Todos juntos
Un espacio propuesto por EQUIPO ECUMÉNICO SABIÑÁNIGO

martes, 8 de agosto de 2017

LA ORACIÓN Y LA MEDITACIÓN EN LAS TRADICIONES RELIGIOSAS


La oración y la meditación en las tradiciones religiosas

por Xavier Melloni


«Rezar» («orar») siempre ha sido la práctica religiosa por excelencia en nuestra sociedad hasta los últimos tiempos. Pero parece que cada vez se habla más de «meditar», una práctica que suele asociarse a la espiritualidad más bien que a la religión. Aquí nos preguntamos: ¿rezar y meditar son o no son una misma cosa? ¿Qué caracteriza, necesita y fomenta cada una de estas prácticas? ¿Se complementan o son incompatibles? Responden a estas preguntas practicantes experimentados de diferentes tradiciones.

En la medida que las tradiciones religiosas están atravesadas por un anhelo de trascendencia y buscan el contacto con Dios o la dimensión última, en todas encontramos uno u otro tipo de práctica orante o meditativa para relacionarse, en grados diversos de espontaneidad y de ritualización, tanto en el ámbito personal como en el comunitario. Y es que en la práctica oracional es quizá donde mejor se expresa aquello que da sentido a una religión: propiciar la relación con el Ser divino o favorecer un tipo de conciencia elevada que transcienda el yo.

DIFERENCIA ENTRE PLEGARIA Y MEDITACIÓN

Pero antes de continuar quizá conviene clarificar la distinción que se puede hacer entre oración y meditación. La primera tiene un Tú al cual dirigirse, mientras que la meditación es una actividad interna de la conciencia sin un “tú”.

Oración proviene de oror, “pronunciar con la boca”, “dirigirse a alguien en voz alta”. De aquí proviene también adoración, adorare, que se refiere a Otro, al Ser supremo, origen de mi yo y de todas las cosas. Meditación, en cambio, proviene del griego medein, “tener cuidado”, cosa que hace referencia al cultivo de un estado arraigado en la Ultimidad o Absoluto. Podemos decir que la oración es más propia de las tradiciones teístas, ya que están referidas a un Dios personal, mientras que la meditación es más propia de las orientales, donde la realidad suprema no está comprendida como un “tú”, sino como un todo en el que está comprendido el yo. Sin embargo, tanto unas como otras enseñan, proponen, custodian, impulsan y estimulan que sus fieles sean asiduos a determinadas formas de devoción (oración) y de interiorización (meditación). La devoción genera un tipo de energía diferente que la meditación y las dos son necesarias. La devoción tiene más que ver con la energía del corazón y del amor mientras que la meditación tiene más que ver con la energía de la mente y de la conciencia. En todas las tradiciones las dos vertientes están consideradas, aunque no siempre predomine la misma.

REQUIEREN UN TIEMPO Y UN ESPACIO

El tiempo y el espacio oracionales no son homogéneos, sino que todas las tradiciones promueven determinados momentos y espacios, aunque lo ideal es que todo lugar y toda situación sean una ocasión para la manifestación de lo sagrado.

En las diferentes tradiciones encontramos prescripciones respecto a la frecuencia en que se deben hacer determinadas oraciones para cultivar la vida espiritual del creyente y de la comunidad. Unas son de ritmo diario, ligadas al ciclo rotatorio de la Tierra, a la alternancia del día y de la noche. El paso de la luz a la oscuridad (atardecer) y de la oscuridad a la luz (alba) son particularmente propicios. Rezar durante el transcurso de la noche también es una práctica extendida en muchas corrientes. Otros ritmos están ligados al ciclo lunar, con periodizaciones semanales o quincenales y otros están asociados al movimiento de translación de la Tierra en relación al sol (periodos estacionales). Esta armonización con los ciclos cósmicos permite que el ser humano sintonice con los diferentes ámbitos de la realidad. Cuanto más integrada esté la práctica orante en todos los órdenes de la vida, más participará en su bendición.

Al mismo tiempo existen oraciones y prácticas meditativas específicas para los aniversarios de las diferentes teofanías, momentos auspiciosos para cada tradición, porque en ellas se actualiza la gracia o la revelación recibida.

Los espacios sagrados también existen en todas las religiones, en los cuales las oraciones tienen una mayor relevancia. Son lugares consagrados y reconocidos por la tradición, por lo que ha sucedido en ellos; también por la energía de la Tierra que emana de ellos; son llamados lugares de poder por los indios toltecas de Méjico. La fuerza no está solo en el lugar, sino en la dirección hacia él. La importancia de la orientación espacial de la oración está presente en muchas corrientes por razones energéticas y simbólicas. Los lugares de oración o meditación comunitaria se van cargando de densidad espiritual, hecho que hace de ese lugar un espacio cada vez más propicio para la oración y la concentración mental. Lo mismo pasa con el espacio elegido para la oración o la meditación personal. Por el hecho de que siempre sea el mismo, se va impregnando con un aura que facilita el estado de interiorización.

DIMENSIÓN PERSONAL Y COMUNITARIA

En todas las tradiciones se distingue entre la oración personal o privada y la oración pública o comunitaria. Son complementarias y se nutren mutuamente. La práctica común presupone la energía espiritual que aporta cada fiel gracias a la práctica individual, al mismo tiempo que cada persona renueva la fuerza para continuar con su oración individual gracias a la participación en el culto colectivo. Esto es particularmente relevante en los monasterios o comunidades orantes, donde los dos ritmos son fundamentales. Es su combinación lo que sostiene la vida espiritual del grupo. En la oración privada se cultiva la conexión personal con el Ser supremo y se potencia el proceso de transformación de cada persona.

En la oración comunitaria el sujeto es el grupo –ya sea local o universal- y en ella se refuerza el vínculo interpersonal a través de los múltiples registros que intervienen: el perdón, la reconciliación, la intercesión por los otros y por el mundo, el agradecimiento, la alabanza, la ofrenda, etc. Es muy importante la participación de los miembros de la comunidad en el acto colectivo porque es la ocasión para que la comunidad se regenere y vuelva a refundarse. El culto colectivo rememora el paso que comparten, actualiza la fidelidad del presente y anticipa la comunidad escatológica en la que todo quedará sanado, reconciliado y unificado.



RITUALIZACIÓN, REPETICIÓN Y ESPONTANEIDAD

Relacionado, en parte, con la distinción del carácter personal y comunitario, encontramos también en todas las tradiciones dos modalidades de oración: las ritualizadas y las espontáneas. “Ritus” proviene de la raíz indoeuropea rita, que significa “ordenar”. Su eficacia recae en la repetición. Las oraciones rituales son oraciones reiterativas en las que no se busca la novedad y donde no hay lugar para la espontaneidad ni la improvisación. Toda su fuerza proviene, precisamente, de la fidelidad al gesto y a la palabra prescritos. Símbolos, himnos, fórmulas, movimientos, objetos, etc., todo está escrupulosamente establecido para hacer máximamente eficaz el acto orante.

Entre las manifestaciones universales que encontramos existe una forma u otra de postración, con la cual se expresa la total rendición y entrega a Dios o a la Realidad última. Otra de las modalidades universalmente extendidas es la repetición de una palabra o de un nombre sagrado. La repetición permite la interiorización de un atributo de la divinidad a través de un canto, de una fórmula o de una palabra. La actividad mental se ve atraída y absorbida hacia un estado de concentración donde la mente y el corazón se unifican. En el hinduismo es donde más explícitamente se ha desarrollado la ciencia de la repetición de un sonido o de una sílaba sagrada. El mantra es un sonido-palabra que protege el pensamiento de la dispersión y de la distracción. Mantra proviene de la conjunción de manas (mente) y tra (control, protección). El mantra sagrado por excelencia es el Aum, una teofanía en estado de fonema, donde la A hace referencia al acto creador (Brahmán), la U al acto preservador (Visnú) y la M a la extinción (Shiva). En la tradición advaita se practica el Soham (“Soy Él”). En el budismo tibetano encontramos la fórmula: Om Mane Padme Hum, “el tesoro del Loto”, la repetición del cual permite el despertar de la naturaleza búdica (la alegría del loto) que está escondida como un tesoro en el corazón de todos los seres. Más específicamente aún, encontramos la repetición del Nombre: Japa Nama en el hinduismo, con la invocación de Rama, Krishna, etc. En el islam encontramos el dikr, que significa “recuerdo”, donde la repetición continuada de Alá o de sus noventa y nueve nombres recuerda al creyente su origen. En la Iglesia de Oriente se practica la oración del Corazón con la repetición de la fórmula: “Jesucristo, Hijo de Dios, ten misericordia de mí”. En el budismo mahayana de la escuela de la Tierra Pura se repite la fórmula Namo O-Mi-To-Fo en chino y Namo Amida Butsu en japonés; en los dos casos, significa “Postración ante Amida”. Se trata del Buda Amitabha (“Luz infinita”) o Amitayus (“Vida infinita”). La fórmula abreviada se convierte en Nembutsu. Esta corriente devocional considera que estas sílabas contienen las ochenta y cuatro mil enseñanzas del Dharma. La repetición del Nombre sagrado también se encuentra entre los sijs. Esta oración repetitiva se encuentra reflejada en un instrumento de oración casi universal: en las bolas del rosario católico, donde se combina la meditación de la vida de Jesús con la recitación de Avemarías; en la práctica de la Iglesia de Oriente, basada en el nombre de Jesús; el mala hindú y budista con ciento ocho pasos, el tasbih o misbaha islámico, con treinta y tres –o noventa y nueve- nudos, el rosario sij, etc. Todos estos son testigos de un modo de orar o meditar simple y al mismo tiempo muy eficaz puesto que permite la interiorización de las diferentes fórmulas o Nombres en los que se encuentra condensada la esencia de cada tradición.

LA ORACIÓN COMO EXPRESIÓN Y VEHICULACIÓN DE LAS ASPIRACIONES HUMANAS

En los primeros grados la oración contiene elementos que expresan las necesidades más inmediatas del ser humano. De esta manera, las religiones conectan con los estados de ánimo básicos y permiten que se expresen tanto los negativos (ansiedad, culpabilidad, desánimo) como los positivos (agradecimiento, esperanza, perdón). Al darles un marco y un vehículo de expresión permiten que emerjan en la conciencia y se liberen. Cuanto más rica es la gama de registros, más posiblidades hay de recoger a la persona integral y de llevarla más allá de donde estaba antes de orar. La fijación en un determinado tipo de oración puede impedir crecer en estados psicoespirituales ulteriores.

La fijación en un determinado tipo de oración puede impedir crecer en estados psico-espirituales ulteriores

El recorrido de toda oración –y de una práctica de oración a lo largo de toda una vida- es ir pasando de la petición a la ofrenda, del yo al tú, al nosotros y al Todo. En la petición prevalecen las necesidades propias; en la ofrenda ya no se pide nada, sino que uno se entrega a los acontecimientos tal como vienen porque se percibe que provienen de Dios –o de Aquello que es-, sin ninguna voluntad de cambiarlos, sino que uno se deja transformar por ellos. Esta entrega a la voluntad de la Ultimidad es quizá el signo más claro de haber alcanzado la maduración espiritual. En la meditación el signo de madurez viene dado porque la observancia rígida del método de un yo separado va dejando paso a una progresiva espontaneidad de quien entra en la percepción de la no-dualidad.

En los grados más elevados, la práctica orante y la meditativa trascienden métodos y símbolos para conseguir la unión con el Uno, que es el término hacia donde van dirigidas. Aun así, se debe decir que permanece hasta el final la diferencia entre la vía devocional de la oración y la vía cognitiva de la meditación. La primera se expresará siempre en términos de ofrenda, de unión y éxtasis amoroso, mientras que la segunda lo hará como una apertura de la conciencia al Todo a través de la máxima quietud.

APRENDIZAJE, OBSTÁCULOS, ACOMPAÑAMIENTO Y MAGISTERIO

En la mayoría de los casos, las escuelas de oración y meditación provienen de largos linajes. Todas las tradiciones disponen de sabios y maestros experimentados que han transitado por los diversos parajes del espíritu, han conocido sus cimas y sus abismos, sus prados y sus desiertos. No hay avance sin experiencia y sin magisterio, en el cual la relación maestro-discípulo es fundamental. La vida orante o meditativa se va aprendiendo a medida que se transita y por esto la enseñanza se debe hacer de uno hacia el otro, de forma directa, que es lo que significa Upanishad, “estar sentado al lado”. Se debe pasar y haber pasado por las diversas etapas. En muchas tradiciones se habla de estancias o estaciones, en las que se atraviesan noches y tentaciones –tanto de impotencia como de prepotencia- hasta llegar a la muerte del yo que permite alcanzar el estado de unión o de no-dualidad. Lo que es adecuado en un momento del camino puede dejar de serlo en otro tramo del recorrido. Por esto debemos estar acompañados por maestros experimentados.

Una de las cuestiones relevantes que se debaten en la nueva situación de los encuentros interreligiosos es el efecto que tienen determinadas prácticas meditativas como el yoga, el zen, el tai chi o el chi kung, etc., sobre sus practicantes. En principio, son de carácter aconfesional, pero en la medida que vehiculan las cosmovisiones de donde han surgido, tienen un efecto importante en quien las practica, produciendo significativas modificaciones en sus creencias anteriores. Existe una afirmación latina que dice: Lex orandi, lex credendi (“la ley de la oración, la ley de la creencia”). Esto es, la forma de orar o meditar acaba configurando la forma de creer, como también sucede en la dirección inversa: la creencia determina una forma de orar. Esta es una de las cuestiones abiertas y también fascinantes sobre las que nuestra generación –y todavía más las generaciones futuras- deberán continuar investigando.

La forma de orar o meditar configura la forma de creer y la creencia determina una forma de orar o meditar

En cualquier caso todas las tradiciones nos dicen que es fundamental consagrar un tiempo y un espacio asiduos –personal y comunitario- para silenciar la mente y recogerse en la cueva del corazón para abrirse a la relación con lo Esencial. Largos y difíciles son los caminos de la oración y de la meditación, pero bien alto es su fruto: la transformación interior. Cada tradición nutre con lo mejor que tiene para acompañar en este peregrinaje que va desde el autoncentramiento a la comunión –o iluminación- que posibilita entregarse a la Fuente, origen y término de todo.


Xavier Melloni. Jesuita y director de ejercicios espirituales en la Cueva de San Ignacio de Manresa (Barcelona). Teólogo y antropólogo de las religiones. Nace en Barcelona en 1962, es antropólogo, teólogo y fenomenólogo de la religión. Varias inmersiones en la India le han permitido poner en contacto elementos de la mística hindú con la cristiana. Jesuita y estudioso de los Ejercicios Espirituales, tiene al mismo tiempo un amplio conocimiento de los textos de las diversas religiones. En su tarea como acompañante espiritual integra elementos de diversas tradiciones. Es miembro de Cristianisme i Justícia y profesor en la Facultat de Teologia de Catalunya y en el Institut de Teologia Fonamental de Sant Cugat. Vive en el centro espiritual La Cueva de San Ignacio, en Manresa. Entre sus publicaciones destacan La mistagogía de los Ejercicios Espirituales de san Ignacio (2001), El Uno en lo Múltiple (2003), Relaciones humanas y relaciones con Dios (2006), Vislumbres de lo Real (2007), El Deseo esencial (2009), Voces de la mística (2009), El Cristo interior (2010), hacia un tiempo de síntesis (2011) y Dios sin Dios (con José Cobo , 2015).

PUBLICADO EN:
NOTICIAS Y COMUNICACIONES Nº185
(1 de agosto de 2017)
Comunidad Ecuménica Horeb Carlos de Foucauld
http://horeb-foucauld.webs.com 

FUENTE:
http://dialogales.org



lunes, 7 de agosto de 2017

CARTA DEL NUEVO OBISPO PRESIDENTE DE LA COMISIÓN EPISCOPAL PARA LAS RELACIONES INTERCONFESIONALES

Adolfo González Montes
presidente de la Comisión Episcopal para las Relaciones Interconfesionales
de la Conferencia Episcopal de España


Carta circular del Obispo Presidente de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales 

A los Delegados diocesanos y
Directores de Secretariados de Ecumenismo
y Relaciones Interconfesionales
en sus diócesis 

Estimados delegados y directores de las delegaciones y secretariados de Ecumenismo y Relaciones Interconfesionales: 

Saludo fraterno 

Aunque han pasado las primeras semanas desde las elecciones para los cargos de la Conferencia Episcopal, que tuvieron lugar durante la última Asamblea plenaria de marzo, me es muy grato dirigirme a todos ustedes para enviarles un saludo fraterno corno nuevo Obispo Presidente de la Comisión Episcopal para las Relaciones Interconfesionales. 

Una mirada al mapa confesional de España 

Vivimos un tiempo de cambios sociales en nuestro país, que están dando lugar a un mapa confesional en el que deseamos se afiance una sociología religiosa que refleje la verdadera identidad y consistencia de la Iglesia Católica en España, sin menoscabo de las confesiones cristianas no católicas y las comunidades de otras religiones. La inmigración, el turismo y el establecimiento de residencia entre nosotros de ciudadanos de otros países europeos y de Hispanoamérica han traído modificaciones sociales significativas. 

Además de las personas de confesión católica que han venido a asentarse en España, tenemos en nuestro país una presencia de las Iglesias ortodoxas que reclaman nuestro esfuerzo por encontrar las mejores relaciones con estos cristianos y sus pastores, con los que compartimos la tradición de fe dogmática común, la concepción apostólica de la Iglesia y los sacramentos. Estas relaciones no tienen que ir en menoscabo de nuestra comunión y ayuda particular a las comunidades de las Iglesias orientales católicas sui juris. 

Nuestra relación con la Comunión Anglicana pasa en España por la acogida y buena relación, en la caridad cristiana, con las comunidades que forman parte de esta Comunión. Son muchos los ciudadanos anglicanos, sobre todo del Reino Unido, presentes en España ya porque pasan aquí largos períodos y otros por ser ya residentes, sobre todo en las zonas donde el buen clima y el turismo ha atraído a estos cristianos a residir en nuestro país. 

El Obispo anglicano de la Diócesis de Europa nos visita con cierta regularidad y es de agradecer su buen hacer pastoral, buscando el mejor entendimiento y colaboración con los obispos españoles en cuyas diócesis hay comunidades de su jurisdicción; y sobre todo, con el fin de facilitar lugares donde estas comunidades se reúnen (algunas iglesias compartidas, ermitas o iglesias menores de las cuales vienen desde años atrás haciendo uso). 

Por otra parte, no debemos dejar de tener presente que la Iglesia Española Reformada Episcopal, aun siendo una pequeña Iglesia, forma parte de la Comunión Anglicana, lo que nos ayuda también a nosotros en nuestra colaboración con los hermanos anglicanos. 

Hablando en términos generales, las Iglesias protestantes surgidas de la Reforma siguen siendo minoritarias, pero su status social y reconocimiento jurídico tiene que ser no sólo debidamente respetado por nosotros, como de hecho lo venimos haciendo, sino también, cuando es posible, debemos hacerlo buscando la colaboración ecuménica con estos hermanos nuestros y sus comunidades eclesiales. Se fortalecerá así la presencia cristiana en la sociedad, y nuestras buenas relaciones darán el tenor ecuménico que demanda de nosotros la comunión en lo mucho que nos une en Cristo a ellos y a nosotros. El diálogo teológico de la Iglesia Católica con las grandes Comuniones protestantes prosigue con esperanza de avanzar en el reconocimiento de lo que nos une, a pesar de las dificultades, buscando la unidad visible, que hemos de pedir constantemente al Señor y buscar con los medios adecuados. 

También hemos de tener presente el diálogo o entendimiento posible con comunidades cristianas evangelistas y otras, calificadas de sectas, próximas al cristianismo, pero poco o nada ecuménicas, y no reconocidas como miembros del Consejo Ecuménico de la Iglesias, e incluso cuestionadas algunas de ellas como carentes de todos los elementos que identifican como cristiana una comunidad de fieles. 

Con las Iglesias / comunidades eclesiales evangelistas (Evangelical) se ha iniciado ya hace años un diálogo que está dando su fruto, y quiera el Señor que avancemos en el mejor entendimiento, que nos ayude a poner de relieve la fe común en la Santa Trinidad y la obra de redención de Cristo y el ministerio misionero de la Iglesia. 

El diálogo interreligioso sigue siendo más difícil, porque fuera de las comunidades judías, con las cuales, aunque modestas, tenemos las mejores relaciones, con el islam las relaciones están afectadas por el rechazo de los movimientos musulmanes integristas. 

Finalmente, otras confesiones religiosas carecen de implantación histórica y sociológica significativa entre nosotros, aun cuando haya algunas de estas comunidades. 

Comenzar con ilusión y aprovechar bien el programa ecuménico del presente año 

Teniendo en cuenta este amplio espectro confesional, a pesar de las dificultades que nunca faltan en la búsqueda de la unidad visible de la Iglesia, comienzo con ilusión esta nueva etapa al frente de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales, durante el cual espero poder animar el ecumenismo con las orientaciones de la Iglesia universal y las pautas de los obispos españoles en este importante campo de acción pastoral. 

Para comenzar lo más rentable es seguir el programa ecuménico previsto para el año en curso. Por eso, aprovecho la ocasión para invitar a todos los Delegados y Directores de los Secretariados diocesanos a las Jomadas de Ecumenismo y Relaciones Interconfesionales previstas para 2017, para los días 23 al 25 del próximo mes de octubre, cuyo programa completo se les enviará en breve. 

Aunque las últimas Jornadas organizadas por la Comisión Episcopal se ocuparon con un buen programa del diálogo católico-luterano, el año en curso está marcado por el V Centenario del inicio de la Reforma protestante por Martín Lutero. El congreso que del 8 al 10 de junio próximo lleva por lema el título del último documento de acuerdo de la Comisión Mixta Católico Romana/ Evangélico Luterana: «Del conflicto a la comunión». 

Se celebrará en la Universidad Pontificia de Salamanca y es una ocasión para la reflexión y el descanso de los congresistas. Invito, por ello, a quienes puedan asistir, a hacerse presentes en este congreso, que se inscribe en la serie de encuentros católico-luteranos que, en Salamanca y en Estrasburgo, han tenido por principales protagonistas a teólogos y obispos de los institutos ecuménicos de ambas ciudades, el Centro de Estudios Orientales y Ecuménicos Juan XXIII (UPSA) y el Instituto Ecuménico de Estrasburgo de la Federación Luterana Mundial. 

Me pongo a disposición de todos cuantos animan el ecumenismo cristiano y las relaciones entre confesiones en las diócesis y a todos pido oración para que este nuevo trienio al frente de la Comisión Episcopal de Relaciones Inteconfesionales dé el fruto que el Señor no niega, si de nuestra parte hacemos lo que está en nuestras manos, con la mente y el corazón puestos en el testamento de Cristo: «para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el inundo crea que tú me has enviado» (Jn 17,2 1)

Con todo afecto y bendición. 

Adolfo González Montes
Obispo de Almería
Presidente de la CERI




sábado, 5 de agosto de 2017

CRÓNICA DEL I ENCUENTRO MUNDIAL MÍSTICA TERESIANA Y DIÁLOGO INTERRELIGIOSO



Nos hacemos eco y reproducimos el artículo "Teresa de Jesús también tiene amigos budistas" de la religiosa carmelita descalza la hermana María José publicado en el blog "Teresa, de la rueca a la pluma" como crónica de lo que ha sido el I Encuentro Mundial Mística Teresiana y Diálogo Interreligioso

TERESA DE JESÚS TAMBIÉN TIENE AMIGOS BUDISTAS



No habrá paz entre las naciones
sin paz entre las religiones;
ni habrá paz entre las religiones
sin diálogo entre las religiones;
ni habrá diálogo entre estas
sin el estudio de sus fundamentos.

Hans Küng

Los días 27 al 30 de julio, se ha celebrado en Ávila un Congreso Internacional dedicado a la Mística Teresiana y el Budismo Teravāda. Asistí como invitada para impartir una ponencia sobre la oración vocal y mental, y la religiosidad teresiana. Ese fue el motivo inicial de mi presencia en el Congreso. Confieso que, personalmente, no me unía al budismo ningún tipo de lazo de simpatía, ni siquiera de curiosidad personal, sino que más bien iba algo recelosa y poco motivada de lo que podía suponer el encuentro. A lo largo de esos días, mi actitud cambió por completo. Cristianos y budistas hemos convivido estrechamente en la Universidad de la Mística, hemos compartido momentos de oración y diálogo, hemos intercambiado experiencias y hemos trabado relaciones de simpatía. El mutuo conocimiento y la convivencia, en clima de respeto y valoración, ha sido una enorme riqueza. Algunos ya conocían a Teresa de Jesús y la admiraban como gran maestra de espiritualidad. Otros la han conocido estos días. Ha sido maravilloso oírles hablar con veneración hacia ella. Más allá de nuestras diferencias, que nadie pretende negar, hemos descubierto que podemos trabajar juntos para construir un mundo más humano y en paz y ser un signo de que la espiritualidad une y no divide.

Sé que el camino no es fácil. Para empezar, tropezamos con la oposición de bastantes que, aun confesándose cristianos, reaccionan con hostilidad y rechazo visceral a todo lo que signifique acercamiento, frente al deseo expreso del propio para Francisco. Lo he podido comprobar en las redes sociales estos días. Si nuestra actitud no cambia, ¿cómo esperamos que el mundo cambie? Hoy suscribo las palabras certeras del teólogo Hans Küng que encabezan este artículo, y las que pronunció el P. Agustí Borrell, vicario general del carmelo tersesiano, en la ceremonia de clausura del Congreso: “La paz entre los pueblos la harán posible quienes han pacificado sus corazones”.

Aquí os dejo la crónica que estos días ha ido elaborando el CITeS, donde se recogen los momentos más destacados de este encuentro, por el que hoy doy gracias a Dios.

Jueves 27 julio
Inauguración del Congreso sobre Mística Teresiana y Budismo Theravāda

Con una participación de más de un centenar de personas de más de treinta países, dio inicio al Primer Encuentro Mundial Mística Teresiana y Diálogo Interreligioso: Budismo Theravāda y Mística Teresiana. El objetivo del encuentro entre muchos expertos de Budismo Theravāda y mística teresiana es dialogar y buscar las similitudes y diferencias entre ambas tradiciones culturales y religiosas a partir de las cuales es posible enriquecerse mutuamente. Después de la palabra de bienvenida pronunciada por el padre Rómulo Cuartas, subdirector del Centro Internacional Teresiano Sanjuanista, el director del CITeS, Francisco Javier Sancho Fermín, y el Venerable Sik Hin Hung, director del Centro de Estudios Budistas, en la Universidad de Hong Kong, hablaron sobre la importancia del diálogo interreligioso y los objetivos del encuentro. Después de un breve descanso, el Vicario general de la Orden del Carmelo Descalzo, Agustí Borrell, presentó a la Orden del Carmelo teresiano, y por su parte el Dr. Asanga Tilakaratne presentó también la tradición budista Theravāda.



Viernes 28
La oración y la virtud, caminos de liberación

Segundo día de encuentro en el CITeS, Congreso sobre Budismo Theravāda y Mística Teresiana. La eucaristía primero, y las oraciones budistas después, abrieron el día. Muchos de los participantes se dieron cita en uno y otro momento, creando un clima de hermandad entre los miembros de ambas tradiciones religiosas.

Ya en el plano más académico, la primera conferencia del día estuvo a cargo del P. Maximiliano Herraiz, carmelita descalzo, miembro de la comunidad del CITeS. De modo magistral, el padre Maximiliano, nos presentó el tema de las virtudes y el camino de la oración en Teresa de Jesús. En el sistema teresiano, sólo puede haber un verdadero encuentro con Dios si se empieza a cultivar una relación personal con Él. La oración no es un ejercicio de perfección sino una manera de ser y de vivir. Las virtudes, por su parte, no son otra cosa que los frutos de esta relación.

La segunda conferencia estuvo a cargo del venerable Raluwe Padmasiri, Jefe del Departamento de Filosofía Budista, en el Instituto de Posgrado de Pāli y Estudios Budistas, de la Universidad de Kelaniya, en Sri Lanka. Su presentación versó sobre la centralidad del papel de sīla (virtud) en el camino de liberación en el Budismo Theravāda. El venerable Raluwe Padmasiri subrayó que las virtudes manifiestan el camino de transformación optado y practicado por la propia voluntad de la persona. El papel de la virtud es llevar al ser humano a vivir lejos de los extremos; algo muy parecido al conocido aforismo de la filosofía occidental donde la virtud es el «justo término medio» entre dos actitudes extremas, a las que se denominan vicios. También las virtudes budistas son el punto medio. El objetivo de este camino es hacer surgir el pensamiento, llevar a la paz, y a la verdadera iluminación. Este es el objetivo de la Virtud: colocar el ser humano en el camino del equilibrio.

El Diálogo continuó por la tarde, donde se presentaron María José Pérez, carmelita descalza y el venerable Khammai Dhammasami. Ambos trataron del tema de la oración en cada una de sus tradiciones religiosas.

Al final de la tarde, tuvimos una meditación budista guiada por Venerable Dr. Dhammadinnā (Italia), Profesora en el Dharma Drum Institute of Liberal Arts (Taiwan), Departamento de Estudios Budistas. Directora del Āgama Research Group.



Sábado 29
La Meditación y el recogimiento: perspectiva budista y teresiana

Dos momentos de oración matutina abrieron la tercera jornada del Encuentro Budismo Theravāda y Mística Teresiana, que se lleva a cabo en el CITeS- Universidad de la Mística. En la capilla Música Callada, se celebró la Eucaristía y a continuación, un tiempo de oración budista, en la capilla de la Santísima Trinidad. En ambos momentos se hicieron presentes miembros de ambas tradiciones. Estos momentos orantes, de alguna forma, dispusieron a los participantes para el momento más académico, en la sala de conferencias. El tema de las dos conferencias de la mañana se centró en los grados de oración: Meditación discursiva, Oración de recogimiento, Meditación de concentración. Cada uno de los conferenciantes presentó lo que caracteriza la práctica de la oración meditativa, en su respectiva tradición.

El P. Rómulo Cuartas, subdirector del CITeS, nos habló de la oración de recogimiento en Teresa de Jesús, una oración que la santa abulense propone especialmente para aquellas personas que por diversos motivos no pueden hacer uso de la oración meditativa. En este tipo de oración, lo importante será hacer un proceso de interiorización de los sentidos externos e internos, que pasan de la dispersión exterior al recogimiento interior, en la propia interioridad, donde se da el encuentro y la comunicación con Dios.

En su presentación, el Dr. G.A. Somaratne, Profesor Asistente del Centro de Estudios Budistas, Universidad de Hong Kong (HKU), presentó los previos básicos para que la persona se disponga a entrar en la meditación. A través de esta práctica, la meditación Samatha, se pueden alcanzar los más altos grados de concentración. Esta técnica de meditación calma la mente y orienta el sentido de la conciencia, fomenta las emociones positivas y expande nuestra forma de ver. Aunque este tipo de meditación es una especie de preparación para otros grados más profundos, exige desde el principio un tipo de práctica ascética, que permitan a la persona ganar y mantener cierto grado de libertad.

Los temas desarrollados despertaron gran interés entre los participantes, que no perdieron oportunidad de interactuar con los ponentes y monjes budistas.




Entrega del II Premio Internacional
Teresa de Jesús y el Diálogo Interreligioso 

Después del primer Premio Internacional Teresa de Jesús y el Diálogo Interreligioso, celebrado en el 2015, y que centró la mirada en Teresa de Jesús en diálogo con todas las tradiciones religiosas, la Universidad de la Mística de Ávila, convocó este año la segunda edición de dicho premio, centrando la mirada, esta vez, en la Mística Teresiana y el Budismo.

De todos los trabajos presentados, el jurado calificador premió a cinco. Cuatro de ellos recibieron un premio accésit de 1.000 euros cada uno, y el ganador se hizo acreedor a un premio de 6.000 €. La entrega de los premios se realizó el sábado 29 de julio 2017 por la tarde. Tras la ceremonia de premiación, tuvo lugar la presentación de los trabajos premiados por cada uno de sus autores, provenientes de Estados Unidos, Italia, España e India.

Igor Giusti, ganador del premio principal, de origen italiano pero residente en Estados Unidos, hizo una comparación entre los logros espirituales y las etapas místicas en Teresa de Jesús y Gautama Buda. Por su parte, la carmelita descalza italiana, Cristiana Dobner presentó un estudio sobre El camino del Diamante y el Castillo Interior; El Reino interior de las almas. Diversidad y semejanza en las espiritualidades contemplativas, fue el título del trabajo presentado por el español Imanol Bageneta Messeguer. El carmelita descalzo indio, Joy Alumkal Philopose presentó a Teresa de Ávila y a Nagarjuna como dos ‘Gurús’ de relevancia ‘trans-histórica’. Y por último, el abulense Jesús Collado Gómez hizo una comparación entre Teresa de Jesús y Sidharta.

Domingo 30: última jornada

A pesar de ser un domingo, el día empezó muy pronto en el CITeS. Y es que el Congreso de Mística Teresiana y el Budismo Theravāda, lleva un ritmo muy acelerado. Después de las oraciones matutinas y el desayuno dominical, empezó la jornada a las 09.45 en el aula magna. La mesa fue dirigida por Daniel Millet, uno de los principales artífices de este congreso.


La primera ponencia estuvo a cargo del director del CITeS- Universidad de la Mística, Fco Javier Sancho F., quien nos presentó la oración mística y los grados de oración en la experiencia Teresiana. Para el religioso, a Teresa no le importa demasiado presentar métodos o fórmulas para hacer una oración perfecta o entrar en relación con Dios. Para ella lo importante es la persona, a la que siempre tiene presente cuando enseña. De allí que señale que lo importante es hacer todo aquello que haga crecer a la persona, humanamente y en su relación con Dios. Para hacer este proceso de crecimiento será necesario conocerse y comprender los propios mecanismos emocionales: el cómo “funciona” nuestra psicología. Y es que Teresa descubre que el pensamiento, la imaginación y la fantasía, siendo parte fundamentales en nuestra vida, puede también complicárnosla. Ante todo esto, ella es muy práctica, dando la importancia que corresponde a casa cosa.

El Dr. Rupert Gethin, Director y Profesor del Centro de Estudios Budistas de la University of Bristol y Presidente de la Pāli Text Society, habló de los jhānas en el camino budista de liberación. El profesor Gethin señaló que la palabra jhāna, de origen sánscrito, significa “pensar, imaginar, contemplar”, y que es posible alcanzar la jhāna, a través de las practicas ascéticas y la meditación de concentración. Para alcanzar la jhāna, hay que empezar por eliminar los estados mentales impuros que pueden obstaculizar la tranquilidad interior, conocidos como “los cinco obstáculos”. Después de alcanzar la primera jhāna se puede llegar también a las jhānas superiores.

Clausura del Congreso

Después del diálogo con los ponentes, se procedió a la Clausura del Congreso. Tomaron la palabra el venerable Sik Hin Hung, Director y uno de los Fundadores del Centro de Estudios Budistas de la Universidad de Hong Kong y el padre Agustí Borrell, Vicario General de la Orden del Carmelo Descalzo. Después de agradecer a los ponentes y participantes, y a todos los que hicieron posible este congreso, cada uno subrayó la importancia del diálogo entre las diferentes tradiciones religiosas que buscan el bien de la persona y de la humanidad. “Todos queremos contribuir para la paz en el mundo, todos estamos de acuerdo que la paz verdadera empieza en el interior de cada uno, y la paz entre los pueblos la harán posible quienes han pacificado primero sus corazones” afirmó el Vicario General. Ambos afirmaron también que en estos días de encuentro interreligioso, cada persona, a través de su propia identidad, ha podido experimentar un enriquecimiento mutuo a través del vivir y compartir la vida cotidiana.

Por la tarde, algunos de los participantes que no se marcharon, aprovecharon para hacer la ruta teresiana por Ávila. Por su parte, los monjes budistas aprovecharon para visitar el Monasterio de El Escorial.



FUENTE:
"Teresa, de la rueca a la pluma"
Monasterio de Carmelitas descalzas de Puçol
https://delaruecaalapluma.wordpress.com/




viernes, 4 de agosto de 2017

JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR EL CUIDADO DE LA CREACIÓN



Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación

Se celebrará en Madrid el sábado

2 de septiembre de 2017


PROGRAMA

MESA REDONDA


Lugar: Colegio Cristo Rey. C/ Santa Úrsula,5. Madrid 

Metro: Puerta del Angel (L6) /Bus: 1,33,36,39,65,500

17'00 horas: Acogida y limonada ecológica

17'30 
horas: Panel de expertos: Custodios del Agua 19:00 H. Peregrinación a la Casa de Campo Ponentes:
  • Archimandrita P. Demetrio. Iglesia Ortodoxa 
  • Dña. Soledad Suarez. Manos Unidas
  • Dña. Amaya Sánchez. Custodia del Territorio 
  • Don Alberto Garrido. Observatorio del Agua de la Fundación Botín

ORACIÓN ECUMÉNICA

Lugar: Casa de Campo (Cerro de la Torrecilla, monte junto al lago). 
Metro: Lago (L10)

19'30 
horas: Oración Ecuménica presida por:

  • Cardenal Arzobispo, D. Carlos Osoro. ICR 
  • Metropolita Monseñor Policarpo. IOPEC 
  • Obispo Monseñor Timotei. IOR 
  • Arzobispo Monseñor Nicolaos Matti, ISO 
Con la participación musical de SIQUEM

Para más información Teléfono
 (+34) 619 285 243


miércoles, 2 de agosto de 2017

II PREMIO INTERNACIONAL TERESA DE JESÚS Y EL DIÁLOGO INTERRELIGIOSO

ENTREGA DEL II PREMIO INTERNACIONAL TERESA DE JESÚS Y EL DIÁLOGO INTERRELIGIOSO


Después del primer certamen del Premio Internacional Teresa de Jesús y el Diálogo Interreligioso, celebrado en el 2015, y que centró la mirada en Teresa de Jesús en diálogo con todas las tradiciones religiosas, la Universidad de la Mística de Ávila, convocó este año la segunda edición de dicho premio, centrando la mirada, esta vez, en la Mística Teresiana y el Budismo. 


De todos los trabajos presentados, el jurado calificador premió a cinco. Cuatro de ellos recibieron un premio accésit de 1.000 euros cada uno, y el ganador se hizo acreedor a un premio de 6.000 €. La entrega de los premios se realizó el sábado 29 de julio 2017 por la tarde, previa presentación de los trabajos premiados por cada uno de sus autores, provenientes de Estados Unidos, Italia, España e India. 

El Estadounidense Igor Giusti, ganador del premio principal, hizo una comparación entre los logros espirituales y las etapas místicas en Teresa de Jesús y Gautama Buda. Por su parte, la carmelita descalza italiana, Cristiana Dobner presentó un estudio sobre El camino del Diamante y el Castillo Interior; El Reino interior de las almas. Diversidad y semejanza en las espiritualidades contemplativas, fue el título del trabajo presentado por el españolImanol Bageneta Messeguer. El carmelita descalzo indio, Joy Alumkal Philopose presentó a Teresa de Ávila y a Nagarjuna como dos ‘Gurús’ de relevancia ‘trans-histórica’. Y por último, el abulense Jesús Collado Gómez hizo una comparación entre Teresa de Jesús y Sidharta. 

La entrega de premios se realizó en el marco del Primer Encuentro Mundial Mística Teresiana y Diálogo Interreligioso: Budismo Theravada y Mística teresiana que durará hasta el domingo 30 de julio 2017 en la misma sede de la Universidad.


FUENTE:
Boletín Ecuménico Horeb Carlos de Foucauld
Boletín nº 85, Agosto de 2017.
Comunidad Ecuménica Horeb Carlos de Foucauld






lunes, 31 de julio de 2017

¿CÓMO DEBE SER EL DIÁLOGO ECUMÉNICO?


Cómo debe ser el diálogo ecuménico

José Ramón Villar

Todos los cristianos deben ser protagonistas, en primer lugar con la oración

Unica es la Iglesia fundada por Cristo, pero son muchas las comuniones cristianas que se presentan a los hombres como la herencia de Jesucristo. Así describe el Decreto Unitatis Redintegratio, en su primer capítulo, el núcleo del "problema ecuménico". Esa división cristiana contradice la voluntad de Cristo; es un escándalo para el mundo y un serio obstáculo para la evangelización. De ahí que el Espíritu Santo no cese de impulsar el "movimiento ecuménico". La Iglesia, además, considera una "divina vocación y gracia" el deseo de restablecer la unidad que surge entre los cristianos; y no sólo individualmente, sino también en cuanto reunidos en asambleas o iglesias. Pero, ¿cómo ser fiel a esta vocación ecuménica? ¿Qué criterios ha señalado la Iglesia?

Los "principios católicos" del Ecumenismo se centran en varios aspectos: la unidad y unicidad de la Iglesia, la valoración teológica de los demás comunidades cristianas, y la comprensión del Ecumenismo a la luz de esos presupuestos.

Unidad y unicidad de la Iglesia

La unidad es la finalidad de la encarnación, el objeto de la oración de Jesús y del mandato de la caridad; la unidad es también el efecto de la Eucaristía, así como de la venida del Espíritu Santo, por medio del cual Jesús congregó al pueblo de la Nueva Alianza (la Iglesia) en la unidad de la fe, de la esperanza y de la caridad (cf. Unitatis Redintegratio 2).

Dios mismo ha dado a la Iglesia principios invisibles de unidad (el Espíritu Santo)y también principios visibles (la confesión de la misma fe, la celebración de los "sacramentos de la fe", y el ministerio apostólico).

El Colegio de los Doce es el depositario de la misión apostólica; de entre los Apóstoles, Jesús destacó a Pedro. A él confió un ministerio particular. Cristo quiere que, por medio de los Apóstoles y de sus sucesores, operando el Espíritu Santo, se perfeccione la comunión de su pueblo en la unidad: en la confesión de una sola fe, en la celebración común del culto divino y en la concordia fraterna de la familia de Dios (cf. Unitatis Redintegratio 2).

Estas afirmaciones se mueven en el marco de la "eclesiología de comunión", es decir, consideran la Iglesia como un todo orgánico de lazos espirituales (fe, esperanza, caridad), y de vínculos visibles (profesión de fe, economía sacramental, ministerio pastoral), cuya realización culmina en el Misterio eucarístico, signo y causa de la unidad de la Iglesia. La Iglesia está allí donde están los Apóstoles, la Eucaristía, el Espíritu.

Santidad y verdad fuera de la Iglesia

Pero a pesar de lo fuertes que son estos principios de unidad, la flaqueza humana ha contrariado el designio divino, "a veces no sin culpa de ambas partes" (Unitatis Redintegratio 3). Sin embargo, la Iglesia una no se ha disgregado en fragmentos varios: "durante los dos mil años de su historia, ha permanecido en la unidad con todos los bienes de los que Dios quiere dotar a su Iglesia, y esto a pesar de las crisis con frecuencia graves que la han sacudido, las faltas de fidelidad de algunos de sus ministros y los errores que cotidianamente cometen sus miembros" (Juan Pablo II, Encíclica Ut unum sint, 1). Es éste un principio decisivo: la Iglesia de Jesucristo "establecida y organizada en este mundo como una sociedad, subsiste en la Iglesia católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los Obispos en comunión con él, si bien fuera de su estructura se encuentren muchos elementos de santidad y verdad que, como bienes propios de la Iglesia de Cristo, impelen hacia la unidad católica" (Constitución dogmática Lumen gentium, 8).

Comunión imperfecta

Tenemos aquí la célebre expresión "subsistit in", con la que el Concilio ha querido dar cuenta de la verdadera realidad cristiana que existe fuera del marco visible de la Iglesia Católica Romana, a la vez que afirma ser ella la presencia plena de la Iglesia de Jesucristo en la tierra. Esos "elementos de santidad y verdad" se hallan presentes "fuera del recinto visible de la Iglesia Católica" (Unitatis Redintegratio 3), y permiten hablar de verdadera comunión entre los cristianos, aunque imperfecta.

¿Cuáles son estos bienes de santidad y de verdad? El Decreto enumera algunos: "La Iglesia se reconoce unida por muchas razones con quienes, estando bautizados, se honran con el nombre de cristianos, pero no profesan la fe en su totalidad o no guardan la unidad de comunión bajo el sucesor de Pedro. Pues hay muchos que honran la Sagrada Escritura como norma de fe y de vida, muestran un sincero celo religioso, creen con amor en Dios Padre todopoderoso y en Cristo, Hijo de Dios Salvador; están sellados con el bautismo, por el que se unen a Cristo, y además aceptan o reciben otros sacramentos en sus propias Iglesias o comunidades eclesiásticas. Muchos de entre ellos poseen el episcopado, celebran la sagrada Eucaristía y fomentan la piedad hacia la Virgen, Madre de Dios". Juan Pablo II subrayará la afirmación de Unitatis Redintegratio 15 que, en relación con las Iglesias ortodoxas, dice que "por la celebración de la Eucaristía del Señor en cada una de esas Iglesias, se edifica y crece la Iglesia de Dios" (Ut unum sint, 12).

Situación de los hermanos separados

Partiendo de estos principios, Unitatis Redintegratio, 3 se fija, primero, en los cristianos que ahora nacen en esas Iglesias y comunidades. 
Éstos: 
  1. no tienen culpa de la separación pasada; 
  2. la fe y el bautismo les incorpora a Cristo y, por tanto, a la Iglesia, aunque esta comunión no sea plena por razones diversas; 
  3. son auténticos cristianos, amados por la Iglesia y reconocidos como hermanos.
Los bienes de santidad y verdad en ellos existentes son ya verdaderos elementos de comunión, aunque imperfecta. Provienen de Cristo, a Él conducen y pertenecen por derecho a la única Iglesia. Lumen gentium n. 15 añade a esto "la comunión de oraciones y otros beneficios espirituales, e incluso cierta verdadera unión en el Espíritu Santo, ya que Él ejerce en ellos su virtud santificadora con los dones y gracias". Estos bienes, cuando son vividos genuinamente, despliegan su dinamismo interior hacia la unidad plena

Valor salvífico

Los bienes de salvación alcanzan a los cristianos precisamente en cuanto miembros de sus Iglesias y comunidades respectivas. Son esas Iglesias y comunidades cristianas como tales las que, aun padeciendo deficiencias según el sentir católico, "de ninguna manera están desprovistas de sentido y valor en el misterio de la salvación. Porque el Espíritu de Cristo no rehusa servirse de ellas como medios de salvación, cuya virtud deriva de la misma plenitud de gracia y de verdad que fue confiada a la Iglesia católica" (n. 3). El fundamento de este valor salvífico no se halla en estas comunidades "en cuanto separadas", sino en cuanto son copartícipes de la única y misma economía salvífica. La razón estriba –como decía la Relatio conciliar a estas palabras del Decreto– en "que los elementos de la única Iglesia de Jesucristo conservados en ellas pertenecen a la economía de la salvación". "La única Iglesia de Jesucristo, está presente y actúa en ellas, si bien de manera imperfecta…, sirviéndose de los elementos eclesiales en ellos conservados".

Refiriéndose a estos principios, dice por su parte el Papa: "Se trata de textos ecuménicos de máxima importancia. Fuera de la comunidad católica no existe el vacío eclesial. Muchos elementos de gran valor (eximia), que en la Iglesia católica son parte de la plenitud de los medios de salvación y de los dones de gracia que constituyen la Iglesia, se encuentran también en las otras Comunidades cristianas" (Ut unum sint, 13).

Lo que les falta

Esta valoración positiva no ignora lo que todavía separa:

"Los hermanos separados de nosotros, ya individualmente, ya sus Comunidades e Iglesias, no disfrutan de aquella unidad que Jesucristo quiso dar a todos aquellos que regeneró y convivificó para un solo cuerpo y una vida nueva(…). Porque únicamente por medio de la Iglesia católica de Cristo, que es el auxilio general de la salvación, puede alcanzarse la total plenitud de los medios de salvación. Creemos que el Señor encomendó todos los bienes de la Nueva Alianza a un único Colegio apostólico, al que Pedro preside, para constituir el único Cuerpo de Cristo en la tierra, al cual es necesario que se incorporen plenamente todos los que de algún modo pertenecen ya al Pueblo de Dios" (Unitatis Redintegratio 3).


Principios ecuménicos

Tenemos así los siguientes principios fundamentales para la comprensión católica del Ecumenismo: 
  • 1º La Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia católica romana (Lumen gentium 8)
  • 2º "Fuera de su recinto visible" (Unitatis Redintegratio 3), hay verdaderos bienes de santidad y verdad ("elementa seu bona Ecclesiae")
  • 3º Por estos bienes, las Iglesias y Comunidades son verdaderas mediaciones de salvación (es la única Iglesia de Cristo la que actúa por medio de esos "bienes" salvíficos)
  • 4º No obstante, les falta la plenitud de los medios de salvación, y no han alcanzado la unidad visible querida por Cristo, por lo que se hallan en comunión imperfecta o no plena con la Iglesia católica romana.
  • 5º Considerando los cristianos individualmente, el decreto da contenido positivo al sustantivo "cristiano": la fe y el bautismo comunes son ya elementos de comunión cristiana real aunque imperfecta.
Ecumenismo católico

El Ecumenismo afecta a todos los cristianos ad intra y ad extra de su propia Iglesia. No se trata de una tarea para especialistas, o un ámbito lejano de la existencia cotidiana. Así lo indica el Concilio: "este santo Sínodo exhorta a todos los católicos a que, reconociendo los signos de los tiempos, participen diligentemente en la labor ecuménica" (Unitatis Redintegratio 4/a). Y Juan Pablo II añade que estamos ante "un imperativo de la conciencia cristiana iluminada por la fe y guiada por la caridad" (Ut unum sint, 8).

Como implicaciones de este imperativo están "los esfuerzos para eliminar palabras, juicios y acciones que no respondan, según la justicia y la verdad, a la condición de los hermanos separados, y que, por lo mismo, hacen más difíciles las relaciones mutuas con ellos" (Unitatis Redintegratio 4/b). Juan Pablo II señala aquí que los cristianos no deben minusvalorar "el peso de las incomprensiones ancestrales que han heredado del pasado, de los malentendidos y prejuicios de los unos contra los otros. No pocas veces, además, la inercia, la indiferencia y un insuficiente conocimiento recíproco agravan estas situaciones" (Ut unum sint, 2).

Primero, rezar

Todos, pues, pueden y deben tener protagonismo, en primer lugar por medio de la oración, pidiendo al Señor por la unidad de los cristianos. Y también desterrando modos de actuar que dañan la causa de la unidad, incluso aunque parezcan quedar limitados a la vida interna de la propia comunidad cristiana. En este sentido, la vida de la Iglesia católica debe ser ya una puesta en práctica de un cierto –valga la expresión– ecumenismo "interior": "Conservando la unidad en lo necesario, todos en la Iglesia, según la función encomendada a cada uno, guarden la debida libertad, tanto en las varias formas de vida espiritual y de disciplina como en la diversidad de ritos litúrgicos e incluso en la elaboración teológica de la verdad revelada; pero practiquen en todo la caridad. Porque, con este modo de proceder, todos manifestarán cada vez más plenamente la auténtica catolicidad, al mismo tiempo que la apostolicidad de la Iglesia" (Unitatis Redintegratio 4/g).

El Concilio señala que, por medio de encuentros entre cristianos de diversas Iglesias o Comunidades y el diálogo entablado entre peritos bien preparados, en el que cada uno explica con mayor profundidad la doctrina de su Comunión y presenta con claridad sus características (cf. Unitatis Redintegratio 4/b), "todos adquieren un conocimiento más auténtico y un aprecio más justo de la doctrina y de la vida de cada Comunión; además, consiguen también las Comuniones una mayor colaboración en aquellas obligaciones que en pro del bien común exige toda conciencia cristiana, y, en cuanto es posible, se reúnen en la oración unánime. Finalmente todos examinan su fidelidad a la voluntad de Cristo sobre la Iglesia y, como es debido, emprenden animosamente la tarea de la renovación y de la reforma" (ibid.).

No son pocas las consecuencias de este diálogo: la búsqueda del entendimiento en las interpretaciones de la fe, superando los equívocos fraguados en la historia; la percepción exacta de las divergencias, y de si realmente afectan a la fe o a la legítima diversidad de su explicación; la confrontación fiel con la voluntad de Cristo para su Iglesia, etc. "El diálogo ecuménico, –dice Juan Pablo II– permite descubrimientos inesperados. Las polémicas y controversias intolerantes han transformado en afirmaciones incompatibles lo que de hecho era el resultado de dos intentos de escrutar la misma realidad, aunque desde dos perspectivas diversas. Es necesario hoy encontrar la fórmula que, expresando la realidad en su integridad, permita superar lecturas parciales y eliminar falsas interpretaciones" (Ut unum sint, 38).

No a un falso irenismo

La Iglesia siempre ha considerado que la integridad en la exposición de la doctrina católica es una condición para el diálogo respetuoso y sincero: "Es de todo punto necesario que se exponga claramente la doctrina. Nada es tan ajeno al ecumenismo como ese falso irenismo, que daña a la pureza de la doctrina católica y oscurece su genuino y definido sentido" (Unitatis Redintegratio 11). Pero, a la vez, el modo de exponer la doctrina ("que debe distinguirse con sumo cuidado del depósito mismo de la fe", Unitatis Redintegratio 6) no debe provocar dificultades innecesarias: "La manera y el sistema de exponer la fe católica no debe convertirse, en modo alguno, en obstáculo para el diálogo con los hermanos (…); la fe católica hay que exponerla con mayor profundidad y con mayor exactitud, con una forma y un lenguaje que la haga realmente comprensible a los hermanos separados" (Unitatis Redintegratio 11).

Se señala también una "jerarquía de verdades" en la articulación de la fe cristiana: "en el diálogo ecuménico, los teólogos católicos, afianzados en la doctrina de la Iglesia, al investigar con los hermanos separados sobre los divinos misterios, deben proceder con amor a la verdad, con caridad y con humildad. Al comparar las doctrinas, recuerden que existe un orden o ‘jerarquía" en las verdades de la doctrina católica, ya que es diverso el enlace (nexus) de tales verdades con el fundamento de la fe cristiana" (Unitatis Redintegratio, 11; Ut unum sint, 37). El Concilio reconoce que las rupturas de la unidad también afectan –ciertamente de otra manera- a la Iglesia católica: "las divisiones de los cristianos impiden que la Iglesia realice la plenitud de catolicidad que le es propia en aquellos hijos que, incorporados a ella ciertamente por el bautismo, están, sin embargo, separados de su plena comunión. Incluso le resulta bastante más difícil a la misma Iglesia expresar la plenitud de la catolicidad bajo todos los aspectos en la realidad de la vida" (Unitatis Redintegratio 4). Si "catolicidad" es la potencialidad de la fe cristiana de asumir la diversidad legítima, entonces las rupturas impiden la "expresión histórica" de esa capacidad.

En este sentido, la Iglesia Católica ha de ofrecer todo aquello que, en consonancia con el Evangelio y la disposición del Señor, pertenece a su "catolicidad".En fin, merece la pena mencionar algo que a veces no ha sido bien entendido, aunque el Concilio se expresó con precisión. Se trata del "trabajo de preparación y reconciliación de todos aquellos que desean la plena comunión católica"; una tarea legítima, que hay que distinguir de la actividad ecuménica, sin oponerlas.

Se mueven en órdenes diversos. El Ecumenismo se orienta a la relación entre las Comunidades como tales, y busca la perfecta unión visible e institucional. Su naturaleza y objeto son, pues, distintos de la tarea de preparación a la plena incorporación individual en la Iglesia católica, que también responde al designio divino, y es obra del Espíritu Santo.

Quién dirige el ecumenismo

Corresponde en primer lugar a todo el Colegio de los Obispos y a la Sede Apostólica fomentar y dirigir entre los católicos el movimiento ecuménico, cuyo fin es reintegrar en la unidad a todos los cristianos, unidad que la Iglesia, por voluntad de Cristo, está obligada a promover (c.755 - 1).

Fruto del empeño del Papa en el proceso ecuménico, en marzo de 1993 se publicó el Directorio para la Aplicación de los Principios y de las Normas sobre el Ecumenismo.

Antes y después del Concilio

Antes del Concilio Vaticano II, la Iglesia buscaba el restablecimiento de la unidad cristiana exclusivamente como "un regreso de nuestros hermanos separados a la verdadera Iglesia de Cristo (Pio XII, en Mortalium animos). El Concilio Vaticano II llevó a cabo un cambio radical: en lugar del antiguo concepto del ecumenismo de "regreso", hoy domina el de un itinerario común, que orienta a los cristianos hacia la meta de la comunión eclesial, entendida como una unidad en la diversidad reconciliada.





domingo, 30 de julio de 2017

JUDÍOS, CRISTIANOS Y MUSULMANES, JUNTOS CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO


Judíos, cristianos y musulmanes, juntos contra el cambio climático
  • "Es una herejía pensar que nuestra cultura del malgasto es sostenible"
  • Los representantes cristiano y judío no estuvieron de acuerdo en que el cambio climático sea un castigo divino, pero sí compartieron la responsabilidad que tienen, como líderes religiosos, de educar para erradicar prácticas nocivas.
  • El cambio climático: Resultado de una crisis humana
Tres referentes de las religiones monoteístas se reunieron en Jerusalén para hablar sobre el deber de educar a sus fieles en lo referente acambio climático e instaron a los gobiernos a instrumentar políticas que preserven el planeta.

El custodio en Tierra Santa, fray Francesco Patton, el cadí (juez) de la corte musulmana Sharía en Israel, Iyad Zahalka, y el rabino jefe del Comité Judío Americano, David Rosen,señalaron que el cambio climático no es resultado de una crisis natural, sino humana.

Los tres ponentes citaron fuentes de sus textos sagrados y tradiciones religiosas para apoyar el argumento de que cualquier actitud ética pasa por preservar el lugar donde viven los seres humanos, más allá de sus credos. También coincidieron en argumentar que la obligación de los fieles garantizar el bienestar de las futuras generaciones.

"El Papa Francisco se ha referido en diversas ocasiones en su encíclica Laudato si' a la obligación que tenemos de cuidar a nuestros hermanos y hermanas, y nuestro hogar", dijo el franciscano Patton.

El rabino Rosen citó el Deuteronomio y subrayó que "siempre hay que elegir la vida por encima de todo, preservar el lugar donde vivirás y donde vivirán tus hijos".

En tanto, el cadí Zahalka interpretó el calentamiento global como un castigo divino por no haber cuidado de la tierra que dios nos dio. "El Corán dice que los seres humanos hemos recibido la gran responsabilidad de cuidar del planeta y cuanto peor está la situación más claramente vemos que hemos sido negligentes con nuestro deber y que Dios nos está castigando".

Los representantes cristiano y judío no estuvieron de acuerdo en que el cambio climático sea un castigo divino, pero sí compartieron la responsabilidad que tienen, como líderes religiosos, de educar para erradicar prácticas nocivas para el medio ambiente y de exigir a los gobiernos que "fuercen" a las personas a ponerlas en práctica.

"Es una labor de todos, y urgente, y es una herejía pensar que se puede vivir aislado y que nuestra cultura del malgasto es sostenible", dijo el rabino, tajante. Y fray Patton concluyó: "Si no nos importa la naturaleza, a la naturaleza no le vamos a importar nosotros, como se está viendo".


FUENTE:
http://www.periodistadigital.com