, y también verdadero hombre, nacido de la Virgen María, es mi Señor, que me ha redimido a mí, hombre perdido y condenado, y me ha rescatado y librado de todos mis pecados, de la muerte y del poder del diablo; mas no con oro ni plata, sino con su santa y preciosa sangre y con su inocente Pasión y muerte; todo lo cual hizo para que yo sea suyo y viva bajo Él en su reino, y le sirva en justicia, inocencia y bienaventuranza eternas, así como Él resucitó de entre los muertos y vive y reina eternamente. Esto es ciertamente la verdad».

c. Artículo Tercero: La Santificación. 

En el contexto del tercer artículo se vinculan la fe en la Iglesia y en el Espíritu Santo y el valor de la misma fe, como expresión y compendio de la vida cristiana. Ciertamente, siguen importando los contenidos de la fe, pero ahora se sitúa en un primer plano la misma fe, como entrega del creyente en manos de Dios, por Jesús, en el Espíritu: «Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Cristiana: la comunión de los santos; el perdón de los pecados; la resurrección de la carne y la vida perdurable. Amén... Creo que ni por mi propia razón, ni por mis propias fuerzas soy capaz de creer en Jesucristo, mi Señor, y allegarme Él; sino que el Espíritu Santo me ha llamado mediante el Evangelio, me ha iluminado con sus dones y me ha santificado y guardado mediante la verdadera fe, del mismo modo que Él llama, congrega, ilumina y santifica a toda la cristiandad en la tierra y en Jesucristo la conserva en la única y verdadera fe; en esta cristiandad. Él nos perdona todos los pecados a mí y a todos los fieles diariamente con gran misericordia, y en el postrer día me resucitará a mí y a todos los muertos y me dará en Cristo, juntamente con todos los creyentes, la vida eterna. Esto es ciertamente la verdad» (Catecismo Menor, 1527, en Obras, Salamanca 1977).



Bibliografía

Edición clásica de las obras de Lutero Weimarer Ausgabe der Werke von Martin Luther (Weimar 1883ss, con 11 volúmenes). Entre las versiones castellanas:
Comentarios de Martín Lutero I-VIII (Terrasa 1998/2002).
Cf. J. Abellán (ed.), Lutero. Escritos políticos (Madrid 1986);
T. Egido (ed.), Lutero. Obras (Salamanca 22001).
La bibliografía sobre Lutero resulta inabarcable. A modo de ejemplo:
J. Atkinson, Lutero y el nacimiento del protestantismo (Madrid 1980);
F. Fliedner, Martín Lutero: su vida y su obra (Terrasa 1983);
H- Oberman, Lutero (Madrid 1991);
R. García-Villoslada, Martín Lutero I-II (Madrid 1973-1976);
J. Maritain, Tres Reformadores: Lutero Descartes Rousseau (Madrid 1948).

Artículo publicado en:

NOTICIAS Y COMUNICACIONES Nº 167
(15 de ENERO de 2017)
Comunidad Ecuménica Horeb Carlos de Foucauld