Todos juntos
Un espacio propuesto por EQUIPO ECUMÉNICO SABIÑÁNIGO

martes, 18 de septiembre de 2018

ORACIÓN BREVE


Dios que nos amas, por el Evangelio comprendemos que la misericordia es lo que cuenta sobre todo. Por eso, danos un corazón lleno de bondad.
AMÉN
Comunidad de Taizé




lunes, 17 de septiembre de 2018

DECÁLOGO DEL ECUMENISMO


¿Qué significa ser ecuménico?

por Ramón E. Delius, S.J. 

1.- Orar con regularidad por la unidad de la Iglesia, tal como Jesús la quiere y cómo la quiere.
La oración es lo primordial. Como se ha dicho: “El paso por la puerta de la unidad debe hacerse de rodillas”. La oración produce su efecto en nosotros. Cambia nuestros corazones; son ellos los que necesitan un reajuste universal. Esto es así aún cuando el problema ecuménico no sea tan agudo en nuestro entorno.

2.- Estar enraizado en una particular tradición cristiana.
Así, conociéndola bien, se podrá responder coherentemente al evangelio desde su tradición. Los ecumenistas de verdad no se encuentran al margen de la vida de sus iglesias, sino en su corazón. Laten con lo esencial de la vida cristiana, y son capaces de reconocerlo en otras iglesias aunque expresado de maneras distintas.

3.- Sentir el escándalo de nuestras divisiones.
La unidad es para la misión. Nuestra misión primaria es anunciar la Buena Nueva. El mensaje que proclamamos con alegría es que estamos reconciliados con Dios y unos con los otros a través de la vida, muerte y resurrección de Jesús. Pero nuestro actual estado de división lo tiñe de tristeza, priva a nuestro mensaje de toda credibilidad. Ser ecuménico significa sentir un desasosiego santo ante nuestro fracaso de vivir en consonancia con nuestro mensaje. No puede ser plenamente cristiano quien no sufre al ver dividido el Cuerpo de Cristo (l Cor 12, 12-26).

4.- Estar deseoso de aprender y mantenerse en estado de aprendizaje continuo.
Cada tradición cristiana ha conservado mejor que otras uno o más aspectos del misterio de la obra de Dios en Cristo. La labor de unidad consiste en restaurar la plenitud de nuestro común aprecio de este misterio. Para esto es preciso fomentar una consciencia histórica. Estamos en peregrinación. La iglesia que tenemos no es todavía plenamente la iglesia que Dios en Cristo quiere. No debemos absolutizar una etapa de desarrollo que es sólo el próximo paso en el camino de algo mayor, el eficaz deseo de Jesús: “Que todos sean uno como tú y yo lo somos” (Juan 17, 21).

5.- Tomar parte en un discernimiento cuidadoso y honrado para la renovación de la Iglesia.
El ecumenismo no es una especialidad dentro de la comunidad, sino una expresión vivencial de cada dimensión. La razón del diálogo es una ayuda mutua en la renovación eclesial para cumplir la misión universal de Cristo en su Iglesia una y única.

6.- Sentirse fascinado y curioso acerca de lo que es diferente.
Por supuesto evitando cuanto nos dice Pablo en su carta primera a Timoteo (1Tim 4, 1; 2 Tim 3, 1).
Sin embargo hay que correr un riesgo, el de rechazar perspectivas limitadas y parroquiales y abrirse a un horizonte amplio y plenamente católico. El ecumenismo es un espíritu y una forma de vivir que se atreve a pensar globalmente conviviendo en la verdad con variadas diferencias comunitarias. Para eso es necesario apreciar y valorar el complejo proceso de evolución eclesial desde la alienación a la reconciliación. Debemos luchar contra la tentación de vivir en un sistema cerrado y seguro que reduce nuestro nivel de iniciativa y satisface nuestros deseos de dominio. Como quien vive en tienda de peregrino, nuestros más o menos buenos esfuerzos de hoy deben considerarse como provisionales, válidos por supuesto, pero siempre provisionales. Es vital estar a la busca de mejores formas de avanzar comunitariamente.

7.- Ayuda a este proceso apreciar y tener en cuenta ‘la jerarquía de verdades’ en la doctrina cristiana (Unitatis redintegratio nº 11). 
Una creencia posee mayor o menor consecuencia en la medida en que se relaciona con el fundamento de la fe cristiana. La gracia tiene mayor importancia que el pecado, el Espíritu Santo que María, el aspecto místico de la Iglesia sobre el jurídico y la Eucaristía más que la unción de enfermos. Insistir más profundamente en los puntos más cercanos al corazón de la fe nos capacita a estar más de acuerdo sobre la base firme y escriturística que compartimos.(Jn 5, 39).

8.- Intentar entender a otros como ellos se entienden a sí mismos.
Evitar toda expresión, juicio o acción que falsifique una posición. La honradez ecuménica conlleva una visión objetiva e histórica, no investigar a otros a través del prisma de sus elementos más débiles. Al contrario, nuestros ideales y prácticas deben yuxtaponerse a los ideales y prácticas de los demás. De esta manera, podremos trabajar juntos (3 Jn 8) Miedo del ‘otro’ es uno de los grandes males de nuestro tiempo. El principio de convivencia para todas las iglesias debe ser "hacer juntos cuanto permita la conciencia’"(Lund ‑1952).

9.- Estar dispuestos a asimilar la vitalidad del Cuerpo de Cristo donde quiera que se encuentre. (Rom 12, 5).
Lo que incrementa el Reino de Dios en cualquier iglesia ayuda a todas las demás. El único triunfo para un cristiano es el de Jesús y el de su cruz. Esto significa estar abierto a la voluntad de Dios para la iglesia. Nuestra unidad en Cristo es un don de Dios y la forma de expresar más visiblemente ese don lo es también. Tendremos todos, pues, que vaciarnos de nuestra autocomplacencia y dejarnos de nuestros juegos de prepotencia para dar paso a que opere Dios. Nuestra contribución consiste en estar dispuestos a descubrir y renunciar a cuanto impida llenarnos de Dios y encontrarnos en Cristo. Implica también estar alerta a la acción del Espíritu Santo en las vidas de otros cristianos y miembros de otras creencias vivas. La Iglesia es signo y sacramento de la presencia de Dios en el mundo, pero la actividad de Dios no se limita en modo alguno a la Iglesia y a sus miembros.

10.- Finalmente, en el movimiento ecuménico es esencial mantener una paciencia bíblica y sobre todo AMOR.
La paciencia bíblica exige una espera creativa y humilde. Debemos hacer lo que podemos y no estar continuamente lamentando lo que las diversas disciplinas eclesiales no permiten. Significa cultivar la disposición de aceptar o absorber todo lo negativo; así la persona que lo causa podrá superarlo. Cristo padeció por la unidad y la fidelidad a su misión; nosotros también por su causa. La paciencia bíblica implica constancia, búsqueda de curación, cooperación, olvido, perdón y sobre todo, AMOR.
“Vamos convergiendo. Esta convergencia debiera conllevar una relación nueva entre las iglesias que fuera la próxima etapa en la peregrinación hacia la unidad cristiana. Existen esperanzas fundadas de que se tomen iniciativas significativas para profundizar nuestra reconciliación y conducirnos hacia adelante en la búsqueda de la plena comunión, a la que, en obediencia a Dios, nos hemos dedicado desde el comienzo de nuestro diálogo” (ARCIC I -Anglican–Roman Catholic International Commission-, párrafo final).




domingo, 16 de septiembre de 2018

ORACIÓN POR EL CUIDADO DE LA CREACIÓN


Os invitamos a compartir un rato de Oración por el Cuidado de la Creación con los textos propuestos por la Comunidad Ecuménica de Taizé.

Vigilia de oración por el Cuidado de la Creación

Los cristianos de todo el mundo se reúnen del 1 de septiembre al 4 de octubre para orar y  reflexionar sobre el Cuidado de la Creación


Canto

Laudemus Deum


Salmo

¡Cuántas son tus obras, Señor,
y todas las hiciste con maestría:
la tierra está llena de tus criaturas!

Envías tu aliento y los recreas 
y renuevas la faz de la tierra.
¡Gloria al Señor por siempre 
y goce el Señor con sus obras!

Cantaré al Señor mientras viva,
tañeré para mi Dios mientras exista.
Que le sea agradable mi poema,
y yo me alegraré con el Señor

del Salmo 104

Bonum est confidere



Lectura

Lucas 12, 27-28

Jesús dice: "Observad cómo crecen los lirios, sin trabajar ni hilar. Os aseguro que ni Salomón, con todo su fasto, se vistió como uno de ellos. Pues si a la hierba del campo, que hoy crece y mañana la echan al horno, Dios la viste así, ¡cuánto más a vosotros, hombres de poca fe!"

Canto

Bless the Lord


Silencio

Oración por la Creación

Entre cada intercesión se puede cantar Misericordias Domini.



1) Dios de amor, estás presente en el universo y en las más pequeñas de tus criaturas, rodea de tu ternura todo lo que existe. - Te pedimos.

2) Dios creador, enséñanos a contemplarte en la belleza del universo, donde todo nos habla de ti. - Te pedimos.

3) Dios de amor, te pedimos por los que sufren a causas de los incendios, de las inundaciones, de los terremotos. Que sigan teniendo esperanza a pesar de las dificultades. - Te pedimos.

4) Dios de creador, despierta nuestra alabanza y nuestro agradecimiento, concédenos la gracia de sentirnos íntimamente unidos a todo lo que existe. - Te pedimos.

5) Dios de amor, te confiamos a todos los jóvenes que están poniendo en marcha nuevos proyectos o que asumen compromisos para el cuidado del planeta. - Te pedimos.

6) Dios creador, estás con nosotros cada día, sostennos en nuestra lucha por la justicia, el amor y la paz. - Te pedimos.

7) Una intensión por alguna situación actual

Padre Nuestro

Oración del hermano Alois

Dios de amor, estando en tu presencia, nos concedes entender la bondad infinita de lo que has creado, de todo lo que viene de ti, de tu inagotable compasión. Haz nos estar atento a los demás y a toda la creación. Enséñanos a descubrir el valor de cada cosa y haz de nosotros portadores de paz en la familia humana.

AMÉN

Cantos

Ô Toi l’au-delà de tout


Bless the Lord


Tu sei sorgente viva


Laudate omnes gentes





viernes, 14 de septiembre de 2018

SEMILLAS ECUMÉNICAS EN EL 70º ANIVERSARIO DEL CMI

Semillas ecuménicas el 70º aniversario del Consejo Mundial de Iglesias

Reproducimos esta noticia del Consejo Mundial de Iglesias (CMI) que están en este año 2018 celebrando el Setenta Aniversario de su fundación

Semillas ecuménicas

IV Asamblea del CMI en Upsala, donde se plantó la primera semilla para un acuerdo de colaboración entre la Iglesia Pentecostal de Chile y la Iglesia Unida de Cristo. Foto: CMI

NOTA PREVIA:

En 2018 celebramos el 70º aniversario del Consejo Mundial de Iglesias. Con el fin de crear un animado relato de primera mano de la comunidad ecuménica y de nuestro camino común, las iglesias miembros han aportado historias de las personas, los acontecimientos, los logros e incluso los fracasos que han acentuado nuestra búsqueda colectiva de la unidad cristiana.

Este artículo ha sido escrito por Gerard S. Valdivia, un pastor y trabajador social jubilado de la Iglesia Pentecostal de Chile. 

Las opiniones y los puntos de vista expresados en este artículo son los del autor y no reflejan necesariamente los principios básicos del Consejo Mundial de Iglesias.

En agosto de 1968, el obispo Enrique Chávez, fundador de la Iglesia Pentecostal de Chile, surgida de la Iglesia Metodista, y su pastor, el Rev. Gerard S. Valdivia, regresaban a Chile tras participar en la IV Asamblea del Consejo Mundial de Iglesias (CMI) en Upsala (Suecia).

El obispo Chávez había participado en la Asamblea como delegado oficial de la Iglesia Pentecostal de Chile, una iglesia miembro del CMI desde la Asamblea previa celebrada en 1961, y en Upsala acababa de ser elegido miembro del Comité Central del CMI. El Rev. Valdivia había asistido a la Asamblea en calidad de observador delegado y había actuado como intérprete de su obispo, dado que el español todavía no era un idioma oficial del CMI.

Los dos hombres estaban platicando sobre el documento de la Asamblea “El Espíritu Santo y la catolicidad de la Iglesia”, presentado por el obispo Karekin Sarkissian de la Iglesia Apostólica Armenia, cuando el obispo Chávez se volvió hacia su pastor y le dijo: “Gerard, siento que el Señor desea que usted vaya a Nueva York a emprender una labor misionera entre los residentes hispanos”.

El pastor se quedó pasmado. Después de un momento, dijo: “¿Que me vaya a Nueva York a iniciar una misión? No creo que pueda hacerlo”.

El obispo Chávez respondió: “Bueno, Gerard, es usted quien decide si debe obedecer o desobedecer”.

El pastor volvió a permanecer un rato en silencio y finalmente contestó: “Obispo mío, cuando llegue a casa hablaré con mi mujer y con el cuerpo de presbíteros de mi iglesia sobre este encargo, y oraremos”.

Se había plantado una semilla ecuménica.

Inicios

En octubre de 1969, el Rev. Valdivia, su mujer la diaconisa Mirta Abigail y sus dos hijos pequeños dejaron su amado Chile para irse de misioneros, en condición de inmigrantes legales, a un país con una cultura completamente diferente, confiando en que el Señor les sería fiel y les guiaría y protegería de todas las formas posibles.

Primero llegaron a Lexington (Kentucky), donde el Sr. Valdivia debía trabajar durante un período inicial en una clínica de salud mental.

En esos primeros y, a veces, solitarios meses en un país extranjero, la familia de misioneros encontró un gran apoyo emocional y espiritual en las cartas del obispo Chávez, su líder espiritual en Chile; del Dr. Walter Hollenweger, entonces secretario de evangelización en la División de Misión Mundial y Evangelización del CMI; y del Rev. David J. du Plessis, un pastor pentecostal sudafricano que vivía en California.

A Brooklyn

En agosto de 1971, el Rev. Valdivia y su familia se mudaron a un área hispana de Brooklyn, en Nueva York. Con la ayuda financiera de la Iglesia Evangélica de Alemania, el pastor arrendó un pequeño local donde, en la Nochebuena de 1972, empezó a oficiar servicios religiosos al que asistían trabajadores de la fábrica donde él también trabajaba.

Finalmente, tras mucha evangelización y enseñanza del Nuevo Testamento, la misión chilena contó con suficientes miembros y simpatizantes para convertirse en la Iglesia Pentecostal de América del Norte (PCNA, por sus siglas en inglés).

Pero pronto, la fe y el compromiso de los misioneros chilenos tuvieron que hacer frente a una difícil prueba. Un anochecer, el Rev. Valdivia vio pasar ante su casa a un joven hombre con la cara cubierta de sangre que salía de su cabeza. Le ofreció ayuda y lo acompañó a un hospital cercano, sin saber que el hombre era miembro de una banda callejera.

Más tarde aquella noche, miembros de una banda enemiga se acercaron a su casa y pincharon las ruedas de la furgoneta de la iglesia y rompieron uno de los retrovisores. Temiendo por su seguridad y la de su familia, el Rev. Valdivia siguió el consejo de sus vecinos y de los miembros de su iglesia y se fue a vivir a otra zona de Brooklyn.

Programa de evangelización de la Iglesia Pentecostal Sunset Park de Brooklyn. Foto: Gerard S. Valdivia
Vecinos de la Iglesia Unida de Cristo

Pasado un tiempo, otra semilla ecuménica empezó a echar raíces.

Eran las 18:00 horas de una cálida tarde del verano de 1980. El Rev. Valdivia había ido a recoger a un miembro de su congregación en la furgoneta de la iglesia. Estacionó el vehículo frente a la Iglesia Congregacional Finlandesa, que formaba parte de la Iglesia Unida de Cristo (UCC, por sus siglas en inglés), situada al lado.

Justo en ese momento, salió por la puerta el pastor de la iglesia, el Rev. Eino Salo. Leyó el nombre escrito en el costado del vehículo y le dijo: “Entonces, es usted pentecostal”.

Y fue así como empezó una experiencia ecuménica que condujo a que la misión chilena arrendara la bonita Iglesia Congregacional Finlandesa, y celebrara su primer culto allí el 22 de octubre de 1980.

Deseo de colaboración

La semilla ecuménica siguió brotando cuando el misionero chileno expresó a su interlocutor finlandés su deseo de establecer contactos a niveles más altos de la iglesia y trabajar a favor de un acuerdo internacional de cooperación entre la Iglesia Pentecostal de Chile y la UCC, también miembro del CMI.

Pronto tuvo lugar una reunión entre los dos pastores de Brooklyn, el Rev. Dr. Thomas Boates, pastor de la UCC encargado de la zona, y el Dr. Jeff Utter, director del departamento de la UCC para América Latina y el Caribe, en el Centro Intereclesial de Nueva York, donde entonces trabajaba el Rev. Valdivia.

El Dr. Utter le preguntó al Rev. Valdivia cómo sabía que la UCC estaba buscando una iglesia en Chile para iniciar un acuerdo de colaboración. “Yo no lo sabía, pero el Señor sí lo sabía”, contestó simplemente el pastor chileno.

En junio de 1981, el obispo Chávez vino a Nueva York para participar en una reunión con los dirigentes de la UCC en su sede central. En representación de la UCC, estuvieron presentes el Dr. Utter; la Rev. Elinor G. Galucha, directora de la División de Ministerios de Ultramar; el Dr. David M. Stowe, vicepresidente ejecutivo de la División de Ministerios de Ultramar; y la Sra. Audrey C. Smack, secretaria de Asuntos Mundiales. El Rev. Valdivia acompañó al obispo Chávez.

Ante estos primeros y extraordinarios contactos ecuménicos, el obispo Chávez expresó alegría y pidió a la UCC que enviara un representante a la próxima conferencia anual de la iglesia chilena que se iba a celebrar en febrero de 1982.

El primero en participar fue el Dr. Gustav Kuether, un antiguo misionero en un país de América Central que hablaba español con fluidez. Luego, durante esos maravillosos años en que estos dos organismos cristianos de contextos históricos y sociales tan diferentes fueron conociéndose, se contó con la participación de otros varios dirigentes de la UCC.

Acuerdo formal

Del 27 de junio al 2 de julio de 1985, el obispo Chávez, el Rev. Nicolás Concha y el Rev. Valdivia participaron en el Sínodo General de la UCC, celebrado en Ames (Iowa), por invitación de la iglesia estadounidense. El momento más feliz para los chilenos fue cuando el presidente de la UCC, el Dr. Avery Post, propuso que la Iglesia Pentecostal de Chile y la UCC establecieran un acuerdo de colaboración para la gloria de Dios. Esta resolución fue adoptada por unanimidad.

Desafortunadamente, el obispo Chávez solo pudo asistir a los inicios de esta maravillosa relación ecuménica. Tras el sínodo de Ames, sufrió un repentino y agudo ataque de demencia y perdió todos los recuerdos relativos a este viaje histórico a los Estados Unidos. Cinco años después, se fue a estar con su Señor.

Su sucesor, el obispo Ulises Muñoz M., proporcionó el apoyo necesario para garantizar la continuación de la colaboración. Acogió con satisfacción una iniciativa de cooperación de la Conferencia de Massachusetts de la UCC y contribuyó de forma decisiva a establecer contactos eclesiales fraternales entre las iglesias locales que participaron en la Conferencia y las iglesias pentecostales de Chile.

Frutos ecuménicos

Las visitas de pastores y jóvenes han ayudado a mantener una relación ecuménica fluida. En 1995, el Rev. Oscar Aguayo y su familia, por invitación de la Conferencia de Massachusetts, recorrieron miles de kilómetros como misioneros residentes durante un año, compartiendo en las iglesias estadounidenses su experiencia pentecostal chilena y el extraordinario crecimiento del movimiento metodista pentecostal en Chile.

Esta colaboración también ha dado frutos ecuménicos con otras iglesias. En el marco del acuerdo de colaboración de la UCC con la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en los Estados Unidos, la misionera Elena Huegel fue a Chile a ayudar a la iglesia en la educación cristiana y otros ámbitos. La iglesia chilena tiene ahora un instituto bíblico, en el que graduados de la Comunidad Teológica Evangélica de Chile imparten clases.

Un día la Sra. Huegel tuvo una idea genial. Pensó que sería estupendo que la Iglesia Pentecostal de Chile tuviera un centro en los Andes para estudiar la palabra de Dios, cuestiones relacionadas con el medio ambiente y otros asuntos.

Gracias al apoyo financiero de su congregación, los esfuerzos de los jóvenes y la ayuda de otras denominaciones, el sueño se convirtió en una realidad maravillosa: un precioso centro de conferencias que la Sra. Huegel llamó Centro Shalom.

Sin lugar a dudas, la Iglesia Pentecostal de Chile ha experimentado y sigue experimentado la bondad de las palabras de Jesucristo recogidas en Juan 17:21: “[…] para que todos sean uno [...] para que el mundo crea [...]”.


miércoles, 12 de septiembre de 2018

martes, 11 de septiembre de 2018

BUDISMO Y TEOSOFÍA



Budismo y Teosofía

por Koldo Aldai

Aquí y ahora hacemos votos para que podamos caminar cada día más unidos/as, para que podamos estar a la altura del mismo Corazón al que el Cielo nos invita.

No importa tener la razón, lo importante es sentirnos unidos por encima de las mínimas diferencias. Lo importante son los valores superiores compartidos, la capacidad de sus cuerpos de enseñanza para sacarnos de la ignorancia, nuestra voluntad de renuncia, de sacrificio, de servicio a la humanidad…

Hay cuestiones menores en las que Budismo y Teosofía o Sabiduría Arcana parecieran no concordar plenamente. Ello no encarna mayor trascendencia. El día pasado vivimos algo de ese mismo Corazón en la Sala Saludarte de Estella. Fue en las magníficas conferencias que impartió Tenzing Ngeyung, discípula del Lama Gueshe Tenzing Tamding, residente en el Monasterio de Chuu Sup Tsang de Orense. Budistas y aspirantes del Sendero podríamos (deberíamos) ir de la mano, corazón con corazón, mano con mano hasta el fin del mundo.

Hoy más que nunca esta humanidad necesita de las espiritualidades unidas en su determinación de servicio, lo demás es casi anecdótico. Hasta donde he podido comprender, he encontrado únicamente unas pequeñas diferencias, que en ningún momento debieran servir de excusa para crear barreras.

La Teosofía, la Sabiduría Arcana no contemplan ningún infierno, pues el Dios todo Amor siempre nos dará posibilidades para arrepentirnos de nuestros fallos, el Budismo a su manera sí menciona el infierno. La Teosofía no observa la involución hacia nuestro anterior estado colectivo de conciencia, el reino animal. Las conquistas del espíritu serían nuestro legado, nuestros logros sin vuelta atrás. El Budismo sí contempla que podamos reencarnar como animales. La Teosofía nos sugiere que en nuestro recorrido evolutivo vamos encarnando en las más diferentes condiciones sociales, religiosas; en las más diferentes geografías, razas, pueblos, circunstancias…, pues necesitamos hacernos con todas esas experiencias para alcanzar la realización. La Teosofía no dice sin embargo que todos los seres hayan sido nuestras madres, el Budismo sí… La Teosofía nos habla de que los animales en su diferente nivel evolutivo conforman almas grupales, el Budismo no contempla nada de ello… Sin embargo, más allá de estas cuestiones menores, todo comunión.

Si reparamos más de lo debido en ese tipo de diferencias es que no habremos comprendido mucho. Dejadas a un lado estas diferencias sin trascendencia, que pueden haber sido generadas por las dificultades de transmisión pura de legados milenarios, por la deficiente comprensión de quien escribe estos apuntes…, “shanga” y “aspirantes” del mundo somos llamados a unirnos estrechamente en estos momentos tan trascendentales para el planeta. No importa quién tenga o deje de tener la razón, lo que importa es el grado de comunión en lo interno que podamos alcanzar, lo que importa es lo que podemos hacer juntos en la entrega a favor de una humanidad tan necesitada.

Todos los puentes en todos los sentidos que podamos tender para unirnos los humanos siempre serán pocos, con mayor razón esos puentes se habrán de establecer con quienes compartimos tanto horizonte, tanta mirada. Los puentes han de ser por supuesto también hacia los demás credos, hacia los demás movimientos y familias espirituales, hacia todos los hermanos que apelan al mismo Dios o Punto de Amor y Compasión con distintos nombres. Por supuesto también hacia quienes no lo invocan... Podamos tener la flexibilidad mental y el coraje necesarios para poder atender a este desafío de gran y diversa alianza que reclaman nuestras metas comunes, que urgen nuestros días.

Koldo Aldai


lunes, 10 de septiembre de 2018

ORACIÓN ECUMÉNICA POR EL CUIDADO DE LA CREACIÓN


Cardenal Osoro: «No hemos sabido custodiar la Creación con responsabilidad»

«Los creyentes descubrimos en la Creación la huella inconfundible y amorosa de Dios. […] Todos somos responsables del cuidado de nuestra casa común, custodios del bien precioso del aire y defensores de la vida». Con este recordatorio, el vicario de Pastoral Social e Innovación de la diócesis, José Luis Segovia, ha dado el pistoletazo de salida a la Oración ecuménica por el Cuidado de la Creación.

En el encuentro celebrado en la parroquia Santa Cristina –en vez de en la Casa de Campo por la amenaza de lluvia–, han participado el cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro; el metropolita Policarpo, del Patriarcado ecuménico de Constantinopla, y monseñor Timotei, obispo ortodoxo rumano; así como representantes de distintos colectivos preocupados por la casa común (scouts católicos, religiosos, profesores y académicos…).

Tras varios gestos en los que se han intercalado el salmo 104 con datos sobre contaminación y se ha recordado la importancia de sumar pequeños esfuerzos como usar el transporte público, llenar el lavavajillas y la lavadora o consumir alimentos de temporada, se han leído un fragmento del Génesis y del Evangelio de Marcos («¿Quién es este que hasta el viento y el mar le obedecen?»).


«Danos un espíritu ascético y menos consumista»

Al hilo de las lecturas, el metropolita Policarpo ha pedido al Señor, «que existe más allá de todo tiempo», que nos dé «un espíritu ascético y menos consumista» y que guíe a los gobernantes. «Venga a nosotros tu Reino infinito, Reino de bondad, de justicia y de paz», ha agregado.

El cardenal Osoro, por su parte, ha agradecido al Señor que «todo lo has creado para servirnos a nosotros los hombres, todo lo has puesto para que todos podamos vivir en una casa común en la que tengamos la posibilidad de reconocernos en la dignidad que nos has dado en lo más profundo de nuestro ser».

En este sentido, ha pedido «perdón» porque «no hemos sabido custodiar la Creación con responsabilidad», incidiendo en la necesidad de «una renovada relación entre el hombre y lo creado». «Una visión integral del ser humano, tal y como lo creaste, nos permite asumir mejor el cuidado de nuestro planeta, de nuestra casa común. No hay ecología verdadera sin una adecuada concepción del ser humano», ha aseverado.


Mesa de expertos

Esta celebración se enmarca en la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación instituida por el Papa Francisco. Como en años anteriores, antes de la oración ecuménica ha habido una mesa redonda con expertos. Pablo Martínez de Anguita, de la Fundación Laudato Si; Emilio Chuvieco, director de la cátedra ambiental de la Universidad de Alcalá de Henares, y el ingeniero de Caminos Ángel Cabo, que participa en el Plan Aire de la UE, han puesto de manifiesto la necesidad de tomar medidas para mejorar la calidad del aire que respiramos. Para los cristianos, como subraya el Papa Francisco, es una obligación moral.


FUENTE:

(Infomadrid / R. P. / Fotos: Pablo Genovés)
www.archimadrid.org




viernes, 7 de septiembre de 2018

LOS CATÓLICOS Y EL CONSEJO MUNDIAL DE IGLESIAS, CAMINO DE FUTURO


Los católicos y el CMI trazan juntos el futuro tras la visita papal a Ginebra

Diez semanas después de que el papa Francisco visitara el Consejo Mundial de Iglesias (CMI) en Ginebra, como “un peregrino en busca de la unidad y la paz”, los líderes eclesiales de diferentes iglesias que representan al CMI y a la Iglesia Católica se reúnen esta semana en Alemania para seguir “caminando, trabajando y orando juntos”.

Los miembros del Grupo Mixto de Trabajo de la Iglesia Católica Romana y el CMI se reunirán del 3 al 7 de septiembre cerca de la antigua ciudad bávara de Augsburgo, centro de la Reforma y también sede de la firma de la reconciliadora Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación.

La reunión, ubicada en un centro ecuménico dirigido por el movimiento de los Focolares y por miembros de una fraternidad evangélica luterana, analizará los desafíos y oportunidades planteados por la visita papal del 21 de junio al CMI.

El secretario general del CMI, el Rev. Dr. Olav Fykse Tveit, recordó tanto la alegría como las responsabilidades que supuso la visita de junio.

“Toda la jornada con el papa Francisco fue realmente un signo de esperanza para todos los que quieren que los cristianos sean y actúen como uno solo en Cristo”, dijo el Rev. Tveit. “No nos detendremos aquí. El Grupo Mixto de Trabajo tiene ante sí una importante tarea, porque juntos podemos hacer mucho más por quienes nos necesitan y podemos demostrar que eso contribuye a una mayor unidad”.

El obispo Brian Farrell, secretario del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, habló del desafío al que se enfrenta el movimiento ecuménico: “En el CMI, el papa Francisco instó a todo el movimiento ecuménico a ir más allá de los debates y las vacilaciones introspectivas, y a no usar nuestras diferencias para justificar el mantenernos separados y negarnos a trabajar juntos para llevar el poder salvador del Evangelio a un mundo roto", dijo.

El obispo Heinrich Bedford-Strohm, presidente del Consejo de la Iglesia Evangélica de Alemania, reflexionó sobre la celebración del 500º aniversario de la Reforma: “¿Está Cristo dividido?”. Esa pregunta de la primera carta de San Pablo a los corintios obligó a Bedford-Strohm, en 2010, a proponer que el aniversario de la Reforma, en 2017, se convirtiera en una “Fiesta de Cristo”, enfocada en la centralidad del Evangelio de Cristo y no solo en la herencia luterana.

“Fue una gran experiencia ver cómo se abrieron las puertas y los corazones, cómo se forjaron amistades en el camino, y cómo los cristianos de diferentes tradiciones eclesiales pudieron celebrar juntos, sanando recuerdos y creando nuevas relaciones. ¡Y eso debe seguir ocurriendo!”, dijo Bedford-Strohm.

El trabajo que queda por hacer

El Grupo Mixto de Trabajo, dirigido por el metropolitano ortodoxo Nifon de Targoviste (Rumania) y el arzobispo católico Diarmuid Martin, de Dublín (Irlanda), también seguirán trabajando en dos documentos que destacan la cooperación ecuménica en la construcción de la paz y en la atención pastoral de los migrantes y refugiados.

La preparación de esos textos contó con la cooperación de expertos del Dicasterio Vaticano para la Promoción del Desarrollo Humano Integral y del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso. Esas oficinas de la Santa Sede también están trabajando en estrecha colaboración con el CMI en la preparación de la conferencia “Migración, xenofobia y populismo con motivaciones políticas”, que se celebrará en Roma del 18 al 20 de septiembre.

El Cardenal Kurt Koch y el secretario general del CMI Olav Fykse Tveit
Más de medio siglo después de su fundación, el Grupo Mixto de Trabajo también discutirá la dirección futura de las relaciones entre los católicos y el CMI, y estudiará un proyecto de digitalización para hacer que sus valiosos archivos históricos estén disponibles en línea.

El CMI es una comunidad mundial que reúne a 350 iglesias protestantes, ortodoxas, anglicanas e iglesias independientes que representan a más de 550 millones de cristianos de más 120 países. La Iglesia Católica no es un miembro de pleno derecho, pero coopera estrechamente con el CMI.

Grupo Mixto de Trabajo con la Iglesia Católica Romana

Entre las iglesias que no son miembros del CMI, la más notable es la Iglesia Católica Romana. Desde 1965 un Grupo Mixto de Trabajo (GMT), patrocinado conjuntamente por el CMI y la Iglesia Católica Romana, se ha reunido periódicamente para tratar temas de interés común y fomentar la cooperación. Se celebran anualmente reuniones plenarias, y un grupo ejecutivo se reúne dos veces en los períodos de dichas reuniones. Los dos cosecretarios del GMT del  Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos (PCPUC) y del CMI ayudan a coordinar los contactos entre el CMI y los departamentos (o dicasterios) del Vaticano. 

El GMT es un grupo de trabajo mundial con aportaciones regionales y locales. Los participantes por el CMI son 10 miembros y consultores que representan a su comunidad (tradiciones eclesiales, confesiones, regiones, categorías de población, personas ordenadas y laicas, y jóvenes). El PCPUC designa un número igual de personas. EL GMT ofrece un espacio en el que los órganos rectores examinan temas importantes que afectan a sus relaciones y en el que sus representantes comparten experiencias de sus iglesias y comunidades con las parroquias católicas romanas a nivel local.

Realizan los estudios ya sea los miembros del GMT o bien expertos de los órganos rectores invitados por él. El programa del GMT incluye varias esferas de las actividades programáticas del CMI, tales como la Peregrinación de Justicia y Paz, cuestiones doctrinales, cuestiones relacionadas con la misión, la justicia, la paz y la reconciliación, la formación ecuménica y la juventud.

Aunque la Iglesia Católica Romana no es miembro del CMI, es miembro de derecho pleno de la Comisión de Fe y Constitución.  La Iglesia Católica Romana participa también en calidad de consultora en el equipo sobre misión y unidad. Patrocina también un puesto de profesor de facultad y presta apoyo espiritual en el Instituto Ecuménico de Bossey. Por medio del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso, la Iglesia Católica Romana colabora con el equipo del CMI sobre diálogo y cooperación interreligiosos. 

FUENTE
Consejo Mundial de Iglesias
www.oikoumene.org




jueves, 6 de septiembre de 2018

UN CAMINO MONÁSTICO EN LA CIUDAD

Nuestra querida amiga Sor Carmen Herrero Martínez de las Fraternidades Monásticas de Jerusalén, colaboradora de este EQUIPO ECUMÉNICO SABIÑÁNIGO ha querido, de nuevo, regalarnos este artículo que ahora publicamos donde, nos dice que a raíz de la publicación en este blog de sus artículos, ha recibido varios correos pidiéndole información sobre su carisma; en respuesta le ha parecido oportuno escribir, en grandes lineas su carisma, señalando de manera especial el tema del ecuménismo que viene en su Libro de Vida.... (su trazado espiritual)


UN CAMINO MONÁSTICO EN LA CIUDAD


por Carmen Herrero

“Un camino monástico en la ciudad.” Este es el título que el traductor español puso al “Libro de Vida” de las Fraternidades Monásticas de Jerusalén. Dicho libro, es el tratado espiritual de las fraternidades. “Un camino monástico en la ciudad,” va muy bien con su carisma: “Monjes y monjas en el corazón de la ciudad.”

Las Fraternidades Monásticas de Jerusalén fueron fundadas el día de Todos los Santos en 1975 en la iglesia de Saint-Gervais, París, por el Padre Pierre-Marie Delfieux, con el apoyo del Cardenal Marty (entonces arzobispo de París). Su misión es vivir en el corazón de la ciudad y en el corazón de Dios. Llevar la oración a la ciudad y la ciudad a la oración. 

El fundador, Padre Pierre-Marie Delfieux, pasó dos años en la Assekrem, en el Sahara, donde sintió la llamada a crear “en el desierto de las grandes ciudades” un oasis de calma, silencio, acogida, escucha y oración litúrgica y silenciosa. El Espíritu Santo lo condujo para fundar a una nueva forma de vida monástica en el corazón de la ciudad, conforme a las exigencias urbanas de nuestro tiempo. Esta forma de monacato le ha dado a la mujer la igualdad de condiciones que al hombre en lo tocante a la clausura, gobierno y formación, referente a la desigualdad que la historia ha marcado entre monacato masculino y monacato femenino.

Los monjes y monjas celebran juntos la liturgia, sin que por ello se trate de un monacato mixto. El carisma es común y juntos lo expresan en la celebración litúrgica, oración silenciosa, formación y ciertos proyectos pastorales comunes; pero cada comunidad de hermanos y hermanas tiene su autonomía propia, tanto en la vivienda como en el gobierno, la economía y el discernimiento vocacional. Hermanos y hermanas quieren ser un testimonio de fraternidad desde el respeto común a su propia vocación de consagrados.

Estas fraternidades se entroncan con el cristianismo primitivo. En los Hechos de los Apóstoles leemos que acudían al templo a orar, vivían en comunidad y tenían los bienes en común (Hc 2, 42-46), y esto sin retirarse de la vida cotidiana, pues cada uno tenía su propio trabajo y misión la sociedad. 

Su nacimiento el día de Todos los Santos no es algo ocurrido al azar. Es una fecha y fiesta elegida por el fundador dado el significado que ella tiene como llamada universal a la santidad. Esta idea la expresa claramente el Concilio: “Quedan, pues, invitados y aún obligado todos los fieles cristianos a buscar insistentemente la santidad y la perfección dentro del propio estado” (LG 39-42).

¿Por qué el nombre de Jerusalén? Siendo monjas y monjes urbanos, llevan el nombre de Jerusalén porque Jerusalén es el símbolo de todas las ciudades; el lugar donde Cristo vivió, murió y resucitó; donde la Iglesia fue fundada y donde nacieron las primeras comunidades cristianas. Una ciudad igualmente santa para judíos, cristianos y musulmanes; esperanza y figura de la ciudad celeste hacia la cual todos caminamos.

Otra de las características de las fraternidades de Jerusalén es la llamada a la unidad de los cristianos y al diálogo interreligioso. “Uno de los elementos constitutivos de Jerusalén es también el ecumenismo. El nombre que llevas te recuerda que Cristo murió junto a la Ciudad santa para la salvación y la unidad de todos los hombres (Jn 11,52), y tú, hermano, hermana de Jerusalén, en su seguimiento, debes conservar la misma pasión por la unidad.

El monje, la monja es alguien que, ante todo, busca unificarse. Vive el ecumenismo en el corazón de tu propia vida: la persona unificada es unificarte. Vive el ecumenismo en el seno de tu propia comunidad: por la aceptación gozosa y constructiva de personas tan diferentes (Rm 12,6-8). Vive el ecumenismo en el marco de toda la cristiandad, a fin que sea cada vez más hermanos todos los discípulos de Cristo que permanecen todavía separados. El ecumenismo más eficaz es el de la oración.

Guarda en tu corazón un verdadero anhelo de comunión con todos los hijos de Abrahán, judíos y musulmanes, que adoran, como tú, al único Dios y para quienes también Jerusalén es una Ciudad santa. No te canses de orar, a lo largo de toda tu vida, para que llegue el día en que no haya más que un solo rebaño y un solo pastor (Jn 10,16). Esto que fue la gran pasión de Cristo, apasione también tu vocación monástica. Jesús se consagra por ti para que tú quedes consagrado en la verdad (Jn 17,19). Sólo la unidad de los hijos de Dios podrán expresarle al mundo el misterio del Dios verdadero” (Jn 17,23) 1

En la familia de Jerusalén, existen también las fraternidades laicas, las cuales siguen la misma espiritualidad que los monjes y las monjas. Esto es una gran riqueza y, a su vez, una fuerte exigencia, para vivir cada uno desde su propia vocación la diversidad y complementariedad del estado y vocación propia de cada uno. La liturgia celebrada monjes, monjas y laicos de todas las edades, condición social y estados de vida, expresa con fuerza la pluralidad y la plenitud del pueblo de Dios, la unidad eclesial y visible querida por Dios al crear hombre-mujer; todos caminamos hacia el ideal de vida cristiana: la santidad.

“Jesús vivió la liturgia en la ciudad, vivió en medio del pueblo y asoció a los apóstoles, sus discípulos, a las santas mujeres y a las familias de las cuales nos hablan los Evangelios y los Hechos de los apóstoles. Las fraternidades de Jerusalén quieren, tras las huellas de Jesús y de María su Madre, ir a la fuente original que es la figura última, la Ciudad Santa, la Nueva Jerusalén” (Ap 21,1-4). (Palabras del fundador.)

Este monacato urbano quiere afirmar que la contemplación y la santificación se pueden vivir en medio de las exigencias cotidianas y realidades urbanas donde viven la mayoría de los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Ahora bien, lo que no cambia son los valores monásticos, si bien, encarnados de otra manera; más conformes al momento histórico y cultural que nos toca vivir. Es el Espíritu quien, a lo largo de la historia, suscita los diferentes carismas para su Iglesia. La finalidad es siempre la misma: “Sed santo porque yo soy santo.” (Lv 11,14) “Sed santos como vuestro Padre celestial es santo” (Mt 5,48). Meta última de la vida monástica y de todo los cristianos. El papa Francisco nos lo recuerda con fuerza.

Esta forma de vida monástica quiere vivir en el corazón de la ciudad, llevando la ciudad a la oración y la oración a la ciudad. Todo cuanto ocurre en la ciudad tiene interés para el monje y la monja urbana de Jerusalén. Todo cuanto pertenece a sus hermanos en humanidad lo hacen propio, queriendo vivir en cercanía. “Padre, no te pido que los saques del mundo, sino que los guardes del mal” (Jn 17,15). En esta frase de Jesús se encierra el sentido de la vida monástica urbana.

Estos monjes y monjas, desde la realidad concreta de cada día, desde muy diversos puestos de trabajo, viviendo en el mismo contesto que la mayoría de los ciudadanos; intentan orientar su vida al más alto ideal de hombre: la contemplación de Dios y la alabanza; queriendo ayudar a otras personas a que también vivan la aventura maravillosa de la llamada a la santidad; a crear un mundo más justo, más humano y más divino.

Hoy más que nunca podemos afirmar que ha surgido un mundo nuevo: al ayer esencialmente rural, le ha sucedido un mundo mayoritariamente urbano. De aquí que la vida monástica en la ciudad responde a una llamada particularmente actual y urgente del mundo, de la Iglesia y de Dios (Hch 2,46). Jerusalén es la ciudad a la que Jesús Cristo subió para adorar a Dios, enseñar, morir y resucitar, porque tu vida es un caminar tras Aquél que allí, en Jerusalén, se quedó cada vez más solo delante del Solo, tú eres monje o monja de Jerusalén. 2

Las fraternidades de Jerusalén están insertadas en la Iglesia diocesana, dentro de la línea marcada por el Vaticano II, que insiste en la realidad de cada Iglesia local, adaptándose a la diversidad de situaciones, sensibilidades y culturas de la misma. El obispo del lugar es quien discierne la oportunidad de una fundación en su diocesis y quien la establece. Las fraternidades son una célula de la Iglesia, desde su propio carisma contemplativo, queriendo estar abiertas a la llamada y solicitud de su propio pastor; siempre en armonía y comunión con el propio carisma.

“Jerusalén está fundada como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus, las tribus del Señor” (Sl 121). 


1 “Livre de vie des Fraternités Monastiques de Jérusalem. Autor: “Pierre-Marie Delfieux. Publicado en español con el título: “Un Camino Monástico en la Ciudad.” Nº174 (Editorial Verbo Divino. Actualmente agotado).
2 Ib. nº 164 


Sor Carmen Herrero Martínez
F.M.J



miércoles, 5 de septiembre de 2018

PABLO VI, EL PAPA REFORMADOR QUE BUSCÓ LA UNIDAD DE TODOS LOS CRISTIANOS


Pablo VI, el Papa reformador que buscó la unidad de todos los cristianos

Pablo VI, de nombre secular Giovanni Battista Enrico Antonio Maria Montini, fue el Papa número 262º de la Iglesia católica y soberano de la Ciudad del Vaticano desde 1963 hasta su muerte 15 años después. Penúltimo pontífice italiano hasta la fecha, su sucesor Juan Pablo I puso fin a la contigua serie de papas transalpinos iniciada con Clemente VII cuatro siglos antes.

Su mayor hito radica en la continuación y conclusión del Concilio Vaticano II, obra de su predecesor Juan XXIII. Tras el fallecimiento de este último, lo guió a través de sus propios propósitos, los cuales pueden verse desarrollados en el transcurrir de su papado: renovación de la Iglesia; diálogo con la humanidad, profesos de otras religiones y ateos incluidos; y unidad de todos los cristianos.

Nacido el 26 de septiembre de 1897 en Concesio (provincia de Brescia, región de Lombardía, Italia), Giovanni Battista Montini entró a los 19 años en el seminario, fue ordenado sacerdote en 1920 y se trasladó a Roma para formarse en diplomacia en la Academia Pontificia Eclesiástica. Producto de sus estudios, en 1922 ingresó en el servicio papal como miembro de la Secretaría de Estado y, después de un breve paso por la Nunciatura de Varsovia en 1923, le fue otorgada la cátedra de Historia Diplomática en 1931.

Nombrado en 1937 asistente del cardenal Pacelli, por entonces Secretario de Estado, jugó un valioso papel en la labor de ayuda y asistencia que la Santa Sede desempeñó durante la Segunda Guerra Mundial.

Monseñor Montini, caracterizado por una tarea pastoral de índole reformadora, se destapó como una de las personas más cercanas a Pío XII, designado Papa en 1939, quien lo nombró Arzobispo de Milán en 1954. Durante su periplo al frente de la que es la diócesis más grande de Italia, por su conciencia y preocupación acerca de los problemas sociales pasó a ser popularmente conocido como el «Arzobispo de los pobres».

Elevado a Cardenal en 1958 por Juan XXIII, colaboró con éste en la preparación y apertura de su gran proyecto hasta que el 21 de junio de 1963 le sucedió como Sumo Pontífice bajo el nombre de Pablo VI. Los aires de progreso que trajo consigo se vislumbraron desde el primer instante al renunciar a usar la tiara papal durante las sesiones del Concilio Vaticano II, la cual donó a la Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción en Washington DC.

La forja de un santo

El principal esfuerzo que marcó su pontificado no fue otro que el de reabrir la que es considerada la mayor revisión de la liturgia desde el Concilio de Trento y, bajo sus preceptos, conducirla hacia la final culminación y aplicación. Convencido de la necesidad de tender puentes con las demás confesiones religiosas cristinas, de lograr el entendimiento con los no creyentes y de la implicación en el orden social a escala mundial, se alzó como adalid de la importante reformulación de la Iglesia en la segunda mitad del siglo XX.

Papa Pablo VI y el Patriarca de Constantinopla Atenágoras I, enero de 1964
Igual de célebre es su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York (1965), un histórico llamado a la paz mundial en una coyuntura de recrudecimiento de la guerra del Vietnam.  Impulsor de la idea ecuménica y de aproximación a los problemas del mundo del Concilio, base de su misión pastoral, Pablo VI inauguró una «colección» de viajes por todo el globo terráqueo convirtiéndose en el primer Papa en visitar los cinco continentes. El «Papa peregrino» viajó a Tierra Santa en 1964 y se encontró con el Patriarca ortodoxo Atenágoras I, con quien celebró la anulación de los decretos de excomunión mutua impuestos tras el Gran Cisma entre Oriente y Occidente en 1054.

Tres de los cardenales que designó llegaron a ser sus sucesores como Papa: Albino Luciani (Juan Pablo I, 26 de agosto-28 de septiembre de 1978), Karol Wojtyla (Juan Pablo II, 16 de octubre de 1978-2 de abril de 2005) y Joseph Ratzinger (Benedicto XVI, 19 de abril de 2005-28 de febrero de 2013). Sería el afamado Pastor Universal polaco quien, en su testimonio Redemptor hominis, exaltase la fortaleza interior y el espíritu de oración que permitieron al hombre que lo aupó al cardenalato afrontar un período de muchos cambios: «Me maravillaron siempre su profunda prudencia y valentía, así como su constancia y paciencia en el difícil período posconciliar de su pontificado. Como timonel de la Iglesia, barca de Pedro, sabía conservar una tranquilidad y un equilibrio providencial incluso en los momentos más críticos, cuando parecía que ella era sacudida desde dentro, manteniendo una esperanza inconmovible en su compactibilidad».

En el haber de Pablo VI despuntan siete encíclicas, entre las que destaca  Humanae vitae, publicada el 25 de julio de 1968. En ella, Su santidad delinea la postura de la Iglesia católica respecto al controvertido tema del aborto y el uso de métodos anticonceptivos.

El pontificado se extendió hasta el 6 de agosto de 1978, pero su legado perdura. Si bien el Papa Francisco ya aprobó en 2014 la beatificación del italiano, en 2018 ha promulgado un decreto por el que se reconoce un segundo milagro por intercesión de Pablo VI y que permitirá su canonización. Según ha mencionado Jorge Mario Bergoglio, el próximo 14 de octubre, en el marco del Sínodo de los Obispos sobre los Jóvenes (asambleas de prelados llegados de los cinco continentes al Vaticano que él mismo creó), el Papa del diálogo y el abrazo entre las diferentes Iglesias será proclamado santo.

FUENTE:
www.abc.es